Ahora que Sánchez nos vuelve a tomar el pelo con su ‘to be or not to be’ de fin de semana es hora de pensar en el día después. El día después de que anuncie la convocatoria electoral, cuando la anuncie, y que supondrá el pistoletazo de salida a muchas cosas. Muchas. Y no solo se trata de la carrera por ganar sino de lo que va a suceder en las tripas internas del sanchismo. Otro día hablaremos de cómo van a vivir este tiempo de pasión en los cuarteles de Génova y Bambú, la sede de Abascal y los suyos.Hablando de tripas y hablando de Sánchez, que en muchos casos son sinónimos, hay cosas que se están empezando a cocer a fuego lento. Una de las más interesantes es la legión de cargos, carguitos y cargazos que van a levantar la mano en el partido para gritar eso tan español de: ¿qué hay de lo mío?.Cautivo y desarmado el ejército sanchista hay una lista de no menos de 300 personas que esperan colocarse en las listas. Gente que en estos años han servido al amo y que consideran ahora que merecen un puesto en algún lugar con garantía de salir elegido para no quedarse con una mano delante y otra detrás el día después de la derrota.Echemos cálculos. Estamos hablando de presidentes enchufados en empresas públicas o participadas por lo público, directores generales y subsecretarios, secretarios de Estado y niveles superiores de la administración, secretarios de organización, jefes de gabinete, jefes de prensa, consejeros y asesores, entre otros. Por decir solo algunos. Esa lista de bocas hambrientas llega a las 300 y me quedo corto.Lo que sucede es que muchos de ellos ya se temen lo peor… ya le ven las orejas al lobo. Ya saben que no van a caber en las listas donde además ahora serán menos y hay que renovar a muchos. Y tampoco cabrán en empresas y chiringuitos asociados porque estos desaparecerán una vez muerto el sanchismo.Así que muchos se han empezado a mover. Y moverse supone empezar a tomar cafés, reuniones discretas y almuerzos de sobremesa larga con quien conviene. Con los que aspiran a ser sucesores del sanchismo. Los que quieren que, una vez muerto el amo, hay que intentar hacer resurgir el partido de las cenizas. Así que a los lobatos, madinas y pages, todos estos, les están llamando para hablar. Para apoyar la causa del jaque mate a Sánchez una vez pierda las elecciones. Si se quedan fuera pasarán de la sumisión a la traición. Se les unirán y les prometen fidelidad y apoyo cuando den el paso. Y ahí está la otra madre del cordero. Cuándo dar el paso. Y, ahí, en el partido se contemplan varios escenarios. El más comentado por las huestes de Ferraz y aledaños es el de un Sánchez perdedor pero con un resultado no humillante. Pongamos por encima de los 100 escaños. Ese será un Sánchez que intentará sobrevivir dentro del partido. Se sentirá con fuerzas para intentar evitar la sucesión. Y plantará cara. Y medirá los tiempos. El Congreso del partido no es hasta 2028. Y nadie le puede obligar a adelantarlo para acelerar la sucesión porque tiene como garantía un comité federal de fieles, pelotas y demás sumisos que le evitarían tener que hacerlo. Así que a los que podríamos llamar lobatos -las diferentes mini corrientes del partido que conspiran para acabar con Sánchez cuando esté fuera de la Moncloa- solo les quedan dos opciones: o pasada la derrota se plantan de cara y públicamente piden la renuncia del César y combaten con dudas sobre la victoria o intentan lo que yo he venido a llamar la ‘operación Riquelme’. La operación de hacer todo esto mucho antes. Pero hoy no será el día de hablar de eso. Prometo que lo haré. Y mientras los lobatos deshojan la margarita de ahora si, ahora no, ahora no, ahora sí, los verdaderos traidores a la causa con cara de buenos pero alma de rasputines de barrio, Óscar López y Antonio Hernando, tanto monta monta tanto, han empezado a cocinar el candidato que frenaría a los lobatos. Carlos Cuerpo. Este chico vicepresidente del Gobierno con aspecto de funcionario de 9 a 15 que sabe inglés, es educado, aseado, limpio y que hasta suegras y abuelas podrían votarle. Es el antídoto a la rebelión interna.Porque este Cuerpo, con C mayúscula, de poca sangre en las venas pero listo haría daño a los lobatos. ¿Para qué votar a un lobato que devuelva el partido a la moderación y a la socialdemocracia fina y sensata si ya tenemos a un Cuerpo, con C mayúscula, que es un poco lo mismo? Así que ahí está el partido. Entre fogones y a fuego lento cociendo conspiraciones. Lo que es seguro es que los 300 quieren su puesto y su pan asegurado. Los 300 leales que están dispuestos a ser traidores.Otro día les cuento lo de los 300 de la SEPI, que también son legión. Demasiado enemigo para tener paz. Ahora que Sánchez nos vuelve