En Niebla (Huelva) el infierno tiene un perímetro de 210 kilómetros cuadrados. Dentro de ese espacio todo era devorado por las llamas, en uno de esos ‘nuevos’ incendios forestales que asolan España cada verano y que han desatado un apocalipsis de fuego entre los eucaliptos de este municipio. Ahí atacar el fuego tiene riesgos para la vida de quienes combaten las llamas. «No se puede entrar por el aire y tampoco por tierra», narraba en un vídeo Alejandro Molina, uno de los directores de extinción. «Es un incendio extremo» , apunta Juan Ramón Molina, director del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Córdoba, que sostiene que hay un triple factor que esta haciendo que apagar este fuego se haya convertido en una tarea de titanes. Una tormenta perfecta. Por un lado, la convectividad del incendio, que es la forma en la que el aire tiende a moverse condicionado por su peso. La provoca la diferencia de peso entre las masas de aire caliente y frío. Esto crea una atmósfera propia. Una burbuja de humo y fuego en cuyo interior las condiciones de viento o temperatura son diferentes al exterior. «En Niebla esta convectividad es muy grande y eso crea inestabilidad al generar vientos en la propia columna, que se llaman pirocúmulos o setas», añade el profesor. Ese es uno de los factores que hace que el fuego campe a sus anchas, pero también la vegetación, que es seca, muy abundante y altamente inflamable. En el caso de Niebla estaba lleno de eucaliptos. «En Australia le dicen el árbol de gasolina» , añadía Alejandro García, director de Grande Incendios Forestales de Andalucía de la Agencia de Emergencias (EMA) en otra explicación. «El eucalipto tiene unas singularidades muy importantes. Tiene una madera muy inflamable y bastante calórica, pero además tiene cortezas muy finas y hojas también finas llenas de aceites esenciales. Ese olorcito agradable que da este árbol es por los aceites esenciales, que lo hacen más inflamable todavía», relata García. Este árbol genera un riesgo. Según García, cuando arden los troncos emiten pavesas que se desplazan por la columna de humo y, cuando salen de ella y llegan al suelo tienen una combustión mayor por su contacto con el oxígeno. «Por eso todos los focos secundarios que emite la corteza agarran», añade Alejandro García, que explica que la copa de los árboles también arde de forma especial por las hojas llenas de aceites esenciales que se inflaman. Las pavesas son un problema serio de seguridad para los efectivos que combaten el fuego. «En Niebla ha habido focos que han saltado por pavesas a más de dos kilómetros de distancia. Eso no se puede parar. No hay un cortafuegos, una carretera o un pantano que tenga dos kilómetros de ancho para parar eso. Lo salta todo», señala Juan Ramón Molina, quien explica que estos focos pueden cercar a la brigadas y los efectivos que están por tierra, acorralándolos y generando situaciones complicadas. De la biomasa a las ascuas del infierno Los eucaliptos de la zona del incendio de Niebla tenían como motivo principal la producción de biomasa agrícola y forestal. De este modo, comarcas como Andévalo, la Cuenca Minera o la Sierra de Aracena de Huelva se llenaron de eucaliptos, que ahora arden sin remedio, convirtiendo el campo en una trampa mortal. El Plan Forestal Andaluz al Horizonte 2030 ha reducido esta masa forestal en 63.700 hectáreas. Las estimaciones más actuales de la Junta de Andalucía y la Red de Información Ambiental recogen una cifra que varía entre las 80.000 y 90.000 hectáreas. Incendios como el de Niebla siguen haciendo desaparecer estas reservas, que estaban encaminadas a generar energías limpias, pero con una chispa desatan el infierno. El presidente andaluz, Juanma Moreno, ya ha anunciado un plan para sustituir los eucaliptos por arboledas autóctonas. «Son un riesgo para sus vidas», explica este experto de la Universidad de Córdoba, que señala que ha visto vídeos en los que los efectivos están refugiados en zona quemada, que es terreno seguro porque no puede volver a arde. «Esto es porque el fuego supone un riesgo y puede cercarlos», señala el profesor, quien explica que las pavesas de los árboles saltan en todas direcciones. Los equipos de extinción se pueden quedar atrapados y eso es un riesgo serio para sus vidas. El alto combustible de vegetación seca en este tipo de incendios, ya sea eucaliptos o otro tipo de árboles, genera temperatura muy altas en los focos principales del fuego. « Se llega a hacer imposible el combate del fuego . Las descargas de agua, por ejemplo, no llegan al suelo. Éstas se evaporan por la temperatura antes de caer en la llama», añade