Israel terminó de contar los votos de las elecciones y el recuento final confirmó la victoria de Benjamín Netanyahu y la pérdida de control del parlamento por parte de su coalición. El bloque del primer ministro se queda en 53 escaños y el de Gadi Eisenkot , líder de Yashar, en 48, pero con la suma de los 19 escaños de los partidos árabes supera los 61 de la mayoría simple y dibuja una cámara anti Netanyahu. El Likud intensificó su campaña para deslegitimar los resultados, mantuvo la denuncia de «robo» que lanzó el miércoles y responsables del partido acusaron a Qatar y Turquía de «transferir fondos para animar a los ciudadanos árabes a acudir a las urnas». El presidente de la Comisión Electoral Central y vicepresidente del Supremo, Noam Sohlberg, solicitó al Shin Bet, el servicio de seguridad interior israelí, que investigue estas acusaciones de injerencia extranjera porque hasta sus manos llegaron «sospechas graves». La carta de Sohlberg a la inteligencia eclipsó al resto de temas de la jornada y alimentó la incertidumbre sobre los resultados. La oposición, que acelera los contactos para formar un gobierno de cambio, reaccionó de inmediato al movimiento de Netanyahu. Eisenkot señaló que «el Likud y Netanyahu han emprendido una campaña orquestada y organizada para crear una deslegitimación de los resultados de las elecciones; no permitiré ni un centímetro de desviación del juramento de la Knesset según lo planeado. Justo a mi lado, equipos de trabajo ya están operando para completar los preparativos de la presentación de la ley de reclutamiento y servicio para todos los ciudadanos de Israel». Esta ley de reclutamiento es una de las promesas de campaña del ex jefe del Ejército, que quiere acabar con el privilegio de los ultraortodoxos de no acudir a filas.Yair Lapid, ex primer ministro y aliado de Eisenkot, envió un mensaje de tranquilidad y aseguró que «he hablado con representantes del juez Sohlberg en la Comisión Electoral Central y me he reunido con el director del Shin Bet, David Zini. Por lo que conozco del material y con el acuerdo de las autoridades que se ocupan de este asunto, no existe ningún riesgo ni cuestionamiento de los resultados electorales, y tampoco hay ningún obstáculo para la constitución de la Knesset». Primer contacto con los árabesEl primer movimiento hacia los partidos árabes fue de Yair Golan, representante de Los Demócratas, que se reunió con el líder islamista Mansour Abbas para discutir «formas de formar un gobierno encabezado por Eisenkot». Abbas negó cualquier relación con la supuesta financiación extranjera y se ofreció colaborar con la investigación. «No pasará nada, porque no hay nada. A diferencia de ti, cuando nosotros decimos eso, es verdad. No es otra mentira», dijo el líder de Raam dirigiéndose a «Abu Yair» (el padre de Yair, forma de referirse a Netanyahu).Qatar negó también cualquier tipo de injerencia en el proceso electoral y los partidos árabes, en la línea de Eisenkot, denunciaron la campaña lanzada por el Likud. Sami Abou Shahadeh, una de las cabezas de la Lista Conjunta, declaró que «lo que comenzó con la descalificación ilegal de las listas árabes, continuó con la incitación contra los partidos y la población árabe (…) Ahora, la infamia pasa a la siguiente etapa con acusaciones peligrosas Netanyahu y sus socios son personas peligrosas que construyen el relato para no aceptar los resultados electorales más evidentes que hemos tenido aquí en las últimas décadas». La periodista israelí Ayala Panievsky, investigadora de la Universidad de Londres y especialista en populismo y medios de comunicación, recogió en su cuenta de X que «cuando los políticos populistas pierden las elecciones, alegan fraudes. Es el manual que Trump aplicó en EE.UU. y que Bolsonaro aplicó en Brasil: alegar que las elecciones fueron robadas para intimidar a los guardianes de las puertas y preparar el terreno para la violencia en las calles. ¿Las buenas noticias? En ambos casos, perdieron». Pérdida de la KnessetPerder el control del parlamento es un grave problema para Netanyahu, que continuará como primer ministro en funciones, pero estará en minoría. La oposición podría hacerse con la presidencia del parlamento e impulsar leyes que impidan ser primer ministro a una persona procesada penalmente, lo que afectaría directamente a Netanyahu, o poner en marcha una comisión estatal independiente para investigar el fracaso de seguridad del 7 de octubre, algo a lo que se opone el primer ministro. Avigdor Lieberman, ex ministro de Defensa y parte de la oposición, adelantó su intención de impulsar estas iniciativas. Israel terminó de contar los