Kyle Eastwood (Los Ángeles, 1968) recuerda en una videollamada desde su casa en París, donde reside desde hace más de una década, la ingente cantidad de discos de jazz que su padre, el director Clint Eastwood , acumuló desde la década de 1940, desde los años en que Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk o Kenny Clarke irrumpieron en los clubes de Nueva York, como una estampida de búfalos, para cambiarlo todo. «Tenía tantos que no sabría decirte cuántos; algunos muy antiguos de 78 rpm [el formato aparecido a finales del siglo XIX] que escuchábamos en casa habitualmente», asegura. «Siempre ha sido un gran aficionado al jazz –continúa–, sobre todo, a las grandes orquestas de los años 30 y 40, aunque también escuchaba a Miles Davis, Dave Brubeck, Chet Baker o Stan Getz. En casa sonaba jazz todo el rato y eso me marcó. Me acuerdo de algunos discos que se me quedaron grabados desde niño. Uno de mis primeros recuerdos musicales es el disco ‘Time Out’ (Columbia, 1959) de Dave Brubeck, y el que Duke Ellington grabó en directo en Newport sonaba continuamente». Todo aquel nuevo lenguaje del bebop nacido en los años 40, infinitamente más complejo, rápido y experimental que el de sus predecesores, atrapó de inmediato al director de ‘Sin Perdón’, que entonces ni se había asomado al cine. Despertó en él una pasión que, años después, contagió a su segundo hijo, Kyle, desde joven. El contrabajista –hijo también de la modelo Maggie Johnson– es hoy un reputado compositor de jazz que ha publicado una decena de discos, girado por todo el mundo y compuesto la banda sonora de películas como ‘Mystic River’, ‘Invictus’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Banderas de nuestros padres’, ‘Gran Torino’ y ‘Cartas desde Iwo Jima’. Desde que era un niño y durante el tiempo en que trabajó en la música de sus películas, Kyle siempre merodeó por los rodajes de su progenitor. Recuerda con especial cariño el de ‘Bird’ (1988), el filme con el que Clint realizó el gran homenaje de su vida al jazz y a la figura de su amado Charlie Parker . Un largometraje por el que sudó sangre para poder verlo en la gran pantalla y con el que desafió las convenciones de Hollywood. Bien es cierto que su compleja estructura y desorbitada duración –tres horas– no favorecieron su éxito comercial ni permitieron recuperar su presupuesto, pero el cineasta se empeñó en contar la historia de aquel saxofonista yonqui que cambió la historia de la música antes de morir con 34 años.Kyle comenta ahora que el asesor musical de aquella cinta, Lennie Niehaus, fue su gran maestro y valedor a la hora de impulsar su propia carrera como compositor de cine. Agradecido, el contrabajista rinde ahora homenaje a los títulos más famosos de su padre en ‘Eastwood By Eastwood’, un espectáculo en el que interpreta en clave de jazz las composiciones de Ennio Morricone , Lalo Schifrin, John Williams y el mismo Niehaus. Lo presenta en Granada (Teatro municipal Isabel La Católica, hoy), Burgos (Auditorio El Círculo, 9), Barcelona (Paral·lel 62, 10), Ciudad Real (Teatro Municipal Quijano, 12) y Madrid ( Festival Jazz Madrid , Teatro Fernán Gómez, 15). —¿No escuchaban en casa otras músicas que no fueran jazz?—Es verdad que el jazz era lo principal, pero en realidad escuchábamos de todo. Mis padres ponían mucho a Frank Sinatra con Count Basie. También discos de blues, como Ray Charles, y Johnny Cash. Crecer en una casa donde siempre había música fue muy importante para mí.—Supongo que muchos de esos álbumes se los regalaron directamente los músicos, a algunos de los cuales su padre debió conocer, dada su posición. ¿Tuvo la oportunidad de conocer a sus ídolos de niño gracias a su padre?