Las palabras de Óscar Puente sobre la sucesión en el PSOE no han provocado un malestar excesivo de Pedro Sánchez. El presidente reconoce la obviedad de que su ministro de Transportes «tiene aspiraciones», según fuentes cercanas, que no incomodan al jefe del Ejecutivo. Por ello rebajan su «metedura de pata» porque «no es el momento» de abrir el melón sucesorio y dejan claro que «ni él sabe quién será el sucesor ni cuándo». Una forma de marcar distancias con quien se ha atrevido a tocar un tema tabú en el partido.En Moncloa y en Ferraz están acostumbrados a que Puente «hable de más», pero le disculpan diciendo que su confesada ansia de «balón» no tenía una intencionalidad previa sino solo una respuesta poco meditada que luego «corrigió». El ministro fue portavoz de la Ejecutiva socialista en 2017 pero tuvo que dejar esa función por los «charcos en los que se metía» en las ruedas de prensa.Desde hace meses, Puente permanece alejado del núcleo duro del Gobierno y se ha distanciado del jefe del Ejecutivo. También ha perdido peso en el PSOE. «Hubo un tiempo en el que era la Ayuso del PSOE y el más reclamado en las federaciones. Desde Adamuz todo cambió. Nadie se olvida de los muertos ni de su pésima gestión de los trenes», explican fuentes socialistas. El titular de Transportes ha pasado de ser el más querido en las agrupaciones socialistas a un personaje «histriónico», un «bocazas» que «cansa» a los cuadros del partido, aunque suela ser un perfil al que recurre Sánchez en ocasiones para insuflar moral a la militancia. La mayoría de dirigentes del partido creen que «su tiempo ha pasado» y quizás por ello ha abandonado el perfil institucional que empezó a ensayar hace un año para convertirse en un «animador del sanchismo», que señala a periodistas y que suele decir la palabra más alta con el único objetivo de «hacer méritos» para ganarse el favor del ‘jefe’.Sin embargo, no son las palabras de Óscar Puente las que más molestan al presidente Sánchez sino los movimientos subterráneos de otro ministro: el de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños. Según adelantan fuentes socialistas y gubernamentales al diario ABC, Bolaños generó un enorme enfado del presidente del Gobierno antes del verano a cuenta de la candidatura de la socialista madrileña Enma López, aspirante en la carrera contra la líder en Madrid, Reyes Maroto. El motivo del enfado fue que el presidente «le tomó la matrícula a Bolaños» al descubrir que era su ministro de Justicia quien apoyaba a López en la sombra junto a sus lugartenientes en el territorio: el delegado del Gobierno en Madrid, Fran Martín y los socialistas madrileños de la agrupación de La Latina, José Cepeda y Pedro Barrero. El presidente fue informado de estos movimientos subterráneos para aupar a López al liderazgo de la agrupación de Madrid Ciudad, lo que constituyó una «desautorización flagrante» de la apuesta de Sánchez por reyes Maroto, y decidió tomar cartas en el asunto. Primero, avisó al líder de los socialistas madrileños, Óscar López, de la «deslealtad» de Bolaños. Después, descolgó el teléfono y «le llamó a capítulo». Según las citadas fuentes, la conversación se produjo el mismo día en que se estableció en la agrupación de Latina el «centro neurálgico de la candidatura de Enma». Sánchez ordenó a Bolaños «desmontar toda la red de apoyo que tenían montada» para encumbrar a la rival de Maroto y le recordó que «la candidata oficial era Reyes», a quien había que apoyar para evitar una confrontación abierta en primarias. «Les prohibieron a todos ir a los actos de Enma», lo cual cumplieron con disciplina marcial. Ni Bolaños, ni Barrero ni Cepeda fueron vistos desde ese momento en las convocatorias de la candidata alternativa, percibida como una «desleal» por haber desobedecido a la cúpula del partido y desafiado la directriz del presidente. El aviso de Sánchez fue meridiano y forzó que la agrupación de La Latina fuera «la primera que se descolgó» de esa red de apoyo, motivando la afirmación que la propia Enma confesó a su equipo: «Pedro Barrero nos ha traicionado».El «castigo» impuesto por Sánchez a Bolaños fue un respaldo explícito a su candidata Maroto. Una norma que acataron todos sus afines salvo su número dos, Fran Martín, amigo personal de Bolaños, y que «tenía a todos los de la delegación de Gobierno trabajando para Enma», según las fuentes socialistas consultadas. Estos movimientos obligaron al presidente y a Ferraz a actuar