Había expectación en Almería y la respuesta estuvo en los tendidos. «No hay billetes» para el segundo festejo de la Feria de la Virgen del Mar y un cartel de relumbrón, con tres toreros sevillanos y tres maneras personales de entender el toreo: Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado. Una terna que respondió a la expectación con una disposición enorme ante una corrida que durante buena parte de la tarde puso bastante menos que los hombres. Hasta que apareció el quinto de Hermanos García Jiménez y Juan Ortega prendió definitivamente la mecha con una faena de arrebato, personalidad y profundidad que valió las dos orejas.Porque la corrida exigió mucho. Se lidiaron toros de Olga Jiménez, Álvaro Núñez y Hermanos García Jiménez, estos últimos en segundo, cuarto, quinto y sexto lugar. Hubo falta de raza, embestidas inciertas y animales que se vinieron abajo demasiado pronto. Pero ninguno de los tres toreros volvió la cara. Esa fue una de las grandes noticias de la tarde: la predisposición absoluta de una terna que quiso desde que se abrió la puerta de cuadrillas.El primero, de Olga Jiménez, apenas permitió a Morante expresarse con el capote. Fue un toro protestón, que levantaba la cara y nunca terminó de romper. El cigarrero trató de ir metiéndolo en la muleta y se impuso especialmente por el pitón derecho, aunque faltaba enfrente un animal que terminara los viajes. La gente reconoció el esfuerzo, pero los aceros terminaron por enfriar cualquier posibilidad de premio. Silencio.Sentado en el estribo recibió Juan Ortega al segundo, de Hermanos García Jiménez. Ya entonces dejó entrever que había venido a Almería con la inspiración despierta. Hubo verónicas, una media y un quite por delantales toreado con enorme despaciosidad. También tuvo torería el comienzo de muleta mientras sonaba Manolete en el aniversario de su muerte. Después se apagó el toro. Cabeceó, perdió ritmo y terminó defendiéndose. Ortega puso lo que faltaba delante y dejó muletazos de bella factura antes de fallar con los aceros. Silencio.Pablo Aguado puso el toreo al ralentí con el capote ante el tercero, de Álvaro Núñez. Hubo momentos magníficos a la verónica, con esa naturalidad suya que parece detener el tiempo. Iván García saludó tras un gran par de banderillas. Aguado brindó al público y comenzó de rodillas, cerrado en tablas, pero el toro, que apuntaba clase, perdió las manos y terminó rajándose demasiado pronto. Volvió a echarse y tuvo que ser apuntillado. Otra oportunidad que se marchaba sin que el torero pudiera desarrollarla.Morante encontró algo más de argumento en el cuarto. Lo recibió con verónicas de enorme gusto y una media antes de construir una faena que fue creciendo conforme conseguía imponerse a un toro que también protestaba cuando se le exigía. Hubo naturales muy despaciosos y momentos de mando y torería. Morante apretó al animal y puso cuanto estaba de su parte para levantar aquello, pero la espada impidió que el esfuerzo tuviera premio. Fue ovacionado antes de abandonar la plaza, con permiso del presidente y de sus compañeros, para emprender viaje hacia Bilbao, donde hará el paseíllo este sábado.Y salió el quinto. Con él cambió todo. Juan Ortega volvió a comenzar sentado en el estribo y pasó después a la rodilla en tierra. Había torería hasta en la manera de plantear la faena. El de Hermanos García Jiménez tenía mayor transmisión que sus hermanos y Ortega fue convenciéndolo hasta terminar cuajándolo. Por la derecha lo llevó largo, templado, pero fue al natural cuando la faena tomó otra dimensión.Enganchó al toro con los vuelos y lo llevó hasta detrás de la cadera. Despacio, muy despacio. Sin violentar nunca la embestida y dejando que el toreo surgiera con naturalidad. Y apareció también el arrebato: de rodillas, toreando por alto y después por bajo, mezclando inspiración y personalidad en una obra que despertó definitivamente