Los Juegos se remontan a la Antigua Grecia , pero quizá llegue el día en que una variante alternativa, sin humanos, se atribuya a la China contemporánea. Este escenario futurista es ya una realidad en Pekín, que estos días acoge la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, celebrada, para afilar el simbolismo, en el antiguo recinto olímpico. Aquí, androides participan en todo tipo de competiciones en una exhibición del poderío tecnológico de la potencia emergente. Miedo. En uno de los pasillos interiores del estadio aparece un robot ataviado con casco y guantes, protecciones que no necesita, dispuesto a repartir mamporros en una pelea de kick-boxing. Cada vez que alguien le corta el paso se detiene, solo porque está programado para ello. ¿Llegará el día en que seamos nosotros –pocas veces hubo un nosotros tan amplio– los que nos detengamos ante ellos? El sonido de sus articulaciones metálicas, sus pasos decididos –esto es, carentes de decisión– producen, sí, miedo. El robot se aleja, y me asalta la punzante intuición de haberme cruzado con un enemigo. Serán los nervios de este ser sensible, pero hay una ironía que no alcanzo a precisar –y por la que me resisto a preguntar a la inteligencia artificial– en que el grifo automático del baño haya dejado de funcionar. De repente recela uno de todo, desde el carrito que conduce la limpiadora hasta los botones del ascensor que no se encienden a la primera. No sé si estamos preparados para repensar todo lo que habrá que repensar el día que nuestra relación con las máquinas cambie. Arriba, un humanoide jugando un partido de ping-pong; en el centro, una mujer montando un robot en el exterior del estadio y, abajo, la carrera de obstáculos en la pista de atletismo. Jaime Santirso Ahora bien, la inquietud se convierte en diversión y hasta ternura al presenciar un partido de fútbol. En la pista central, el equipo japonés RFC Tsudanuma disputa contra el chino 55W los dieciseisavos de final del cinco contra cinco. Los androides trotan como niños torpes, se empujan unos a otros, se acercan dubitativos al balón y cuando no lo encuentran sacuden la cabeza, decepcionados. Lo único en absoluto infantil es la potencia con la que chutan, las veces que lo logran. La crónica del día recoge, incluso, algún gol. «La maquinaria la produce la empresa china Booster Robotics, nosotros creamos el software», explica Sebastian, miembro de un equipo australiano formado por estudiantes de varias universidades del país. «Las unidades se comunican entre sí y actúan de manera autónoma pero conjunta a través de variables como la distancia a la portería. Es muy complicado porque en la competición no está permitido emplear sistemas más avanzados, como los de los coches autónomos, que facilitarían la tarea». Curiosamente, como si la innovación viniese a dar la razón a Gary Lineker, el fútbol-robot es un juego en el que, de momento, casi siempre ganan los alemanes. El récord humano, superado Claro que entre las múltiples disciplinas también hay desempeños más convincentes. Este fin de semana, un robot corrió los 100 metros lisos en 9,39 segundos, superando el récord humano, fijado en 9,58 segundos por el célebre velocista jamaicano Usain Bolt . El robot en cuestión, desarrollado por la empresa Beijing Innovation Center of Humanoid Robotics, ya había sido el más rápido en la edición de 2025, cuando paró el cronómetro en 21,50 segundos. La diferencia entre ambas marcas evidencia el vertiginoso desarrollo experimentado en el plazo de apenas un año. El número de androides participantes también se ha multiplicado: de unos 500 a 2.056. En estos peculiares juegos, la victoria es comparativa. Y, por encima de todo, china. 96% de los equipos inscritos proceden de China El 96% de los equipos inscritos, o 641 de 666, proceden del gigante asiático, evidencia del liderazgo que ostenta en esta industria estratégica. China comercializó más de 40.000 humanoides en la primera mitad del año en curso, cantidad equivalente al 97% del mercado mundial, según un informe sectorial presentado esta misma semana. El número de empresas chinas involucradas en robótica se triplicó entre 2020 y 2024. Entre ellas destaca Unitree Robotics, una de las pocas que ha logrado obtener beneficios netos: 278 millones de yuanes (35 millones de euros) en el ejercicio de 2025, tras haber vendido más de 5.500 unidades de robots humanoides.Unitree completó el pasado miércoles su esperada salida a Bolsa en Shanghái, donde registró una subida del 460%. Esta emitió un total de 40,45 millones de títulos, equivalentes a alrededor del 10% de su capital. Tras captar unos 6.099 millones de yuanes (780 millones de euros) en la oferta pública inicial, la empresa alcanzó en esa jornada inaugural récord una capitalización bursátil de 341.800 millones de yuanes (43.716 millones de euros).Uno de los grandes vencedores a título individual fue su fundador, Wang Xingxing. Este joven de 36 años mantiene 121 millones de acciones, lo que coloca el valor de su participación por encima de los 102.000 millones de yuanes (13.000 millones de euros).