—A Ron Carter, por ejemplo, lo conocí, sí. Tuve la suerte de crecer cerca del Festival de Jazz de Monterey, al que mis padres me llevaban desde muy pequeño. Uno de los primeros conciertos que recuerdo fue el de la orquesta de Count Basie en 1977, cuando yo tenía unos nueve años. También conocí a Joe Williams, que cantaba con Basie, y a algunos de los músicos de su banda. Recuerdo haber conocido a Stan Getz, Art Pepper y Sarah Vaughan, entre otros. Para un niño al que le gustaba tanto la música, poder escuchar a esos artistas en directo y conocerlos en persona fue algo extraordinario.—¿Qué encuentro con una gran figura del jazz le impresionó más?—Pues fue precisamente el de aquella actuación de Count Basie, que fue uno de los primeros conciertos que vi en mi vida. Durante la primera parte estuvimos entre el público y, en la segunda, pudimos acercarnos al escenario y escuchar a la banda desde un lugar privilegiado. Me impresionó mucho su potencia, el sonido de la orquesta y, sobre todo, el swing. Aquella experiencia despertó mi interés por la batería. —¿Y por qué escogió el bajo?—Lo cierto es que empecé tocando el piano. Mi padre me enseñó algunas cosas y luego recibí clases durante un tiempo. Más adelante aprendí un poco de guitarra para ‘Honkytonk Man’, la película que rodé con él en 1982, cuando tenía 14 años. Necesitaba tocar algunas canciones o, al menos, parecer que sabía hacerlo. Fue en el instituto cuando ya me interesé por el bajo eléctrico. Tenía amigos que tocaban la guitarra, la trompeta, el saxofón o la batería, pero siempre necesitaban un bajista, así que empecé a tocar con ellos y a aprender por mi cuenta. A los 17 o 18 años empecé a estudiar más en serio, hasta que llegó un momento en el que quise dedicarme a ello.—¿Qué papel desempeñó el jazz en la relación con su padre?—Fue lo que más compartimos desde que yo era un niño. El cine y la música son las dos grandes pasiones que tenemos en común. Crecí en una familia en la que veíamos muchas películas y escuchábamos mucha música, como te dije. Siempre hablábamos de ello y luego empezamos a compartir nuestros descubrimientos e ir a conciertos juntos. Creo que fue muy importante en nuestra relación.Arriba, la formación de Eastwood. Sobre estas líneas a la izquierda: el músico con su contrabajo. A la derecha, con su padre, Clint Eastwood ABC—¿Tuvo algo que ver el rodaje de ‘Bird’ con que se lo tomara en serio?«Me alegra haber tenido la oportunidad de colaborar con mi padre tantas veces»—Fue en esa época, desde luego, cuando empecé a tocar el contrabajo, a tomármelo en serio y a pensar en la música como una posible carrera profesional. Fui un par de días a las sesiones de grabación de la música de la película. Ray Brown estaba tocando el contrabajo y fue estupendo tener la oportunidad de conocerlo y escucharlo en el estudio. Ya había coincidido con él alguna vez, pero aquella fue una de las primeras ocasiones en las que pude verlo trabajar tan de cerca. Los músicos estaban reconstruyendo la sección rítmica alrededor de los solos originales de Charlie Parker. Era como escuchar a una banda tocar en directo con Parker, aunque él estuviera grabado. Fue una oportunidad fantástica para ver cómo trabajaban aquellos músicos.—¿Le habría gustado componer aquella banda sonora, teniendo en cuenta esa pasión que compartía con su padre?—Sí, claro. La verdad es que me encantaría componer la música de una película que estuviera dedicada por completo al jazz. Nunca he hecho una película de ese tipo y sería un reto estupendo. Hoy en día no se hacen películas como ‘Bird’, pero si alguien quisiera rodar una, me gustaría mucho participar.—Primero fue actor, después compuso bandas sonoras y finalmente se centró en sus discos. ¿Qué le ofrecía la música que no le diera el cine?