Paul McCreesh, principal director invitado de la Orquesta de Valencia, está dedicando su colaboración con el Palau de la Música a programar -de forma indisimulada- repertorio inglés con dispares resultados. O, en este caso, una obra que fue compuesta, al menos en parte, en Londres, y allí estrenada.El director británico tiene importantes grabaciones de los dos oratorios de Haydn para Archiv. Se siente cómodo con la música y el periodo -el clasicismo- del compositor austriaco. Por ello la buena versión estuvo dentro de lo previsible. Una lectura seria, pero no pesada, de la Orquesta de Valencia.Comenzó McCreesh con la debida gravedad. Las partes más efervescentes lo fueron sin desmelenamientos, luciendo cierto perfil bajo toda la interpretación y cierta flema inglesa. Todos los solistas, especialmente las maderas, estuvieron magníficos y la orquesta lució empaste y flexibilidad. La singular percusión turca del magistral segundo movimiento fue enunciada en las repetidas intervenciones sin grandes aspavientos o efectistas grandilocuencias. En definitiva, una sinfonía haydiniana, no irresistible, pero sí disfrutable.La Segunda sinfonía de Elgar no es una obra revolucionaria pero tampoco se presenta de forma evidente y fácil. Es una obra compleja y de continuas metamorfosis. De formas sinuosas, plagada de conflictos y mensajes privados a través de una profusión de temas, por momentos irregular, por otros muy inspirada, de ambiciones (no pocas) no siempre alcanzadas, y de algunos callejones sin salida resueltos con gran oficio. De cambios de humor típicamente mahlerianos, sin bien lejos de la genial escritura de este.Es de esas obras que acusan una aproximación fallida, aunque, como es el caso, los profesores de la Orquesta de Valencia respondieran con profesionalidad, calidad y recursos. Una obra extensa y exigente que se interpreta muy poco, lo que constituye un reto musical para formación y director. A la aproximación de McCreesh quizás le sobró intensa monotonía y adoleció de falta de refinamiento y poca imaginación en las dinámicas y fraseos.Procuró, eso sí, y logró, que todo estuviera en orden, aunque una lectura poco enfática y detallada de esta obra le sienta como un tiro, sobre todo a quien la escucha por primera vez. La orquestación de Elgar no sale a relucir de forma natural, bien al contrario, ha de extraerse con una dirección y preparación previa de primer nivel que conozca esta partitura desde las entrañas y sepa traducir sus múltiples vericuetos. Todo ello juega en detrimento de la música de Elgar, que parece percibirse como una amalgama de temas sin desarrollo y sin un rumbo claro.Nada más lejos de la realidad. En YouTube tienen dos versiones magníficas en los Proms londinenses, totalmente opuestas, pero ambas válidas. Daniel Harding con la Sinfónica de Londres refinada y, especialmente, Vasily Petrenko con la Filarmónica de Liverpool, más profunda e intensa. En nuestro caso, la lectura de McCreesh pareció contar con la aprobación de un público que le brindó un caluroso aplauso.Viernes, 8 mayo de 2026Obras de Joseph Haydn y Edward ElgarOrquesta de ValenciaPaul McCreesh, director musical Paul McCreesh, principal director invitado de la Orquesta de Valencia, está dedicando su colaboración con el Palau de la Música a programar -de forma indisimulada- repertorio inglés con dispares resultados. O, en este caso, una obra que fue compuesta, al menos en parte, en Londres, y allí estrenada.El director británico tiene importantes grabaciones de los dos oratorios de Haydn para Archiv. Se siente cómodo con la música y el periodo -el clasicismo- del compositor austriaco. Por ello la buena versión estuvo dentro de lo previsible. Una lectura seria, pero no pesada, de la Orquesta de Valencia.Comenzó McCreesh con la debida gravedad. Las partes más efervescentes lo fueron sin desmelenamientos, luciendo cierto perfil bajo toda la interpretación y cierta flema inglesa. Todos los solistas, especialmente las maderas, estuvieron magníficos y la orquesta lució empaste y flexibilidad. La singular percusión turca del magistral segundo movimiento fue enunciada en las repetidas intervenciones sin grandes aspavientos o efectistas grandilocuencias. En definitiva, una sinfonía haydiniana, no irresistible, pero sí disfrutable.La Segunda sinfonía de Elgar no es una obra revolucionaria pero tampoco se presenta de forma evidente y fácil. Es una obra compleja y de continuas metamorfosis. De formas sinuosas, plagada de conflictos y mensajes privados a través de una profusión de temas, por momentos irregular, por otros muy inspirada, de ambiciones (no pocas) no siempre alcanzadas, y de algunos callejones sin salida resueltos con gran oficio. De cambios de humor típicamente mahlerianos, sin bien lejos de la