«Un robot podrá entrar en un hogar y completar con éxito el 80% de las tareas mediante órdenes de voz o texto» Wang Xingxing fundador de Unitree«Nos encaminamos hacia un ‘momento ChatGPT’ de la inteligencia corpórea», afirmó Wang un día después, durante su participación en la World Robot Conference 2026, en referencia a su adopción masiva. «Esperamos que, en el futuro, un robot pueda entrar en un hogar que no conoce y completar con éxito alrededor del 80% de las tareas mediante órdenes de voz o texto», detalló. «Ese será un punto de inflexión decisivo para que la industria robótica entre en una fase de crecimiento explosiva», el cual en un escenario optimista «podría llegar en dos o tres años».EE.UU. prohibió la importación de robots humanoides Semejante dominio de una tecnología crítica, en particular por su futura confluencia con la IA, resulta particularmente relevante en el contexto de la creciente hostilidad geopolítica entre China y Estados Unidos, que ha convertido la innovación en un campo de batalla. No es casualidad, por tanto, que EE.UU. prohibiera el mes pasado la importación de robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero, alegando razones de seguridad nacional.Al fin y al cabo, estos Juegos Mundiales de Robots Humanoides forman parte de otra competición, por la posteridad, que China espera ganar. Los Juegos se remontan a la Antigua Grecia , pero quizá llegue el día en que una variante alternativa, sin humanos, se atribuya a la China contemporánea. Este escenario futurista es ya una realidad en Pekín, que estos días acoge la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, celebrada, para afilar el simbolismo, en el antiguo recinto olímpico. Aquí, androides participan en todo tipo de competiciones en una exhibición del poderío tecnológico de la potencia emergente. Miedo. En uno de los pasillos interiores del estadio aparece un robot ataviado con casco y guantes, protecciones que no necesita, dispuesto a repartir mamporros en una pelea de kick-boxing. Cada vez que alguien le corta el paso se detiene, solo porque está programado para ello. ¿Llegará el día en que seamos nosotros –pocas veces hubo un nosotros tan amplio– los que nos detengamos ante ellos? El sonido de sus articulaciones metálicas, sus pasos decididos –esto es, carentes de decisión– producen, sí, miedo. El robot se aleja, y me asalta la punzante intuición de haberme cruzado con un enemigo. Serán los nervios de este ser sensible, pero hay una ironía que no alcanzo a precisar –y por la que me resisto a preguntar a la inteligencia artificial– en que el grifo automático del baño haya dejado de funcionar. De repente recela uno de todo, desde el carrito que conduce la limpiadora hasta los botones del ascensor que no se encienden a la primera. No sé si estamos preparados para repensar todo lo que habrá que repensar el día que nuestra relación con las máquinas cambie. Arriba, un humanoide jugando un partido de ping-pong; en el centro, una mujer montando un robot en el exterior del estadio y, abajo, la carrera de obstáculos en la pista de atletismo. Jaime Santirso Ahora bien, la inquietud se convierte en diversión y hasta ternura al presenciar un partido de fútbol. En la pista central, el equipo japonés RFC Tsudanuma disputa contra el chino 55W los dieciseisavos de final del cinco contra cinco. Los androides trotan como niños torpes, se empujan unos a otros, se acercan dubitativos al balón y cuando no lo encuentran sacuden la cabeza, decepcionados. Lo único en absoluto infantil es la potencia con la que chutan, las veces que lo logran. La crónica del día recoge, incluso, algún gol. «La maquinaria la produce la empresa china Booster Robotics, nosotros creamos el software», explica Sebastian, miembro de un equipo australiano formado por estudiantes de varias universidades del país. «Las unidades se comunican entre sí y actúan de manera autónoma pero conjunta a través de variables como la distancia a la portería. Es muy complicado porque en la competición no está permitido emplear sistemas más avanzados, como los de los coches autónomos, que facilitarían la tarea». Curiosamente, como si la innovación viniese a dar la razón a Gary Lineker, el fútbol-robot es un juego en el que, de momento, casi siempre ganan los alemanes. El récord humano, superado Claro que entre las múltiples disciplinas también hay desempeños más convincentes. Este fin de semana, un robot corrió los 100 metros lisos en 9,39 segundos, superando el récord humano, fijado en 9,58 segundos por el célebre velocista jamaicano Usain Bolt . El robot en cuestión, desarrollado por la empresa Beijing Innovation Center of Humanoid Robotics, ya había sido el más rápido en la edición de 2025, cuando paró el cronómetro en 21,50 segundos. La diferencia entre ambas marcas evidencia el vertiginoso desarrollo experimentado en el plazo de apenas un año. El número de androides participantes también se ha multiplicado: de unos 500 a 2.056. En estos peculiares juegos, la victoria es comparativa. Y, por encima de todo, china. 