—El cine me gusta y nunca descarté dedicarme a él, pero la música siempre ha sido fundamental para mí. De pequeño me interesaba la dirección, no la actuación, y estudié cine en la universidad con esa intención. Al mismo tiempo, sin embargo, empecé a tomarme la música más en serio y a actuar en clubes de Los Ángeles, hasta que me di cuenta de que era el medio en el que mejor me expresaba. El jazz, en particular, me daba una libertad enorme: la posibilidad de reaccionar a lo que hacen los demás músicos y crear algo en el momento, improvisando. Esa interacción hizo que me decantara por la música. —En su primer disco, ‘From There to Here’ (1998), participó nada menos que Joni Mitchell. ¿Cómo surgió esa posibilidad?—Larry Klein produjo el disco y había trabajado con Joni Mitchell, con quien estuvo casado durante varios años. Yo quería grabar ‘Trouble Man’, una canción de Marvin Gaye, y al principio pensaba hacer una versión instrumental. Larry se lo comentó a Joni y le propuso que la cantara. Ella aceptó y, por supuesto, me hizo muchísima ilusión. Era una gran admiradora de Marvin Gaye y fue una oportunidad de escucharla interpretar algo diferente de lo que solía cantar.—¿De qué banda sonora está más orgulloso y cuál le emocionó especialmente?—Quizá de ‘Cartas desde Iwo Jima’ (2006) y ‘Gran Torino’ (2008). Estoy especialmente contento con el trabajo que hicimos en la primera, porque la música y la canción encajan muy bien con la película. Todo surgió de una manera muy natural. Y me encanta la música de ‘Cartas desde Iwo Jima’, hasta el punto de que hice una versión del tema principal en clave de jazz, con piano y bajo, y la incluí en mi disco ‘Time Pieces’ (JazzVillage, 2015).—¿Le resulta divertido trabajar con su padre o le suponía una presión añadida?—Siempre he disfrutado trabajando con él. He crecido viéndolo trabajar, así que conozco bastante bien sus gustos y su manera de hacer las cosas. Es un director con el que resulta fácil entenderse cuando sabes lo que busca. Siempre ha sido un placer trabajar juntos y me alegra haber tenido la oportunidad de colaborar con él tantas veces.—¿Es un director muy exigente?—Le encanta su trabajo y se lo toma muy en serio. Espera que todo el mundo esté preparado y se implique tanto como él, pero no es alguien que esté permanentemente de mal humor o que convierta cada jornada de rodaje en un drama. Disfruta de lo que hace y creo que eso se nota en el ambiente de trabajo.—¿Y cómo se encuentra él?—Para tener 96 años, muy bien, la verdad. Kyle Eastwood (Los Ángeles, 1968) recuerda en una videollamada desde su casa en París, donde reside desde hace más de una década, la ingente cantidad de discos de jazz que su padre, el director Clint Eastwood , acumuló desde la década de 1940, desde los años en que Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk o Kenny Clarke irrumpieron en los clubes de Nueva York, como una estampida de búfalos, para cambiarlo todo. «Tenía tantos que no sabría decirte cuántos; algunos muy antiguos de 78 rpm [el formato aparecido a finales del siglo XIX] que escuchábamos en casa habitualmente», asegura. «Siempre ha sido un gran aficionado al jazz –continúa–, sobre todo, a las grandes orquestas de los años 30 y 40, aunque también escuchaba a Miles Davis, Dave Brubeck, Chet Baker o Stan Getz. En casa sonaba jazz todo el rato y eso me marcó. Me acuerdo de algunos discos que se me quedaron grabados desde niño. Uno de mis primeros recuerdos musicales es el disco ‘Time Out’ (Columbia, 1959) de Dave Brubeck, y el que Duke Ellington grabó en directo en Newport sonaba continuamente». Todo aquel nuevo lenguaje del bebop nacido en los años 40, infinitamente más complejo, rápido y experimental que el de sus predecesores, atrapó de inmediato al director de ‘Sin Perdón’, que entonces