El último choque entre Pedro Sánchez y Giorgia Meloni no es un conflicto aislado, sino una nueva entrega de una sucesión de enfrentamientos que retrata bien la distancia ideológica entre el presidente del Gobierno y la primera ministra italiana. Antes de que la crisis de Ceuta escalara hasta el cierre parcial de Schengen en ambas direcciones, primero en Italia y desde este sábado también en España, Moncloa y el Palazzo Chigi ya habían protagonizado media docena de choques que fueron erosionando una relación bilateral nunca del todo cordial.El primero se remonta a octubre de 2022, apenas unas semanas después de que Meloni fuera elegida primera ministra. La italiana intervino por videoconferencia en un acto de Vox celebrado en Madrid y calificó de «Gobierno fallido» al Ejecutivo de coalición de Sánchez. Moncloa consideró aquella intervención como una injerencia inédita en la política interna española por parte del mandatario de un socio comunitario y trasladó una queja formal a Roma por los canales diplomáticos.Un año más tarde, varios ministros del gabinete de Meloni criticaron abiertamente la Ley de Memoria Democrática impulsada por el Gobierno español, a la que tildaron de «revanchismo ideológico de la izquierda». El Ministerio de Asuntos Exteriores español respondió exigiendo respeto a la soberanía legislativa nacional y acusó al Ejecutivo italiano de alinearse con posturas de extrema derecha.El desacuerdo se trasladó al terreno migratorio en noviembre de 2023, cuando Meloni cerró de forma unilateral el acuerdo con Albania para construir centros de deportación e internamiento de migrantes fuera de suelo comunitario. Sánchez, entonces presidente de turno de la Unión Europea (UE), criticó el modelo abiertamente en Bruselas, tachándolo de «ineficaz, caro y contrario a los valores e ideales de la UE», mientras Meloni acusaba a España de «mirar para otro lado» ante la presión migratoria que soporta el Mediterráneo.Muy lejano parecía el acercamiento que en primavera, en una de las escalas de Sánchez por distintas capitales europeas para preparar la presidencia de turno del segundo semestre de 2023, habían tenido el líder socialista y Meloni, a la que se dirigió como «querida Giorgia», a la vez de poner en valor lo que les unía por encima de lo que les separaba. Los ataques entre ambos han sido habituales excepto en un pequeño momento de tregua en primavera de 2023Tres meses después, en febrero de 2024, las diferencias sucedieron por la guerra en Ucrania. Meloni intentó liderar un bloque de consultas previo a una cumbre europea sobre el apoyo a Kiev, excluyendo a España y priorizando a países del Este y del centro de Europa. El equipo diplomático de Sánchez mostró su malestar por lo que consideró un intento de Roma de «crear directorios paralelos» dentro del Consejo Europeo, una maniobra que Moncloa terminó abortando en los pasillos de la cumbre.El choque más abiertamente institucional, sin embargo, llegó en junio de 2024, tras las elecciones europeas, cuando Sánchez negoció junto a Macron y Scholz el reparto de los puestos clave de la Unión —la presidencia de la Comisión para Von der Leyen, la del Consejo para António Costa y la jefatura de la diplomacia comunitaria para Kaja Kallas—, dejando fuera a la familia política de Meloni, los Conservadores y Reformistas Europeos. La italiana acusó a Sánchez en el Consejo Europeo de actuar de forma «antidemocrática» y «soberbia» al excluir a la tercera fuerza de la Eurocámara del reparto. Sánchez replicó en rueda de prensa recordando que los pactos en la Unión se cierran por mayorías parlamentarias y que la extrema derecha no formaría parte de la gobernabilidad europea.Sánchez defendió a Meloni frente a TrumpA su vez, el presidente del Gobierno escenificó un inusual cierre de filas con la primera ministra italiana tras los ataques personales vertidos contra ella por el presidente estadounidense Donald Trump. A pesar de las evidentes diferencias ideológicas que separan a ambos ejecutivos, Sánchez salió en defensa de su homóloga al término de la reunión del Consejo Europeo, calificando la actitud del magnate norteamericano de inaceptable dentro del respeto que se deben los mandatarios internacionales.