En su primera acepción, la noble, la RAE define blasfemia como «palabra o expresión injuriosa contra alguien o algo sagrado». Los griegos, que son los que nos legan la palabra, iban más lejos. Para ellos no era solo una falta (o pecado) circunscrita al ámbito religioso, también lo era contra el Estado. La impiedad de un individuo podía provocar la ira de los dioses y, de paso, traer consigo la ruina de la polis. Poco tardó la propia filosofía o cualquier otra disciplina o idea que cuestionara lo dado, el capricho interesado de lo establecido, en ser tildadas de, precisamente, sacrílegas. Quizá el arte, así en general, solo exista por su vocación eminentemente blasfema, por su voluntad explícita de discutir asuntos tales como la realidad, el privilegio y, ya puestos, hasta el orden y al propio Estado. En lo que a la historia del cine refiere, al lado de grandes sacrílegos como Buñuel, Pasolini o Lars Von Trier, figuraría en lugar de honor Ken Russell y, de forma muy particular, su película de 1971 Los demonios.
Se estrena la versión completa de Los demonios, la obra maestra de culto protagonizada por Oliver Reed y Vanessa Redgrave sobre de la persecución religiosa, la histeria colectiva y la corrupción institucional
En su primera acepción, la noble, la RAE define blasfemia como «palabra o expresión injuriosa contra alguien o algo sagrado». Los griegos, que son los que nos legan la palabra, iban más lejos. Para ellos no era solo una falta (o pecado) circunscrita al ámbito religioso, también lo era contra el Estado. La impiedad de un individuo podía provocar la ira de los dioses y, de paso, traer consigo la ruina de la polis. Poco tardó la propia filosofía o cualquier otra disciplina o idea que cuestionara lo dado, el capricho interesado de lo establecido, en ser tildadas de, precisamente, sacrílegas. Quizá el arte, así en general, solo exista por su vocación eminentemente blasfema, por su voluntad explícita de discutir asuntos tales como la realidad, el privilegio y, ya puestos, hasta el orden y al propio Estado. En lo que a la historia del cine refiere, al lado de grandes sacrílegos como Buñuel, Pasolini o Lars Von Trier, figuraría en lugar de honor Ken Russell y, de forma muy particular, su película de 1971 Los demonios.
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