La gran ironía del escándalo sobre el indulto de la FIFA a Folarin Balogun es que el delantero del Mónaco no debería tener nacionalidad estadounidense. Al menos, en la visión de uno de los grandes protagonistas del ‘affaire’ que ha manchado el Mundial: Donald Trump.Desde que regresó a la Casa Blanca en enero del año pasado, el presidente de EE.UU. ha buscado eliminar un elemento sustancial de EE.UU., protegido por la Constitución: el acceso a la ciudadanía por nacimiento en el territorio de EE.UU. En muchos países, como en España, la manera esencial de adquirir la ciudadanía es ser hijo de un ciudadano (‘ius sanguinis’, derecho de sangre), mientras que en EE.UU. es por el lugar de nacimiento (‘ius soli’, derecho de suelo). Es parte de la política migratoria de mano dura de Trump.Balogun es estadounidense casi por error. Sus padres, inmigrantes nigerianos que vivían en Londres, visitaron a familiares en Nueva York en el verano de 2001. Florence, la madre, estaba embarazada de siete meses. Pero el estado de gestación parecía tan avanzado -y sin una carta de un médico que diera visto bueno-, que el personal de tripulación de su vuelo de vuelta a Londres no la dejó subir al avión.Noticia relacionada visual No No Crónica visual La sufrida victoria ante Portugal, en datos Carlos Muñoz y Emma EsserFlorence tuvo que dar a luz a Folarin en un hospital de Brooklyn. Eso fue el 3 de julio de 2001. Para finales de agosto, la familia voló a casa, en Londres. Para entonces, cualquier posibilidad de que Balogun se convirtiera en una estrella de fútbol era impensable. Mucho menos, que jugara con la camiseta de EE.UU., donde solo pasó unas semanas. O que se haya convertido ahora en protagonista involuntario del gran escándalo de este Mundial: Balogun recibió una tarjeta roja directa en dieciseisavos, pero la FIFA suspendió su cumplimiento tras llamada de Trump a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA.Balogun podría haber jugado con Inglaterra, donde creció y se formó como futbolista; o en Nigeria, por el origen de sus padres; pero, después de despuntar en el Reims, cedido por el Arsenal , se decidió por el lugar donde pasó un par de meses y donde tendría hueco para jugar.Es seguro que Trump no sabría de su existencia hasta que la semana pasada le llegaron con el cuento de su roja directa, que le mostró el árbitro brasileño Raphael Claus, tras intervención del VAR. Trump actuó en un asunto que luego le aplaudieron sus aliados republicanos y que seguro fue visto con muy buenos ojos por la parroquia trumpista: el hombre fuerte impone su ley al mundo del fútbol y provoca el indulto de uno de los suyos. «Es una observación estúpida» , dijo Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, cuando le preguntaron sobre la paradoja de que Trump presionara a favor de alguien que no cree que debería haber tenido acceso a la ciudadanía estadounidense.El indulto a Balogun fue una victoria para Trump, pero, en realidad, acumuló derrotas. La semana pasada, el Tribunal Supremo le dio la espalda en su ambición por acabar con el acceso a ciudadanía por nacimiento en territorio estadounidense, pese a la mayoría reforzada de jueces conservadores. Y esta semana, pese a la presencia de Balogun en la punta, y en medio de la indignación del mundo del fútbol, EE.UU. se llevó un baño en octavos por parte de Bélgica.Resumen y goles del Estados Unidos 1 – Bélgica 4 La gran ironía del escándalo sobre el indulto de la FIFA a Folarin Balogun es que el delantero del Mónaco no debería tener nacionalidad estadounidense. Al menos, en la visión de uno de los grandes protagonistas del ‘affaire’ que ha manchado el Mundial: Donald Trump.Desde que regresó a la Casa Blanca en enero del año pasado, el presidente de EE.UU. ha buscado eliminar un elemento sustancial de EE.UU., protegido por la Constitución: el acceso a la ciudadanía por nacimiento en el territorio de EE.UU. En muchos países, como en España, la manera esencial de adquirir la ciudadanía es ser hijo de un ciudadano (‘ius sanguinis’, derecho de sangre), mientras que en EE.UU. es por el lugar de nacimiento (‘ius soli’, derecho de suelo). Es parte de la política migratoria de mano dura de Trump.Balogun es estadounidense casi por error. Sus padres, inmigrantes nigerianos que vivían en Londres, visitaron a familiares en Nueva York en el verano de 2001. Florence, la madre, estaba embarazada de siete meses. Pero el estado de gestación parecía tan avanzado -y sin una carta de un médico que diera visto bueno-, que el personal de tripulación de su vuelo de vuelta a Londres no la dejó subir al avión.Noticia relacionada visual No No Crónica visual La sufrida victoria ante Portugal, en datos Carlos Muñoz y Emma EsserFlorence tuvo que dar a luz a Folarin en un hospital de Brooklyn. Eso fue el 3 de julio de 2001. Para finales de agosto, la familia voló a casa, en Londres. Para entonces, cualquier posibilidad de que Balogun se convirtiera en una estrella de fútbol era impensable. Mucho menos, que jugara con la camiseta de EE.UU., donde solo pasó unas semanas. O que se haya convertido ahora en protagonista involuntario del