«¡Basta ya! ¡Ceuta no se rinde!» Bajo este lema, miles de ceutíes se han reunido este domingo para clamar contra el Gobierno la falta de transparencia en la gestión que ha llevado a cabo de la crisis migratoria que asola el enclave español desde la entrada de 72.000 personas. Diez días más tarde, el Gobierno se empeña en difundir una imagen de Ceuta dentro de la normalidad. Las distintas comunidades religiosas —cristiana, musulmana, judía e hindú— se han unido sin un color político que les defina y bajo una sola voz. Una concentración que han calificado como «cívica y pacífica» y en la que insisten en «el respeto, la atención y el compromiso» que consideran que la ciudad «merece». Con este objetivo, se reunieron para exigir una solución a la crisis migratoria que perjudica a la ciudad. Al grito de «Viva Ceuta, viva España» y al son de los himnos nacional y local, los asistentes reivindicaron la soberanía española del territorio en una jornada marcada por la unidad y, a partes iguales, por la indignación: «Aunque no vivamos en la península, somos igual de españoles». «Cuatro religiones, un solo corazón», coreaba la multitud, en referencia a la convivencia entre las comunidades religiosas que conviven en la ciudad. El lema resume el espíritu con el que los organizadores quisieron presentar la protesta: «Somos una ciudad plural, construida por generaciones que rezan religiones distintas, pero que comparten una misma tierra, bandera y destino. Somos ceutíes, somos españoles y defendemos nuestra españolidad».El tono, sin embargo, viró hacia la crítica política según avanzaba el acto. Los manifestantes denunciaron lo que calificaron de «violación de la integridad territorial» y exigieron una «respuesta inmediata» de las administraciones competentes en materia de seguridad, estructura y sanidad ante lo que definieron como una «situación extraordinariamente crítica». Pese al tono reivindicativo, los organizadores insistieron en desvincular la protesta de cualquier discurso de rechazo. «No nace del rechazo de nadie», subrayaron, advirtiendo de que la falta de recursos «genera miedo, tensión o enfrentamientos» entre una población que vive con inquietud el aumento de las llegadas. Frente a ello, reclamaron que «parte de la solución» pase por «paz, fraternidad, solidaridad, justicia y ayuda al prójimo», y llamaron a superar las diferencias para «ayudarnos en estos momentos tan difíciles».«No tenemos color político ninguno», remarcaron los convocantes, apelando a lo que definieron como «una fuerza extraordinaria: la fuerza de un pueblo que permanece unido». La jornada dejó, en definitiva, la estampa de una ciudad que —en palabras de varios asistentes— está dando muestras de empatía ante una situación que, insistieron, «no se puede» sostener por más tiempo: «es inasumible».Entre los motivos de protesta que esgrimen para la convocatoria de la concentración, se encuentra la declaración de la ministra de Sanidad, Mónica García, que ha querido mantener esa imagen de normalidad dentro de los centros médicos ceutíes, los cuales han reclamado que visite de inmediato la ciudad para que compruebe ella misma cómo se encuentran desbordados. En un principio, la manifestación se acordó que tuviera lugar en la Plaza de la Constitución. Sin embargo, los asistentes acudieron posteriormente en masa hacia la Plaza de los Reyes, donde se ubica la sede de la Delegación del Gobierno, cuyo representante — Miguel Ángel Pérez — ha sido una de las ausencias notables dentro del panorama político de Ceuta. Pérez — que se ha desmarcado del discurso de Moncloa reconociendo que «no hay normalidad» y admitiendo «estar bastante lejos» de ella — ha acabado siendo el objeto de las protestas frente al apoyo del presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, que ha hecho pública su concordancia con la manifestación. Asimismo, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que tan solo quedaban dos mil inmigrantes ilegales en Ceuta. Sin embargo, el presidente de la ciudad autónoma rechazó de plano esa afirmación y garantizó que aún permanecían en las calles entre 8.000 y 11.000. Muchas de estas personas son menores de edad, cuyo número oficial asciende a 1.342, según la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. Por otro lado, España se encuentra sumida en una crisis diplomática con Italia que ha provocado el cierre del espacio Schengen con el país transalpino. