Desesperado tras unas horas de gestiones por este Madrid infernal, renuncié a cualquier principio y entré en un local de esa cadena de cafeterías que ustedes están pensando en busca de líquido frío y aire acondicionado. Esto sucede a menudo en esta ciudad inhóspita donde, con los parques cerrados la mitad del tiempo y la cerveza a precio de petróleo, los refugios climáticos escasean y, sin darte cuenta, acabas comprando calcetines en Primark con tal de escapar de la calle. Eso justifica mi entrada en el local, no lo que hice después.
Fui víctima de un fenómeno común: la estulticia estival. Algo en el calor nos empuja a hacer tonterías. Perdemos la dignidad, la sensatez y el buen gusto.
Desesperado tras unas horas de gestiones por este Madrid infernal, renuncié a cualquier principio y entré en un local de esa cadena de cafeterías que ustedes están pensando en busca de líquido frío y aire acondicionado. Esto sucede a menudo en esta ciudad inhóspita donde, con los parques cerrados la mitad del tiempo y la cerveza a precio de petróleo, los refugios climáticos escasean y, sin darte cuenta, acabas comprando calcetines en Primark con tal de escapar de la calle. Eso justifica mi entrada en el local, no lo que hice después.
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