«Amigo, pan, leche, galletas, por favor, hermano. Llevamos tres días sin comer», se queja un marroquí sentado sobre unas rocas cercanas a la carretera que conduce al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Son las siete y media de la tarde de ayer. Un furgón de la Policía Nacional, con varios agentes a pie custodiándolo, ha ido echando de los alrededores de la puerta de acceso al recinto a cientos de personas que se agolpaban para poder ingresar en él.
Miles de migrantes esperan hambrientos a las puertas de las instalación, sin saber si serán expulsados iniciarán los trámites para el asilo o recibirán permisos de residencia
«Amigo, pan, leche, galletas, por favor, hermano. Llevamos tres días sin comer», se queja un marroquí sentado sobre unas rocas cercanas a la carretera que conduce al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Son las siete y media de la tarde de ayer. Un furgón de la Policía Nacional, con varios agentes a pie custodiándolo, ha ido echando de los alrededores de la puerta de acceso al recinto a cientos de personas que se agolpaban para poder ingresar en él.
Noticias de España
