En 2011, con un paro juvenil por encima del 40%, las pensiones congeladas y una reforma laboral que retrasaba la jubilación hasta los 67 años, con el estallido de la burbuja inmobiliaria que acarreó desahucios masivos, los polémicos rescates bancarios y los sucesivos casos de corrupción; con el temor al rescate financiero por parte de la UE planeando sobre el país, el clima social en España era de gran descontento general. La confianza en las instituciones y en la clase política se desplomaba y la frustración sirvió de acicate para que la desesperanza se tornara en rabia. El 15 de marzo, día que acabaría dando nombre a todo un movimiento, una manifestación de Democracia Real Ya en Madrid acababa con unas 40 personas pernoctando en Sol. Al día siguiente, se sumaban algunos más hasta convertirse en un grupo de cientos, siendo desalojados la madrugada del 17, lo que provocaría una concentración (el famoso «pásalo» por SMS) que se convertiría en acampada. La mezcla generacional, la transversalidad ideológica y un afán regeneracionista logró que muchos, en aquel momento, se sintieran interpelados.2014, primer acto de Podemos en Asturias. Pablo Und Destruktion (Pablo García), entonces y en la actualidad. Iván Martínez / Gala Pérez IñestaEs el caso de Pablo García, más conocido como Pablo Und Destruktion, cantautor y escritor que llegaba a este movimiento tras una temprana trayectoria de activismo. «Yo me movía en un entorno de izquierda libertaria en Gijón -explica-. Y esto me pilla trabajando en Madrid. Vi una crítica muy oportuna al sistema y al bipartidismo, una tendencia a unir a la nación en general. Se veía a familias, universitarios, intelectuales, obreros, funcionarios, jubilados, incluso señoras que siempre habían votado a la derecha apoyando la causa porque le reconocían razón». Inicio transversalEl inicio, recuerda, fue totalmente transversal. Lo que se pedía era la reforma de la democracia representativa. «No se pedía algo tremendamente revolucionario, aunque hubiese posiciones que sí. La tendencia era de unir a una sociedad rota por el bipartidismo y de recuperar soberanía popular, y una crítica muy fuerte a la Unión Europea».«No se pedía algo tremendamente revolucionario aunque hubiese posiciones que sí». Se pedía la reforma de la democracia representativa Pablo García, Pablo Und Destruktion Cantautor y escritor César Tamar, músico y fotógrafo, con la perspectiva del tiempo se recuerda tan ingenuo como para dar «credencial» a «aquel cúmulo de circunstancias que querían hacer de las aguas turbias y tibias del Estado una depuración renovada y fresca». Pero que acabaría resultando en última instancia «fecal». Como estudiante de fotografía entonces, aquello era para él «un manjar psicosocial» y, en cierto modo, se sintió atraído por un «maremágnum de esteticismo pequeño-burgués teatralizado». No oculta su decepción posterior: resulto ser pura estética, vitalismo madrileño «etílico y pantagruélico». Tampoco Ivan Martín, universitario entonces, tardaría demasiado en ver que aquello acababa convertido en una especie de «festival sin conciertos», sin un planteamiento «serio y en profundidad» sobre lo que se quería conseguir ni cómo se iba a lograr. Se unió a un movimiento que arrancaba en Sol pero que se extendería, más o menos tímidamente, a otros rincones de España.«Yo estuve en Sol algún día», explica, «pero hasta en mi pequeño pueblo de Toledo llegaron a instalarse algunas tiendas de campaña». Lo que a él le movió fue la ilusión de un movimiento emergente («me pillo con veintitantos, proveniente de una tradición ideológica de izquierdas, de conciencia social, protestas, activismo…»), aunque no tardó demasiado en ver que aquello cambiaba. «Me descorazoné», cuenta. Lo que había en las plazas no era del calado que reclamaba la situación, era algo más «superficial y festivo» que instrumentalizaba el descontento social.