votos de las elecciones y el recuento final confirmó la victoria de Benjamín Netanyahu y la pérdida de control del parlamento por parte de su coalición. El bloque del primer ministro se queda en 53 escaños y el de Gadi Eisenkot , líder de Yashar, en 48, pero con la suma de los 19 escaños de los partidos árabes supera los 61 de la mayoría simple y dibuja una cámara anti Netanyahu. El Likud intensificó su campaña para deslegitimar los resultados, mantuvo la denuncia de «robo» que lanzó el miércoles y responsables del partido acusaron a Qatar y Turquía de «transferir fondos para animar a los ciudadanos árabes a acudir a las urnas». El presidente de la Comisión Electoral Central y vicepresidente del Supremo, Noam Sohlberg, solicitó al Shin Bet, el servicio de seguridad interior israelí, que investigue estas acusaciones de injerencia extranjera porque hasta sus manos llegaron «sospechas graves». La carta de Sohlberg a la inteligencia eclipsó al resto de temas de la jornada y alimentó la incertidumbre sobre los resultados. La oposición, que acelera los contactos para formar un gobierno de cambio, reaccionó de inmediato al movimiento de Netanyahu. Eisenkot señaló que «el Likud y Netanyahu han emprendido una campaña orquestada y organizada para crear una deslegitimación de los resultados de las elecciones; no permitiré ni un centímetro de desviación del juramento de la Knesset según lo planeado. Justo a mi lado, equipos de trabajo ya están operando para completar los preparativos de la presentación de la ley de reclutamiento y servicio para todos los ciudadanos de Israel». Esta ley de reclutamiento es una de las promesas de campaña del ex jefe del Ejército, que quiere acabar con el privilegio de los ultraortodoxos de no acudir a filas.Yair Lapid, ex primer ministro y aliado de Eisenkot, envió un mensaje de tranquilidad y aseguró que «he hablado con representantes del juez Sohlberg en la Comisión Electoral Central y me he reunido con el director del Shin Bet, David Zini. Por lo que conozco del material y con el acuerdo de las autoridades que se ocupan de este asunto, no existe ningún riesgo ni cuestionamiento de los resultados electorales, y tampoco hay ningún obstáculo para la constitución de la Knesset». Primer contacto con los árabesEl primer movimiento hacia los partidos árabes fue de Yair Golan, representante de Los Demócratas, que se reunió con el líder islamista Mansour Abbas para discutir «formas de formar un gobierno encabezado por Eisenkot». Abbas negó cualquier relación con la supuesta financiación extranjera y se ofreció colaborar con la investigación. «No pasará nada, porque no hay nada. A diferencia de ti, cuando nosotros decimos eso, es verdad. No es otra mentira», dijo el líder de Raam dirigiéndose a «Abu Yair» (el padre de Yair, forma de referirse a Netanyahu).Qatar negó también cualquier tipo de injerencia en el proceso electoral y los partidos árabes, en la línea de Eisenkot, denunciaron la campaña lanzada por el Likud. Sami Abou Shahadeh, una de las cabezas de la Lista Conjunta, declaró que «lo que comenzó con la descalificación ilegal de las listas árabes, continuó con la incitación contra los partidos y la población árabe (…) Ahora, la infamia pasa a la siguiente etapa con acusaciones peligrosas Netanyahu y sus socios son personas peligrosas que construyen el relato para no aceptar los resultados electorales más evidentes que hemos tenido aquí en las últimas décadas». La periodista israelí Ayala Panievsky, investigadora de la Universidad de Londres y especialista en populismo y medios de comunicación, recogió en su cuenta de X que «cuando los políticos populistas pierden las elecciones, alegan fraudes. Es el manual que Trump aplicó en EE.UU. y que Bolsonaro aplicó en Brasil: alegar que las elecciones fueron robadas para intimidar a los guardianes de las puertas y preparar el terreno para la violencia en las calles. ¿Las buenas noticias? En ambos casos, perdieron». Pérdida de la KnessetPerder el control del parlamento es un grave problema para Netanyahu, que continuará como primer ministro en funciones, pero estará en minoría. La oposición podría hacerse con la presidencia del parlamento e impulsar leyes que impidan ser primer ministro a una persona procesada penalmente, lo que afectaría directamente a Netanyahu, o poner en marcha una comisión estatal independiente para investigar el fracaso de seguridad del 7 de octubre, algo a lo que se opone el primer ministro. Avigdor Lieberman, ex ministro de Defensa y parte de la oposición, adelantó su intención de impulsar estas iniciativas. Israel terminó de contar los votos de las elecciones y el