«Quiero trasladarle toda mi solidaridad. No solo lo hago públicamente, sino que lo he hecho también en privado en el propio Consejo Europeo», dijo Sánchez durante su comparecencia ante los medios tras ser preguntado por las declaraciones en las que Trump aseguraba que la líder italiana le había «suplicado» una fotografía. «Es un ataque que no es ni político ni personal; no sé ni cómo calificarlo», añadió el presidente español, elevando el gesto a una cuestión de dignidad institucional que trasciende las fronteras partidistas.Crisis diplomática por CeutaEse historial de fricciones es el que ha estallado ahora con la crisis migratoria de Ceuta. La disputa se remonta al 1 de agosto, cuando Italia comenzó a aplicar controles a los viajeros procedentes de España —incluidos ciudadanos con DNI y pasaporte en regla— en aeropuertos como Fiumicino, Linate o Malpensa, alegando la necesidad de blindarse ante una eventual extensión a su territorio de la crisis abierta tras la entrada irregular de 72.000 personas a Ceuta desde Marruecos la semana pasada. Meloni calificó la suspensión temporal de Schengen como una medida «extraordinaria» para reforzar la seguridad nacional, mientras Madrid replicó tachando la actuación italiana de «injustificada, discriminatoria y contraria a los principios de la Unión Europea», y acusó a Roma de actuar de forma unilateral y con argumentos que, a su juicio, ignoran el régimen específico que Ceuta y Melilla tienen dentro del espacio Schengen.El pulso se intensificó cuando el Ejecutivo español dio a Italia hasta este domingo 9 de agosto para restablecer la libre circulación, advirtiendo de «medidas proporcionales» si Roma no rectificaba. La respuesta llegó rápida: un comunicado del Gobierno de Meloni aseguró que la decisión «no menoscaba la relación con un país amigo como España», la equiparó a restricciones aplicadas en el pasado hacia Eslovenia, y fijó el 15 de agosto —fecha en la que se teme una nueva avalancha migratoria hacia Ceuta— como el momento de reevaluar la medida. La Comisión Europea, por su parte, mantiene registrada la restricción italiana hasta el 1 de septiembre, recordando que cualquier control fronterizo dentro de Schengen debe ser proporcionado y temporal.Moncloa ha optado por no ceder terreno: desde esta medianoche, el Gobierno español ha reforzado los controles a quienes lleguen desde Italia en puertos y aeropuertos, con la Policía Nacional autorizada a solicitar documentación de forma aleatoria para verificar la identidad y nacionalidad de los pasajeros. Esta medida estará en vigor hasta el 7 de septiembre si antes no hay un entendimiento entre Sánchez y Meloni, o Europa toma cartas en el asunto. El último choque entre Pedro Sánchez y Giorgia Meloni no es un conflicto aislado, sino una nueva entrega de una sucesión de enfrentamientos que retrata bien la distancia ideológica entre el presidente del Gobierno y la primera ministra italiana. Antes de que la crisis de Ceuta escalara hasta el cierre parcial de Schengen en ambas direcciones, primero en Italia y desde este sábado también en España, Moncloa y el Palazzo Chigi ya habían protagonizado media docena de choques que fueron erosionando una relación bilateral nunca del todo cordial.El primero se remonta a octubre de 2022, apenas unas semanas después de que Meloni fuera elegida primera ministra. La italiana intervino por videoconferencia en un acto de Vox celebrado en Madrid y calificó de «Gobierno fallido» al Ejecutivo de coalición de Sánchez. Moncloa consideró aquella intervención como una injerencia inédita en la política interna española por parte del mandatario de un socio comunitario y trasladó una queja formal a Roma por los canales diplomáticos.Un año más tarde, varios ministros del gabinete de Meloni criticaron abiertamente la Ley de Memoria Democrática impulsada por el Gobierno español, a la que tildaron de «revanchismo ideológico de la izquierda». El Ministerio de Asuntos Exteriores español respondió exigiendo respeto a la soberanía legislativa nacional y acusó al Ejecutivo italiano de alinearse con posturas de extrema