para desactivar una candidatura con «riesgos serios de ganar», comenzando por llamar personalmente a todos los secretarios generales de las agrupaciones madrileñas para prohibirles apoyar a López, algunas de las cuales realizó personalmente Pedro Sánchez.Ni Bolaños ni Puente, ambos fuera del núcleo duro del Gobierno, han visitado Ceuta durante la crisisLa sangre no llegó al río. Maroto ganó a López, pero esta última mandó un contundente aviso a La Moncloa: un 45% de apoyo de las bases, pese a la campaña de presión del presidente y sus afines que podía haber terminado en una estrepitosa derrota. Sánchez culpa a su ministro Bolaños de ese resultado y, en este caso, no perdona. Bolaños es, junto a Óscar Puente, uno de los pocos ministros que no han sido enviados a Ceuta durante el verano. Ambos han perdido cuota de poder y ya no están entre los ministros del núcleo duro, que lideran la estrategia comunicativa del Ejecutivo, entre quienes sí se encuentran Carlos Cuerpo, Elma Saiz y Ángel Víctor Torres, recientemente nombrado mando único en Ceuta por la crisis migratoria derivada de la «invasión territorial» producida el pasado 31 de julio. Según las citadas fuentes socialistas, «ambos están en el mismo barco» y con aspiraciones sucesorias. Sin embargo, en el PSOE existe la convicción de que ninguno de los dos está en condiciones actualmente de tomar el relevo del secretario general del PSOE de quien han sido sus más significados portavoces. Las palabras de Óscar Puente sobre la sucesión en el PSOE no han provocado un malestar excesivo de Pedro Sánchez. El presidente reconoce la obviedad de que su ministro de Transportes «tiene aspiraciones», según fuentes cercanas, que no incomodan al jefe del Ejecutivo. Por ello rebajan su «metedura de pata» porque «no es el momento» de abrir el melón sucesorio y dejan claro que «ni él sabe quién será el sucesor ni cuándo». Una forma de marcar distancias con quien se ha atrevido a tocar un tema tabú en el partido.En Moncloa y en Ferraz están acostumbrados a que Puente «hable de más», pero le disculpan diciendo que su confesada ansia de «balón» no tenía una intencionalidad previa sino solo una respuesta poco meditada que luego «corrigió». El ministro fue portavoz de la Ejecutiva socialista en 2017 pero tuvo que dejar esa función por los «charcos en los que se metía» en las ruedas de prensa.Desde hace meses, Puente permanece alejado del núcleo duro del Gobierno y se ha distanciado del jefe del Ejecutivo. También ha perdido peso en el PSOE. «Hubo un tiempo en el que era la Ayuso del PSOE y el más reclamado en las federaciones. Desde Adamuz todo cambió. Nadie se olvida de los muertos ni de su pésima gestión de los trenes», explican fuentes socialistas. El titular de Transportes ha pasado de ser el más querido en las agrupaciones socialistas a un personaje «histriónico», un «bocazas» que «cansa» a los cuadros del partido, aunque suela ser un perfil al que recurre Sánchez en ocasiones para insuflar moral a la militancia. La mayoría de dirigentes del partido creen que «su tiempo ha pasado» y quizás por ello ha abandonado el perfil institucional que empezó a ensayar hace un año para convertirse en un «animador del sanchismo», que señala a periodistas y que suele decir la palabra más alta con el único objetivo de «hacer méritos» para ganarse el favor del ‘jefe’.Sin embargo, no son las palabras de Óscar Puente las que más molestan al presidente Sánchez sino los movimientos subterráneos de otro ministro: el de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños. Según adelantan fuentes socialistas y gubernamentales al diario ABC, Bolaños generó un enorme enfado del presidente del Gobierno antes del verano a cuenta de la candidatura de la socialista madrileña Enma López, aspirante en la carrera contra la líder en Madrid, Reyes Maroto. El motivo del enfado fue que el presidente «le tomó la matrícula a Bolaños» al descubrir que era su ministro de Justicia quien apoyaba a López en la sombra junto a sus lugartenientes en el territorio: el delegado del Gobierno en Madrid, Fran Martín y los socialistas madrileños de la agrupación de La Latina, José Cepeda y Pedro Barrero. El presidente fue informado de estos movimientos subterráneos para aupar a López al liderazgo de la agrupación de Madrid Ciudad, lo que constituyó una «desautorización flagrante» de la apuesta de Sánchez por reyes Maroto, y decidió tomar cartas en el asunto. Primero, avisó al líder de los