a tomar el pelo con su ‘to be or not to be’ de fin de semana es hora de pensar en el día después. El día después de que anuncie la convocatoria electoral, cuando la anuncie, y que supondrá el pistoletazo de salida a muchas cosas. Muchas. Y no solo se trata de la carrera por ganar sino de lo que va a suceder en las tripas internas del sanchismo. Otro día hablaremos de cómo van a vivir este tiempo de pasión en los cuarteles de Génova y Bambú, la sede de Abascal y los suyos.Hablando de tripas y hablando de Sánchez, que en muchos casos son sinónimos, hay cosas que se están empezando a cocer a fuego lento. Una de las más interesantes es la legión de cargos, carguitos y cargazos que van a levantar la mano en el partido para gritar eso tan español de: ¿qué hay de lo mío?.Cautivo y desarmado el ejército sanchista hay una lista de no menos de 300 personas que esperan colocarse en las listas. Gente que en estos años han servido al amo y que consideran ahora que merecen un puesto en algún lugar con garantía de salir elegido para no quedarse con una mano delante y otra detrás el día después de la derrota.Echemos cálculos. Estamos hablando de presidentes enchufados en empresas públicas o participadas por lo público, directores generales y subsecretarios, secretarios de Estado y niveles superiores de la administración, secretarios de organización, jefes de gabinete, jefes de prensa, consejeros y asesores, entre otros. Por decir solo algunos. Esa lista de bocas hambrientas llega a las 300 y me quedo corto.Lo que sucede es que muchos de ellos ya se temen lo peor… ya le ven las orejas al lobo. Ya saben que no van a caber en las listas donde además ahora serán menos y hay que renovar a muchos. Y tampoco cabrán en empresas y chiringuitos asociados porque estos desaparecerán una vez muerto el sanchismo.Así que muchos se han empezado a mover. Y moverse supone empezar a tomar cafés, reuniones discretas y almuerzos de sobremesa larga con quien conviene. Con los que aspiran a ser sucesores del sanchismo. Los que quieren que, una vez muerto el amo, hay que intentar hacer resurgir el partido de las cenizas. Así que a los lobatos, madinas y pages, todos estos, les están llamando para hablar. Para apoyar la causa del jaque mate a Sánchez una vez pierda las elecciones. Si se quedan fuera pasarán de la sumisión a la traición. Se les unirán y les prometen fidelidad y apoyo cuando den el paso. Y ahí está la otra madre del cordero. Cuándo dar el paso. Y, ahí, en el partido se contemplan varios escenarios. El más comentado por las huestes de Ferraz y aledaños es el de un Sánchez perdedor pero con un resultado no humillante. Pongamos por encima de los 100 escaños. Ese será un Sánchez que intentará sobrevivir dentro del partido. Se sentirá con fuerzas para intentar evitar la sucesión. Y plantará cara. Y medirá los tiempos. El Congreso del partido no es hasta 2028. Y nadie le puede obligar a adelantarlo para acelerar la sucesión porque tiene como garantía un comité federal de fieles, pelotas y demás sumisos que le evitarían tener que hacerlo. Así que a los que podríamos llamar lobatos -las diferentes mini corrientes del partido que conspiran para acabar con Sánchez cuando esté fuera de la Moncloa- solo les quedan dos opciones: o pasada la derrota se plantan de cara y públicamente piden la renuncia del César y combaten con dudas sobre la victoria o intentan lo que yo he venido a llamar la ‘operación Riquelme’. La operación de hacer todo esto mucho antes. Pero hoy no será el día de hablar de eso. Prometo que lo haré. Y mientras los lobatos deshojan la margarita de ahora si, ahora no, ahora no, ahora sí, los verdaderos traidores a la causa con cara de buenos pero alma de rasputines de barrio, Óscar López y Antonio Hernando, tanto monta monta tanto, han empezado a cocinar el candidato que frenaría a los lobatos. Carlos Cuerpo. Este chico vicepresidente del Gobierno con aspecto de funcionario de 9 a 15 que sabe inglés, es educado, aseado, limpio y que hasta suegras y abuelas podrían votarle. Es el antídoto a la rebelión interna.Porque este Cuerpo, con C mayúscula, de poca sangre en las venas pero listo haría daño a los lobatos. ¿Para qué votar a un lobato que devuelva el partido a la moderación y a la socialdemocracia fina y sensata si ya tenemos a un Cuerpo, con C mayúscula, que es un poco lo mismo? Así que ahí está el partido. Entre fogones y a fuego lento cociendo conspiraciones. Lo que es seguro es que los 300 quieren su puesto y su pan asegurado. Los 300 leales que están dispuestos a ser traidores.Otro día les cuento lo de los 300 de la SEPI, que también son legión. Demasiado enemigo para tener paz. Ahora que Sánchez nos vuelve a tomar el pelo con su ‘to be or not to be’ de fin de semana es hora de pensar en el día después. El día después de que anuncie la convocatoria electoral, cuando la anuncie, y que supondrá el pistoletazo de salida a muchas cosas. Muchas. Y no solo se trata de la carrera por ganar sino de lo que va a suceder en las tripas internas del sanchismo. Otro día hablaremos de cómo van a vivir este tiempo de pasión en los cuarteles de Génova y Bambú, la sede de Abascal y los suyos.Hablando de tripas y hablando de Sánchez, que en muchos casos son sinónimos, hay cosas que se están empezando a cocer a fuego lento. Una de las más interesantes es la legión de cargos, carguitos y cargazos que van a levantar la mano en el partido para gritar eso tan español de: ¿qué hay de lo mío?.Cautivo y desarmado el ejército sanchista hay una lista de no menos de 300 personas que esperan colocarse en las listas. Gente que en estos años han servido al amo y que consideran ahora que merecen un puesto en algún lugar con garantía de salir elegido para no quedarse con una mano delante y otra detrás el día después de la derrota.Echemos cálculos. Estamos hablando de presidentes enchufados en empresas públicas o participadas por lo público, directores generales y subsecretarios, secretarios de Estado y niveles superiores de la administración, secretarios de organización, jefes de gabinete, jefes de prensa, consejeros y asesores, entre otros. Por decir solo algunos. Esa lista de bocas hambrientas llega a las 300 y me quedo corto.Lo que sucede es que muchos de ellos ya se temen lo peor… ya le ven las orejas al lobo. Ya saben que no van a caber en las listas donde además ahora serán menos y hay que renovar a muchos. Y tampoco cabrán en empresas y chiringuitos asociados porque estos desaparecerán una vez muerto el sanchismo.Así que muchos se han empezado a mover. Y moverse supone empezar a tomar cafés, reuniones discretas y almuerzos de sobremesa larga con quien conviene. Con los que aspiran a ser sucesores del sanchismo. Los que quieren que, una vez muerto el amo, hay que intentar hacer resurgir el partido de las cenizas. Así que a los lobatos, madinas y pages, todos estos, les están llamando para hablar. Para apoyar la causa del jaque mate a Sánchez una vez pierda las elecciones. Si se quedan fuera pasarán de la sumisión a la traición. Se les unirán y les prometen fidelidad y apoyo cuando den el paso. Y ahí está la otra madre del cordero. Cuándo dar el paso. Y, ahí, en el partido se contemplan varios escenarios. El más comentado por las huestes de Ferraz y aledaños es el de un Sánchez perdedor pero con un resultado no humillante. Pongamos por encima de los 100 escaños. Ese será un Sánchez que intentará sobrevivir dentro del partido. Se sentirá con fuerzas para intentar evitar la sucesión. Y plantará cara. Y medirá los tiempos. El Congreso del partido no es hasta 2028. Y nadie le puede obligar a adelantarlo para acelerar la sucesión porque tiene como garantía un comité federal de fieles, pelotas y demás sumisos que le evitarían tener que hacerlo. Así que a los que podríamos llamar lobatos -las diferentes mini corrientes del partido que conspiran para acabar con Sánchez cuando esté fuera de la Moncloa- solo les quedan dos opciones: o pasada la derrota se plantan de cara y públicamente piden la renuncia del César y combaten con dudas sobre la victoria o intentan lo que yo he venido a llamar la ‘operación Riquelme’. La operación de hacer todo esto mucho antes. Pero hoy no será el día de hablar de eso. Prometo que lo haré. Y mientras los lobatos deshojan la margarita de ahora si, ahora no, ahora no, ahora sí, los verdaderos traidores a la causa con cara de buenos pero alma de rasputines de barrio, Óscar López y Antonio Hernando, tanto monta monta tanto, han empezado a cocinar el candidato que frenaría a los lobatos. Carlos Cuerpo. Este chico vicepresidente del Gobierno con aspecto de funcionario de 9 a 15 que sabe inglés, es educado, aseado, limpio y que hasta suegras y abuelas podrían votarle. Es el antídoto a la rebelión interna.Porque este Cuerpo, con C mayúscula, de poca sangre en las venas pero listo haría daño a los lobatos. ¿Para qué votar a un lobato que devuelva el partido a la moderación y a la socialdemocracia fina y sensata si ya tenemos a un Cuerpo, con C mayúscula, que es un poco lo mismo? Así que ahí está el partido. Entre fogones y a fuego lento cociendo conspiraciones. Lo que es seguro es que los 300 quieren su puesto y su pan asegurado. Los 300 leales que están dispuestos a ser traidores.Otro día les cuento lo de los 300 de la SEPI, que también son legión. Demasiado enemigo para tener paz. RSS de noticias de espana
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