derecha.El desacuerdo se trasladó al terreno migratorio en noviembre de 2023, cuando Meloni cerró de forma unilateral el acuerdo con Albania para construir centros de deportación e internamiento de migrantes fuera de suelo comunitario. Sánchez, entonces presidente de turno de la Unión Europea (UE), criticó el modelo abiertamente en Bruselas, tachándolo de «ineficaz, caro y contrario a los valores e ideales de la UE», mientras Meloni acusaba a España de «mirar para otro lado» ante la presión migratoria que soporta el Mediterráneo.Muy lejano parecía el acercamiento que en primavera, en una de las escalas de Sánchez por distintas capitales europeas para preparar la presidencia de turno del segundo semestre de 2023, habían tenido el líder socialista y Meloni, a la que se dirigió como «querida Giorgia», a la vez de poner en valor lo que les unía por encima de lo que les separaba. Los ataques entre ambos han sido habituales excepto en un pequeño momento de tregua en primavera de 2023Tres meses después, en febrero de 2024, las diferencias sucedieron por la guerra en Ucrania. Meloni intentó liderar un bloque de consultas previo a una cumbre europea sobre el apoyo a Kiev, excluyendo a España y priorizando a países del Este y del centro de Europa. El equipo diplomático de Sánchez mostró su malestar por lo que consideró un intento de Roma de «crear directorios paralelos» dentro del Consejo Europeo, una maniobra que Moncloa terminó abortando en los pasillos de la cumbre.El choque más abiertamente institucional, sin embargo, llegó en junio de 2024, tras las elecciones europeas, cuando Sánchez negoció junto a Macron y Scholz el reparto de los puestos clave de la Unión —la presidencia de la Comisión para Von der Leyen, la del Consejo para António Costa y la jefatura de la diplomacia comunitaria para Kaja Kallas—, dejando fuera a la familia política de Meloni, los Conservadores y Reformistas Europeos. La italiana acusó a Sánchez en el Consejo Europeo de actuar de forma «antidemocrática» y «soberbia» al excluir a la tercera fuerza de la Eurocámara del reparto. Sánchez replicó en rueda de prensa recordando que los pactos en la Unión se cierran por mayorías parlamentarias y que la extrema derecha no formaría parte de la gobernabilidad europea.Sánchez defendió a Meloni frente a TrumpA su vez, el presidente del Gobierno escenificó un inusual cierre de filas con la primera ministra italiana tras los ataques personales vertidos contra ella por el presidente estadounidense Donald Trump. A pesar de las evidentes diferencias ideológicas que separan a ambos ejecutivos, Sánchez salió en defensa de su homóloga al término de la reunión del Consejo Europeo, calificando la actitud del magnate norteamericano de inaceptable dentro del respeto que se deben los mandatarios internacionales.«Quiero trasladarle toda mi solidaridad. No solo lo hago públicamente, sino que lo he hecho también en privado en el propio Consejo Europeo», dijo Sánchez durante su comparecencia ante los medios tras ser preguntado por las declaraciones en las que Trump aseguraba que la líder italiana le había «suplicado» una fotografía. «Es un ataque que no es ni político ni personal; no sé ni cómo calificarlo», añadió el presidente español, elevando el gesto a una cuestión de dignidad institucional que trasciende las fronteras partidistas.Crisis diplomática por CeutaEse historial de fricciones es el que ha estallado ahora con la crisis migratoria de Ceuta. La disputa se remonta al 1 de agosto, cuando Italia comenzó a aplicar controles a los viajeros procedentes de España —incluidos ciudadanos con DNI y pasaporte en regla— en aeropuertos como Fiumicino, Linate o Malpensa, alegando la necesidad de blindarse ante una eventual extensión a su territorio de la crisis abierta tras la entrada irregular de 72.000 personas a Ceuta desde Marruecos la semana pasada. Meloni calificó la suspensión temporal de Schengen como una medida «extraordinaria» para reforzar la seguridad nacional, mientras Madrid replicó tachando la actuación italiana de «injustificada, discriminatoria y contraria a los principios de la Unión Europea», y acusó a Roma de actuar de forma