una tarde hasta entonces secuestrada por la falta de raza del ganado. Ortega había encontrado un toro y lo había cuajado. La estocada, casi entera y ligeramente desprendida, desató una petición unánime. Dos orejas y la plaza rendida.Todavía quedaba la respuesta de Pablo Aguado. Y fue importante. El sexto, de Hermanos García Jiménez no dio opciones con el capote. En la muleta comenzó dando cabezazos, pareciera que tuviera algo en la vista que le hacía fallar en la coordinación, se metía por dentro y nunca tuvo ritmo. Aguado comprendió pronto que aquello no iba de estética, sino de firmeza.Y tiró la moneda. Lo pulseó, aguantó las miradas del toro y se quedó en el sitio cuando el animal buscaba por dentro. Fue una faena de peso, exposición y compromiso, de esas que explican también la dimensión de un torero cuando no puede abandonarse únicamente a la belleza. Aguado estuvo muy por encima de su oponente y coronó el esfuerzo con una estocada casi entera en buen sitio. Una oreja de ley.Almería había colgado el «No hay billetes» y los toreros respondieron. Morante sin premio, pero entregado; Aguado mostrando primero su concepto y después su firmeza; y Juan Ortega poniendo el toreo grande en el quinto. Una tarde en la que los hombres sostuvieron durante mucho tiempo lo que no terminaban de entregar los toros hasta que Ortega encontró uno para explicar, con arrebato y profundidad, por qué había tanta gente esperando.Feria de la Virgen del MarPlaza de toros de Almería Viernes, 28 de agosto de 2026. Segundo festejo de la Feria de la Virgen del Mar. Lleno de «No hay billetes». Toros de Olga Jiménez (1º), Álvaro Núñez (3º) y Hnos. García Jiménez (2º, 4º, 5º y 6º), desiguales de presentación y juego. Destacó el 5º, de García Jiménez, por su transmisión y entrega; deslucidos y faltos de raza en líneas generales los restantes.Morante de la Puebla, de corinto y oro: dos pinchazos y media estocada trasera (silencio); media estocada, y dos descabellos (saludos). Juan Ortega, de verde manzana y oro: dos pinchazos, media estocada y descabello (silencio); estocada casi entera ligeramente desprendida (dos orejas). Pablo Aguado, de sangre de toro y azabache: el toro fue apuntillado al echarse sin posibilidad de ser estoqueado (silencio); estocada casi entera en buen sitio (oreja).Incidencias: Iván García se desmonteró tras parear al tercero. Morante de la Puebla abandonó la plaza tras la muerte del cuarto, con permiso de la presidencia y de sus compañeros de cartel, para emprender viaje hacia Bilbao, donde hará el paseíllo este sábado. Había expectación en Almería y la respuesta estuvo en los tendidos. «No hay billetes» para el segundo festejo de la Feria de la Virgen del Mar y un cartel de relumbrón, con tres toreros sevillanos y tres maneras personales de entender el toreo: Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado. Una terna que respondió a la expectación con una disposición enorme ante una corrida que durante buena parte de la tarde puso bastante menos que los hombres. Hasta que apareció el quinto de Hermanos García Jiménez y Juan Ortega prendió definitivamente la mecha con una faena de arrebato, personalidad y profundidad que valió las dos orejas.Porque la corrida exigió mucho. Se lidiaron toros de Olga Jiménez, Álvaro Núñez y Hermanos García Jiménez, estos últimos en segundo, cuarto, quinto y sexto lugar. Hubo falta de raza, embestidas inciertas y animales que se vinieron abajo demasiado pronto. Pero ninguno de los tres toreros volvió la cara. Esa fue una de las grandes noticias de la tarde: la predisposición absoluta de una terna que quiso desde que se abrió la puerta de cuadrillas.El primero, de Olga Jiménez, apenas permitió a Morante expresarse con el capote. Fue un toro protestón, que levantaba la cara y nunca terminó de romper. El cigarrero trató de ir metiéndolo en la muleta y se impuso especialmente por el