Hay películas de las que se sale removida, como si en vez de ir al cine hubieras estado dentro de un programa de centrifugado y ahora tuvieras que secarte. Suerte cuando eso pasa. Suerte con lo de intentar secarse, porque es posible que te quedes un tiempo empapada de emoción. Es lo que me ha pasado a mí con La buena hija, dirigida y coescrita por Júlia de Paz Solvas y Núria Dunjó, una película que pone en el centro la violencia machista y vicaria, pero con la particularidad de hacerlo desde los ojos de una adolescente. La vi hace una semana y todavía no he conseguido salir de la energía poderosísima de la cinta.
Una de las cosas más estimulantes en el cine español contemporáneo es esta nueva hornada de directoras que, aunque les pese a ciertos señores, está encontrando lenguajes y miradas nuevas para narrar las violencias de siempre.
Hay películas de las que se sale removida, como si en vez de ir al cine hubieras estado dentro de un programa de centrifugado y ahora tuvieras que secarte. Suerte cuando eso pasa. Suerte con lo de intentar secarse, porque es posible que te quedes un tiempo empapada de emoción. Es lo que me ha pasado a mí con La buena hija, dirigida y coescrita por Júlia de Paz Solvas y Núria Dunjó, una película que pone en el centro la violencia machista y vicaria, pero con la particularidad de hacerlo desde los ojos de una adolescente. La vi hace una semana y todavía no he conseguido salir de la energía poderosísima de la cinta.
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