Sergio Tardio se cita con ABC el día de su treinta cumpleaños. Lo hace en la Comisaría de Policía Nacional de Fuenlabrada, uno de tantos lugares en los que antaño estuvo detenido. Pero esta vez no llega en la parte trasera de un coche patrulla ni mantiene los grilletes puestos; más bien, todo lo contrario, visto el cariño que le profesan varios de los agentes con los que se cruza. En una sala de la Unidad de Participación Ciudadana, este joven, conocido en el circuito de las artes marciales mixtas (MMA) como Chiky ‘El habilidoso’, rememora su pelea más difícil, donde lo único importante es haber conseguido levantarse. Con fuerza de voluntad y la dosis necesaria de ayuda.Sergio, el menor de tres hermanos, nace en Fuenlabrada en el seno de una familia humilde y trabajadora. «Mi padre emigró de Extremadura a Madrid para trabajar en la construcción, mientras mi madre se encargaba de nosotros hasta tuvo que meterse a cocinera cuando estaba en quinto de Primaria. Ya sabes, las necesidades de la vida», rememora, antes de que la situación comenzara a torcerse. La balanza entre el cole y el parque, que tan bien había estado repartida en su niñez, no tarda en desequilibrarse. «Ya no me gustaba estudiar, quería estar en la calle, no tocar un libro, y ahí fue cuando empezó a cambiar mi vida», prosigue, a las puertas del primero de los reveses. En sexto de Primaria los profesores deciden que lo mejor es que repita curso.Al tiempo que los estudios empeoran, la violencia gana fuerza a la hora de arreglar los problemas. Las compañías, casi todas mayores que él, tampoco ayudan. «Me empezaron a llamar Chiky porque era siempre el más pequeño», subraya, en plena cuesta abajo dentro y fuera de las aulas. El tabaco y los porros son ya sus fieles compañeros en primero de la ESO, y las faltas de respeto hacia los maestros y el jefe de estudios se repiten de forma constante, dos circunstancias que provocan su traslado a un Aula de Compensación Educativa (ACE) en Móstoles. «Me tenían que mandar un año después, pero lo hicieron antes para deshacerse de mí, dirían ‘este que se vaya de aquí, que da muchos problemas’», explica. Primera parada de un viaje a ninguna parte.Aunque en este centro recibe las primeras nociones para ser cocinero, Sergio opta por seguir ausentándose, lo que a la postre le cuesta su envío a otro ACE, donde cambia los fogones por la mecánica. Pero lejos de tirar hacia delante, su situación empeora. «La verdad es que ahí me metí en muchas peleas, seguía fumando porros y empecé a conocer a muchas chicas, fue mi perdición», resume, subido a una espiral de relaciones tóxicas de la que ya no saldrá hasta entrar en la veintena. De vuelta a la adolescencia, a los 16 años es derivado a la Unidad de Formación e Inserción Laboral (UFIL) Margarita Salas, donde conoce a Javier Medina, su director de entonces y el primer ancla en la vida de Sergio.«Cuando llega un chaval derivado de un segundo ACE, ya sé que ha tenido mucho conflicto, bien por carácter, porque se ha metido en problemas o por cualquier otra razón. En la primera entrevista que tuve con él, me di cuenta de que era muy bronco, se ponía muy farruquito. Pero yo no me asustaba mucho, la verdad, y creo que gracias a eso empezamos a congeniar», incide el propio Javier, a quien hoy Sergio debe buena parte de lo que es. Sin embargo, a punto de cumplir los 17, el dinero fácil a través de trabajos temporales pesa más que el mejor de los consejos, por lo que no tarda en abandonar la UFIL. La bajada a los infiernos se acelera.En la foto principal, Sergio posa en el gimnasio donde comenzó a practicar MMA; debajo, en las cocinas de la UFIL junto al que fue su director y en un asiento de la Comisaría de Fuenlabrada, donde llegó a estar detenido. José Ramón LadraSiendo aún menor, es detenido tras una trifulca con otro joven, que le acusa de robar su gorra y el reloj. «Yo pegarme todo lo que sea, pero nunca he robado a nadie», replica, sin poder evitar el correspondiente castigo. El juez le condena a varios meses de libertad vigilada en Getafe y a hacer frente a una compensación económica. Cumplida la mayoría de edad, los jaleos siguen: más peleas, casi todas asociadas a la noche y el alcohol, y nuevas detenciones. «El último enfrentamiento que tuve