Anne Carson dijo que tenía resaca de Rosalía . Lo escribió ‘On Rosalía’, un ensayo publicado el 10 de septiembre de 2026 en la revista británica ‘London Review of Books’, después de asistir a uno de los conciertos de la española en Chicago. En el texto, la fascinación convive con el recelo. Su mirada dista de ser complaciente: cuestiona el fervor casi religioso del público y la paradoja de una multitud que, reunida para compartir una experiencia, parece entregada a una forma solitaria de idolatría. Rosalía la deslumbra, pero también la inquieta. Si hasta parece que la aburre. Teniendo la piel emocional de un lagarto, Anne Carson se comporta como un cocodrilo tomando el sol en este ensayo.Yo también tengo resaca, pero de Anne Carson . De su prosa reseca y ortopédica, de su falta de pasión, de esa literatura capaz de convertir el deseo en una colección de insectos pinchados con alfileres en un museo de Ciencias Naturales. En sus páginas, las emociones parecen haber sido capturadas, clasificadas y despojadas de cualquier posibilidad de movimiento. Hay algo paradójico en una escritora que ha dedicado buena parte de su obra a Eros , Safo y las devastaciones del deseo, pero cuya escritura transmite a menudo la temperatura de un laboratorio. Carson conoce la genealogía de las pasiones, sus nombres antiguos, sus metamorfosis y sus ruinas. Sin embargo, entre tanto conocimiento, la experiencia parece extraviarse. Como si para comprender el incendio fuera necesario apagarlo primero.La inteligencia literaria no siempre equivale a intensidad, ni la experimentación garantiza una experiencia estética. Hay una solemnidad contemporánea que confunde la dificultad con la profundidad y convierte la emoción en un problema que debe resolverse mediante referencias clásicas. El Nobel reconoce una trayectoria, no exige una rendición del lector. Podemos admirar la singularidad de Carson y, al mismo tiempo, resistirnos a su manera de administrar las pasiones. Para alguien que se comporta como una funcionaria del lenguaje, la emoción es un formulario con matasello. Quizá por eso resulta tan reveladora su resaca de Rosalía: una escritora que disecciona el deseo queda sacudida por una cantante que la devuelve al cuerpo. Una estudia la combustión; la otra arde. Anne Carson dijo que tenía resaca de Rosalía . Lo escribió ‘On Rosalía’, un ensayo publicado el 10 de septiembre de 2026 en la revista británica ‘London Review of Books’, después de asistir a uno de los conciertos de la española en Chicago. En el texto, la fascinación convive con el recelo. Su mirada dista de ser complaciente: cuestiona el fervor casi religioso del público y la paradoja de una multitud que, reunida para compartir una experiencia, parece entregada a una forma solitaria de idolatría. Rosalía la deslumbra, pero también la inquieta. Si hasta parece que la aburre. Teniendo la piel emocional de un lagarto, Anne Carson se comporta como un cocodrilo tomando el sol en este ensayo.Yo también tengo resaca, pero de Anne Carson . De su prosa reseca y ortopédica, de su falta de pasión, de esa literatura capaz de convertir el deseo en una colección de insectos pinchados con alfileres en un museo de Ciencias Naturales. En sus páginas, las emociones parecen haber sido capturadas, clasificadas y despojadas de cualquier posibilidad de movimiento. Hay algo paradójico en una escritora que ha dedicado buena parte de su obra a Eros , Safo y las devastaciones del deseo, pero cuya escritura transmite a menudo la temperatura de un laboratorio. Carson conoce la genealogía de las pasiones, sus nombres antiguos, sus metamorfosis y sus ruinas. Sin embargo, entre tanto conocimiento, la experiencia parece extraviarse. Como si para comprender el incendio fuera necesario apagarlo primero.La inteligencia literaria no siempre equivale a intensidad, ni la experimentación garantiza una experiencia estética. Hay una solemnidad contemporánea que confunde la dificultad con la profundidad y convierte la emoción en un problema que debe resolverse mediante referencias clásicas. El Nobel reconoce una trayectoria, no exige una rendición del lector. Podemos admirar la singularidad de Carson y, al mismo tiempo, resistirnos a su manera de administrar las pasiones. Para alguien que se comporta como una funcionaria del lenguaje, la emoción es un formulario con matasello. Quizá por eso resulta tan reveladora su resaca de Rosalía: una escritora que disecciona el deseo queda sacudida por una cantante que la devuelve al cuerpo. Una estudia la combustión; la otra arde. Anne Carson dijo que tenía resaca de Rosalía . Lo escribió ‘On Rosalía’, un ensayo publicado el 10 de septiembre de 2026 en la revista británica ‘London Review of Books’, después de asistir a uno de los conciertos de la española en Chicago. En el texto, la fascinación convive con el recelo. Su mirada dista de ser complaciente: cuestiona el fervor casi religioso del público y la paradoja de una multitud que, reunida para compartir una experiencia, parece entregada a una forma solitaria de idolatría. Rosalía la deslumbra, pero también la inquieta. Si hasta parece que la aburre. Teniendo la piel emocional de un lagarto, Anne Carson se comporta como un cocodrilo tomando el sol en este ensayo.Yo también tengo resaca, pero de Anne Carson . De su prosa reseca y ortopédica, de su falta de pasión, de esa literatura capaz de convertir el deseo en una colección de insectos pinchados con alfileres en un museo de Ciencias Naturales. En sus páginas, las emociones parecen haber sido capturadas, clasificadas y despojadas de cualquier posibilidad de movimiento. Hay algo paradójico en una escritora que ha dedicado buena parte de su obra a Eros , Safo y las devastaciones del deseo, pero cuya escritura transmite a menudo la temperatura de un laboratorio. Carson conoce la genealogía de las pasiones, sus nombres antiguos, sus metamorfosis y sus ruinas. Sin embargo, entre tanto conocimiento, la experiencia parece extraviarse. Como si para comprender el incendio fuera necesario apagarlo primero.La inteligencia literaria no siempre equivale a intensidad, ni la experimentación garantiza una experiencia estética. Hay una solemnidad contemporánea que confunde la dificultad con la profundidad y convierte la emoción en un problema que debe resolverse mediante referencias clásicas. El Nobel reconoce una trayectoria, no exige una rendición del lector. Podemos admirar la singularidad de Carson y, al mismo tiempo, resistirnos a su manera de administrar las pasiones. Para alguien que se comporta como una funcionaria del lenguaje, la emoción es un formulario con matasello. Quizá por eso resulta tan reveladora su resaca de Rosalía: una escritora que disecciona el deseo queda sacudida por una cantante que la devuelve al cuerpo. Una estudia la combustión; la otra arde. RSS de noticias de cultura
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