ni se había asomado al cine. Despertó en él una pasión que, años después, contagió a su segundo hijo, Kyle, desde joven. El contrabajista –hijo también de la modelo Maggie Johnson– es hoy un reputado compositor de jazz que ha publicado una decena de discos, girado por todo el mundo y compuesto la banda sonora de películas como ‘Mystic River’, ‘Invictus’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Banderas de nuestros padres’, ‘Gran Torino’ y ‘Cartas desde Iwo Jima’. Desde que era un niño y durante el tiempo en que trabajó en la música de sus películas, Kyle siempre merodeó por los rodajes de su progenitor. Recuerda con especial cariño el de ‘Bird’ (1988), el filme con el que Clint realizó el gran homenaje de su vida al jazz y a la figura de su amado Charlie Parker . Un largometraje por el que sudó sangre para poder verlo en la gran pantalla y con el que desafió las convenciones de Hollywood. Bien es cierto que su compleja estructura y desorbitada duración –tres horas– no favorecieron su éxito comercial ni permitieron recuperar su presupuesto, pero el cineasta se empeñó en contar la historia de aquel saxofonista yonqui que cambió la historia de la música antes de morir con 34 años.Kyle comenta ahora que el asesor musical de aquella cinta, Lennie Niehaus, fue su gran maestro y valedor a la hora de impulsar su propia carrera como compositor de cine. Agradecido, el contrabajista rinde ahora homenaje a los títulos más famosos de su padre en ‘Eastwood By Eastwood’, un espectáculo en el que interpreta en clave de jazz las composiciones de Ennio Morricone , Lalo Schifrin, John Williams y el mismo Niehaus. Lo presenta en Granada (Teatro municipal Isabel La Católica, hoy), Burgos (Auditorio El Círculo, 9), Barcelona (Paral·lel 62, 10), Ciudad Real (Teatro Municipal Quijano, 12) y Madrid ( Festival Jazz Madrid , Teatro Fernán Gómez, 15). —¿No escuchaban en casa otras músicas que no fueran jazz?—Es verdad que el jazz era lo principal, pero en realidad escuchábamos de todo. Mis padres ponían mucho a Frank Sinatra con Count Basie. También discos de blues, como Ray Charles, y Johnny Cash. Crecer en una casa donde siempre había música fue muy importante para mí.—Supongo que muchos de esos álbumes se los regalaron directamente los músicos, a algunos de los cuales su padre debió conocer, dada su posición. ¿Tuvo la oportunidad de conocer a sus ídolos de niño gracias a su padre?—A Ron Carter, por ejemplo, lo conocí, sí. Tuve la suerte de crecer cerca del Festival de Jazz de Monterey, al que mis padres me llevaban desde muy pequeño. Uno de los primeros conciertos que recuerdo fue el de la orquesta de Count Basie en 1977, cuando yo tenía unos nueve años. También conocí a Joe Williams, que cantaba con Basie, y a algunos de los músicos de su banda. Recuerdo haber conocido a Stan Getz, Art Pepper y Sarah Vaughan, entre otros. Para un niño al que le gustaba tanto la música, poder escuchar a esos artistas en directo y conocerlos en persona fue algo extraordinario.—¿Qué encuentro con una gran figura del jazz le impresionó más?—Pues fue precisamente el de aquella actuación de Count Basie, que fue uno de los primeros conciertos que vi en mi vida. Durante la primera parte estuvimos entre el público y, en la segunda, pudimos acercarnos al escenario y escuchar a la banda desde un lugar privilegiado. Me impresionó mucho su potencia, el sonido de la orquesta y, sobre todo, el swing. Aquella experiencia despertó mi interés por la batería. —¿Y por qué escogió el bajo?