96% de los equipos inscritos proceden de China El 96% de los equipos inscritos, o 641 de 666, proceden del gigante asiático, evidencia del liderazgo que ostenta en esta industria estratégica. China comercializó más de 40.000 humanoides en la primera mitad del año en curso, cantidad equivalente al 97% del mercado mundial, según un informe sectorial presentado esta misma semana. El número de empresas chinas involucradas en robótica se triplicó entre 2020 y 2024. Entre ellas destaca Unitree Robotics, una de las pocas que ha logrado obtener beneficios netos: 278 millones de yuanes (35 millones de euros) en el ejercicio de 2025, tras haber vendido más de 5.500 unidades de robots humanoides.Unitree completó el pasado miércoles su esperada salida a Bolsa en Shanghái, donde registró una subida del 460%. Esta emitió un total de 40,45 millones de títulos, equivalentes a alrededor del 10% de su capital. Tras captar unos 6.099 millones de yuanes (780 millones de euros) en la oferta pública inicial, la empresa alcanzó en esa jornada inaugural récord una capitalización bursátil de 341.800 millones de yuanes (43.716 millones de euros).Uno de los grandes vencedores a título individual fue su fundador, Wang Xingxing. Este joven de 36 años mantiene 121 millones de acciones, lo que coloca el valor de su participación por encima de los 102.000 millones de yuanes (13.000 millones de euros).«Un robot podrá entrar en un hogar y completar con éxito el 80% de las tareas mediante órdenes de voz o texto» Wang Xingxing fundador de Unitree«Nos encaminamos hacia un ‘momento ChatGPT’ de la inteligencia corpórea», afirmó Wang un día después, durante su participación en la World Robot Conference 2026, en referencia a su adopción masiva. «Esperamos que, en el futuro, un robot pueda entrar en un hogar que no conoce y completar con éxito alrededor del 80% de las tareas mediante órdenes de voz o texto», detalló. «Ese será un punto de inflexión decisivo para que la industria robótica entre en una fase de crecimiento explosiva», el cual en un escenario optimista «podría llegar en dos o tres años».EE.UU. prohibió la importación de robots humanoides Semejante dominio de una tecnología crítica, en particular por su futura confluencia con la IA, resulta particularmente relevante en el contexto de la creciente hostilidad geopolítica entre China y Estados Unidos, que ha convertido la innovación en un campo de batalla. No es casualidad, por tanto, que EE.UU. prohibiera el mes pasado la importación de robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero, alegando razones de seguridad nacional.Al fin y al cabo, estos Juegos Mundiales de Robots Humanoides forman parte de otra competición, por la posteridad, que China espera ganar. Los Juegos se remontan a la Antigua Grecia , pero quizá llegue el día en que una variante alternativa, sin humanos, se atribuya a la China contemporánea. Este escenario futurista es ya una realidad en Pekín, que estos días acoge la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, celebrada, para afilar el simbolismo, en el antiguo recinto olímpico. Aquí, androides participan en todo tipo de competiciones en una exhibición del poderío tecnológico de la potencia emergente. Miedo. En uno de los pasillos interiores del estadio aparece un robot ataviado con casco y guantes, protecciones que no necesita, dispuesto a repartir mamporros en una pelea de kick-boxing. Cada vez que alguien le corta el paso se detiene, solo porque está programado para ello. ¿Llegará el día en que seamos nosotros –pocas veces hubo un nosotros tan amplio– los que nos detengamos ante ellos? El sonido de sus articulaciones metálicas, sus pasos decididos –esto es, carentes de decisión– producen, sí, miedo. El robot se aleja, y me asalta la punzante intuición de haberme cruzado con un enemigo. Serán los nervios de este ser sensible, pero hay una ironía que no alcanzo a precisar –y por la que me resisto a preguntar a la inteligencia artificial– en que el grifo automático del baño haya dejado de funcionar. De repente recela uno de todo, desde el carrito que conduce la limpiadora hasta los botones del ascensor que no se encienden a la primera. No sé si estamos preparados para repensar todo lo que habrá que repensar el día que nuestra relación con las máquinas cambie. Arriba, un humanoide jugando un partido de ping-pong; en el centro, una mujer montando un robot en el exterior