Paseando hoy por las calles residenciales de Harlem, entre las casas de ladrillo de Strivers’ Row y las avenidas que llevan los nombres de Malcolm X o Martin Luther King Jr., cuesta imaginar cómo debía de ser el barrio en 1968, cuando la lucha por los derechos civiles, la violencia racial, la droga y la delincuencia habían convertido buena parte de sus calles en un territorio muy distinto al de ahora. La ciudad ha cambiado, pero conserva las cicatrices. También los nombres, las esquinas, algunos edificios y esa mezcla de barrios que permite pasar en apenas unas manzanas de la opulencia de la Quinta Avenida a los lugares donde la ley y el delito llegaron a confundirse peligrosamente.
Paloma Sánchez-Garnica, ganadora del Premio Planeta 2024, publica Un hombre de honor, una historia de mafias, periodismo, poder y secretos familiares en Nueva York
Paseando hoy por las calles residenciales de Harlem, entre las casas de ladrillo de Strivers’ Row y las avenidas que llevan los nombres de Malcolm X o Martin Luther King Jr., cuesta imaginar cómo debía de ser el barrio en 1968, cuando la lucha por los derechos civiles, la violencia racial, la droga y la delincuencia habían convertido buena parte de sus calles en un territorio muy distinto al de ahora. La ciudad ha cambiado, pero conserva las cicatrices. También los nombres, las esquinas, algunos edificios y esa mezcla de barrios que permite pasar en apenas unas manzanas de la opulencia de la Quinta Avenida a los lugares donde la ley y el delito llegaron a confundirse peligrosamente.
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