—Lo cierto es que empecé tocando el piano. Mi padre me enseñó algunas cosas y luego recibí clases durante un tiempo. Más adelante aprendí un poco de guitarra para ‘Honkytonk Man’, la película que rodé con él en 1982, cuando tenía 14 años. Necesitaba tocar algunas canciones o, al menos, parecer que sabía hacerlo. Fue en el instituto cuando ya me interesé por el bajo eléctrico. Tenía amigos que tocaban la guitarra, la trompeta, el saxofón o la batería, pero siempre necesitaban un bajista, así que empecé a tocar con ellos y a aprender por mi cuenta. A los 17 o 18 años empecé a estudiar más en serio, hasta que llegó un momento en el que quise dedicarme a ello.—¿Qué papel desempeñó el jazz en la relación con su padre?—Fue lo que más compartimos desde que yo era un niño. El cine y la música son las dos grandes pasiones que tenemos en común. Crecí en una familia en la que veíamos muchas películas y escuchábamos mucha música, como te dije. Siempre hablábamos de ello y luego empezamos a compartir nuestros descubrimientos e ir a conciertos juntos. Creo que fue muy importante en nuestra relación.Arriba, la formación de Eastwood. Sobre estas líneas a la izquierda: el músico con su contrabajo. A la derecha, con su padre, Clint Eastwood ABC—¿Tuvo algo que ver el rodaje de ‘Bird’ con que se lo tomara en serio?«Me alegra haber tenido la oportunidad de colaborar con mi padre tantas veces»—Fue en esa época, desde luego, cuando empecé a tocar el contrabajo, a tomármelo en serio y a pensar en la música como una posible carrera profesional. Fui un par de días a las sesiones de grabación de la música de la película. Ray Brown estaba tocando el contrabajo y fue estupendo tener la oportunidad de conocerlo y escucharlo en el estudio. Ya había coincidido con él alguna vez, pero aquella fue una de las primeras ocasiones en las que pude verlo trabajar tan de cerca. Los músicos estaban reconstruyendo la sección rítmica alrededor de los solos originales de Charlie Parker. Era como escuchar a una banda tocar en directo con Parker, aunque él estuviera grabado. Fue una oportunidad fantástica para ver cómo trabajaban aquellos músicos.—¿Le habría gustado componer aquella banda sonora, teniendo en cuenta esa pasión que compartía con su padre?—Sí, claro. La verdad es que me encantaría componer la música de una película que estuviera dedicada por completo al jazz. Nunca he hecho una película de ese tipo y sería un reto estupendo. Hoy en día no se hacen películas como ‘Bird’, pero si alguien quisiera rodar una, me gustaría mucho participar.—Primero fue actor, después compuso bandas sonoras y finalmente se centró en sus discos. ¿Qué le ofrecía la música que no le diera el cine?—El cine me gusta y nunca descarté dedicarme a él, pero la música siempre ha sido fundamental para mí. De pequeño me interesaba la dirección, no la actuación, y estudié cine en la universidad con esa intención. Al mismo tiempo, sin embargo, empecé a tomarme la música más en serio y a actuar en clubes de Los Ángeles, hasta que me di cuenta de que era el medio en el que mejor me expresaba. El jazz, en particular, me daba una libertad enorme: la posibilidad de reaccionar a lo que hacen los demás músicos y crear algo en el momento, improvisando. Esa interacción hizo que me decantara por la música. —En su primer disco, ‘From There to Here’ (1998), participó nada menos que Joni Mitchell. ¿Cómo surgió esa posibilidad?—Larry Klein produjo el disco y había trabajado con Joni Mitchell, con quien estuvo casado durante varios años. Yo quería grabar ‘Trouble Man’, una canción de Marvin Gaye, y al principio pensaba hacer una versión instrumental. Larry se lo comentó a Joni y le propuso que la cantara. Ella aceptó y, por supuesto, me hizo muchísima ilusión. Era una gran admiradora de Marvin Gaye y fue una oportunidad de escucharla interpretar algo diferente de lo que solía cantar.—¿De qué banda sonora está más orgulloso y cuál le emocionó especialmente?