fue gordo. Le di un mal golpe a un chico y me tocó pagar mucho dinero. Fue un solo golpe, pero a punto estuve de entrar en la cárcel», reconoce. Aquella indemnización que tuvo que abonar a través de trabajos precarios, «y con la que habría podido dar la entrada de una casa», le sirvió para reflexionar. Relación de confianzaDurante su etapa anterior en la UFIL, Sergio había recibido la visita de la Unidad de Participación Ciudadana de la Policía Nacional de Fuenlabrada. En el marco del Plan Director para la convivencia y mejora de la seguridad en los centros educativos y sus entornos, los agentes llegan a ofrecer charlas en más de 70 puntos de la localidad. «Les explicamos las consecuencias que pueden tener, poniendo el foco siempre en la prevención», expone el delegado de la unidad, David Fabián, consciente de que en este caso son los policías amigos. «Nosotros estamos para ayudarles a cambiar, pero el mérito es realmente suyo», añade la también agente Cristina Hernández. «Es importante la cercanía con ellos porque crea confianza, ¿sabes? Yo por lo menos, veía a los policías como enemigos, pero luego ves que dicen cosas coherentes de lo que te puede pasar si sigues por ese camino, y al final el rechazo hacia ellos se te quita», subraya al respecto Sergio.Dentro de su trabajo, los agentes de Participación Ciudadana imparten charlas periódicas a jóvenes con problemas para ayudarles a reconducir sus vidasAsí, tras pensar detenidamente en todas aquellas personas que de una manera u otra intentaron ayudarle, decide dar un giro de 180 grados. Con 24 años conoce a su actual pareja Raquel, una joven graduada en magisterio que termina dándole el empujón definitivo. «Es la primera relación buena que he tenido, como es profesora me enseñó a estudiar desde cero, a crear una rutina y mantener la concentración. Fue mi ángel de la guarda», rememora el mismo tipo que, después de obtener el graduado escolar y pasar la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años, se saca la Tarjeta de Identidad Profesional (TIP) de seguridad de escolta. Un trabajo que en ese momento no pudo ejercer por los antecedentes penales.Chiky ‘El habilidoso’, proclamado vencedor en una de sus últimas peleas de MMA ABCEl ascenso, sin embargo, es imparable. Sergio consigue aprobar la oposición de funcionario de prisiones, profesión que ejerce desde el pasado 18 de enero en un centro penitenciario de la Comunidad de Madrid. «El trato con los presos es bueno. Son personas que las ha condenado un juez, y yo no tengo por qué juzgarlas. Intento hacer mi trabajo lo mejor posible y ayudar en todo lo que pueda. No estoy aquí para complicarle la vida a nadie», cuenta, a medio camino entre la empatía y la profesionalidad.Carrera en las MMAPara entonces, lleva años practicando las artes marciales mixtas (MMA), primero en el gimnasio Ronin de Fuenlabrada, cuyo dueño y primer entrenador, Borja Álvarez, habla de Sergio como un guía para todos aquellos chicos que puedan estar viviendo una situación similar. «Yo le digo que tiene que hacer de faro a los que vienen por detrás, al final, las amistades que uno tiene influyen en todo, y cuando eres joven no te das cuenta», sostiene el propio Borja, el mismo que años atrás le recibió a él con los brazos abiertos.Su talento en el octógono es tal, que pasa a entrenar en un gimnasio más especializado, The Black Panther, en Carabanchel, donde su apodo Chiky ‘El habilidoso’ se hace un hueco entre los grandes nombres de Madrid. De hecho, llega a competir tanto a nivel amateur como profesional e, incluso, fue partícipe del famoso evento de Jordi Wild (Dogfight Wild Tournament), en la modalidad de 2 contra 2, con un resultado victorioso.Una progresión que no nubla los objetivos de Sergio, quien, a sus 28 años, entiende que el deporte de élite no dura para siempre. Es aquí cuando opta por pausar su carrera en pro de la citada oposición. «No me arrepiento, ahora lo tengo como un ‘hobby’ saludable», termina, fiel reflejo del camino recorrido. Siguiente paso, acudir con los agentes que le ayudaron a impartir charlas a otros jóvenes con problemas. «Más que nada, para decirles que los años que pierdes no te los devuelve nadie». Mejor experiencia que la suya, ninguna. Sergio Tardio se cita con