Juan Ramón Molina, que señala a los vientos inestables como otro factor determinante. En el caso de Niebla, por ejemplo, los vientos cambiaban cada dos o tres horas con velocidades que llegaron a los 40 kilómetros por hora. Eso sin contar los que generaba el propio incendio en su columna. «Normalmente en un fuego, sabes que por la mañana hay un viento, que al mediodía cambia y por la tarde otra vez, pero aquí no. En este incendio el viento cambia pronto, cambia de dirección continuamente», apunta Juan Ramón Molina. Esto generó en los últimos días que el fuego fuese cambiando de dirección. Normalmente, los flancos de los fuegos se miden con cabeza, cola y flanco derecho o izquierdo. Esto se sitúa en el mapa nombrándolos por los cuatro puntos cardinales. En Niebla la cabeza no seguía un mismo horizonte, los mismo iba a Oeste, que se giraba a Noroeste, que volvía virar en otro sentido. Esto hace que sea peligroso combatirlo, porque se pasa de una zona segura de trabajo a estar delante de una pared de llamas que lo arrasa todo. «La cabeza va cambiando. No tiene un punto fijo. El viento cambia cada dos o tres horas y eso hace que el fuego cambie de dinámica. Es inabarcable», sentencia el profesor Molina. «Este incendio tiene como característica un comportamiento extremo día y noche»En este punto, las previsiones se tienen que ir variando, los analistas no paran de hacer cálculos y enviarlos a los dispositivos de los técnicos y al puesto de mando. Las estrategias, ya que el fuego no da ventanas de oportunidad, van variando esperando momentos en los que abordarlo. «En los fuegos sabes que la noche baja las temperaturas y que puedes atacar. Aquí no. La temperatura es extrema. No baja tampoco por la noche. No se puede atacar el fuego de día, pero tampoco de noche. En este tipo de incendios se esperan cambios de temperatura para tener oportunidades. Y hasta que no llegue no se podrá combatir para acabarlo», asevera el experto de la Universidad de Córdoba. Los expertos señalan esa violencia constante sin oportunidad como el principal problema. «Este incendio de Niebla tiene como característica el comportamiento extremo día y noche. No da tregua », aseveró Marc Castellnou, jefe de los GRAF de Bomberos de Cataluña y uno de los expertos nacional en gestión de incendios forestales en la zona, quien dijo que el fuego avanzaba de «forma serpenteante» por zonas con mucha cantidad de vegetación, que hacía que fuera muy complicado trabajar. La extinción del fuego es complicada con estas características. «Hay puntos donde no puedes trabajar, pero hay otros que sí. En esos hay que centrar los esfuerzos. Los equipos de extinción tienen que ir por delante del fuego, pensar en cuál va a ser su comportamiento y anticiparse. No se puede trabajar en la cabeza, pero con más de 200 kilómetros de perímetro hay otras zonas en las que sí se puede», afirma Juan Ramón Molina, quien dice que se concentraban los medios en los puntos donde sí se puede trabajar tratando de asfixiar al incendio poco a poco por los flancos más débiles. En Niebla (Huelva) el infierno tiene un perímetro de 210 kilómetros cuadrados. Dentro de ese espacio todo era devorado por las llamas, en uno de esos ‘nuevos’ incendios forestales que asolan España cada verano y que han desatado un apocalipsis de fuego entre los eucaliptos de este municipio. Ahí atacar el fuego tiene riesgos para la vida de quienes combaten las llamas. «No se puede entrar por el aire y tampoco por tierra», narraba en un vídeo Alejandro Molina, uno de los directores de extinción. «Es un incendio extremo» , apunta Juan Ramón Molina, director del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Córdoba, que sostiene que hay un triple factor que esta haciendo que apagar este fuego se haya convertido en una tarea de titanes. Una tormenta perfecta. Por un lado, la convectividad del incendio, que es la forma en la que el aire tiende a moverse condicionado por su peso. La provoca la diferencia de peso entre las masas de aire caliente y frío. Esto crea una atmósfera propia. Una burbuja de humo y fuego en cuyo interior las condiciones de viento o temperatura son diferentes al exterior. «En Niebla esta convectividad es muy grande y eso crea inestabilidad al generar vientos en la propia columna, que se llaman pirocúmulos o setas», añade el profesor. Ese es uno de los factores que hace que el fuego campe a sus anchas, pero también la vegetación, que es seca, muy abundante y altamente inflamable. En el caso de Niebla estaba lleno de eucaliptos. «En Australia le dicen el árbol de gasolina» , añadía Alejandro García, director de Grande Incendios