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, junto a Pedro Sánchez se han enfrentado a Giorgia Meloni por las medidas que la primera ministra ha tomado para evitar la entrada de inmigrantes ilegales a Italia. El Gobierno español ha escalado el conflicto y ha copiado la medida italiana y también ha decretado el cierre de sus fronteras.A menos de una semana del día 15 de agosto, señalado como una jornada clave para una posible nueva avalancha de ciudadanos magrebíes, los ceutíes se unen bajo una misma bandera para manifestar que no se rinden. «¡Basta ya! ¡Ceuta no se rinde!» Bajo este lema, miles de ceutíes se han reunido este domingo para clamar contra el Gobierno la falta de transparencia en la gestión que ha llevado a cabo de la crisis migratoria que asola el enclave español desde la entrada de 72.000 personas. Diez días más tarde, el Gobierno se empeña en difundir una imagen de Ceuta dentro de la normalidad. Las distintas comunidades religiosas —cristiana, musulmana, judía e hindú— se han unido sin un color político que les defina y bajo una sola voz. Una concentración que han calificado como «cívica y pacífica» y en la que insisten en «el respeto, la atención y el compromiso» que consideran que la ciudad «merece». Con este objetivo, se reunieron para exigir una solución a la crisis migratoria que perjudica a la ciudad. Al grito de «Viva Ceuta, viva España» y al son de los himnos nacional y local, los asistentes reivindicaron la soberanía española del territorio en una jornada marcada por la unidad y, a partes iguales, por la indignación: «Aunque no vivamos en la península, somos igual de españoles». «Cuatro religiones, un solo corazón», coreaba la multitud, en referencia a la convivencia entre las comunidades religiosas que conviven en la ciudad. El lema resume el espíritu con el que los organizadores quisieron presentar la protesta: «Somos una ciudad plural, construida por generaciones que rezan religiones distintas, pero que comparten una misma tierra, bandera y destino. Somos ceutíes, somos españoles y defendemos nuestra españolidad».El tono, sin embargo, viró hacia la crítica política según avanzaba el acto. Los manifestantes denunciaron lo que calificaron de «violación de la integridad territorial» y exigieron una «respuesta inmediata» de las administraciones competentes en materia de seguridad, estructura y sanidad ante lo que definieron como una «situación extraordinariamente crítica». Pese al tono reivindicativo, los organizadores insistieron en desvincular la protesta de cualquier discurso de rechazo. «No nace del rechazo de nadie», subrayaron, advirtiendo de que la falta de recursos «genera miedo, tensión o enfrentamientos» entre una población que vive con inquietud el aumento de las llegadas. Frente a ello, reclamaron que «parte de la solución» pase por «paz, fraternidad, solidaridad, justicia y ayuda al prójimo», y llamaron a superar las diferencias para «ayudarnos en estos momentos tan difíciles».«No tenemos color político ninguno», remarcaron los convocantes, apelando a lo que definieron como «una fuerza extraordinaria: la fuerza de un pueblo que permanece unido». La jornada dejó, en definitiva, la estampa de una ciudad que —en palabras de varios asistentes— está dando muestras de empatía ante una situación que, insistieron, «no se puede» sostener por más tiempo: «es inasumible».Entre los motivos de protesta que esgrimen para la convocatoria de la concentración, se encuentra la declaración de la ministra de Sanidad, Mónica García, que ha querido mantener esa imagen de normalidad dentro de los centros médicos ceutíes, los cuales han reclamado que visite de inmediato la ciudad para que compruebe ella misma cómo se encuentran desbordados. En un principio, la manifestación se acordó que tuviera lugar en la Plaza de la Constitución. Sin embargo, los asistentes acudieron posteriormente en masa hacia la Plaza de los Reyes, donde se ubica la sede de la Delegación del Gobierno, cuyo representante — Miguel Ángel Pérez — ha sido una de las ausencias notables dentro del panorama político de Ceuta. Pérez — que se ha desmarcado del discurso de Moncloa reconociendo que «no hay normalidad» y admitiendo «estar bastante lejos» de ella — ha acabado siendo el objeto de las protestas frente al apoyo del presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, que ha hecho pública su concordancia con la manifestación. Asimismo, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que tan solo quedaban dos mil inmigrantes ilegales en Ceuta. Sin embargo, el presidente de la ciudad autónoma rechazó de plano esa afirmación y garantizó que aún permanecían en las calles entre 8.000 y 11.000. Muchas de estas personas son menores de edad, cuyo número oficial asciende a 1.342, según la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. Por otro lado, España se encuentra sumida en una crisis diplomática con Italia que ha provocado el cierre del espacio Schengen con el país transalpino. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, junto a Pedro Sánchez se han enfrentado a Giorgia Meloni por las medidas que la primera ministra ha tomado para evitar la entrada de inmigrantes ilegales a Italia. El Gobierno español ha escalado el conflicto y ha copiado la medida italiana y también ha decretado el cierre de sus fronteras.A menos de una semana del día 15 de agosto, señalado como una jornada clave para una posible nueva avalancha de ciudadanos magrebíes, los ceutíes se unen bajo una misma bandera para manifestar que no se rinden. «¡Basta ya! ¡Ceuta no se rinde!» Bajo este lema, miles de ceutíes se han reunido este domingo para clamar contra el Gobierno la falta de transparencia en la gestión que ha llevado a cabo de la crisis migratoria que asola el enclave español desde la entrada de 72.000 personas. Diez días más tarde, el Gobierno se empeña en difundir una imagen de Ceuta dentro de la normalidad. Las distintas comunidades religiosas —cristiana, musulmana, judía e hindú— se han unido sin un color político que les defina y bajo una sola voz. Una concentración que han calificado como «cívica y pacífica» y en la que insisten en «el respeto, la atención y el compromiso» que consideran que la ciudad «merece». Con este objetivo, se reunieron para exigir una solución a la crisis migratoria que perjudica a la ciudad. Al grito de «Viva Ceuta, viva España» y al son de los himnos nacional y local, los asistentes reivindicaron la soberanía española del territorio en una jornada marcada por la unidad y, a partes iguales, por la indignación: «Aunque no vivamos en la península, somos igual de españoles». «Cuatro religiones, un solo corazón», coreaba la multitud, en referencia a la convivencia entre las comunidades religiosas que conviven en la ciudad. El lema resume el espíritu con el que los organizadores quisieron presentar la protesta: «Somos una ciudad plural, construida por generaciones que rezan religiones distintas, pero que comparten una misma tierra, bandera y destino. Somos ceutíes, somos españoles y defendemos nuestra españolidad».El tono, sin embargo, viró hacia la crítica política según avanzaba el acto. Los manifestantes denunciaron lo que calificaron de «violación de la integridad territorial» y exigieron una «respuesta inmediata» de las administraciones competentes en materia de seguridad, estructura y sanidad ante lo que definieron como una «situación extraordinariamente crítica». Pese al tono reivindicativo, los organizadores insistieron en desvincular la protesta de cualquier discurso de rechazo. «No nace del rechazo de nadie», subrayaron, advirtiendo de que la falta de recursos «genera miedo, tensión o enfrentamientos» entre una población que vive con inquietud el aumento de las llegadas. Frente a ello, reclamaron que «parte de la solución» pase por «paz, fraternidad, solidaridad, justicia y ayuda al prójimo», y llamaron a superar las diferencias para «ayudarnos en estos momentos tan difíciles».«No tenemos color político ninguno», remarcaron los convocantes, apelando a lo que definieron como «una fuerza extraordinaria: la fuerza de un pueblo que permanece unido». La jornada dejó, en definitiva, la estampa de una ciudad que —en palabras de varios asistentes— está dando muestras de empatía ante una situación que, insistieron, «no se puede» sostener por más tiempo: «es inasumible».Entre los motivos de protesta que esgrimen para la convocatoria de la concentración, se encuentra la declaración de la ministra de Sanidad, Mónica García, que ha querido mantener esa imagen de normalidad dentro de los centros médicos ceutíes, los cuales han reclamado que visite de inmediato la ciudad para que compruebe ella misma cómo se encuentran desbordados. En un principio, la manifestación se acordó que tuviera lugar en la Plaza de la Constitución. Sin embargo, los asistentes acudieron posteriormente en masa hacia la Plaza de los Reyes, donde se ubica la sede de la Delegación del Gobierno, cuyo representante — Miguel Ángel Pérez — ha sido una de las ausencias notables dentro del panorama político de Ceuta. Pérez — que se ha desmarcado del discurso de Moncloa reconociendo que «no hay normalidad» y admitiendo «estar bastante lejos» de ella — ha acabado siendo el objeto de las protestas frente al apoyo del presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, que ha hecho pública su concordancia con la manifestación. Asimismo, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que tan solo quedaban dos mil inmigrantes ilegales en Ceuta. Sin embargo, el presidente de la ciudad autónoma rechazó de plano esa afirmación y garantizó que aún permanecían en las calles entre 8.000 y 11.000. Muchas de estas personas son menores de edad, cuyo número oficial asciende a 1.342, según la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. Por otro lado, España se encuentra sumida en una crisis diplomática con Italia que ha provocado el cierre del espacio Schengen con el país transalpino. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, junto a Pedro Sánchez se han enfrentado a Giorgia Meloni por las medidas que la primera ministra ha tomado para evitar la entrada de inmigrantes ilegales a Italia. El Gobierno español ha escalado el conflicto y ha copiado la medida italiana y también ha decretado el cierre de sus fronteras.A menos de una semana del día 15 de agosto, señalado como una jornada clave para una posible nueva avalancha de ciudadanos magrebíes, los ceutíes se unen bajo una misma bandera para manifestar que no se rinden. RSS de noticias de espana
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