ABC el día de su treinta cumpleaños. Lo hace en la Comisaría de Policía Nacional de Fuenlabrada, uno de tantos lugares en los que antaño estuvo detenido. Pero esta vez no llega en la parte trasera de un coche patrulla ni mantiene los grilletes puestos; más bien, todo lo contrario, visto el cariño que le profesan varios de los agentes con los que se cruza. En una sala de la Unidad de Participación Ciudadana, este joven, conocido en el circuito de las artes marciales mixtas (MMA) como Chiky ‘El habilidoso’, rememora su pelea más difícil, donde lo único importante es haber conseguido levantarse. Con fuerza de voluntad y la dosis necesaria de ayuda.Sergio, el menor de tres hermanos, nace en Fuenlabrada en el seno de una familia humilde y trabajadora. «Mi padre emigró de Extremadura a Madrid para trabajar en la construcción, mientras mi madre se encargaba de nosotros hasta tuvo que meterse a cocinera cuando estaba en quinto de Primaria. Ya sabes, las necesidades de la vida», rememora, antes de que la situación comenzara a torcerse. La balanza entre el cole y el parque, que tan bien había estado repartida en su niñez, no tarda en desequilibrarse. «Ya no me gustaba estudiar, quería estar en la calle, no tocar un libro, y ahí fue cuando empezó a cambiar mi vida», prosigue, a las puertas del primero de los reveses. En sexto de Primaria los profesores deciden que lo mejor es que repita curso.Al tiempo que los estudios empeoran, la violencia gana fuerza a la hora de arreglar los problemas. Las compañías, casi todas mayores que él, tampoco ayudan. «Me empezaron a llamar Chiky porque era siempre el más pequeño», subraya, en plena cuesta abajo dentro y fuera de las aulas. El tabaco y los porros son ya sus fieles compañeros en primero de la ESO, y las faltas de respeto hacia los maestros y el jefe de estudios se repiten de forma constante, dos circunstancias que provocan su traslado a un Aula de Compensación Educativa (ACE) en Móstoles. «Me tenían que mandar un año después, pero lo hicieron antes para deshacerse de mí, dirían ‘este que se vaya de aquí, que da muchos problemas’», explica. Primera parada de un viaje a ninguna parte.Aunque en este centro recibe las primeras nociones para ser cocinero, Sergio opta por seguir ausentándose, lo que a la postre le cuesta su envío a otro ACE, donde cambia los fogones por la mecánica. Pero lejos de tirar hacia delante, su situación empeora. «La verdad es que ahí me metí en muchas peleas, seguía fumando porros y empecé a conocer a muchas chicas, fue mi perdición», resume, subido a una espiral de relaciones tóxicas de la que ya no saldrá hasta entrar en la veintena. De vuelta a la adolescencia, a los 16 años es derivado a la Unidad de Formación e Inserción Laboral (UFIL) Margarita Salas, donde conoce a Javier Medina, su director de entonces y el primer ancla en la vida de Sergio.«Cuando llega un chaval derivado de un segundo ACE, ya sé que ha tenido mucho conflicto, bien por carácter, porque se ha metido en problemas o por cualquier otra razón. En la primera entrevista que tuve con él, me di cuenta de que era muy bronco, se ponía muy farruquito. Pero yo no me asustaba mucho, la verdad, y creo que gracias a eso empezamos a congeniar», incide el propio Javier, a quien hoy Sergio debe buena parte de lo que es. Sin embargo, a punto de cumplir los 17, el dinero fácil a través de trabajos temporales pesa más que el mejor de los consejos, por lo que no tarda en abandonar la UFIL. La bajada a los infiernos se acelera.En la foto principal, Sergio posa en el gimnasio donde comenzó a practicar MMA; debajo, en las cocinas de la UFIL junto al que fue su director y en un asiento de la Comisaría de Fuenlabrada, donde llegó a estar detenido. José Ramón LadraSiendo aún menor, es detenido tras una trifulca con otro joven, que le acusa de robar su gorra y el reloj. «Yo pegarme todo lo que sea, pero nunca he robado a nadie», replica, sin poder evitar el correspondiente castigo. El juez le condena a varios meses de libertad vigilada en Getafe y a hacer frente a una compensación económica. Cumplida la mayoría de edad, los jaleos siguen: más peleas, casi todas asociadas a la noche y el alcohol, y nuevas detenciones. «El último enfrentamiento que tuve fue gordo. Le di un mal