Forestales de Andalucía de la Agencia de Emergencias (EMA) en otra explicación. «El eucalipto tiene unas singularidades muy importantes. Tiene una madera muy inflamable y bastante calórica, pero además tiene cortezas muy finas y hojas también finas llenas de aceites esenciales. Ese olorcito agradable que da este árbol es por los aceites esenciales, que lo hacen más inflamable todavía», relata García. Este árbol genera un riesgo. Según García, cuando arden los troncos emiten pavesas que se desplazan por la columna de humo y, cuando salen de ella y llegan al suelo tienen una combustión mayor por su contacto con el oxígeno. «Por eso todos los focos secundarios que emite la corteza agarran», añade Alejandro García, que explica que la copa de los árboles también arde de forma especial por las hojas llenas de aceites esenciales que se inflaman. Las pavesas son un problema serio de seguridad para los efectivos que combaten el fuego. «En Niebla ha habido focos que han saltado por pavesas a más de dos kilómetros de distancia. Eso no se puede parar. No hay un cortafuegos, una carretera o un pantano que tenga dos kilómetros de ancho para parar eso. Lo salta todo», señala Juan Ramón Molina, quien explica que estos focos pueden cercar a la brigadas y los efectivos que están por tierra, acorralándolos y generando situaciones complicadas. De la biomasa a las ascuas del infierno Los eucaliptos de la zona del incendio de Niebla tenían como motivo principal la producción de biomasa agrícola y forestal. De este modo, comarcas como Andévalo, la Cuenca Minera o la Sierra de Aracena de Huelva se llenaron de eucaliptos, que ahora arden sin remedio, convirtiendo el campo en una trampa mortal. El Plan Forestal Andaluz al Horizonte 2030 ha reducido esta masa forestal en 63.700 hectáreas. Las estimaciones más actuales de la Junta de Andalucía y la Red de Información Ambiental recogen una cifra que varía entre las 80.000 y 90.000 hectáreas. Incendios como el de Niebla siguen haciendo desaparecer estas reservas, que estaban encaminadas a generar energías limpias, pero con una chispa desatan el infierno. El presidente andaluz, Juanma Moreno, ya ha anunciado un plan para sustituir los eucaliptos por arboledas autóctonas. «Son un riesgo para sus vidas», explica este experto de la Universidad de Córdoba, que señala que ha visto vídeos en los que los efectivos están refugiados en zona quemada, que es terreno seguro porque no puede volver a arde. «Esto es porque el fuego supone un riesgo y puede cercarlos», señala el profesor, quien explica que las pavesas de los árboles saltan en todas direcciones. Los equipos de extinción se pueden quedar atrapados y eso es un riesgo serio para sus vidas. El alto combustible de vegetación seca en este tipo de incendios, ya sea eucaliptos o otro tipo de árboles, genera temperatura muy altas en los focos principales del fuego. « Se llega a hacer imposible el combate del fuego . Las descargas de agua, por ejemplo, no llegan al suelo. Éstas se evaporan por la temperatura antes de caer en la llama», añade Juan Ramón Molina, que señala a los vientos inestables como otro factor determinante. En el caso de Niebla, por ejemplo, los vientos cambiaban cada dos o tres horas con velocidades que llegaron a los 40 kilómetros por hora. Eso sin contar los que generaba el propio incendio en su columna. «Normalmente en un fuego, sabes que por la mañana hay un viento, que al mediodía cambia y por la tarde otra vez, pero aquí no. En este incendio el viento cambia pronto, cambia de dirección continuamente», apunta Juan Ramón Molina. Esto generó en los últimos días que el fuego fuese cambiando de dirección. Normalmente, los flancos de los fuegos se miden con cabeza, cola y flanco derecho o izquierdo. Esto se sitúa en el mapa nombrándolos por los cuatro puntos cardinales. En Niebla la cabeza no seguía un mismo horizonte, los mismo iba a Oeste, que se giraba a Noroeste, que volvía virar en otro sentido. Esto hace que sea peligroso combatirlo, porque se pasa de una zona segura de trabajo a estar delante de una pared de llamas que lo arrasa todo. «La cabeza va cambiando. No tiene un punto fijo. El viento cambia cada dos o tres horas y eso hace que el fuego cambie de dinámica. Es inabarcable», sentencia el profesor Molina. «Este incendio tiene como característica un comportamiento extremo día y noche»En este punto, las previsiones se tienen que ir variando, los analistas no paran de hacer cálculos y enviarlos a los dispositivos de los técnicos y al puesto de mando. Las estrategias, ya que el fuego no da ventanas de oportunidad, van variando esperando momentos en los