pitón derecho, aunque faltaba enfrente un animal que terminara los viajes. La gente reconoció el esfuerzo, pero los aceros terminaron por enfriar cualquier posibilidad de premio. Silencio.Sentado en el estribo recibió Juan Ortega al segundo, de Hermanos García Jiménez. Ya entonces dejó entrever que había venido a Almería con la inspiración despierta. Hubo verónicas, una media y un quite por delantales toreado con enorme despaciosidad. También tuvo torería el comienzo de muleta mientras sonaba Manolete en el aniversario de su muerte. Después se apagó el toro. Cabeceó, perdió ritmo y terminó defendiéndose. Ortega puso lo que faltaba delante y dejó muletazos de bella factura antes de fallar con los aceros. Silencio.Pablo Aguado puso el toreo al ralentí con el capote ante el tercero, de Álvaro Núñez. Hubo momentos magníficos a la verónica, con esa naturalidad suya que parece detener el tiempo. Iván García saludó tras un gran par de banderillas. Aguado brindó al público y comenzó de rodillas, cerrado en tablas, pero el toro, que apuntaba clase, perdió las manos y terminó rajándose demasiado pronto. Volvió a echarse y tuvo que ser apuntillado. Otra oportunidad que se marchaba sin que el torero pudiera desarrollarla.Morante encontró algo más de argumento en el cuarto. Lo recibió con verónicas de enorme gusto y una media antes de construir una faena que fue creciendo conforme conseguía imponerse a un toro que también protestaba cuando se le exigía. Hubo naturales muy despaciosos y momentos de mando y torería. Morante apretó al animal y puso cuanto estaba de su parte para levantar aquello, pero la espada impidió que el esfuerzo tuviera premio. Fue ovacionado antes de abandonar la plaza, con permiso del presidente y de sus compañeros, para emprender viaje hacia Bilbao, donde hará el paseíllo este sábado.Y salió el quinto. Con él cambió todo. Juan Ortega volvió a comenzar sentado en el estribo y pasó después a la rodilla en tierra. Había torería hasta en la manera de plantear la faena. El de Hermanos García Jiménez tenía mayor transmisión que sus hermanos y Ortega fue convenciéndolo hasta terminar cuajándolo. Por la derecha lo llevó largo, templado, pero fue al natural cuando la faena tomó otra dimensión.Enganchó al toro con los vuelos y lo llevó hasta detrás de la cadera. Despacio, muy despacio. Sin violentar nunca la embestida y dejando que el toreo surgiera con naturalidad. Y apareció también el arrebato: de rodillas, toreando por alto y después por bajo, mezclando inspiración y personalidad en una obra que despertó definitivamente una tarde hasta entonces secuestrada por la falta de raza del ganado. Ortega había encontrado un toro y lo había cuajado. La estocada, casi entera y ligeramente desprendida, desató una petición unánime. Dos orejas y la plaza rendida.Todavía quedaba la respuesta de Pablo Aguado. Y fue importante. El sexto, de Hermanos García Jiménez no dio opciones con el capote. En la muleta comenzó dando cabezazos, pareciera que tuviera algo en la vista que le hacía fallar en la coordinación, se metía por dentro y nunca tuvo ritmo. Aguado comprendió pronto que aquello no iba de estética, sino de firmeza.Y tiró la moneda. Lo pulseó, aguantó las miradas del toro y se quedó en el sitio cuando el animal buscaba por dentro. Fue una faena de peso, exposición y compromiso, de esas que explican también la dimensión de un torero cuando no puede abandonarse únicamente a la belleza. Aguado estuvo muy por encima de su oponente y coronó el esfuerzo con una estocada casi entera en buen sitio. Una oreja de ley.Almería había colgado el «No hay billetes» y los toreros respondieron. Morante sin premio, pero entregado; Aguado mostrando primero su concepto y después su firmeza; y Juan Ortega poniendo el toreo grande en el quinto. Una tarde en la que los hombres sostuvieron durante mucho tiempo lo que no terminaban de entregar los