del estadio y, abajo, la carrera de obstáculos en la pista de atletismo. Jaime Santirso Ahora bien, la inquietud se convierte en diversión y hasta ternura al presenciar un partido de fútbol. En la pista central, el equipo japonés RFC Tsudanuma disputa contra el chino 55W los dieciseisavos de final del cinco contra cinco. Los androides trotan como niños torpes, se empujan unos a otros, se acercan dubitativos al balón y cuando no lo encuentran sacuden la cabeza, decepcionados. Lo único en absoluto infantil es la potencia con la que chutan, las veces que lo logran. La crónica del día recoge, incluso, algún gol. «La maquinaria la produce la empresa china Booster Robotics, nosotros creamos el software», explica Sebastian, miembro de un equipo australiano formado por estudiantes de varias universidades del país. «Las unidades se comunican entre sí y actúan de manera autónoma pero conjunta a través de variables como la distancia a la portería. Es muy complicado porque en la competición no está permitido emplear sistemas más avanzados, como los de los coches autónomos, que facilitarían la tarea». Curiosamente, como si la innovación viniese a dar la razón a Gary Lineker, el fútbol-robot es un juego en el que, de momento, casi siempre ganan los alemanes. El récord humano, superado Claro que entre las múltiples disciplinas también hay desempeños más convincentes. Este fin de semana, un robot corrió los 100 metros lisos en 9,39 segundos, superando el récord humano, fijado en 9,58 segundos por el célebre velocista jamaicano Usain Bolt . El robot en cuestión, desarrollado por la empresa Beijing Innovation Center of Humanoid Robotics, ya había sido el más rápido en la edición de 2025, cuando paró el cronómetro en 21,50 segundos. La diferencia entre ambas marcas evidencia el vertiginoso desarrollo experimentado en el plazo de apenas un año. El número de androides participantes también se ha multiplicado: de unos 500 a 2.056. En estos peculiares juegos, la victoria es comparativa. Y, por encima de todo, china. 96% de los equipos inscritos proceden de China El 96% de los equipos inscritos, o 641 de 666, proceden del gigante asiático, evidencia del liderazgo que ostenta en esta industria estratégica. China comercializó más de 40.000 humanoides en la primera mitad del año en curso, cantidad equivalente al 97% del mercado mundial, según un informe sectorial presentado esta misma semana. El número de empresas chinas involucradas en robótica se triplicó entre 2020 y 2024. Entre ellas destaca Unitree Robotics, una de las pocas que ha logrado obtener beneficios netos: 278 millones de yuanes (35 millones de euros) en el ejercicio de 2025, tras haber vendido más de 5.500 unidades de robots humanoides.Unitree completó el pasado miércoles su esperada salida a Bolsa en Shanghái, donde registró una subida del 460%. Esta emitió un total de 40,45 millones de títulos, equivalentes a alrededor del 10% de su capital. Tras captar unos 6.099 millones de yuanes (780 millones de euros) en la oferta pública inicial, la empresa alcanzó en esa jornada inaugural récord una capitalización bursátil de 341.800 millones de yuanes (43.716 millones de euros).Uno de los grandes vencedores a título individual fue su fundador, Wang Xingxing. Este joven de 36 años mantiene 121 millones de acciones, lo que coloca el valor de su participación por encima de los 102.000 millones de yuanes (13.000 millones de euros).«Un robot podrá entrar en un hogar y completar con éxito el 80% de las tareas mediante órdenes de voz o texto» Wang Xingxing fundador de Unitree«Nos encaminamos hacia un ‘momento ChatGPT’ de la inteligencia corpórea», afirmó Wang un día después, durante su participación en la World Robot Conference 2026, en referencia a su adopción masiva. «Esperamos que, en el futuro, un robot pueda entrar en un hogar que no conoce y completar con éxito alrededor del 80% de las tareas mediante órdenes de voz o texto», detalló. «Ese será un punto de inflexión decisivo para que la industria robótica entre en una fase de crecimiento explosiva», el cual en un escenario optimista «podría llegar en dos o tres años».EE.UU. prohibió la importación de robots humanoides Semejante dominio de una tecnología crítica, en particular por su futura confluencia con la IA, resulta particularmente relevante en el contexto de la creciente hostilidad geopolítica entre China y Estados Unidos, que ha convertido la innovación en un campo de batalla. No es casualidad, por tanto, que EE.UU. prohibiera el mes pasado la importación de robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero, alegando razones de seguridad nacional.Al fin y al cabo, estos Juegos Mundiales de Robots Humanoides forman parte de otra competición, por la posteridad, que China espera ganar. RSS de noticias de sociedad
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