Hace una década, en la histórica campaña electoral que le llevó por primera vez a la Casa Blanca, Donald Trump prometió que como presidente eliminaría la creciente deuda pública de EE.UU. en ocho años. Ahora, la deuda de la primera potencia mundial duplica a la de 2016, en una espiral incontenible que esta semana ha sido marcada por un hito: por primera vez, EE.UU. debe más de 40 billones de dólares (34,27 billones de euros o, de otra forma, veinte veces la deuda española).Meter en cintura el déficit fiscal es algo a lo que casi todos los políticos estadounidenses se comprometen -en especial, los conservadores-, pero que ninguno consigue ejecutar. La deuda disparada de EE.UU. no es, ni mucho menos, responsabilidad exclusiva del actual presidente. Desde que comenzó este siglo, ha sido un esfuerzo conjunto de administraciones y legisladores de todos los colores políticos.Pero en el caso de Trump se enfrenta a sus propias promesas y a las de su Gobierno. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llegó con un objetivo mucho más modesto: rebajar el déficit anual del 6% del PIB al 3% del PIB. Tampoco lo ha conseguido.Un problema añadido es que el crecimiento de la deuda provoca también que los costes de endeudamiento sean cada vez mayores para EE.UU., en una señal de pérdida de confianza en la primera potencia económica del mundo. Esta semana, los intereses de los bonos estadounidenses a treinta años llegaron a su punto más alto en casi dos décadas. Bessent ha tenido que intervenir para tratar de controlarlos.Como en la Segunda Guerra MundialMás que en sobrepasar el umbral de los 40 billones de dólares, los economistas se fijan en otros aspectos más decisivos de la deuda. La cantidad de deuda en manos privadas -algo más de 32 billones- es cerca del 100% del PIB de EE.UU. Se acerca a los niveles de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gasto público se tuvo que disparar para hacer frente a las necesidades del conflicto.32 billones Tantos acreedores como en la Segunda Guerra Mundial Los economistas advierten de que el volumen de deuda emitida por Estados Unidos en manos privadas, 32 billones de dólares (27,4 billones de euros), equivale al 100% del PIB nacional y roza ya los niveles que se alcanzaron cuando el país tuvo que endeudarse hasta la cejas para acometer el gasto militar infinito de la segunda guerra mundial.Hace no tanto, ese porcentaje era mucho menor. A comienzos de este siglo, tras los superávits fiscales de las presidencias de Bill Clinton, estaba algo por encima del 25%. Desde entonces, presidencias demócratas y republicanas lo han disparado con la justificación de enfrentar crisis económicas: el pinchazo de la burbuja ‘punto com’, las guerras en Oriente Medio, la Gran Recesión en el comienzo de la presidencia de Barack Obama o la pandemia de Covid-19.1 billón de dólares El fiasco del plan de ahorro de Elon Musk La Administración Trump se comprometió a reducir en un billón de dólares el coste de la administración del Estado con el célebre Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) que se puso en manos de Elon Musk. Sin embargo, el plan ha resultado un fiasco e incluso estimaciones optimistas del Gobierno sitúan el ahorro conseguido en 200.000 millones de dólares (170.000 millones de euros)En el caso de Trump, la deuda sigue creciendo a un ritmo disparado: se estima que este año añada dos billones a la deuda. Ello a pesar de que desembarcó en la Casa Blanca con la intención de pegarle un bocado histórico al gasto público. Junto a Trump llegó el multimillonario Elon Musk, que quiso emular la motosierra de Javier Milei, y reducir en un billón de dólares el gasto de la maquinaria del Gobierno. Sería a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en sus siglas en inglés), que ha quedado difuminado entre las turbulencias de la segunda Administración Trump (el propio Musk solo duró unos meses en el cargo). Según el Gobierno, DOGE ha logrado recortar 200.000 millones de dólares, aunque son cifras difíciles de comprobar. Y, en cualquier caso, no tocan las fuentes principales de gasto todos los años: los programas públicos como la Seguridad Social o las coberturas médicas para jubilados y para personas sin recursos. Y estos, con el envejecimiento de la población, cada vez cuestan más.De los aranceles a IránPero Trump también ha disparado el gasto por sus propias políticas. En primer lugar, por el tiro en el pie que ha sido su política arancelaria, tumbada por el Tribunal Supremo y que le obliga a devolver cientos de miles de millones de dólares cobrados. Después, por sus rebajas de impuestos, que todavía no han sido compensadas con un crecimiento económico. Y, claro, la guerra de Irán, un esfuerzo multimillonario y que rompió la promesa de Trump de no meter a EE.UU. en guerras largas y costosas.Las previsión es que la situación solo