unilateral y con argumentos que, a su juicio, ignoran el régimen específico que Ceuta y Melilla tienen dentro del espacio Schengen.El pulso se intensificó cuando el Ejecutivo español dio a Italia hasta este domingo 9 de agosto para restablecer la libre circulación, advirtiendo de «medidas proporcionales» si Roma no rectificaba. La respuesta llegó rápida: un comunicado del Gobierno de Meloni aseguró que la decisión «no menoscaba la relación con un país amigo como España», la equiparó a restricciones aplicadas en el pasado hacia Eslovenia, y fijó el 15 de agosto —fecha en la que se teme una nueva avalancha migratoria hacia Ceuta— como el momento de reevaluar la medida. La Comisión Europea, por su parte, mantiene registrada la restricción italiana hasta el 1 de septiembre, recordando que cualquier control fronterizo dentro de Schengen debe ser proporcionado y temporal.Moncloa ha optado por no ceder terreno: desde esta medianoche, el Gobierno español ha reforzado los controles a quienes lleguen desde Italia en puertos y aeropuertos, con la Policía Nacional autorizada a solicitar documentación de forma aleatoria para verificar la identidad y nacionalidad de los pasajeros. Esta medida estará en vigor hasta el 7 de septiembre si antes no hay un entendimiento entre Sánchez y Meloni, o Europa toma cartas en el asunto. El último choque entre Pedro Sánchez y Giorgia Meloni no es un conflicto aislado, sino una nueva entrega de una sucesión de enfrentamientos que retrata bien la distancia ideológica entre el presidente del Gobierno y la primera ministra italiana. Antes de que la crisis de Ceuta escalara hasta el cierre parcial de Schengen en ambas direcciones, primero en Italia y desde este sábado también en España, Moncloa y el Palazzo Chigi ya habían protagonizado media docena de choques que fueron erosionando una relación bilateral nunca del todo cordial.El primero se remonta a octubre de 2022, apenas unas semanas después de que Meloni fuera elegida primera ministra. La italiana intervino por videoconferencia en un acto de Vox celebrado en Madrid y calificó de «Gobierno fallido» al Ejecutivo de coalición de Sánchez. Moncloa consideró aquella intervención como una injerencia inédita en la política interna española por parte del mandatario de un socio comunitario y trasladó una queja formal a Roma por los canales diplomáticos.Un año más tarde, varios ministros del gabinete de Meloni criticaron abiertamente la Ley de Memoria Democrática impulsada por el Gobierno español, a la que tildaron de «revanchismo ideológico de la izquierda». El Ministerio de Asuntos Exteriores español respondió exigiendo respeto a la soberanía legislativa nacional y acusó al Ejecutivo italiano de alinearse con posturas de extrema derecha.El desacuerdo se trasladó al terreno migratorio en noviembre de 2023, cuando Meloni cerró de forma unilateral el acuerdo con Albania para construir centros de deportación e internamiento de migrantes fuera de suelo comunitario. Sánchez, entonces presidente de turno de la Unión Europea (UE), criticó el modelo abiertamente en Bruselas, tachándolo de «ineficaz, caro y contrario a los valores e ideales de la UE», mientras Meloni acusaba a España de «mirar para otro lado» ante la presión migratoria que soporta el Mediterráneo.Muy lejano parecía el acercamiento que en primavera, en una de las escalas de Sánchez por distintas capitales europeas para preparar la presidencia de turno del segundo semestre de 2023, habían tenido el líder socialista y Meloni, a la que se dirigió como «querida Giorgia», a la vez de poner en valor lo que les unía por encima de lo que les separaba. Los ataques entre ambos han sido habituales excepto en un pequeño momento de tregua en primavera de 2023Tres meses después, en febrero de 2024, las diferencias sucedieron por la guerra en Ucrania. Meloni intentó liderar un bloque de consultas previo a una cumbre europea sobre el apoyo a Kiev, excluyendo a España y priorizando a países del Este y del centro de Europa. El equipo diplomático de Sánchez mostró su malestar por lo que consideró un intento de Roma de «crear directorios paralelos» dentro del Consejo Europeo, una