recuento final confirmó la victoria de Benjamín Netanyahu y la pérdida de control del parlamento por parte de su coalición. El bloque del primer ministro se queda en 53 escaños y el de Gadi Eisenkot , líder de Yashar, en 48, pero con la suma de los 19 escaños de los partidos árabes supera los 61 de la mayoría simple y dibuja una cámara anti Netanyahu. El Likud intensificó su campaña para deslegitimar los resultados, mantuvo la denuncia de «robo» que lanzó el miércoles y responsables del partido acusaron a Qatar y Turquía de «transferir fondos para animar a los ciudadanos árabes a acudir a las urnas». El presidente de la Comisión Electoral Central y vicepresidente del Supremo, Noam Sohlberg, solicitó al Shin Bet, el servicio de seguridad interior israelí, que investigue estas acusaciones de injerencia extranjera porque hasta sus manos llegaron «sospechas graves». La carta de Sohlberg a la inteligencia eclipsó al resto de temas de la jornada y alimentó la incertidumbre sobre los resultados. La oposición, que acelera los contactos para formar un gobierno de cambio, reaccionó de inmediato al movimiento de Netanyahu. Eisenkot señaló que «el Likud y Netanyahu han emprendido una campaña orquestada y organizada para crear una deslegitimación de los resultados de las elecciones; no permitiré ni un centímetro de desviación del juramento de la Knesset según lo planeado. Justo a mi lado, equipos de trabajo ya están operando para completar los preparativos de la presentación de la ley de reclutamiento y servicio para todos los ciudadanos de Israel». Esta ley de reclutamiento es una de las promesas de campaña del ex jefe del Ejército, que quiere acabar con el privilegio de los ultraortodoxos de no acudir a filas.Yair Lapid, ex primer ministro y aliado de Eisenkot, envió un mensaje de tranquilidad y aseguró que «he hablado con representantes del juez Sohlberg en la Comisión Electoral Central y me he reunido con el director del Shin Bet, David Zini. Por lo que conozco del material y con el acuerdo de las autoridades que se ocupan de este asunto, no existe ningún riesgo ni cuestionamiento de los resultados electorales, y tampoco hay ningún obstáculo para la constitución de la Knesset». Primer contacto con los árabesEl primer movimiento hacia los partidos árabes fue de Yair Golan, representante de Los Demócratas, que se reunió con el líder islamista Mansour Abbas para discutir «formas de formar un gobierno encabezado por Eisenkot». Abbas negó cualquier relación con la supuesta financiación extranjera y se ofreció colaborar con la investigación. «No pasará nada, porque no hay nada. A diferencia de ti, cuando nosotros decimos eso, es verdad. No es otra mentira», dijo el líder de Raam dirigiéndose a «Abu Yair» (el padre de Yair, forma de referirse a Netanyahu).Qatar negó también cualquier tipo de injerencia en el proceso electoral y los partidos árabes, en la línea de Eisenkot, denunciaron la campaña lanzada por el Likud. Sami Abou Shahadeh, una de las cabezas de la Lista Conjunta, declaró que «lo que comenzó con la descalificación ilegal de las listas árabes, continuó con la incitación contra los partidos y la población árabe (…) Ahora, la infamia pasa a la siguiente etapa con acusaciones peligrosas Netanyahu y sus socios son personas peligrosas que construyen el relato para no aceptar los resultados electorales más evidentes que hemos tenido aquí en las últimas décadas». La periodista israelí Ayala Panievsky, investigadora de la Universidad de Londres y especialista en populismo y medios de comunicación, recogió en su cuenta de X que «cuando los políticos populistas pierden las elecciones, alegan fraudes. Es el manual que Trump aplicó en EE.UU. y que Bolsonaro aplicó en Brasil: alegar que las elecciones fueron robadas para intimidar a los guardianes de las puertas y preparar el terreno para la violencia en las calles. ¿Las buenas noticias? En ambos casos, perdieron». Pérdida de la KnessetPerder el control del parlamento es un grave problema para Netanyahu, que continuará como primer ministro en funciones, pero estará en minoría. La oposición podría hacerse con la presidencia del parlamento e impulsar leyes que impidan ser primer ministro a una persona procesada penalmente, lo que afectaría directamente a Netanyahu, o poner en marcha una comisión estatal independiente para investigar el fracaso de seguridad del 7 de octubre, algo a lo que se opone el primer ministro. Avigdor Lieberman, ex ministro de Defensa y parte de la oposición, adelantó su intención de impulsar estas iniciativas. RSS de noticias de internacional
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