socialistas madrileños, Óscar López, de la «deslealtad» de Bolaños. Después, descolgó el teléfono y «le llamó a capítulo». Según las citadas fuentes, la conversación se produjo el mismo día en que se estableció en la agrupación de Latina el «centro neurálgico de la candidatura de Enma». Sánchez ordenó a Bolaños «desmontar toda la red de apoyo que tenían montada» para encumbrar a la rival de Maroto y le recordó que «la candidata oficial era Reyes», a quien había que apoyar para evitar una confrontación abierta en primarias. «Les prohibieron a todos ir a los actos de Enma», lo cual cumplieron con disciplina marcial. Ni Bolaños, ni Barrero ni Cepeda fueron vistos desde ese momento en las convocatorias de la candidata alternativa, percibida como una «desleal» por haber desobedecido a la cúpula del partido y desafiado la directriz del presidente. El aviso de Sánchez fue meridiano y forzó que la agrupación de La Latina fuera «la primera que se descolgó» de esa red de apoyo, motivando la afirmación que la propia Enma confesó a su equipo: «Pedro Barrero nos ha traicionado».El «castigo» impuesto por Sánchez a Bolaños fue un respaldo explícito a su candidata Maroto. Una norma que acataron todos sus afines salvo su número dos, Fran Martín, amigo personal de Bolaños, y que «tenía a todos los de la delegación de Gobierno trabajando para Enma», según las fuentes socialistas consultadas. Estos movimientos obligaron al presidente y a Ferraz a actuar para desactivar una candidatura con «riesgos serios de ganar», comenzando por llamar personalmente a todos los secretarios generales de las agrupaciones madrileñas para prohibirles apoyar a López, algunas de las cuales realizó personalmente Pedro Sánchez.Ni Bolaños ni Puente, ambos fuera del núcleo duro del Gobierno, han visitado Ceuta durante la crisisLa sangre no llegó al río. Maroto ganó a López, pero esta última mandó un contundente aviso a La Moncloa: un 45% de apoyo de las bases, pese a la campaña de presión del presidente y sus afines que podía haber terminado en una estrepitosa derrota. Sánchez culpa a su ministro Bolaños de ese resultado y, en este caso, no perdona. Bolaños es, junto a Óscar Puente, uno de los pocos ministros que no han sido enviados a Ceuta durante el verano. Ambos han perdido cuota de poder y ya no están entre los ministros del núcleo duro, que lideran la estrategia comunicativa del Ejecutivo, entre quienes sí se encuentran Carlos Cuerpo, Elma Saiz y Ángel Víctor Torres, recientemente nombrado mando único en Ceuta por la crisis migratoria derivada de la «invasión territorial» producida el pasado 31 de julio. Según las citadas fuentes socialistas, «ambos están en el mismo barco» y con aspiraciones sucesorias. Sin embargo, en el PSOE existe la convicción de que ninguno de los dos está en condiciones actualmente de tomar el relevo del secretario general del PSOE de quien han sido sus más significados portavoces. Las palabras de Óscar Puente sobre la sucesión en el PSOE no han provocado un malestar excesivo de Pedro Sánchez. El presidente reconoce la obviedad de que su ministro de Transportes «tiene aspiraciones», según fuentes cercanas, que no incomodan al jefe del Ejecutivo. Por ello rebajan su «metedura de pata» porque «no es el momento» de abrir el melón sucesorio y dejan claro que «ni él sabe quién será el sucesor ni cuándo». Una forma de marcar distancias con quien se ha atrevido a tocar un tema tabú en el partido.En Moncloa y en Ferraz están acostumbrados a que Puente «hable de más», pero le disculpan diciendo que su confesada ansia de «balón» no tenía una intencionalidad previa sino solo una respuesta poco meditada que luego «corrigió». El ministro fue portavoz de la Ejecutiva socialista en 2017 pero tuvo que dejar esa función por los «charcos en los que se metía» en las ruedas de prensa.Desde hace meses, Puente permanece alejado del núcleo duro del Gobierno y se ha distanciado del jefe del Ejecutivo. También ha perdido peso en el PSOE. «Hubo un tiempo en el que era la Ayuso del PSOE y el más reclamado en las federaciones. Desde Adamuz todo cambió. Nadie se olvida de los muertos ni de su pésima gestión de los trenes», explican fuentes socialistas. El titular de Transportes ha pasado de ser el más querido en las agrupaciones socialistas a un personaje «histriónico», un «bocazas» que «cansa» a los cuadros del partido, aunque suela ser un perfil al que recurre Sánchez en ocasiones para insuflar moral a la militancia. La