maniobra que Moncloa terminó abortando en los pasillos de la cumbre.El choque más abiertamente institucional, sin embargo, llegó en junio de 2024, tras las elecciones europeas, cuando Sánchez negoció junto a Macron y Scholz el reparto de los puestos clave de la Unión —la presidencia de la Comisión para Von der Leyen, la del Consejo para António Costa y la jefatura de la diplomacia comunitaria para Kaja Kallas—, dejando fuera a la familia política de Meloni, los Conservadores y Reformistas Europeos. La italiana acusó a Sánchez en el Consejo Europeo de actuar de forma «antidemocrática» y «soberbia» al excluir a la tercera fuerza de la Eurocámara del reparto. Sánchez replicó en rueda de prensa recordando que los pactos en la Unión se cierran por mayorías parlamentarias y que la extrema derecha no formaría parte de la gobernabilidad europea.Sánchez defendió a Meloni frente a TrumpA su vez, el presidente del Gobierno escenificó un inusual cierre de filas con la primera ministra italiana tras los ataques personales vertidos contra ella por el presidente estadounidense Donald Trump. A pesar de las evidentes diferencias ideológicas que separan a ambos ejecutivos, Sánchez salió en defensa de su homóloga al término de la reunión del Consejo Europeo, calificando la actitud del magnate norteamericano de inaceptable dentro del respeto que se deben los mandatarios internacionales.«Quiero trasladarle toda mi solidaridad. No solo lo hago públicamente, sino que lo he hecho también en privado en el propio Consejo Europeo», dijo Sánchez durante su comparecencia ante los medios tras ser preguntado por las declaraciones en las que Trump aseguraba que la líder italiana le había «suplicado» una fotografía. «Es un ataque que no es ni político ni personal; no sé ni cómo calificarlo», añadió el presidente español, elevando el gesto a una cuestión de dignidad institucional que trasciende las fronteras partidistas.Crisis diplomática por CeutaEse historial de fricciones es el que ha estallado ahora con la crisis migratoria de Ceuta. La disputa se remonta al 1 de agosto, cuando Italia comenzó a aplicar controles a los viajeros procedentes de España —incluidos ciudadanos con DNI y pasaporte en regla— en aeropuertos como Fiumicino, Linate o Malpensa, alegando la necesidad de blindarse ante una eventual extensión a su territorio de la crisis abierta tras la entrada irregular de 72.000 personas a Ceuta desde Marruecos la semana pasada. Meloni calificó la suspensión temporal de Schengen como una medida «extraordinaria» para reforzar la seguridad nacional, mientras Madrid replicó tachando la actuación italiana de «injustificada, discriminatoria y contraria a los principios de la Unión Europea», y acusó a Roma de actuar de forma unilateral y con argumentos que, a su juicio, ignoran el régimen específico que Ceuta y Melilla tienen dentro del espacio Schengen.El pulso se intensificó cuando el Ejecutivo español dio a Italia hasta este domingo 9 de agosto para restablecer la libre circulación, advirtiendo de «medidas proporcionales» si Roma no rectificaba. La respuesta llegó rápida: un comunicado del Gobierno de Meloni aseguró que la decisión «no menoscaba la relación con un país amigo como España», la equiparó a restricciones aplicadas en el pasado hacia Eslovenia, y fijó el 15 de agosto —fecha en la que se teme una nueva avalancha migratoria hacia Ceuta— como el momento de reevaluar la medida. La Comisión Europea, por su parte, mantiene registrada la restricción italiana hasta el 1 de septiembre, recordando que cualquier control fronterizo dentro de Schengen debe ser proporcionado y temporal.Moncloa ha optado por no ceder terreno: desde esta medianoche, el Gobierno español ha reforzado los controles a quienes lleguen desde Italia en puertos y aeropuertos, con la Policía Nacional autorizada a solicitar documentación de forma aleatoria para verificar la identidad y nacionalidad de los pasajeros. Esta medida estará en vigor hasta el 7 de septiembre si antes no hay un entendimiento entre Sánchez y Meloni, o Europa toma cartas en el asunto. RSS de noticias de espana
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