—Quizá de ‘Cartas desde Iwo Jima’ (2006) y ‘Gran Torino’ (2008). Estoy especialmente contento con el trabajo que hicimos en la primera, porque la música y la canción encajan muy bien con la película. Todo surgió de una manera muy natural. Y me encanta la música de ‘Cartas desde Iwo Jima’, hasta el punto de que hice una versión del tema principal en clave de jazz, con piano y bajo, y la incluí en mi disco ‘Time Pieces’ (JazzVillage, 2015).—¿Le resulta divertido trabajar con su padre o le suponía una presión añadida?—Siempre he disfrutado trabajando con él. He crecido viéndolo trabajar, así que conozco bastante bien sus gustos y su manera de hacer las cosas. Es un director con el que resulta fácil entenderse cuando sabes lo que busca. Siempre ha sido un placer trabajar juntos y me alegra haber tenido la oportunidad de colaborar con él tantas veces.—¿Es un director muy exigente?—Le encanta su trabajo y se lo toma muy en serio. Espera que todo el mundo esté preparado y se implique tanto como él, pero no es alguien que esté permanentemente de mal humor o que convierta cada jornada de rodaje en un drama. Disfruta de lo que hace y creo que eso se nota en el ambiente de trabajo.—¿Y cómo se encuentra él?—Para tener 96 años, muy bien, la verdad. Kyle Eastwood (Los Ángeles, 1968) recuerda en una videollamada desde su casa en París, donde reside desde hace más de una década, la ingente cantidad de discos de jazz que su padre, el director Clint Eastwood , acumuló desde la década de 1940, desde los años en que Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk o Kenny Clarke irrumpieron en los clubes de Nueva York, como una estampida de búfalos, para cambiarlo todo. «Tenía tantos que no sabría decirte cuántos; algunos muy antiguos de 78 rpm [el formato aparecido a finales del siglo XIX] que escuchábamos en casa habitualmente», asegura. «Siempre ha sido un gran aficionado al jazz –continúa–, sobre todo, a las grandes orquestas de los años 30 y 40, aunque también escuchaba a Miles Davis, Dave Brubeck, Chet Baker o Stan Getz. En casa sonaba jazz todo el rato y eso me marcó. Me acuerdo de algunos discos que se me quedaron grabados desde niño. Uno de mis primeros recuerdos musicales es el disco ‘Time Out’ (Columbia, 1959) de Dave Brubeck, y el que Duke Ellington grabó en directo en Newport sonaba continuamente». Todo aquel nuevo lenguaje del bebop nacido en los años 40, infinitamente más complejo, rápido y experimental que el de sus predecesores, atrapó de inmediato al director de ‘Sin Perdón’, que entonces ni se había asomado al cine. Despertó en él una pasión que, años después, contagió a su segundo hijo, Kyle, desde joven. El contrabajista –hijo también de la modelo Maggie Johnson– es hoy un reputado compositor de jazz que ha publicado una decena de discos, girado por todo el mundo y compuesto la banda sonora de películas como ‘Mystic River’, ‘Invictus’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Banderas de nuestros padres’, ‘Gran Torino’ y ‘Cartas desde Iwo Jima’. Desde que era un niño y durante el tiempo en que trabajó en la música de sus películas, Kyle siempre merodeó por los rodajes de su progenitor. Recuerda con especial cariño el de ‘Bird’ (1988), el filme con el que Clint realizó el gran homenaje de su vida al jazz y a la figura de su amado Charlie Parker . Un largometraje por el que sudó sangre para poder verlo en la gran pantalla y con el que desafió las convenciones de Hollywood. Bien es cierto que su compleja estructura y desorbitada duración –tres horas– no favorecieron su éxito comercial ni permitieron recuperar su presupuesto, pero el cineasta se empeñó en contar la historia de aquel saxofonista yonqui que cambió la historia de la música antes de morir con 34 años.Kyle comenta ahora que el asesor musical de aquella cinta, Lennie