golpe a un chico y me tocó pagar mucho dinero. Fue un solo golpe, pero a punto estuve de entrar en la cárcel», reconoce. Aquella indemnización que tuvo que abonar a través de trabajos precarios, «y con la que habría podido dar la entrada de una casa», le sirvió para reflexionar. Relación de confianzaDurante su etapa anterior en la UFIL, Sergio había recibido la visita de la Unidad de Participación Ciudadana de la Policía Nacional de Fuenlabrada. En el marco del Plan Director para la convivencia y mejora de la seguridad en los centros educativos y sus entornos, los agentes llegan a ofrecer charlas en más de 70 puntos de la localidad. «Les explicamos las consecuencias que pueden tener, poniendo el foco siempre en la prevención», expone el delegado de la unidad, David Fabián, consciente de que en este caso son los policías amigos. «Nosotros estamos para ayudarles a cambiar, pero el mérito es realmente suyo», añade la también agente Cristina Hernández. «Es importante la cercanía con ellos porque crea confianza, ¿sabes? Yo por lo menos, veía a los policías como enemigos, pero luego ves que dicen cosas coherentes de lo que te puede pasar si sigues por ese camino, y al final el rechazo hacia ellos se te quita», subraya al respecto Sergio.Dentro de su trabajo, los agentes de Participación Ciudadana imparten charlas periódicas a jóvenes con problemas para ayudarles a reconducir sus vidasAsí, tras pensar detenidamente en todas aquellas personas que de una manera u otra intentaron ayudarle, decide dar un giro de 180 grados. Con 24 años conoce a su actual pareja Raquel, una joven graduada en magisterio que termina dándole el empujón definitivo. «Es la primera relación buena que he tenido, como es profesora me enseñó a estudiar desde cero, a crear una rutina y mantener la concentración. Fue mi ángel de la guarda», rememora el mismo tipo que, después de obtener el graduado escolar y pasar la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años, se saca la Tarjeta de Identidad Profesional (TIP) de seguridad de escolta. Un trabajo que en ese momento no pudo ejercer por los antecedentes penales.Chiky ‘El habilidoso’, proclamado vencedor en una de sus últimas peleas de MMA ABCEl ascenso, sin embargo, es imparable. Sergio consigue aprobar la oposición de funcionario de prisiones, profesión que ejerce desde el pasado 18 de enero en un centro penitenciario de la Comunidad de Madrid. «El trato con los presos es bueno. Son personas que las ha condenado un juez, y yo no tengo por qué juzgarlas. Intento hacer mi trabajo lo mejor posible y ayudar en todo lo que pueda. No estoy aquí para complicarle la vida a nadie», cuenta, a medio camino entre la empatía y la profesionalidad.Carrera en las MMAPara entonces, lleva años practicando las artes marciales mixtas (MMA), primero en el gimnasio Ronin de Fuenlabrada, cuyo dueño y primer entrenador, Borja Álvarez, habla de Sergio como un guía para todos aquellos chicos que puedan estar viviendo una situación similar. «Yo le digo que tiene que hacer de faro a los que vienen por detrás, al final, las amistades que uno tiene influyen en todo, y cuando eres joven no te das cuenta», sostiene el propio Borja, el mismo que años atrás le recibió a él con los brazos abiertos.Su talento en el octógono es tal, que pasa a entrenar en un gimnasio más especializado, The Black Panther, en Carabanchel, donde su apodo Chiky ‘El habilidoso’ se hace un hueco entre los grandes nombres de Madrid. De hecho, llega a competir tanto a nivel amateur como profesional e, incluso, fue partícipe del famoso evento de Jordi Wild (Dogfight Wild Tournament), en la modalidad de 2 contra 2, con un resultado victorioso.Una progresión que no nubla los objetivos de Sergio, quien, a sus 28 años, entiende que el deporte de élite no dura para siempre. Es aquí cuando opta por pausar su carrera en pro de la citada oposición. «No me arrepiento, ahora lo tengo como un ‘hobby’ saludable», termina, fiel reflejo del camino recorrido. Siguiente paso, acudir con los agentes que le ayudaron a impartir charlas a otros jóvenes con problemas. «Más que nada, para decirles que los años que pierdes no te los devuelve nadie». Mejor experiencia que la suya, ninguna. Sergio Tardio se cita con ABC el día de su treinta