
Las cárceles están diseñadas para que nada escape. Tampoco el calor. La convivencia ya es compleja en bloques de hormigón y las ventanas con escasa ventilación, pero todo empeora con escenarios de calor extremo como los que ha vivido Cataluña este verano, ya con tres olas de calor a cuestas y con máximas que han alcanzado los 43 grados en ciudades como Lleida. “Hay tardes en que han caído cuatro gotas y ha empezado a salir vapor de todo el hormigón, de todo el calor acumulado”, explica Montse Balaguer, portavoz de UGT Presons y funcionaria destinada actualmente en Lledoners. Con el cambio climático y los veranos cada vez más marcados por temperaturas récord, trabajadores penitenciarios y colectivos de apoyo a personas presas coinciden en que los centros “no están preparados para los episodios extremos”.
Activistas y funcionarios advierten de las dificultades para hacer frente a las altas temperaturas en espacios que alcanzan los 40 grados 
Las cárceles están diseñadas para que nada escape. Tampoco el calor. La convivencia ya es compleja en bloques de hormigón y las ventanas con escasa ventilación, pero todo empeora con escenarios de calor extremo como los que ha vivido Cataluña este verano, ya con tres olas de calor a cuestas y con máximas que han alcanzado los 43 grados en ciudades como Lleida. “Hay tardes en que han caído cuatro gotas y ha empezado a salir vapor de todo el hormigón, de todo el calor acumulado”, explica Montse Balaguer, portavoz de UGT Presons y funcionaria destinada actualmente en Lledoners. Con el cambio climático y los veranos cada vez más marcados por temperaturas récord, trabajadores penitenciarios y colectivos de apoyo a personas presas coinciden en que los centros “no están preparados para los episodios extremos”.
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