«Me descorazoné». Lo que había en las plazas era algo «más superficial y festivo» que instrumentalizaba el descontento social Iván Martín«Nunca me fie de Pablo Iglesias -dice-, ni de Podemos. Veía que lo que venía sería más de lo mismo. Por eso no me ha sorprendido que los que vinieron a acabar con la casta acabaran convertidos en casta . No creo que aquello sirviese para nada más que para el enriquecimiento de unos pocos. Los que entonces protestábamos porque no íbamos a poder tener una casa en propiedad, ahora vemos que no vamos a poder tenerla ni en alquiler. Estamos peor que entonces».Rubalcaba recomendaba montar otro partidoRecuerda Pablo cómo lo que fue crítica al bipartidismo y vocación de cambio estructural comenzó a mutar en algo más parecido a aquello que decía combatir. Tal vez por el interés personalista de algunos, tal vez por el electoralista de otros. «Recuerdo a Rubalcaba», explica, «diciendo que lo que tenía que hacer la gente del 15-M era montar un partido, cuando se era muy crítico precisamente con eso. Yo defendía que se utilizaran herramientas sindicales y asociativas, pero que no desde la izquierda, sino desde la transversalidad, ya que aquello trascendía el izquierdismo. Y no se hizo: se creó el partido. Y el partido, muy rápidamente, escoró hacia todo lo contrario. Y cuando Podemos se convierte en Unidas Podemos se pierde de vista esa transversalidad. Comienza la «alerta antifascista», que es todo lo contrario de lo que se pedía en el 15-M, y el sembrar discordia entre vecinos, entre compañeros de cama y de trabajo, lo que nos lleva a la situación casi guerracivilista en la que estamos ahora».César Tamar, entonces y ahora. Cedidas«Para mí todo resultaba sospechoso desde el primer momento», tercia César. «Aunque hubo cierto aire de convivencia necesaria para autoconcienciarnos como generación maltrecha y cibercontrolada. Hemos de recordar que era el tiempo del auge de las redes sociales. Luego, a largo plazo, nos dimos cuenta de cómo entre todo ese puré de disonancia cognitiva estaba metida la Open Society Fundation y diversos organismos tecnológicos (que hoy operan en colaboración con los ministerios). La misma pantomima que Ocuppy Wall Street». Y añade, preocupado: «No estoy en contra de cómo emerge el desencanto entre la ciudadanía, pero sí de cómo se instrumentaliza este a favor de las oligarquías tecnológicas. Quizá sea el peligro más vigente y arrollador que vivimos hoy, en una sociedad cognitiva y epistemológicamente desconectada de sus anteojos críticos».«No estoy en contra de cómo emerge el descontento entre la ciudadanía, pero sí de cómo se instrumentaliza a favor de las oligarquías tecnológicas» César Tamar Músico y fotógrafo«Yo me caigo de la burra -reconoce Pablo Und Destruktion- cuando pasa lo de La Manada y veo cómo eliminan a Errejón, que mejor o peor hizo toda la estrategia de transversalidad, para poner a la novia del jefe. Y, a partir de ahí, se ponen en el centro solo cuestiones de alcoba muy confusas . Y la confusión se resuelve con una consigna de la que, si te apartas, te atacan. Eso en términos ‘macro’. En términos ‘micro’ fue el ir viendo cómo llegan personajes desde determinados grupúsculos de Izquierda Unida para tomar el control de todo y aprovechar y capitalizar el mundo de la cultura».La nueva acampadaPero, ¿y hoy? ¿Esta especie de secuela? ¿Es realmente una espontánea y popular muestra de descontento social? ¿O es otra cosa?César parece tenerlo claro: «Lo que vemos ahora quizá se trate de una operación táctica para tapar otras suciedades varias y difusas del Estado cloaquil español, una cortina de humo de lo más pintiparada y pertinente. Pero el problema de la vivienda ya era un hecho acuciante hace muchos años. Así que supongo que se trata de otra táctica gatopardista, inocua ante los intereses del pueblo y el proletariado». Iván tampoco cree que sea un movimiento tan espontáneo ni tan altruista. El problema habitacional lleva demasiado tiempo como gran preocupación de la ciudadanía y «es mucha casualidad que justo en este momento explote todo. Que, además, todos los representantes sin excepción tengan algún tipo de vínculo con negocios inmobiliarios o las espaldas cubiertas económica y familiarmente, da que pensar».