«Rusia es una gasolinera disfrazada de país», es una de las frases despectivas que Moscú ha escuchado desde que se enfrentó a Occidente anexionándose Crimea. Doce años después, el cliché despreciativo hacia el Estado ruso vuelve como una ironía cruel: la potencia petrolera que invadió Ucrania empieza a tener problemas para llenar sus propios depósitos. En Rusia se busca gasolina en chats, en mapas improvisados, en grupos de conductores, en reseñas de aplicaciones y en vídeos grabados a escondidas junto a gasolineras donde los empleados repiten que no se puede filmar porque aquello es «una instalación estratégica». Baños portátiles junto a las colas, coches empujados a mano y cosacos regulando surtidores dibujan una retaguardia rusa que no es la que Putin prometió en 2022.En Moscú, donde durante semanas la crisis parecía cosa de Crimea, de Siberia o de las regiones fronterizas, las colas han llegado a las estaciones de servicio de salida hacia la dacha. En algunas gasolineras de la capital la espera ronda la hora; en otras, el cartel de precios sigue encendido pero sólo hay diésel, o no hay nada.
Baños portátiles junto a las filas de coches, vehículos empujados a mano, peleas por combustible y cosacos regulando surtidores dibujan una retaguardia que no es la que Putin prometió en 2022
«Rusia es una gasolinera disfrazada de país», es una de las frases despectivas que Moscú ha escuchado desde que se enfrentó a Occidente anexionándose Crimea. Doce años después, el cliché despreciativo hacia el Estado ruso vuelve como una ironía cruel: la potencia petrolera que invadió Ucrania empieza a tener problemas para llenar sus propios depósitos. En Rusia se busca gasolina en chats, en mapas improvisados, en grupos de conductores, en reseñas de aplicaciones y en vídeos grabados a escondidas junto a gasolineras donde los empleados repiten que no se puede filmar porque aquello es «una instalación estratégica». Baños portátiles junto a las colas, coches empujados a mano y cosacos regulando surtidores dibujan una retaguardia rusa que no es la que Putin prometió en 2022.En Moscú, donde durante semanas la crisis parecía cosa de Crimea, de Siberia o de las regiones fronterizas, las colas han llegado a las estaciones de servicio de salida hacia la dacha. En algunas gasolineras de la capital la espera ronda la hora; en otras, el cartel de precios sigue encendido pero sólo hay diésel, o no hay nada.
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