Niehaus, fue su gran maestro y valedor a la hora de impulsar su propia carrera como compositor de cine. Agradecido, el contrabajista rinde ahora homenaje a los títulos más famosos de su padre en ‘Eastwood By Eastwood’, un espectáculo en el que interpreta en clave de jazz las composiciones de Ennio Morricone , Lalo Schifrin, John Williams y el mismo Niehaus. Lo presenta en Granada (Teatro municipal Isabel La Católica, hoy), Burgos (Auditorio El Círculo, 9), Barcelona (Paral·lel 62, 10), Ciudad Real (Teatro Municipal Quijano, 12) y Madrid ( Festival Jazz Madrid , Teatro Fernán Gómez, 15). —¿No escuchaban en casa otras músicas que no fueran jazz?—Es verdad que el jazz era lo principal, pero en realidad escuchábamos de todo. Mis padres ponían mucho a Frank Sinatra con Count Basie. También discos de blues, como Ray Charles, y Johnny Cash. Crecer en una casa donde siempre había música fue muy importante para mí.—Supongo que muchos de esos álbumes se los regalaron directamente los músicos, a algunos de los cuales su padre debió conocer, dada su posición. ¿Tuvo la oportunidad de conocer a sus ídolos de niño gracias a su padre?—A Ron Carter, por ejemplo, lo conocí, sí. Tuve la suerte de crecer cerca del Festival de Jazz de Monterey, al que mis padres me llevaban desde muy pequeño. Uno de los primeros conciertos que recuerdo fue el de la orquesta de Count Basie en 1977, cuando yo tenía unos nueve años. También conocí a Joe Williams, que cantaba con Basie, y a algunos de los músicos de su banda. Recuerdo haber conocido a Stan Getz, Art Pepper y Sarah Vaughan, entre otros. Para un niño al que le gustaba tanto la música, poder escuchar a esos artistas en directo y conocerlos en persona fue algo extraordinario.—¿Qué encuentro con una gran figura del jazz le impresionó más?—Pues fue precisamente el de aquella actuación de Count Basie, que fue uno de los primeros conciertos que vi en mi vida. Durante la primera parte estuvimos entre el público y, en la segunda, pudimos acercarnos al escenario y escuchar a la banda desde un lugar privilegiado. Me impresionó mucho su potencia, el sonido de la orquesta y, sobre todo, el swing. Aquella experiencia despertó mi interés por la batería. —¿Y por qué escogió el bajo?—Lo cierto es que empecé tocando el piano. Mi padre me enseñó algunas cosas y luego recibí clases durante un tiempo. Más adelante aprendí un poco de guitarra para ‘Honkytonk Man’, la película que rodé con él en 1982, cuando tenía 14 años. Necesitaba tocar algunas canciones o, al menos, parecer que sabía hacerlo. Fue en el instituto cuando ya me interesé por el bajo eléctrico. Tenía amigos que tocaban la guitarra, la trompeta, el saxofón o la batería, pero siempre necesitaban un bajista, así que empecé a tocar con ellos y a aprender por mi cuenta. A los 17 o 18 años empecé a estudiar más en serio, hasta que llegó un momento en el que quise dedicarme a ello.—¿Qué papel desempeñó el jazz en la relación con su padre?—Fue lo que más compartimos desde que yo era un niño. El cine y la música son las dos grandes pasiones que tenemos en común. Crecí en una familia en la que veíamos muchas películas y escuchábamos mucha música, como te dije. Siempre hablábamos de ello y luego empezamos a compartir nuestros descubrimientos e ir a conciertos juntos. Creo que fue muy importante en nuestra relación.Arriba, la formación de Eastwood. Sobre estas líneas a la izquierda: el músico con su contrabajo. A la derecha, con su padre, Clint Eastwood ABC—¿Tuvo algo que ver el rodaje de ‘Bird’ con que se lo tomara en serio?