que abordarlo. «En los fuegos sabes que la noche baja las temperaturas y que puedes atacar. Aquí no. La temperatura es extrema. No baja tampoco por la noche. No se puede atacar el fuego de día, pero tampoco de noche. En este tipo de incendios se esperan cambios de temperatura para tener oportunidades. Y hasta que no llegue no se podrá combatir para acabarlo», asevera el experto de la Universidad de Córdoba. Los expertos señalan esa violencia constante sin oportunidad como el principal problema. «Este incendio de Niebla tiene como característica el comportamiento extremo día y noche. No da tregua », aseveró Marc Castellnou, jefe de los GRAF de Bomberos de Cataluña y uno de los expertos nacional en gestión de incendios forestales en la zona, quien dijo que el fuego avanzaba de «forma serpenteante» por zonas con mucha cantidad de vegetación, que hacía que fuera muy complicado trabajar. La extinción del fuego es complicada con estas características. «Hay puntos donde no puedes trabajar, pero hay otros que sí. En esos hay que centrar los esfuerzos. Los equipos de extinción tienen que ir por delante del fuego, pensar en cuál va a ser su comportamiento y anticiparse. No se puede trabajar en la cabeza, pero con más de 200 kilómetros de perímetro hay otras zonas en las que sí se puede», afirma Juan Ramón Molina, quien dice que se concentraban los medios en los puntos donde sí se puede trabajar tratando de asfixiar al incendio poco a poco por los flancos más débiles. En Niebla (Huelva) el infierno tiene un perímetro de 210 kilómetros cuadrados. Dentro de ese espacio todo era devorado por las llamas, en uno de esos ‘nuevos’ incendios forestales que asolan España cada verano y que han desatado un apocalipsis de fuego entre los eucaliptos de este municipio. Ahí atacar el fuego tiene riesgos para la vida de quienes combaten las llamas. «No se puede entrar por el aire y tampoco por tierra», narraba en un vídeo Alejandro Molina, uno de los directores de extinción. «Es un incendio extremo» , apunta Juan Ramón Molina, director del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Córdoba, que sostiene que hay un triple factor que esta haciendo que apagar este fuego se haya convertido en una tarea de titanes. Una tormenta perfecta. Por un lado, la convectividad del incendio, que es la forma en la que el aire tiende a moverse condicionado por su peso. La provoca la diferencia de peso entre las masas de aire caliente y frío. Esto crea una atmósfera propia. Una burbuja de humo y fuego en cuyo interior las condiciones de viento o temperatura son diferentes al exterior. «En Niebla esta convectividad es muy grande y eso crea inestabilidad al generar vientos en la propia columna, que se llaman pirocúmulos o setas», añade el profesor. Ese es uno de los factores que hace que el fuego campe a sus anchas, pero también la vegetación, que es seca, muy abundante y altamente inflamable. En el caso de Niebla estaba lleno de eucaliptos. «En Australia le dicen el árbol de gasolina» , añadía Alejandro García, director de Grande Incendios Forestales de Andalucía de la Agencia de Emergencias (EMA) en otra explicación. «El eucalipto tiene unas singularidades muy importantes. Tiene una madera muy inflamable y bastante calórica, pero además tiene cortezas muy finas y hojas también finas llenas de aceites esenciales. Ese olorcito agradable que da este árbol es por los aceites esenciales, que lo hacen más inflamable todavía», relata García. Este árbol genera un riesgo. Según García, cuando arden los troncos emiten pavesas que se desplazan por la columna de humo y, cuando salen de ella y llegan al suelo tienen una combustión mayor por su contacto con el oxígeno. «Por eso todos los focos secundarios que emite la corteza agarran», añade Alejandro García, que explica que la copa de los árboles también arde de forma especial por las hojas llenas de aceites esenciales que se inflaman. Las pavesas son un problema serio de seguridad para los efectivos que combaten el fuego. «En Niebla ha habido focos que han saltado por pavesas a más de dos kilómetros de distancia. Eso no se puede parar. No hay un cortafuegos, una carretera o un pantano que tenga dos kilómetros de ancho para parar eso. Lo salta todo», señala Juan Ramón Molina, quien explica que estos focos pueden cercar a la brigadas y los efectivos que están por tierra, acorralándolos y generando situaciones complicadas. De la biomasa a las ascuas del infierno Los eucaliptos de la zona del incendio de Niebla tenían como motivo principal la producción de biomasa agrícola y forestal. De este modo, comarcas como Andévalo, la Cuenca Minera o la