cumpleaños. Lo hace en la Comisaría de Policía Nacional de Fuenlabrada, uno de tantos lugares en los que antaño estuvo detenido. Pero esta vez no llega en la parte trasera de un coche patrulla ni mantiene los grilletes puestos; más bien, todo lo contrario, visto el cariño que le profesan varios de los agentes con los que se cruza. En una sala de la Unidad de Participación Ciudadana, este joven, conocido en el circuito de las artes marciales mixtas (MMA) como Chiky ‘El habilidoso’, rememora su pelea más difícil, donde lo único importante es haber conseguido levantarse. Con fuerza de voluntad y la dosis necesaria de ayuda.Sergio, el menor de tres hermanos, nace en Fuenlabrada en el seno de una familia humilde y trabajadora. «Mi padre emigró de Extremadura a Madrid para trabajar en la construcción, mientras mi madre se encargaba de nosotros hasta tuvo que meterse a cocinera cuando estaba en quinto de Primaria. Ya sabes, las necesidades de la vida», rememora, antes de que la situación comenzara a torcerse. La balanza entre el cole y el parque, que tan bien había estado repartida en su niñez, no tarda en desequilibrarse. «Ya no me gustaba estudiar, quería estar en la calle, no tocar un libro, y ahí fue cuando empezó a cambiar mi vida», prosigue, a las puertas del primero de los reveses. En sexto de Primaria los profesores deciden que lo mejor es que repita curso.Al tiempo que los estudios empeoran, la violencia gana fuerza a la hora de arreglar los problemas. Las compañías, casi todas mayores que él, tampoco ayudan. «Me empezaron a llamar Chiky porque era siempre el más pequeño», subraya, en plena cuesta abajo dentro y fuera de las aulas. El tabaco y los porros son ya sus fieles compañeros en primero de la ESO, y las faltas de respeto hacia los maestros y el jefe de estudios se repiten de forma constante, dos circunstancias que provocan su traslado a un Aula de Compensación Educativa (ACE) en Móstoles. «Me tenían que mandar un año después, pero lo hicieron antes para deshacerse de mí, dirían ‘este que se vaya de aquí, que da muchos problemas’», explica. Primera parada de un viaje a ninguna parte.Aunque en este centro recibe las primeras nociones para ser cocinero, Sergio opta por seguir ausentándose, lo que a la postre le cuesta su envío a otro ACE, donde cambia los fogones por la mecánica. Pero lejos de tirar hacia delante, su situación empeora. «La verdad es que ahí me metí en muchas peleas, seguía fumando porros y empecé a conocer a muchas chicas, fue mi perdición», resume, subido a una espiral de relaciones tóxicas de la que ya no saldrá hasta entrar en la veintena. De vuelta a la adolescencia, a los 16 años es derivado a la Unidad de Formación e Inserción Laboral (UFIL) Margarita Salas, donde conoce a Javier Medina, su director de entonces y el primer ancla en la vida de Sergio.«Cuando llega un chaval derivado de un segundo ACE, ya sé que ha tenido mucho conflicto, bien por carácter, porque se ha metido en problemas o por cualquier otra razón. En la primera entrevista que tuve con él, me di cuenta de que era muy bronco, se ponía muy farruquito. Pero yo no me asustaba mucho, la verdad, y creo que gracias a eso empezamos a congeniar», incide el propio Javier, a quien hoy Sergio debe buena parte de lo que es. Sin embargo, a punto de cumplir los 17, el dinero fácil a través de trabajos temporales pesa más que el mejor de los consejos, por lo que no tarda en abandonar la UFIL. La bajada a los infiernos se acelera.En la foto principal, Sergio posa en el gimnasio donde comenzó a practicar MMA; debajo, en las cocinas de la UFIL junto al que fue su director y en un asiento de la Comisaría de Fuenlabrada, donde llegó a estar detenido. José Ramón LadraSiendo aún menor, es detenido tras una trifulca con otro joven, que le acusa de robar su gorra y el reloj. «Yo pegarme todo lo que sea, pero nunca he robado a nadie», replica, sin poder evitar el correspondiente castigo. El juez le condena a varios meses de libertad vigilada en Getafe y a hacer frente a una compensación económica. Cumplida la mayoría de edad, los jaleos siguen: más peleas, casi todas asociadas a la noche y el alcohol, y nuevas detenciones. «El último enfrentamiento que tuve fue gordo. Le di un mal golpe a un chico y me tocó