«Tampoco he de negar que el 15-M primigenio fue viento fresco para los que pedíamos algo dentro de aquel contexto postapocalíptico», concluye César. «Creo que eso lo refleja muy bien la canción de León Benavente, ‘La Gran desilusión’: En las calles se notó un temblor / recibimos el desastre con una gran ovación / y en el aire algo nos hizo pensar / que los sistemas empezaban a fallar». En 2011, con un paro juvenil por encima del 40%, las pensiones congeladas y una reforma laboral que retrasaba la jubilación hasta los 67 años, con el estallido de la burbuja inmobiliaria que acarreó desahucios masivos, los polémicos rescates bancarios y los sucesivos casos de corrupción; con el temor al rescate financiero por parte de la UE planeando sobre el país, el clima social en España era de gran descontento general. La confianza en las instituciones y en la clase política se desplomaba y la frustración sirvió de acicate para que la desesperanza se tornara en rabia. El 15 de marzo, día que acabaría dando nombre a todo un movimiento, una manifestación de Democracia Real Ya en Madrid acababa con unas 40 personas pernoctando en Sol. Al día siguiente, se sumaban algunos más hasta convertirse en un grupo de cientos, siendo desalojados la madrugada del 17, lo que provocaría una concentración (el famoso «pásalo» por SMS) que se convertiría en acampada. La mezcla generacional, la transversalidad ideológica y un afán regeneracionista logró que muchos, en aquel momento, se sintieran interpelados.2014, primer acto de Podemos en Asturias. Pablo Und Destruktion (Pablo García), entonces y en la actualidad. Iván Martínez / Gala Pérez IñestaEs el caso de Pablo García, más conocido como Pablo Und Destruktion, cantautor y escritor que llegaba a este movimiento tras una temprana trayectoria de activismo. «Yo me movía en un entorno de izquierda libertaria en Gijón -explica-. Y esto me pilla trabajando en Madrid. Vi una crítica muy oportuna al sistema y al bipartidismo, una tendencia a unir a la nación en general. Se veía a familias, universitarios, intelectuales, obreros, funcionarios, jubilados, incluso señoras que siempre habían votado a la derecha apoyando la causa porque le reconocían razón». Inicio transversalEl inicio, recuerda, fue totalmente transversal. Lo que se pedía era la reforma de la democracia representativa. «No se pedía algo tremendamente revolucionario, aunque hubiese posiciones que sí. La tendencia era de unir a una sociedad rota por el bipartidismo y de recuperar soberanía popular, y una crítica muy fuerte a la Unión Europea».«No se pedía algo tremendamente revolucionario aunque hubiese posiciones que sí». Se pedía la reforma de la democracia representativa Pablo García, Pablo Und Destruktion Cantautor y escritor César Tamar, músico y fotógrafo, con la perspectiva del tiempo se recuerda tan ingenuo como para dar «credencial» a «aquel cúmulo de circunstancias que querían hacer de las aguas turbias y tibias del Estado una depuración renovada y fresca». Pero que acabaría resultando en última instancia «fecal». Como estudiante de fotografía entonces, aquello era para él «un manjar psicosocial» y, en cierto modo, se sintió atraído por un «maremágnum de esteticismo pequeño-burgués teatralizado». No oculta su decepción posterior: resulto ser pura estética, vitalismo madrileño «etílico y pantagruélico». Tampoco Ivan Martín, universitario entonces, tardaría demasiado en ver que aquello acababa convertido en una especie de «festival sin conciertos», sin un planteamiento «serio y en profundidad» sobre lo que se quería conseguir ni cómo se iba a lograr. Se unió a un movimiento que arrancaba en Sol pero que se extendería, más o menos tímidamente, a otros rincones de España.«Yo estuve en Sol algún día», explica, «pero hasta en mi pequeño pueblo de Toledo llegaron a instalarse algunas tiendas de campaña». Lo que a él le movió fue la ilusión de un movimiento emergente («me pillo con veintitantos, proveniente de una tradición ideológica de izquierdas, de conciencia social, protestas, activismo…»), aunque no tardó demasiado en ver que aquello cambiaba. «Me descorazoné», cuenta. Lo que había en las plazas no era del calado que reclamaba la situación, era algo más «superficial y festivo» que instrumentalizaba el descontento social.