«Me alegra haber tenido la oportunidad de colaborar con mi padre tantas veces»—Fue en esa época, desde luego, cuando empecé a tocar el contrabajo, a tomármelo en serio y a pensar en la música como una posible carrera profesional. Fui un par de días a las sesiones de grabación de la música de la película. Ray Brown estaba tocando el contrabajo y fue estupendo tener la oportunidad de conocerlo y escucharlo en el estudio. Ya había coincidido con él alguna vez, pero aquella fue una de las primeras ocasiones en las que pude verlo trabajar tan de cerca. Los músicos estaban reconstruyendo la sección rítmica alrededor de los solos originales de Charlie Parker. Era como escuchar a una banda tocar en directo con Parker, aunque él estuviera grabado. Fue una oportunidad fantástica para ver cómo trabajaban aquellos músicos.—¿Le habría gustado componer aquella banda sonora, teniendo en cuenta esa pasión que compartía con su padre?—Sí, claro. La verdad es que me encantaría componer la música de una película que estuviera dedicada por completo al jazz. Nunca he hecho una película de ese tipo y sería un reto estupendo. Hoy en día no se hacen películas como ‘Bird’, pero si alguien quisiera rodar una, me gustaría mucho participar.—Primero fue actor, después compuso bandas sonoras y finalmente se centró en sus discos. ¿Qué le ofrecía la música que no le diera el cine?—El cine me gusta y nunca descarté dedicarme a él, pero la música siempre ha sido fundamental para mí. De pequeño me interesaba la dirección, no la actuación, y estudié cine en la universidad con esa intención. Al mismo tiempo, sin embargo, empecé a tomarme la música más en serio y a actuar en clubes de Los Ángeles, hasta que me di cuenta de que era el medio en el que mejor me expresaba. El jazz, en particular, me daba una libertad enorme: la posibilidad de reaccionar a lo que hacen los demás músicos y crear algo en el momento, improvisando. Esa interacción hizo que me decantara por la música. —En su primer disco, ‘From There to Here’ (1998), participó nada menos que Joni Mitchell. ¿Cómo surgió esa posibilidad?—Larry Klein produjo el disco y había trabajado con Joni Mitchell, con quien estuvo casado durante varios años. Yo quería grabar ‘Trouble Man’, una canción de Marvin Gaye, y al principio pensaba hacer una versión instrumental. Larry se lo comentó a Joni y le propuso que la cantara. Ella aceptó y, por supuesto, me hizo muchísima ilusión. Era una gran admiradora de Marvin Gaye y fue una oportunidad de escucharla interpretar algo diferente de lo que solía cantar.—¿De qué banda sonora está más orgulloso y cuál le emocionó especialmente?—Quizá de ‘Cartas desde Iwo Jima’ (2006) y ‘Gran Torino’ (2008). Estoy especialmente contento con el trabajo que hicimos en la primera, porque la música y la canción encajan muy bien con la película. Todo surgió de una manera muy natural. Y me encanta la música de ‘Cartas desde Iwo Jima’, hasta el punto de que hice una versión del tema principal en clave de jazz, con piano y bajo, y la incluí en mi disco ‘Time Pieces’ (JazzVillage, 2015).—¿Le resulta divertido trabajar con su padre o le suponía una presión añadida?—Siempre he disfrutado trabajando con él. He crecido viéndolo trabajar, así que conozco bastante bien sus gustos y su manera de hacer las cosas. Es un director con el que resulta fácil entenderse cuando sabes lo que busca. Siempre ha sido un placer trabajar juntos y me alegra haber tenido la oportunidad de colaborar con él tantas veces.—¿Es un director muy exigente?—Le encanta su trabajo y se lo toma muy en serio. Espera que todo el mundo esté preparado y se implique tanto como él, pero no es alguien que esté permanentemente de mal humor o que convierta cada jornada de rodaje en un drama. Disfruta de lo que hace y creo que eso se nota en el ambiente de trabajo.—¿Y cómo se encuentra él?—Para tener 96 años, muy bien, la verdad. RSS de noticias de cultura
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