pagar mucho dinero. Fue un solo golpe, pero a punto estuve de entrar en la cárcel», reconoce. Aquella indemnización que tuvo que abonar a través de trabajos precarios, «y con la que habría podido dar la entrada de una casa», le sirvió para reflexionar. Relación de confianzaDurante su etapa anterior en la UFIL, Sergio había recibido la visita de la Unidad de Participación Ciudadana de la Policía Nacional de Fuenlabrada. En el marco del Plan Director para la convivencia y mejora de la seguridad en los centros educativos y sus entornos, los agentes llegan a ofrecer charlas en más de 70 puntos de la localidad. «Les explicamos las consecuencias que pueden tener, poniendo el foco siempre en la prevención», expone el delegado de la unidad, David Fabián, consciente de que en este caso son los policías amigos. «Nosotros estamos para ayudarles a cambiar, pero el mérito es realmente suyo», añade la también agente Cristina Hernández. «Es importante la cercanía con ellos porque crea confianza, ¿sabes? Yo por lo menos, veía a los policías como enemigos, pero luego ves que dicen cosas coherentes de lo que te puede pasar si sigues por ese camino, y al final el rechazo hacia ellos se te quita», subraya al respecto Sergio.Dentro de su trabajo, los agentes de Participación Ciudadana imparten charlas periódicas a jóvenes con problemas para ayudarles a reconducir sus vidasAsí, tras pensar detenidamente en todas aquellas personas que de una manera u otra intentaron ayudarle, decide dar un giro de 180 grados. Con 24 años conoce a su actual pareja Raquel, una joven graduada en magisterio que termina dándole el empujón definitivo. «Es la primera relación buena que he tenido, como es profesora me enseñó a estudiar desde cero, a crear una rutina y mantener la concentración. Fue mi ángel de la guarda», rememora el mismo tipo que, después de obtener el graduado escolar y pasar la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años, se saca la Tarjeta de Identidad Profesional (TIP) de seguridad de escolta. Un trabajo que en ese momento no pudo ejercer por los antecedentes penales.Chiky ‘El habilidoso’, proclamado vencedor en una de sus últimas peleas de MMA ABCEl ascenso, sin embargo, es imparable. Sergio consigue aprobar la oposición de funcionario de prisiones, profesión que ejerce desde el pasado 18 de enero en un centro penitenciario de la Comunidad de Madrid. «El trato con los presos es bueno. Son personas que las ha condenado un juez, y yo no tengo por qué juzgarlas. Intento hacer mi trabajo lo mejor posible y ayudar en todo lo que pueda. No estoy aquí para complicarle la vida a nadie», cuenta, a medio camino entre la empatía y la profesionalidad.Carrera en las MMAPara entonces, lleva años practicando las artes marciales mixtas (MMA), primero en el gimnasio Ronin de Fuenlabrada, cuyo dueño y primer entrenador, Borja Álvarez, habla de Sergio como un guía para todos aquellos chicos que puedan estar viviendo una situación similar. «Yo le digo que tiene que hacer de faro a los que vienen por detrás, al final, las amistades que uno tiene influyen en todo, y cuando eres joven no te das cuenta», sostiene el propio Borja, el mismo que años atrás le recibió a él con los brazos abiertos.Su talento en el octógono es tal, que pasa a entrenar en un gimnasio más especializado, The Black Panther, en Carabanchel, donde su apodo Chiky ‘El habilidoso’ se hace un hueco entre los grandes nombres de Madrid. De hecho, llega a competir tanto a nivel amateur como profesional e, incluso, fue partícipe del famoso evento de Jordi Wild (Dogfight Wild Tournament), en la modalidad de 2 contra 2, con un resultado victorioso.Una progresión que no nubla los objetivos de Sergio, quien, a sus 28 años, entiende que el deporte de élite no dura para siempre. Es aquí cuando opta por pausar su carrera en pro de la citada oposición. «No me arrepiento, ahora lo tengo como un ‘hobby’ saludable», termina, fiel reflejo del camino recorrido. Siguiente paso, acudir con los agentes que le ayudaron a impartir charlas a otros jóvenes con problemas. «Más que nada, para decirles que los años que pierdes no te los devuelve nadie». Mejor experiencia que la suya, ninguna. RSS de noticias de espana
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