«Me descorazoné». Lo que había en las plazas era algo «más superficial y festivo» que instrumentalizaba el descontento social Iván Martín«Nunca me fie de Pablo Iglesias -dice-, ni de Podemos. Veía que lo que venía sería más de lo mismo. Por eso no me ha sorprendido que los que vinieron a acabar con la casta acabaran convertidos en casta . No creo que aquello sirviese para nada más que para el enriquecimiento de unos pocos. Los que entonces protestábamos porque no íbamos a poder tener una casa en propiedad, ahora vemos que no vamos a poder tenerla ni en alquiler. Estamos peor que entonces».Rubalcaba recomendaba montar otro partidoRecuerda Pablo cómo lo que fue crítica al bipartidismo y vocación de cambio estructural comenzó a mutar en algo más parecido a aquello que decía combatir. Tal vez por el interés personalista de algunos, tal vez por el electoralista de otros. «Recuerdo a Rubalcaba», explica, «diciendo que lo que tenía que hacer la gente del 15-M era montar un partido, cuando se era muy crítico precisamente con eso. Yo defendía que se utilizaran herramientas sindicales y asociativas, pero que no desde la izquierda, sino desde la transversalidad, ya que aquello trascendía el izquierdismo. Y no se hizo: se creó el partido. Y el partido, muy rápidamente, escoró hacia todo lo contrario. Y cuando Podemos se convierte en Unidas Podemos se pierde de vista esa transversalidad. Comienza la «alerta antifascista», que es todo lo contrario de lo que se pedía en el 15-M, y el sembrar discordia entre vecinos, entre compañeros de cama y de trabajo, lo que nos lleva a la situación casi guerracivilista en la que estamos ahora».César Tamar, entonces y ahora. Cedidas«Para mí todo resultaba sospechoso desde el primer momento», tercia César. «Aunque hubo cierto aire de convivencia necesaria para autoconcienciarnos como generación maltrecha y cibercontrolada. Hemos de recordar que era el tiempo del auge de las redes sociales. Luego, a largo plazo, nos dimos cuenta de cómo entre todo ese puré de disonancia cognitiva estaba metida la Open Society Fundation y diversos organismos tecnológicos (que hoy operan en colaboración con los ministerios). La misma pantomima que Ocuppy Wall Street». Y añade, preocupado: «No estoy en contra de cómo emerge el desencanto entre la ciudadanía, pero sí de cómo se instrumentaliza este a favor de las oligarquías tecnológicas. Quizá sea el peligro más vigente y arrollador que vivimos hoy, en una sociedad cognitiva y epistemológicamente desconectada de sus anteojos críticos».«No estoy en contra de cómo emerge el descontento entre la ciudadanía, pero sí de cómo se instrumentaliza a favor de las oligarquías tecnológicas» César Tamar Músico y fotógrafo«Yo me caigo de la burra -reconoce Pablo Und Destruktion- cuando pasa lo de La Manada y veo cómo eliminan a Errejón, que mejor o peor hizo toda la estrategia de transversalidad, para poner a la novia del jefe. Y, a partir de ahí, se ponen en el centro solo cuestiones de alcoba muy confusas . Y la confusión se resuelve con una consigna de la que, si te apartas, te atacan. Eso en términos ‘macro’. En términos ‘micro’ fue el ir viendo cómo llegan personajes desde determinados grupúsculos de Izquierda Unida para tomar el control de todo y aprovechar y capitalizar el mundo de la cultura».La nueva acampadaPero, ¿y hoy? ¿Esta especie de secuela? ¿Es realmente una espontánea y popular muestra de descontento social? ¿O es otra cosa?César parece tenerlo claro: «Lo que vemos ahora quizá se trate de una operación táctica para tapar otras suciedades varias y difusas del Estado cloaquil español, una cortina de humo de lo más pintiparada y pertinente. Pero el problema de la vivienda ya era un hecho acuciante hace muchos años. Así que supongo que se trata de otra táctica gatopardista, inocua ante los intereses del pueblo y el proletariado». Iván tampoco cree que sea un movimiento tan espontáneo ni tan altruista. El problema habitacional lleva demasiado tiempo como gran preocupación de la ciudadanía y «es mucha casualidad que justo en este momento explote todo. Que, además, todos los representantes sin excepción tengan algún tipo de vínculo con negocios inmobiliarios o las espaldas cubiertas económica y familiarmente, da que pensar».