toros hasta que Ortega encontró uno para explicar, con arrebato y profundidad, por qué había tanta gente esperando.Feria de la Virgen del MarPlaza de toros de Almería Viernes, 28 de agosto de 2026. Segundo festejo de la Feria de la Virgen del Mar. Lleno de «No hay billetes». Toros de Olga Jiménez (1º), Álvaro Núñez (3º) y Hnos. García Jiménez (2º, 4º, 5º y 6º), desiguales de presentación y juego. Destacó el 5º, de García Jiménez, por su transmisión y entrega; deslucidos y faltos de raza en líneas generales los restantes.Morante de la Puebla, de corinto y oro: dos pinchazos y media estocada trasera (silencio); media estocada, y dos descabellos (saludos). Juan Ortega, de verde manzana y oro: dos pinchazos, media estocada y descabello (silencio); estocada casi entera ligeramente desprendida (dos orejas). Pablo Aguado, de sangre de toro y azabache: el toro fue apuntillado al echarse sin posibilidad de ser estoqueado (silencio); estocada casi entera en buen sitio (oreja).Incidencias: Iván García se desmonteró tras parear al tercero. Morante de la Puebla abandonó la plaza tras la muerte del cuarto, con permiso de la presidencia y de sus compañeros de cartel, para emprender viaje hacia Bilbao, donde hará el paseíllo este sábado. Había expectación en Almería y la respuesta estuvo en los tendidos. «No hay billetes» para el segundo festejo de la Feria de la Virgen del Mar y un cartel de relumbrón, con tres toreros sevillanos y tres maneras personales de entender el toreo: Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado. Una terna que respondió a la expectación con una disposición enorme ante una corrida que durante buena parte de la tarde puso bastante menos que los hombres. Hasta que apareció el quinto de Hermanos García Jiménez y Juan Ortega prendió definitivamente la mecha con una faena de arrebato, personalidad y profundidad que valió las dos orejas.Porque la corrida exigió mucho. Se lidiaron toros de Olga Jiménez, Álvaro Núñez y Hermanos García Jiménez, estos últimos en segundo, cuarto, quinto y sexto lugar. Hubo falta de raza, embestidas inciertas y animales que se vinieron abajo demasiado pronto. Pero ninguno de los tres toreros volvió la cara. Esa fue una de las grandes noticias de la tarde: la predisposición absoluta de una terna que quiso desde que se abrió la puerta de cuadrillas.El primero, de Olga Jiménez, apenas permitió a Morante expresarse con el capote. Fue un toro protestón, que levantaba la cara y nunca terminó de romper. El cigarrero trató de ir metiéndolo en la muleta y se impuso especialmente por el pitón derecho, aunque faltaba enfrente un animal que terminara los viajes. La gente reconoció el esfuerzo, pero los aceros terminaron por enfriar cualquier posibilidad de premio. Silencio.Sentado en el estribo recibió Juan Ortega al segundo, de Hermanos García Jiménez. Ya entonces dejó entrever que había venido a Almería con la inspiración despierta. Hubo verónicas, una media y un quite por delantales toreado con enorme despaciosidad. También tuvo torería el comienzo de muleta mientras sonaba Manolete en el aniversario de su muerte. Después se apagó el toro. Cabeceó, perdió ritmo y terminó defendiéndose. Ortega puso lo que faltaba delante y dejó muletazos de bella factura antes de fallar con los aceros. Silencio.Pablo Aguado puso el toreo al ralentí con el capote ante el tercero, de Álvaro Núñez. Hubo momentos magníficos a la verónica, con esa naturalidad suya que parece detener el tiempo. Iván García saludó tras un gran par de banderillas. Aguado brindó al público y comenzó de rodillas, cerrado en tablas, pero el toro, que apuntaba clase, perdió las manos y terminó rajándose demasiado pronto. Volvió a echarse y tuvo que ser apuntillado. Otra oportunidad que se marchaba sin que el torero pudiera desarrollarla.Morante encontró algo más de argumento en el cuarto. Lo recibió con verónicas de enorme gusto