El doomscrolling en las redes sociales es bueno para nada. Literalmente, quiero decir. Nadie quiere recibir una noticia importante en mitad de un desfile de chistes y mentiras, mientras le regalas tu tiempo limitado a una máquina tragaperras que parece inofensiva porque sus rodillos nunca se paran. Así me enteré de la insoportable muerte de Eli Martín, en la cuenta del periodista Jorge Loser, uno de los que lo acompañaron durante el repentino calvario que se lo llevó por delante. Mi dolor en esta historia es insignificante en comparación. También la sensación atroz de enterarme de una pérdida así de pura casualidad. Después de pensarlo con más calma me he dado cuenta de que Eli se ha ido de la misma manera que lo conocimos una legión de habitantes de Madrid, al doblar una esquina. He podido comprobar que somos muchos los que estamos atravesados por su muerte sin tenerlo en la agenda, sin habernos citado jamás con él. ¿Cómo es posible que donde antes había alguien que sobre el papel no forma parte de tu vida ahora haya un boquete monstruoso como el que dejan atrás los viejos amigos?
Eli se ha ido de la misma manera que lo conocimos una legión de habitantes de Madrid, al doblar una esquina. He podido comprobar que somos muchos los que estamos atravesados por su muerte sin tenerlo en la agenda
El doomscrolling en las redes sociales es bueno para nada. Literalmente, quiero decir. Nadie quiere recibir una noticia importante en mitad de un desfile de chistes y mentiras, mientras le regalas tu tiempo limitado a una máquina tragaperras que parece inofensiva porque sus rodillos nunca se paran. Así me enteré de la insoportable muerte de Eli Martín, en la cuenta del periodista Jorge Loser, uno de los que lo acompañaron durante el repentino calvario que se lo llevó por delante. Mi dolor en esta historia es insignificante en comparación. También la sensación atroz de enterarme de una pérdida así de pura casualidad. Después de pensarlo con más calma me he dado cuenta de que Eli se ha ido de la misma manera que lo conocimos una legión de habitantes de Madrid, al doblar una esquina. He podido comprobar que somos muchos los que estamos atravesados por su muerte sin tenerlo en la agenda, sin habernos citado jamás con él. ¿Cómo es posible que donde antes había alguien que sobre el papel no forma parte de tu vida ahora haya un boquete monstruoso como el que dejan atrás los viejos amigos?
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