empeore. Según las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, la deuda será el 120% del PIB en diez años y el 175% en treinta años.120% Una tendencia difícil de frenar Las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Gobierno apuntan a que la deuda escalará hasta el 120% del PIB en una década y en 30 años podría llegar a ser del 175% del PIB si no se logra frenar la tendencia actual. El aumento histórico de los intereses para los bonos estadounidenses tiene que ver con la incomodidad de los inversores con esta situación. Si a EE.UU. le cuesta todavía más pagar su deuda, el problema se ahonda. De ahí las intervenciones en el mercado de bonos protagonizadas por Bessent, el secretario del Tesoro. Por ejemplo, intervino en el mercado de divisas para reforzar el yen japonés, para evitar que los tenedores japoneses de sus bonos -algo más de un tercio de la deuda de EE.UU. está en manos extranjeras- los vendieran para mejorar su moneda. Después, con la misma intención de rebajar los intereses de los bonos, Bessent duplicó la cantidad de deuda que el Tesoro puede recomprar a inversores. Eso ocurrió el miércoles y provocó una rebaja inmediata de los intereses. Pero volvieron a subir rápidamente y Bessent volvió a hacer anuncios para controlar el mercado de bonos: anunció que las recompras podrían ser de más de 4.000 millones de dólares por operación. El secretario del Tesoro también salió a hablar con los medios para defender que la preocupación por el hito de los 40 billones de deuda era exagerada. Pero eso no evitó que los intereses siguieran un camino al alza. Hace una década, en la histórica campaña electoral que le llevó por primera vez a la Casa Blanca, Donald Trump prometió que como presidente eliminaría la creciente deuda pública de EE.UU. en ocho años. Ahora, la deuda de la primera potencia mundial duplica a la de 2016, en una espiral incontenible que esta semana ha sido marcada por un hito: por primera vez, EE.UU. debe más de 40 billones de dólares (34,27 billones de euros o, de otra forma, veinte veces la deuda española).Meter en cintura el déficit fiscal es algo a lo que casi todos los políticos estadounidenses se comprometen -en especial, los conservadores-, pero que ninguno consigue ejecutar. La deuda disparada de EE.UU. no es, ni mucho menos, responsabilidad exclusiva del actual presidente. Desde que comenzó este siglo, ha sido un esfuerzo conjunto de administraciones y legisladores de todos los colores políticos.Pero en el caso de Trump se enfrenta a sus propias promesas y a las de su Gobierno. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llegó con un objetivo mucho más modesto: rebajar el déficit anual del 6% del PIB al 3% del PIB. Tampoco lo ha conseguido.Un problema añadido es que el crecimiento de la deuda provoca también que los costes de endeudamiento sean cada vez mayores para EE.UU., en una señal de pérdida de confianza en la primera potencia económica del mundo. Esta semana, los intereses de los bonos estadounidenses a treinta años llegaron a su punto más alto en casi dos décadas. Bessent ha tenido que intervenir para tratar de controlarlos.Como en la Segunda Guerra MundialMás que en sobrepasar el umbral de los 40 billones de dólares, los economistas se fijan en otros aspectos más decisivos de la deuda. La cantidad de deuda en manos privadas -algo más de 32 billones- es cerca del 100% del PIB de EE.UU. Se acerca a los niveles de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gasto público se tuvo que disparar para hacer frente a las necesidades del conflicto.32 billones Tantos acreedores como en la Segunda Guerra Mundial Los economistas advierten de que el volumen de deuda emitida por Estados Unidos en manos privadas, 32 billones de dólares (27,4 billones de euros), equivale al 100% del PIB nacional y roza ya los niveles que se alcanzaron cuando el país tuvo que endeudarse hasta la cejas para acometer el gasto militar infinito de la segunda guerra mundial.Hace no tanto, ese porcentaje era mucho menor. A comienzos de este siglo, tras los superávits fiscales de las presidencias de Bill Clinton, estaba algo por encima del 25%. Desde entonces, presidencias demócratas y republicanas lo han disparado con la justificación de enfrentar crisis económicas: el pinchazo de la burbuja ‘punto com’, las guerras en Oriente Medio, la Gran Recesión en el comienzo de la presidencia de Barack Obama o la pandemia de Covid-19.1 billón de dólares El fiasco del plan de ahorro de Elon Musk La Administración Trump se comprometió a reducir en un billón de dólares el coste de la administración del Estado con el célebre Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) que se puso en manos de Elon Musk. Sin embargo, el plan ha resultado un fiasco e incluso estimaciones optimistas del Gobierno sitúan el ahorro conseguido en 200.000 millones de dólares (170.000 