Hubo un momento en el que Wu Shuang, una joven china de apenas 1,54 metros de estatura, llegó a convencerse de que el mayor problema de su vida cabía en una regla: le faltaban seis centímetros para alcanzar el metro sesenta. Pensaba que esos pocos centímetros la alejaban de mejores oportunidades laborales, de relaciones sentimentales e incluso del respeto de quienes la rodeaban. Así que tomó una decisión extrema. Buscó una clínica clandestina donde estuvieran dispuestos a romperle deliberadamente las piernas para hacerla más alta.
Una investigación destapa una red de clínicas subterráneas entre China, Laos y Turquía
Hubo un momento en el que Wu Shuang, una joven china de apenas 1,54 metros de estatura, llegó a convencerse de que el mayor problema de su vida cabía en una regla: le faltaban seis centímetros para alcanzar el metro sesenta. Pensaba que esos pocos centímetros la alejaban de mejores oportunidades laborales, de relaciones sentimentales e incluso del respeto de quienes la rodeaban. Así que tomó una decisión extrema. Buscó una clínica clandestina donde estuvieran dispuestos a romperle deliberadamente las piernas para hacerla más alta.
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