«Tampoco he de negar que el 15-M primigenio fue viento fresco para los que pedíamos algo dentro de aquel contexto postapocalíptico», concluye César. «Creo que eso lo refleja muy bien la canción de León Benavente, ‘La Gran desilusión’: En las calles se notó un temblor / recibimos el desastre con una gran ovación / y en el aire algo nos hizo pensar / que los sistemas empezaban a fallar». En 2011, con un paro juvenil por encima del 40%, las pensiones congeladas y una reforma laboral que retrasaba la jubilación hasta los 67 años, con el estallido de la burbuja inmobiliaria que acarreó desahucios masivos, los polémicos rescates bancarios y los sucesivos casos de corrupción; con el temor al rescate financiero por parte de la UE planeando sobre el país, el clima social en España era de gran descontento general. La confianza en las instituciones y en la clase política se desplomaba y la frustración sirvió de acicate para que la desesperanza se tornara en rabia. El 15 de marzo, día que acabaría dando nombre a todo un movimiento, una manifestación de Democracia Real Ya en Madrid acababa con unas 40 personas pernoctando en Sol. Al día siguiente, se sumaban algunos más hasta convertirse en un grupo de cientos, siendo desalojados la madrugada del 17, lo que provocaría una concentración (el famoso «pásalo» por SMS) que se convertiría en acampada. La mezcla generacional, la transversalidad ideológica y un afán regeneracionista logró que muchos, en aquel momento, se sintieran interpelados.2014, primer acto de Podemos en Asturias. Pablo Und Destruktion (Pablo García), entonces y en la actualidad. Iván Martínez / Gala Pérez IñestaEs el caso de Pablo García, más conocido como Pablo Und Destruktion, cantautor y escritor que llegaba a este movimiento tras una temprana trayectoria de activismo. «Yo me movía en un entorno de izquierda libertaria en Gijón -explica-. Y esto me pilla trabajando en Madrid. Vi una crítica muy oportuna al sistema y al bipartidismo, una tendencia a unir a la nación en general. Se veía a familias, universitarios, intelectuales, obreros, funcionarios, jubilados, incluso señoras que siempre habían votado a la derecha apoyando la causa porque le reconocían razón». Inicio transversalEl inicio, recuerda, fue totalmente transversal. Lo que se pedía era la reforma de la democracia representativa. «No se pedía algo tremendamente revolucionario, aunque hubiese posiciones que sí. La tendencia era de unir a una sociedad rota por el bipartidismo y de recuperar soberanía popular, y una crítica muy fuerte a la Unión Europea».«No se pedía algo tremendamente revolucionario aunque hubiese posiciones que sí». Se pedía la reforma de la democracia representativa Pablo García, Pablo Und Destruktion Cantautor y escritor César Tamar, músico y fotógrafo, con la perspectiva del tiempo se recuerda tan ingenuo como para dar «credencial» a «aquel cúmulo de circunstancias que querían hacer de las aguas turbias y tibias del Estado una depuración renovada y fresca». Pero que acabaría resultando en última instancia «fecal». Como estudiante de fotografía entonces, aquello era para él «un manjar psicosocial» y, en cierto modo, se sintió atraído por un «maremágnum de esteticismo pequeño-burgués teatralizado». No oculta su decepción posterior: resulto ser pura estética, vitalismo madrileño «etílico y pantagruélico». Tampoco Ivan Martín, universitario entonces, tardaría demasiado en ver que aquello acababa convertido en una especie de «festival sin conciertos», sin un planteamiento «serio y en profundidad» sobre lo que se quería conseguir ni cómo se iba a lograr. Se unió a un movimiento que arrancaba en Sol pero que se extendería, más o menos tímidamente, a otros rincones de España.«Yo estuve en Sol algún día», explica, «pero hasta en mi pequeño pueblo de Toledo llegaron a instalarse algunas tiendas de campaña». Lo que a él le movió fue la ilusión de un movimiento emergente («me pillo con veintitantos, proveniente de una tradición ideológica de izquierdas, de conciencia social, protestas, activismo…»), aunque no tardó demasiado en ver que aquello cambiaba. «Me descorazoné», cuenta. Lo que había en las plazas no era del calado que reclamaba la situación, era algo más «superficial y festivo» que instrumentalizaba el descontento social.