millones de euros)En el caso de Trump, la deuda sigue creciendo a un ritmo disparado: se estima que este año añada dos billones a la deuda. Ello a pesar de que desembarcó en la Casa Blanca con la intención de pegarle un bocado histórico al gasto público. Junto a Trump llegó el multimillonario Elon Musk, que quiso emular la motosierra de Javier Milei, y reducir en un billón de dólares el gasto de la maquinaria del Gobierno. Sería a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en sus siglas en inglés), que ha quedado difuminado entre las turbulencias de la segunda Administración Trump (el propio Musk solo duró unos meses en el cargo). Según el Gobierno, DOGE ha logrado recortar 200.000 millones de dólares, aunque son cifras difíciles de comprobar. Y, en cualquier caso, no tocan las fuentes principales de gasto todos los años: los programas públicos como la Seguridad Social o las coberturas médicas para jubilados y para personas sin recursos. Y estos, con el envejecimiento de la población, cada vez cuestan más.De los aranceles a IránPero Trump también ha disparado el gasto por sus propias políticas. En primer lugar, por el tiro en el pie que ha sido su política arancelaria, tumbada por el Tribunal Supremo y que le obliga a devolver cientos de miles de millones de dólares cobrados. Después, por sus rebajas de impuestos, que todavía no han sido compensadas con un crecimiento económico. Y, claro, la guerra de Irán, un esfuerzo multimillonario y que rompió la promesa de Trump de no meter a EE.UU. en guerras largas y costosas.Las previsión es que la situación solo empeore. Según las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, la deuda será el 120% del PIB en diez años y el 175% en treinta años.120% Una tendencia difícil de frenar Las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Gobierno apuntan a que la deuda escalará hasta el 120% del PIB en una década y en 30 años podría llegar a ser del 175% del PIB si no se logra frenar la tendencia actual. El aumento histórico de los intereses para los bonos estadounidenses tiene que ver con la incomodidad de los inversores con esta situación. Si a EE.UU. le cuesta todavía más pagar su deuda, el problema se ahonda. De ahí las intervenciones en el mercado de bonos protagonizadas por Bessent, el secretario del Tesoro. Por ejemplo, intervino en el mercado de divisas para reforzar el yen japonés, para evitar que los tenedores japoneses de sus bonos -algo más de un tercio de la deuda de EE.UU. está en manos extranjeras- los vendieran para mejorar su moneda. Después, con la misma intención de rebajar los intereses de los bonos, Bessent duplicó la cantidad de deuda que el Tesoro puede recomprar a inversores. Eso ocurrió el miércoles y provocó una rebaja inmediata de los intereses. Pero volvieron a subir rápidamente y Bessent volvió a hacer anuncios para controlar el mercado de bonos: anunció que las recompras podrían ser de más de 4.000 millones de dólares por operación. El secretario del Tesoro también salió a hablar con los medios para defender que la preocupación por el hito de los 40 billones de deuda era exagerada. Pero eso no evitó que los intereses siguieran un camino al alza. Hace una década, en la histórica campaña electoral que le llevó por primera vez a la Casa Blanca, Donald Trump prometió que como presidente eliminaría la creciente deuda pública de EE.UU. en ocho años. Ahora, la deuda de la primera potencia mundial duplica a la de 2016, en una espiral incontenible que esta semana ha sido marcada por un hito: por primera vez, EE.UU. debe más de 40 billones de dólares (34,27 billones de euros o, de otra forma, veinte veces la deuda española).Meter en cintura el déficit fiscal es algo a lo que casi todos los políticos estadounidenses se comprometen -en especial, los conservadores-, pero que ninguno consigue ejecutar. La deuda disparada de EE.UU. no es, ni mucho menos, responsabilidad exclusiva del actual presidente. Desde que comenzó este siglo, ha sido un esfuerzo conjunto de administraciones y legisladores de todos los colores políticos.Pero en el caso de Trump se enfrenta a sus propias promesas y a las de su Gobierno. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llegó con un objetivo mucho más modesto: rebajar el déficit anual del 6% del PIB al 3% del PIB. Tampoco lo ha conseguido.Un problema añadido es que el crecimiento de la deuda provoca también que los costes de endeudamiento sean cada vez mayores para EE.UU., en una señal de pérdida de confianza en la primera potencia económica del mundo. Esta semana, los intereses de los bonos estadounidenses a treinta años llegaron a su punto más alto en casi dos décadas. Bessent ha tenido que intervenir para tratar de controlarlos.Como en la Segunda Guerra MundialMás que en sobrepasar el umbral de los 40 billones de dólares, los economistas se fijan en otros aspectos más decisivos de la deuda. La cantidad de deuda en manos privadas -algo más de 32 billones- es cerca del 100% del PIB de EE.UU. Se acerca a los niveles de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gasto público se tuvo que disparar para hacer frente a las necesidades del conflicto.32 billones Tantos acreedores como en la Segunda Guerra Mundial Los economistas advierten de que el volumen de deuda emitida por Estados Unidos en manos privadas, 32 billones de dólares (27,4 billones de euros), equivale al 100% del PIB nacional y roza ya los niveles que se alcanzaron cuando el país tuvo que endeudarse hasta la cejas para acometer el gasto militar infinito de la segunda guerra mundial.Hace no tanto, ese porcentaje era mucho menor. A comienzos de este siglo, tras los superávits fiscales de las presidencias de Bill Clinton, estaba algo por encima del 25%. Desde entonces, presidencias demócratas y republicanas lo han disparado con la justificación de enfrentar crisis económicas: el pinchazo de la burbuja ‘punto com’, las guerras en Oriente Medio, la Gran Recesión en el comienzo de la presidencia de Barack Obama o la pandemia de Covid-19.1 billón de dólares El fiasco del plan de ahorro de Elon Musk La Administración Trump se comprometió a reducir en un billón de dólares el coste de la administración del Estado con el célebre Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) que se puso en manos de Elon Musk. Sin embargo, el plan ha resultado un fiasco e incluso estimaciones optimistas del Gobierno sitúan el ahorro conseguido en 200.000 millones de dólares (170.000 millones de euros)En el caso de Trump, la deuda sigue creciendo a un ritmo disparado: se estima que este año añada dos billones a la deuda. Ello a pesar de que desembarcó en la Casa Blanca con la intención de pegarle un bocado histórico al gasto público. Junto a Trump llegó el multimillonario Elon Musk, que quiso emular la motosierra de Javier Milei, y reducir en un billón de dólares el gasto de la maquinaria del Gobierno. Sería a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en sus siglas en inglés), que ha quedado difuminado entre las turbulencias de la segunda Administración Trump (el propio Musk solo duró unos meses en el cargo). Según el Gobierno, DOGE ha logrado recortar 200.000 millones de dólares, aunque son cifras difíciles de comprobar. Y, en cualquier caso, no tocan las fuentes principales de gasto todos los años: los programas públicos como la Seguridad Social o las coberturas médicas para jubilados y para personas sin recursos. Y estos, con el envejecimiento de la población, cada vez cuestan más.De los aranceles a IránPero Trump también ha disparado el gasto por sus propias políticas. En primer lugar, por el tiro en el pie que ha sido su política arancelaria, tumbada por el Tribunal Supremo y que le obliga a devolver cientos de miles de millones de dólares cobrados. Después, por sus rebajas de impuestos, que todavía no han sido compensadas con un crecimiento económico. Y, claro, la guerra de Irán, un esfuerzo multimillonario y que rompió la promesa de Trump de no meter a EE.UU. en guerras largas y costosas.Las previsión es que la situación solo empeore. Según las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, la deuda será el 120% del PIB en diez años y el 175% en treinta años.120% Una tendencia difícil de frenar Las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Gobierno apuntan a que la deuda escalará hasta el 120% del PIB en una década y en 30 años podría llegar a ser del 175% del PIB si no se logra frenar la tendencia actual. El aumento histórico de los intereses para los bonos estadounidenses tiene que ver con la incomodidad de los inversores con esta situación. Si a EE.UU. le cuesta todavía más pagar su deuda, el problema se ahonda. De ahí las intervenciones en el mercado de bonos protagonizadas por Bessent, el secretario del Tesoro. Por ejemplo, intervino en el mercado de divisas para reforzar el yen japonés, para evitar que los tenedores japoneses de sus bonos -algo más de un tercio de la deuda de EE.UU. está en manos extranjeras- los vendieran para mejorar su moneda. Después, con la misma intención de rebajar los intereses de los bonos, Bessent duplicó la cantidad de deuda que el Tesoro puede recomprar a inversores. Eso ocurrió el miércoles y provocó una rebaja inmediata de los intereses. Pero volvieron a subir rápidamente y Bessent volvió a hacer anuncios para controlar el mercado de bonos: anunció que las recompras podrían ser de más de 4.000 millones de dólares por operación. El secretario del Tesoro también salió a hablar con los medios para defender que la preocupación por el hito de los 40 billones de deuda era exagerada. Pero eso no evitó que los intereses siguieran un camino al alza. RSS de noticias de economia
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