El líder de la familia era el tío Bernd, el que todo lo pagaba cuando la realidad superaba la ficción, y el que todo lo arreglaba cuando la ficción les dejaba sin opciones. Bernd para todo, nadie sentía que tuviera que pensar mucho antes de hacer algo, porque si salía mal siempre estaba el tío para solucionarlo. Todo lo daba pero se quitaba mérito porque, decía, las familias tienen siempre que ayudarse.Vivía en Londres, era el primer ejecutivo de uno de los bancos más importantes del mundo y uno de los líderes de una organización privada –no es tan difícil imaginar cuál– que siempre encuentra a alguien para solucionar los problemas de sus miembros. Sólo en el último año, Bernd había rescatado a su hermana, la madre de los gemelos, de una inversión ruinosa y aunque se habló de medio millón, siempre he pensado que esta cifra fue sólo una parte. Marc tuvo un accidente volviendo de Andorra, dio positivo de alcohol y drogas, el conductor del otro coche estuvo tres días en coma, pero tío Bernd se ocupó de que su sobrino no tuviera que afrontar consecuencias penales. Alex fue denunciado por agresión sexual y no perdió el tiempo clamando su inocencia: llamó a su tío y la camarera se retractó al cabo de una semana.Marc y Alex, 25 y ambos solteros, esperaban aquel verano la llegada de su tío con especial interés porque querían invertir en una promoción ampurdanesa. Bernd accedió sin pedir grandes explicaciones. Millón y medio, y esta sí fue la cifra exacta. Y cuando terminaron de darle las gracias les dijo que por primera vez el favor lo tenía que pedir él y antes de que lo nombrara todos mostraron su total disposición a ayudarle.Bernd había tenido una relación extramatrimonial con una joven modelo que no duró mucho, pero hacía una semana se había presentado con un bebé en los brazos. Hechas las comprobaciones, el tío no tenía escapatoria. «La tía Elodie no puede enterarse, pero aunque un divorcio me destrozaría, el problema es el escándalo. Me echarían de la organización y en el banco están a punto de hacerme accionista. Sólo tengo un competidor, y si supiera lo de la niña, lo utilizaría para perjudicarme y quedarse con mi posición, y con las acciones».Bernd explicó que la modelo había aceptado una suma a cambio de desaparecer pero él debía hacerse cargo de la cría; y el favor que pedía es que por lo menos durante los primeros diez o doce años, hasta que la pudieran mandar a un internado extranjero, los gemelos y sus padres se ocuparan de ella. Él pagaría los gastos, pero no quería que nadie, ni mucho menos la niña, le pudiera relacionarle.La familia reaccionó con estupor, haciendo más preguntas que dando respuestas, y tío Bernd se impacientó y les reprochó que dudaran cuando él siempre les había ayudado. La conversación se volvió desagradable, Bernd se levantó y se fue, y los gemelos y sus padres pudieron hablar tranquilamente. Nadie quería a la bebé pero Alex y Marc necesitaban el millón y medio. De repente la madre pidió a todos guardar silencio y, que pasara lo que pasara, nadie volviera a mencionar nunca más al tío Bernd ni a hablar de aquel triste tema.Tío Bernd perdió la membresía de la organización y el trabajo en el banco. Su rival fue presentado como nuevo accionista de la entidad, el primero que no era de la familia fundadora. Los gemelos recibieron al cabo de unos días la transferencia pero de un remitente al que no conocían y se lo dijeron a su madre: «Éste es al que a partir de ahora tenéis que llamar para pedirle los favores». El líder de la familia era el tío Bernd, el que todo lo pagaba cuando la realidad superaba la ficción, y el que todo lo arreglaba cuando la ficción les dejaba sin opciones. Bernd para todo, nadie sentía que tuviera que pensar mucho antes de hacer algo, porque si salía mal siempre estaba el tío para solucionarlo. Todo lo daba pero se quitaba mérito porque, decía, las familias tienen siempre que ayudarse.Vivía en Londres, era el primer ejecutivo de uno de los bancos más importantes del mundo y uno de los líderes de una organización privada –no es tan difícil imaginar cuál– que siempre encuentra a alguien para solucionar los problemas de sus miembros. Sólo en el último año, Bernd había rescatado a su hermana, la madre de los gemelos, de una inversión ruinosa y aunque se habló de medio millón, siempre he pensado que esta cifra fue sólo una parte. Marc tuvo un accidente volviendo de Andorra, dio positivo de alcohol y drogas, el conductor del otro coche estuvo tres días en coma, pero tío Bernd se ocupó de que su sobrino no tuviera que afrontar consecuencias penales. Alex fue denunciado por agresión sexual y no perdió el tiempo clamando su inocencia: llamó a su tío y la camarera se retractó al cabo de una semana.Marc y Alex, 25 y ambos solteros, esperaban aquel verano la llegada de su tío con especial interés porque querían invertir en una promoción ampurdanesa. Bernd accedió sin pedir grandes explicaciones. Millón y medio, y esta sí fue la cifra exacta. Y cuando terminaron de darle las gracias les dijo que por primera vez el favor lo tenía que pedir él y antes de que lo nombrara todos mostraron su total disposición a ayudarle.Bernd había tenido una relación extramatrimonial con una joven modelo que no duró mucho, pero hacía una semana se había presentado con un