gran escándalo de este Mundial: Balogun recibió una tarjeta roja directa en dieciseisavos, pero la FIFA suspendió su cumplimiento tras llamada de Trump a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA.Balogun podría haber jugado con Inglaterra, donde creció y se formó como futbolista; o en Nigeria, por el origen de sus padres; pero, después de despuntar en el Reims, cedido por el Arsenal , se decidió por el lugar donde pasó un par de meses y donde tendría hueco para jugar.Es seguro que Trump no sabría de su existencia hasta que la semana pasada le llegaron con el cuento de su roja directa, que le mostró el árbitro brasileño Raphael Claus, tras intervención del VAR. Trump actuó en un asunto que luego le aplaudieron sus aliados republicanos y que seguro fue visto con muy buenos ojos por la parroquia trumpista: el hombre fuerte impone su ley al mundo del fútbol y provoca el indulto de uno de los suyos. «Es una observación estúpida» , dijo Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, cuando le preguntaron sobre la paradoja de que Trump presionara a favor de alguien que no cree que debería haber tenido acceso a la ciudadanía estadounidense.El indulto a Balogun fue una victoria para Trump, pero, en realidad, acumuló derrotas. La semana pasada, el Tribunal Supremo le dio la espalda en su ambición por acabar con el acceso a ciudadanía por nacimiento en territorio estadounidense, pese a la mayoría reforzada de jueces conservadores. Y esta semana, pese a la presencia de Balogun en la punta, y en medio de la indignación del mundo del fútbol, EE.UU. se llevó un baño en octavos por parte de Bélgica.Resumen y goles del Estados Unidos 1 – Bélgica 4 La gran ironía del escándalo sobre el indulto de la FIFA a Folarin Balogun es que el delantero del Mónaco no debería tener nacionalidad estadounidense. Al menos, en la visión de uno de los grandes protagonistas del ‘affaire’ que ha manchado el Mundial: Donald Trump.Desde que regresó a la Casa Blanca en enero del año pasado, el presidente de EE.UU. ha buscado eliminar un elemento sustancial de EE.UU., protegido por la Constitución: el acceso a la ciudadanía por nacimiento en el territorio de EE.UU. En muchos países, como en España, la manera esencial de adquirir la ciudadanía es ser hijo de un ciudadano (‘ius sanguinis’, derecho de sangre), mientras que en EE.UU. es por el lugar de nacimiento (‘ius soli’, derecho de suelo). Es parte de la política migratoria de mano dura de Trump.Balogun es estadounidense casi por error. Sus padres, inmigrantes nigerianos que vivían en Londres, visitaron a familiares en Nueva York en el verano de 2001. Florence, la madre, estaba embarazada de siete meses. Pero el estado de gestación parecía tan avanzado -y sin una carta de un médico que diera visto bueno-, que el personal de tripulación de su vuelo de vuelta a Londres no la dejó subir al avión.Noticia relacionada visual No No Crónica visual La sufrida victoria ante Portugal, en datos Carlos Muñoz y Emma EsserFlorence tuvo que dar a luz a Folarin en un hospital de Brooklyn. Eso fue el 3 de julio de 2001. Para finales de agosto, la familia voló a casa, en Londres. Para entonces, cualquier posibilidad de que Balogun se convirtiera en una estrella de fútbol era impensable. Mucho menos, que jugara con la camiseta de EE.UU., donde solo pasó unas semanas. O que se haya convertido ahora en protagonista involuntario del gran escándalo de este Mundial: Balogun recibió una tarjeta roja directa en dieciseisavos, pero la FIFA suspendió su cumplimiento tras llamada de Trump a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA.Balogun podría haber jugado con Inglaterra, donde creció y se formó como futbolista; o en Nigeria, por el origen de sus padres; pero, después de despuntar en el Reims, cedido por el Arsenal , se decidió por el lugar donde pasó un par de meses y donde tendría hueco para jugar.Es seguro que Trump no sabría de su existencia hasta que la semana pasada le llegaron con el cuento de su roja directa, que le mostró el árbitro brasileño Raphael Claus, tras intervención del VAR. Trump actuó en un asunto que luego le aplaudieron sus aliados republicanos y que seguro fue visto con muy buenos ojos por la parroquia trumpista: el hombre fuerte impone su ley al mundo del fútbol y provoca el indulto de uno de los suyos. «Es una observación estúpida» , dijo Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, cuando le preguntaron sobre la paradoja de que Trump presionara a favor de alguien que no cree que debería haber tenido acceso a la ciudadanía estadounidense.El indulto a Balogun fue una victoria para Trump, pero, en realidad, acumuló derrotas. La semana pasada, el Tribunal Supremo le dio la espalda en su ambición por acabar con el acceso a ciudadanía por nacimiento en territorio estadounidense, pese a la mayoría reforzada de jueces conservadores. Y esta semana, pese a la presencia de Balogun en la punta, y en medio de la indignación del mundo del fútbol, EE.UU. se llevó un baño en octavos por parte de Bélgica.Resumen y goles del Estados Unidos 1 – Bélgica 4 RSS de noticias de deportes
Noticias Similares
