En los años de la llamada Transición —en líneas generales desde la muerte de Franco, noviembre de 1975, hasta la llegada al poder del PSOE, octubre de 1982—, los socialistas dirigidos entonces por Felipe González y Alfonso Guerra , lograron que en la opinión pública andaluza el entonces PSA —más tarde Partido Andalucista— quedara satanizado, con toda clase de mentiras. Lo acusaban de traicionar los intereses de Andalucía. En gran medida, ello derivaba del acuerdo alcanzado por el grupo parlamentario andalucista, salido de las elecciones de 1979, con la Unión de Centro Democrático, para que Adolfo Suárez pudiera ser investido como presidente, al ser el partido más votado y no haber alcanzado la mayoría suficiente para conseguirlo. Con el apoyo de los andalucistas a Suárez se consiguió que se celebrara un referéndum con el objetivo de que Andalucía alcanzase la autonomía en pie de igualdad con las que en la Constitución eran consideradas nacionalidades, caso de los catalanes y vascos. Ciertamente, fue un referéndum leonino que, contra todo pronóstico, sería el desencadenante de que la singularidad que se había otorgado a Cataluña y el País Vasco quedara en agua de borrajas. Al final, en frase de Clavero Arévalo, hubo café para todos y se articuló el conocido como Estado de las Autonomías. El PSOE de aquellos años y siguientes, los de la década de los noventa del pasado siglo y primeros años del actual, hablaba de su lucha porque no hubiera una asimetría política, pese a que había acordado con la UCD diferencias entre unas comunidades y otras en la Constitución donde se recogía la vía del artículo 151 para la autonomía de Cataluña y del País Vasco y la del artículo 143 para los demás. Es la asimetría que ahora impulsa el sanchismo y que, sin fisuras, apoya el PSOE de Montero . Sánchez está dispuesto a imponer una financiación singular para Cataluña que es rechazada por las demás comunidades autónomas, incluidas Asturias y Castilla La Mancha gobernadas por socialistas. Esa financiación las discrimina en beneficio de Cataluña . Es hora de recordar que lo que, mintiendo, satanizaba el PSOE hace cuatro décadas, lo practica ahora impulsando una traición a Andalucía. En los años de la llamada Transición —en líneas generales desde la muerte de Franco, noviembre de 1975, hasta la llegada al poder del PSOE, octubre de 1982—, los socialistas dirigidos entonces por Felipe González y Alfonso Guerra , lograron que en la opinión pública andaluza el entonces PSA —más tarde Partido Andalucista— quedara satanizado, con toda clase de mentiras. Lo acusaban de traicionar los intereses de Andalucía. En gran medida, ello derivaba del acuerdo alcanzado por el grupo parlamentario andalucista, salido de las elecciones de 1979, con la Unión de Centro Democrático, para que Adolfo Suárez pudiera ser investido como presidente, al ser el partido más votado y no haber alcanzado la mayoría suficiente para conseguirlo. Con el apoyo de los andalucistas a Suárez se consiguió que se celebrara un referéndum con el objetivo de que Andalucía alcanzase la autonomía en pie de igualdad con las que en la Constitución eran consideradas nacionalidades, caso de los catalanes y vascos. Ciertamente, fue un referéndum leonino que, contra todo pronóstico, sería el desencadenante de que la singularidad que se había otorgado a Cataluña y el País Vasco quedara en agua de borrajas. Al final, en frase de Clavero Arévalo, hubo café para todos y se articuló el conocido como Estado de las Autonomías. El PSOE de aquellos años y siguientes, los de la década de los noventa del pasado siglo y primeros años del actual, hablaba de su lucha porque no hubiera una asimetría política, pese a que había acordado con la UCD diferencias entre unas comunidades y otras en la Constitución donde se recogía la vía del artículo 151 para la autonomía de Cataluña y del País Vasco y la del artículo 143 para los demás. Es la asimetría que ahora impulsa el sanchismo y que, sin fisuras, apoya el PSOE de Montero . Sánchez está dispuesto a imponer una financiación singular para Cataluña que es rechazada por las demás comunidades autónomas, incluidas Asturias y Castilla La Mancha gobernadas por socialistas. Esa financiación las discrimina en beneficio de Cataluña . Es hora de recordar que lo que, mintiendo, satanizaba el PSOE hace cuatro décadas, lo practica ahora impulsando una traición a Andalucía. En los años de la llamada Transición —en líneas generales desde la muerte de Franco, noviembre de 1975, hasta la llegada al poder del PSOE, octubre de 1982—, los socialistas dirigidos entonces por Felipe González y Alfonso Guerra , lograron que en la opinión pública andaluza el entonces PSA —más tarde Partido Andalucista— quedara satanizado, con toda clase de mentiras. Lo acusaban de traicionar los intereses de Andalucía. En gran medida, ello derivaba del acuerdo alcanzado por el grupo parlamentario andalucista, salido de las elecciones de 1979, con la Unión de Centro Democrático, para que Adolfo Suárez pudiera ser investido como presidente, al ser el partido más votado y no haber alcanzado la mayoría suficiente para conseguirlo. Con el apoyo de los andalucistas a Suárez se consiguió que se celebrara un referéndum con el objetivo de que Andalucía alcanzase la autonomía en pie de igualdad con las que en la Constitución eran consideradas nacionalidades, caso de los catalanes y vascos. Ciertamente, fue un referéndum leonino que, contra todo pronóstico, sería el desencadenante de que la singularidad que se había otorgado a Cataluña y el País Vasco quedara en agua de borrajas. Al final, en frase de Clavero Arévalo, hubo café para todos y se articuló el conocido como Estado de las Autonomías. El PSOE de aquellos años y siguientes, los de la década de los noventa del pasado siglo y primeros años del actual, hablaba de su lucha porque no hubiera una asimetría política, pese a que había acordado con la UCD diferencias entre unas comunidades y otras en la Constitución donde se recogía la vía del artículo 151 para la autonomía de Cataluña y del País Vasco y la del artículo 143 para los demás. Es la asimetría que ahora impulsa el sanchismo y que, sin fisuras, apoya el PSOE de Montero . Sánchez está dispuesto a imponer una financiación singular para Cataluña que es rechazada por las demás comunidades autónomas, incluidas Asturias y Castilla La Mancha gobernadas por socialistas. Esa financiación las discrimina en beneficio de Cataluña . Es hora de recordar que lo que, mintiendo, satanizaba el PSOE hace cuatro décadas, lo practica ahora impulsando una traición a Andalucía. RSS de noticias de espana/andalucia
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