y una media antes de construir una faena que fue creciendo conforme conseguía imponerse a un toro que también protestaba cuando se le exigía. Hubo naturales muy despaciosos y momentos de mando y torería. Morante apretó al animal y puso cuanto estaba de su parte para levantar aquello, pero la espada impidió que el esfuerzo tuviera premio. Fue ovacionado antes de abandonar la plaza, con permiso del presidente y de sus compañeros, para emprender viaje hacia Bilbao, donde hará el paseíllo este sábado.Y salió el quinto. Con él cambió todo. Juan Ortega volvió a comenzar sentado en el estribo y pasó después a la rodilla en tierra. Había torería hasta en la manera de plantear la faena. El de Hermanos García Jiménez tenía mayor transmisión que sus hermanos y Ortega fue convenciéndolo hasta terminar cuajándolo. Por la derecha lo llevó largo, templado, pero fue al natural cuando la faena tomó otra dimensión.Enganchó al toro con los vuelos y lo llevó hasta detrás de la cadera. Despacio, muy despacio. Sin violentar nunca la embestida y dejando que el toreo surgiera con naturalidad. Y apareció también el arrebato: de rodillas, toreando por alto y después por bajo, mezclando inspiración y personalidad en una obra que despertó definitivamente una tarde hasta entonces secuestrada por la falta de raza del ganado. Ortega había encontrado un toro y lo había cuajado. La estocada, casi entera y ligeramente desprendida, desató una petición unánime. Dos orejas y la plaza rendida.Todavía quedaba la respuesta de Pablo Aguado. Y fue importante. El sexto, de Hermanos García Jiménez no dio opciones con el capote. En la muleta comenzó dando cabezazos, pareciera que tuviera algo en la vista que le hacía fallar en la coordinación, se metía por dentro y nunca tuvo ritmo. Aguado comprendió pronto que aquello no iba de estética, sino de firmeza.Y tiró la moneda. Lo pulseó, aguantó las miradas del toro y se quedó en el sitio cuando el animal buscaba por dentro. Fue una faena de peso, exposición y compromiso, de esas que explican también la dimensión de un torero cuando no puede abandonarse únicamente a la belleza. Aguado estuvo muy por encima de su oponente y coronó el esfuerzo con una estocada casi entera en buen sitio. Una oreja de ley.Almería había colgado el «No hay billetes» y los toreros respondieron. Morante sin premio, pero entregado; Aguado mostrando primero su concepto y después su firmeza; y Juan Ortega poniendo el toreo grande en el quinto. Una tarde en la que los hombres sostuvieron durante mucho tiempo lo que no terminaban de entregar los toros hasta que Ortega encontró uno para explicar, con arrebato y profundidad, por qué había tanta gente esperando.Feria de la Virgen del MarPlaza de toros de Almería Viernes, 28 de agosto de 2026. Segundo festejo de la Feria de la Virgen del Mar. Lleno de «No hay billetes». Toros de Olga Jiménez (1º), Álvaro Núñez (3º) y Hnos. García Jiménez (2º, 4º, 5º y 6º), desiguales de presentación y juego. Destacó el 5º, de García Jiménez, por su transmisión y entrega; deslucidos y faltos de raza en líneas generales los restantes.Morante de la Puebla, de corinto y oro: dos pinchazos y media estocada trasera (silencio); media estocada, y dos descabellos (saludos). Juan Ortega, de verde manzana y oro: dos pinchazos, media estocada y descabello (silencio); estocada casi entera ligeramente desprendida (dos orejas). Pablo Aguado, de sangre de toro y azabache: el toro fue apuntillado al echarse sin posibilidad de ser estoqueado (silencio); estocada casi entera en buen sitio (oreja).Incidencias: Iván García se desmonteró tras parear al tercero. Morante de la Puebla abandonó la plaza tras la muerte del cuarto, con permiso de la presidencia y de sus compañeros de cartel, para emprender viaje hacia Bilbao, donde hará el paseíllo este sábado. RSS de noticias de cultura
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