En sus cinco años como responsable de una estación de servicio, Sara Barcala jamás imaginó que tendría que organizar un cumpleaños improvisado en plena jornada de trabajo. Mientras completaba su turno de tarde a principios de este verano, el minibús en el que viajaba un grupo de niños tuvo un pinchazo en una rueda. El vehículo se detuvo en la estación de la autopista A-381, cerca de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde trabaja Barcala. “Entró el chófer y nos contó que el niño estaba muy disgustado y llorando delante de sus amigos”, recuerda Sarita, como la llaman sus compañeros y algunos clientes de confianza. Y yo le respondí: “Tranquilo, que a ese niño le montamos un cumpleaños rápidamente”. Dicho y hecho: junto a sus compañeros, Barcala preparó 21 pizzas y llevó a los chavales a jugar al parque infantil de la estación de servicio. “Ese crío se va a acordar de Repsol sí o sí. Por eso siempre digo que aquí casi todo es posible”.
Durante décadas, la ‘gasolinera’ se percibió como una parada rápida, rutinaria e ineludible antes de continuar el viaje. Ahora es mucho más. La experiencia ha crecido para convertirse en un aliciente más de las vacaciones. Por eso se llama estación de servicio: porque los servicios que ofrece se han multiplicado. Casi todo se puede planificar o enderezar en una estación de Repsol
En sus cinco años como responsable de una estación de servicio, Sara Barcala jamás imaginó que tendría que organizar un cumpleaños improvisado en plena jornada de trabajo. Mientras completaba su turno de tarde a principios de este verano, el minibús en el que viajaba un grupo de niños tuvo un pinchazo en una rueda. El vehículo se detuvo en la estación de la autopista A-381, cerca de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde trabaja Barcala. “Entró el chófer y nos contó que el niño estaba muy disgustado y llorando delante de sus amigos”, recuerda Sarita, como la llaman sus compañeros y algunos clientes de confianza. Y yo le respondí: “Tranquilo, que a ese niño le montamos un cumpleaños rápidamente”. Dicho y hecho: junto a sus compañeros, Barcala preparó 21 pizzas y llevó a los chavales a jugar al parque infantil de la estación de servicio. “Ese crío se va a acordar de Repsol sí o sí. Por eso siempre digo que aquí casi todo es posible”.
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