mayoría de dirigentes del partido creen que «su tiempo ha pasado» y quizás por ello ha abandonado el perfil institucional que empezó a ensayar hace un año para convertirse en un «animador del sanchismo», que señala a periodistas y que suele decir la palabra más alta con el único objetivo de «hacer méritos» para ganarse el favor del ‘jefe’.Sin embargo, no son las palabras de Óscar Puente las que más molestan al presidente Sánchez sino los movimientos subterráneos de otro ministro: el de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños. Según adelantan fuentes socialistas y gubernamentales al diario ABC, Bolaños generó un enorme enfado del presidente del Gobierno antes del verano a cuenta de la candidatura de la socialista madrileña Enma López, aspirante en la carrera contra la líder en Madrid, Reyes Maroto. El motivo del enfado fue que el presidente «le tomó la matrícula a Bolaños» al descubrir que era su ministro de Justicia quien apoyaba a López en la sombra junto a sus lugartenientes en el territorio: el delegado del Gobierno en Madrid, Fran Martín y los socialistas madrileños de la agrupación de La Latina, José Cepeda y Pedro Barrero. El presidente fue informado de estos movimientos subterráneos para aupar a López al liderazgo de la agrupación de Madrid Ciudad, lo que constituyó una «desautorización flagrante» de la apuesta de Sánchez por reyes Maroto, y decidió tomar cartas en el asunto. Primero, avisó al líder de los socialistas madrileños, Óscar López, de la «deslealtad» de Bolaños. Después, descolgó el teléfono y «le llamó a capítulo». Según las citadas fuentes, la conversación se produjo el mismo día en que se estableció en la agrupación de Latina el «centro neurálgico de la candidatura de Enma». Sánchez ordenó a Bolaños «desmontar toda la red de apoyo que tenían montada» para encumbrar a la rival de Maroto y le recordó que «la candidata oficial era Reyes», a quien había que apoyar para evitar una confrontación abierta en primarias. «Les prohibieron a todos ir a los actos de Enma», lo cual cumplieron con disciplina marcial. Ni Bolaños, ni Barrero ni Cepeda fueron vistos desde ese momento en las convocatorias de la candidata alternativa, percibida como una «desleal» por haber desobedecido a la cúpula del partido y desafiado la directriz del presidente. El aviso de Sánchez fue meridiano y forzó que la agrupación de La Latina fuera «la primera que se descolgó» de esa red de apoyo, motivando la afirmación que la propia Enma confesó a su equipo: «Pedro Barrero nos ha traicionado».El «castigo» impuesto por Sánchez a Bolaños fue un respaldo explícito a su candidata Maroto. Una norma que acataron todos sus afines salvo su número dos, Fran Martín, amigo personal de Bolaños, y que «tenía a todos los de la delegación de Gobierno trabajando para Enma», según las fuentes socialistas consultadas. Estos movimientos obligaron al presidente y a Ferraz a actuar para desactivar una candidatura con «riesgos serios de ganar», comenzando por llamar personalmente a todos los secretarios generales de las agrupaciones madrileñas para prohibirles apoyar a López, algunas de las cuales realizó personalmente Pedro Sánchez.Ni Bolaños ni Puente, ambos fuera del núcleo duro del Gobierno, han visitado Ceuta durante la crisisLa sangre no llegó al río. Maroto ganó a López, pero esta última mandó un contundente aviso a La Moncloa: un 45% de apoyo de las bases, pese a la campaña de presión del presidente y sus afines que podía haber terminado en una estrepitosa derrota. Sánchez culpa a su ministro Bolaños de ese resultado y, en este caso, no perdona. Bolaños es, junto a Óscar Puente, uno de los pocos ministros que no han sido enviados a Ceuta durante el verano. Ambos han perdido cuota de poder y ya no están entre los ministros del núcleo duro, que lideran la estrategia comunicativa del Ejecutivo, entre quienes sí se encuentran Carlos Cuerpo, Elma Saiz y Ángel Víctor Torres, recientemente nombrado mando único en Ceuta por la crisis migratoria derivada de la «invasión territorial» producida el pasado 31 de julio. Según las citadas fuentes socialistas, «ambos están en el mismo barco» y con aspiraciones sucesorias. Sin embargo, en el PSOE existe la convicción de que ninguno de los dos está en condiciones actualmente de tomar el relevo del secretario general del PSOE de quien han sido sus más significados portavoces. RSS de noticias de espana
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