bebé en los brazos. Hechas las comprobaciones, el tío no tenía escapatoria. «La tía Elodie no puede enterarse, pero aunque un divorcio me destrozaría, el problema es el escándalo. Me echarían de la organización y en el banco están a punto de hacerme accionista. Sólo tengo un competidor, y si supiera lo de la niña, lo utilizaría para perjudicarme y quedarse con mi posición, y con las acciones».Bernd explicó que la modelo había aceptado una suma a cambio de desaparecer pero él debía hacerse cargo de la cría; y el favor que pedía es que por lo menos durante los primeros diez o doce años, hasta que la pudieran mandar a un internado extranjero, los gemelos y sus padres se ocuparan de ella. Él pagaría los gastos, pero no quería que nadie, ni mucho menos la niña, le pudiera relacionarle.La familia reaccionó con estupor, haciendo más preguntas que dando respuestas, y tío Bernd se impacientó y les reprochó que dudaran cuando él siempre les había ayudado. La conversación se volvió desagradable, Bernd se levantó y se fue, y los gemelos y sus padres pudieron hablar tranquilamente. Nadie quería a la bebé pero Alex y Marc necesitaban el millón y medio. De repente la madre pidió a todos guardar silencio y, que pasara lo que pasara, nadie volviera a mencionar nunca más al tío Bernd ni a hablar de aquel triste tema.Tío Bernd perdió la membresía de la organización y el trabajo en el banco. Su rival fue presentado como nuevo accionista de la entidad, el primero que no era de la familia fundadora. Los gemelos recibieron al cabo de unos días la transferencia pero de un remitente al que no conocían y se lo dijeron a su madre: «Éste es al que a partir de ahora tenéis que llamar para pedirle los favores». El líder de la familia era el tío Bernd, el que todo lo pagaba cuando la realidad superaba la ficción, y el que todo lo arreglaba cuando la ficción les dejaba sin opciones. Bernd para todo, nadie sentía que tuviera que pensar mucho antes de hacer algo, porque si salía mal siempre estaba el tío para solucionarlo. Todo lo daba pero se quitaba mérito porque, decía, las familias tienen siempre que ayudarse.Vivía en Londres, era el primer ejecutivo de uno de los bancos más importantes del mundo y uno de los líderes de una organización privada –no es tan difícil imaginar cuál– que siempre encuentra a alguien para solucionar los problemas de sus miembros. Sólo en el último año, Bernd había rescatado a su hermana, la madre de los gemelos, de una inversión ruinosa y aunque se habló de medio millón, siempre he pensado que esta cifra fue sólo una parte. Marc tuvo un accidente volviendo de Andorra, dio positivo de alcohol y drogas, el conductor del otro coche estuvo tres días en coma, pero tío Bernd se ocupó de que su sobrino no tuviera que afrontar consecuencias penales. Alex fue denunciado por agresión sexual y no perdió el tiempo clamando su inocencia: llamó a su tío y la camarera se retractó al cabo de una semana.Marc y Alex, 25 y ambos solteros, esperaban aquel verano la llegada de su tío con especial interés porque querían invertir en una promoción ampurdanesa. Bernd accedió sin pedir grandes explicaciones. Millón y medio, y esta sí fue la cifra exacta. Y cuando terminaron de darle las gracias les dijo que por primera vez el favor lo tenía que pedir él y antes de que lo nombrara todos mostraron su total disposición a ayudarle.Bernd había tenido una relación extramatrimonial con una joven modelo que no duró mucho, pero hacía una semana se había presentado con un bebé en los brazos. Hechas las comprobaciones, el tío no tenía escapatoria. «La tía Elodie no puede enterarse, pero aunque un divorcio me destrozaría, el problema es el escándalo. Me echarían de la organización y en el banco están a punto de hacerme accionista. Sólo tengo un competidor, y si supiera lo de la niña, lo utilizaría para perjudicarme y quedarse con mi posición, y con las acciones».Bernd explicó que la modelo había aceptado una suma a cambio de desaparecer pero él debía hacerse cargo de la cría; y el favor que pedía es que por lo menos durante los primeros diez o doce años, hasta que la pudieran mandar a un internado extranjero, los gemelos y sus padres se ocuparan de ella. Él pagaría los gastos, pero no quería que nadie, ni mucho menos la niña, le pudiera relacionarle.La familia reaccionó con estupor, haciendo más preguntas que dando respuestas, y tío Bernd se impacientó y les reprochó que dudaran cuando él siempre les había ayudado. La conversación se volvió desagradable, Bernd se levantó y se fue, y los gemelos y sus padres pudieron hablar tranquilamente. Nadie quería a la bebé pero Alex y Marc necesitaban el millón y medio. De repente la madre pidió a todos guardar silencio y, que pasara lo que pasara, nadie volviera a mencionar nunca más al tío Bernd ni a hablar de aquel triste tema.Tío Bernd perdió la membresía de la organización y el trabajo en el banco. Su rival fue presentado como nuevo accionista de la entidad, el primero que no era de la familia fundadora. Los gemelos recibieron al cabo de unos días la transferencia pero de un remitente al que no conocían y se lo dijeron a su madre: «Éste es al que a partir de ahora tenéis que llamar para pedirle los favores». RSS de noticias de cultura
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