Es el santo grial de todo partido político en este tiempo de polarización máxima: destruir al rival consiguiendo demostrar (o que al menos que parezca demostrado) que tiene cuentas B, que maneja dinero negro y que, por tanto, se salta las reglas y no es de fiar. Que la corrupción no son cuatro manzanas podridas, en fin, sino algo sistémico: una decisión consciente del partido en cuestión.
La deriva temida por Sánchez engorda con datos de Aldama y regates de Koldo
Es el santo grial de todo partido político en este tiempo de polarización máxima: destruir al rival consiguiendo demostrar (o que al menos que parezca demostrado) que tiene cuentas B, que maneja dinero negro y que, por tanto, se salta las reglas y no es de fiar. Que la corrupción no son cuatro manzanas podridas, en fin, sino algo sistémico: una decisión consciente del partido en cuestión.
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