genial escritura de este.Es de esas obras que acusan una aproximación fallida, aunque, como es el caso, los profesores de la Orquesta de Valencia respondieran con profesionalidad, calidad y recursos. Una obra extensa y exigente que se interpreta muy poco, lo que constituye un reto musical para formación y director. A la aproximación de McCreesh quizás le sobró intensa monotonía y adoleció de falta de refinamiento y poca imaginación en las dinámicas y fraseos.Procuró, eso sí, y logró, que todo estuviera en orden, aunque una lectura poco enfática y detallada de esta obra le sienta como un tiro, sobre todo a quien la escucha por primera vez. La orquestación de Elgar no sale a relucir de forma natural, bien al contrario, ha de extraerse con una dirección y preparación previa de primer nivel que conozca esta partitura desde las entrañas y sepa traducir sus múltiples vericuetos. Todo ello juega en detrimento de la música de Elgar, que parece percibirse como una amalgama de temas sin desarrollo y sin un rumbo claro.Nada más lejos de la realidad. En YouTube tienen dos versiones magníficas en los Proms londinenses, totalmente opuestas, pero ambas válidas. Daniel Harding con la Sinfónica de Londres refinada y, especialmente, Vasily Petrenko con la Filarmónica de Liverpool, más profunda e intensa. En nuestro caso, la lectura de McCreesh pareció contar con la aprobación de un público que le brindó un caluroso aplauso.Viernes, 8 mayo de 2026Obras de Joseph Haydn y Edward ElgarOrquesta de ValenciaPaul McCreesh, director musical Paul McCreesh, principal director invitado de la Orquesta de Valencia, está dedicando su colaboración con el Palau de la Música a programar -de forma indisimulada- repertorio inglés con dispares resultados. O, en este caso, una obra que fue compuesta, al menos en parte, en Londres, y allí estrenada.El director británico tiene importantes grabaciones de los dos oratorios de Haydn para Archiv. Se siente cómodo con la música y el periodo -el clasicismo- del compositor austriaco. Por ello la buena versión estuvo dentro de lo previsible. Una lectura seria, pero no pesada, de la Orquesta de Valencia.Comenzó McCreesh con la debida gravedad. Las partes más efervescentes lo fueron sin desmelenamientos, luciendo cierto perfil bajo toda la interpretación y cierta flema inglesa. Todos los solistas, especialmente las maderas, estuvieron magníficos y la orquesta lució empaste y flexibilidad. La singular percusión turca del magistral segundo movimiento fue enunciada en las repetidas intervenciones sin grandes aspavientos o efectistas grandilocuencias. En definitiva, una sinfonía haydiniana, no irresistible, pero sí disfrutable.La Segunda sinfonía de Elgar no es una obra revolucionaria pero tampoco se presenta de forma evidente y fácil. Es una obra compleja y de continuas metamorfosis. De formas sinuosas, plagada de conflictos y mensajes privados a través de una profusión de temas, por momentos irregular, por otros muy inspirada, de ambiciones (no pocas) no siempre alcanzadas, y de algunos callejones sin salida resueltos con gran oficio. De cambios de humor típicamente mahlerianos, sin bien lejos de la genial escritura de este.Es de esas obras que acusan una aproximación fallida, aunque, como es el caso, los profesores de la Orquesta de Valencia respondieran con profesionalidad, calidad y recursos. Una obra extensa y exigente que se interpreta muy poco, lo que constituye un reto musical para formación y director. A la aproximación de McCreesh quizás le sobró intensa monotonía y adoleció de falta de refinamiento y poca imaginación en las dinámicas y fraseos.Procuró, eso sí, y logró, que todo estuviera en orden, aunque una lectura poco enfática y detallada de esta obra le sienta como un tiro, sobre todo a quien la escucha por primera vez. La orquestación de Elgar no sale a relucir de forma natural, bien al contrario, ha de extraerse con una dirección y preparación previa de primer nivel que conozca esta partitura desde las entrañas y sepa traducir sus múltiples vericuetos. Todo ello juega en detrimento de la música de Elgar, que parece percibirse como una amalgama de temas sin desarrollo y sin un rumbo claro.Nada más lejos de la realidad. En YouTube tienen dos versiones magníficas en los Proms londinenses, totalmente opuestas, pero ambas válidas. Daniel Harding con la Sinfónica de Londres refinada y, especialmente, Vasily Petrenko con la Filarmónica de Liverpool, más profunda e intensa. En nuestro caso, la lectura de McCreesh pareció contar con la aprobación de un público que le brindó un caluroso aplauso.Viernes, 8 mayo de 2026Obras de Joseph Haydn y Edward ElgarOrquesta de ValenciaPaul McCreesh, director musical RSS de noticias de espana
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