«Me descorazoné». Lo que había en las plazas era algo «más superficial y festivo» que instrumentalizaba el descontento social Iván Martín«Nunca me fie de Pablo Iglesias -dice-, ni de Podemos. Veía que lo que venía sería más de lo mismo. Por eso no me ha sorprendido que los que vinieron a acabar con la casta acabaran convertidos en casta . No creo que aquello sirviese para nada más que para el enriquecimiento de unos pocos. Los que entonces protestábamos porque no íbamos a poder tener una casa en propiedad, ahora vemos que no vamos a poder tenerla ni en alquiler. Estamos peor que entonces».Rubalcaba recomendaba montar otro partidoRecuerda Pablo cómo lo que fue crítica al bipartidismo y vocación de cambio estructural comenzó a mutar en algo más parecido a aquello que decía combatir. Tal vez por el interés personalista de algunos, tal vez por el electoralista de otros. «Recuerdo a Rubalcaba», explica, «diciendo que lo que tenía que hacer la gente del 15-M era montar un partido, cuando se era muy crítico precisamente con eso. Yo defendía que se utilizaran herramientas sindicales y asociativas, pero que no desde la izquierda, sino desde la transversalidad, ya que aquello trascendía el izquierdismo. Y no se hizo: se creó el partido. Y el partido, muy rápidamente, escoró hacia todo lo contrario. Y cuando Podemos se convierte en Unidas Podemos se pierde de vista esa transversalidad. Comienza la «alerta antifascista», que es todo lo contrario de lo que se pedía en el 15-M, y el sembrar discordia entre vecinos, entre compañeros de cama y de trabajo, lo que nos lleva a la situación casi guerracivilista en la que estamos ahora».César Tamar, entonces y ahora. Cedidas«Para mí todo resultaba sospechoso desde el primer momento», tercia César. «Aunque hubo cierto aire de convivencia necesaria para autoconcienciarnos como generación maltrecha y cibercontrolada. Hemos de recordar que era el tiempo del auge de las redes sociales. Luego, a largo plazo, nos dimos cuenta de cómo entre todo ese puré de disonancia cognitiva estaba metida la Open Society Fundation y diversos organismos tecnológicos (que hoy operan en colaboración con los ministerios). La misma pantomima que Ocuppy Wall Street». Y añade, preocupado: «No estoy en contra de cómo emerge el desencanto entre la ciudadanía, pero sí de cómo se instrumentaliza este a favor de las oligarquías tecnológicas. Quizá sea el peligro más vigente y arrollador que vivimos hoy, en una sociedad cognitiva y epistemológicamente desconectada de sus anteojos críticos».«No estoy en contra de cómo emerge el descontento entre la ciudadanía, pero sí de cómo se instrumentaliza a favor de las oligarquías tecnológicas» César Tamar Músico y fotógrafo«Yo me caigo de la burra -reconoce Pablo Und Destruktion- cuando pasa lo de La Manada y veo cómo eliminan a Errejón, que mejor o peor hizo toda la estrategia de transversalidad, para poner a la novia del jefe. Y, a partir de ahí, se ponen en el centro solo cuestiones de alcoba muy confusas . Y la confusión se resuelve con una consigna de la que, si te apartas, te atacan. Eso en términos ‘macro’. En términos ‘micro’ fue el ir viendo cómo llegan personajes desde determinados grupúsculos de Izquierda Unida para tomar el control de todo y aprovechar y capitalizar el mundo de la cultura».La nueva acampadaPero, ¿y hoy? ¿Esta especie de secuela? ¿Es realmente una espontánea y popular muestra de descontento social? ¿O es otra cosa?César parece tenerlo claro: «Lo que vemos ahora quizá se trate de una operación táctica para tapar otras suciedades varias y difusas del Estado cloaquil español, una cortina de humo de lo más pintiparada y pertinente. Pero el problema de la vivienda ya era un hecho acuciante hace muchos años. Así que supongo que se trata de otra táctica gatopardista, inocua ante los intereses del pueblo y el proletariado». Iván tampoco cree que sea un movimiento tan espontáneo ni tan altruista. El problema habitacional lleva demasiado tiempo como gran preocupación de la ciudadanía y «es mucha casualidad que justo en este momento explote todo. Que, además, todos los representantes sin excepción tengan algún tipo de vínculo con negocios inmobiliarios o las espaldas cubiertas económica y familiarmente, da que pensar».«Tampoco he de negar que el 15-M primigenio fue viento fresco para los que pedíamos algo dentro de aquel contexto postapocalíptico», concluye César. «Creo que eso lo refleja muy bien la canción de León Benavente, ‘La Gran desilusión’: En las calles se notó un temblor / recibimos el desastre con una gran ovación / y en el aire algo nos hizo pensar / que los sistemas empezaban a fallar». RSS de noticias de espana
Noticias Similares