Sierra de Aracena de Huelva se llenaron de eucaliptos, que ahora arden sin remedio, convirtiendo el campo en una trampa mortal. El Plan Forestal Andaluz al Horizonte 2030 ha reducido esta masa forestal en 63.700 hectáreas. Las estimaciones más actuales de la Junta de Andalucía y la Red de Información Ambiental recogen una cifra que varía entre las 80.000 y 90.000 hectáreas. Incendios como el de Niebla siguen haciendo desaparecer estas reservas, que estaban encaminadas a generar energías limpias, pero con una chispa desatan el infierno. El presidente andaluz, Juanma Moreno, ya ha anunciado un plan para sustituir los eucaliptos por arboledas autóctonas. «Son un riesgo para sus vidas», explica este experto de la Universidad de Córdoba, que señala que ha visto vídeos en los que los efectivos están refugiados en zona quemada, que es terreno seguro porque no puede volver a arde. «Esto es porque el fuego supone un riesgo y puede cercarlos», señala el profesor, quien explica que las pavesas de los árboles saltan en todas direcciones. Los equipos de extinción se pueden quedar atrapados y eso es un riesgo serio para sus vidas. El alto combustible de vegetación seca en este tipo de incendios, ya sea eucaliptos o otro tipo de árboles, genera temperatura muy altas en los focos principales del fuego. « Se llega a hacer imposible el combate del fuego . Las descargas de agua, por ejemplo, no llegan al suelo. Éstas se evaporan por la temperatura antes de caer en la llama», añade Juan Ramón Molina, que señala a los vientos inestables como otro factor determinante. En el caso de Niebla, por ejemplo, los vientos cambiaban cada dos o tres horas con velocidades que llegaron a los 40 kilómetros por hora. Eso sin contar los que generaba el propio incendio en su columna. «Normalmente en un fuego, sabes que por la mañana hay un viento, que al mediodía cambia y por la tarde otra vez, pero aquí no. En este incendio el viento cambia pronto, cambia de dirección continuamente», apunta Juan Ramón Molina. Esto generó en los últimos días que el fuego fuese cambiando de dirección. Normalmente, los flancos de los fuegos se miden con cabeza, cola y flanco derecho o izquierdo. Esto se sitúa en el mapa nombrándolos por los cuatro puntos cardinales. En Niebla la cabeza no seguía un mismo horizonte, los mismo iba a Oeste, que se giraba a Noroeste, que volvía virar en otro sentido. Esto hace que sea peligroso combatirlo, porque se pasa de una zona segura de trabajo a estar delante de una pared de llamas que lo arrasa todo. «La cabeza va cambiando. No tiene un punto fijo. El viento cambia cada dos o tres horas y eso hace que el fuego cambie de dinámica. Es inabarcable», sentencia el profesor Molina. «Este incendio tiene como característica un comportamiento extremo día y noche»En este punto, las previsiones se tienen que ir variando, los analistas no paran de hacer cálculos y enviarlos a los dispositivos de los técnicos y al puesto de mando. Las estrategias, ya que el fuego no da ventanas de oportunidad, van variando esperando momentos en los que abordarlo. «En los fuegos sabes que la noche baja las temperaturas y que puedes atacar. Aquí no. La temperatura es extrema. No baja tampoco por la noche. No se puede atacar el fuego de día, pero tampoco de noche. En este tipo de incendios se esperan cambios de temperatura para tener oportunidades. Y hasta que no llegue no se podrá combatir para acabarlo», asevera el experto de la Universidad de Córdoba. Los expertos señalan esa violencia constante sin oportunidad como el principal problema. «Este incendio de Niebla tiene como característica el comportamiento extremo día y noche. No da tregua », aseveró Marc Castellnou, jefe de los GRAF de Bomberos de Cataluña y uno de los expertos nacional en gestión de incendios forestales en la zona, quien dijo que el fuego avanzaba de «forma serpenteante» por zonas con mucha cantidad de vegetación, que hacía que fuera muy complicado trabajar. La extinción del fuego es complicada con estas características. «Hay puntos donde no puedes trabajar, pero hay otros que sí. En esos hay que centrar los esfuerzos. Los equipos de extinción tienen que ir por delante del fuego, pensar en cuál va a ser su comportamiento y anticiparse. No se puede trabajar en la cabeza, pero con más de 200 kilómetros de perímetro hay otras zonas en las que sí se puede», afirma Juan Ramón Molina, quien dice que se concentraban los medios en los puntos donde sí se puede trabajar tratando de asfixiar al incendio poco a poco por los flancos más débiles. RSS de noticias de espana/andalucia
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