La competición pedalea rápido hacia la meta y hay que hablar, mucho o poco, de las películas que luchan por la Concha de Oro antes de que el jurado dé los premios, que después ya no tiene tanta gracia. En las últimas horas han caído en la pantalla como lluvia fina (bueno, no tan fina) y hay hasta cuatro títulos en la lista de la competición. El primero, el español ‘Sants’, de Mikel Gurrea , que tuvo cierto impacto con su anterior y primer filme, ‘Suro’. En este, como en aquel, su protagonista es Victoria Luengo , una ladronzuela que tiene que cuidar a su madre terminal y que se enreda con una banda de ladrones de figuras de iglesias liderada por una mujer con intriga. Esos dos personajes los interpretan Ariadna Gil, muy apalancada en su papel de moribunda, y Eulalia Ramon, que le pone su propio carisma a ese personaje no bien exprimido en el guion. Tampoco la trama, planes, robos, negocios sucios, alcanza la tensión y la chispa que le darían un mayor empuje a ‘Sants’. Gurrea filma muchas secuencias oscuras, ‘penumbrosas’, y la mezcla de suspense y drama no acaba de revolverse bien.La noruega ‘Grown of the soil’, de Hans Petter Moland , tenía mucho interés, aunque también una duración desproporcionada, y trata sobre la aventura y romance de un hombre y una mujer en una zona fría, inhóspita y montañosa a la que van a llevar ‘la vida’; en forma de hijos y en forma de creación de un mundo. Tiene muchas cualidades visuales y humanas, y el guion y la puesta en escena procuran que el exceso de tiempo no se le haga bola al espectador, y para ello llenan la historia de tramas, subtramas, calamidades e hijos.La coreana ‘Border’, de Ah Biao , era justo lo contrario: su exigua duración (78 m.) no impedía que se te cayera encima como un yunque. Es la primera película que este director y solo puede ser o muy moderna o muy limitada. Ocurre Dios sabrá dónde y en una zona minera, con unos personajes que no tienen nada que decir (y no lo dicen, afortunadamente) y que protagonizan unas situaciones absurdas, incomprensibles y con apariencia de querer ser inquietantes. Por resumir, no hay nada atractivo en ella ni en sus personajes.Afortunadamente, la francesa ‘7h40 ce matin-là/Milo’, título rarillo de la directora Nicole García, tiene más elementos para conectar con ella, aunque el principal es la actriz Marion Cotillard. Una mujer de pasado oculto llega a un pueblo y se instala allí porque cree, o sabe, que su hijo al que dio en adopción quince años atrás vive en ese pueblo. Drama contenido, intriga que se va desvelando con cierto esmero, algo de acción y sentimientos que se abren paso con dificultad. No es que te pegue a la butaca, pero resulta entretenida, da algunas claves bien cínicas sobre los viejos revolucionarios y tiene casi siempre en pantalla a Cotillard. Qué más se puede pedir. La competición pedalea rápido hacia la meta y hay que hablar, mucho o poco, de las películas que luchan por la Concha de Oro antes de que el jurado dé los premios, que después ya no tiene tanta gracia. En las últimas horas han caído en la pantalla como lluvia fina (bueno, no tan fina) y hay hasta cuatro títulos en la lista de la competición. El primero, el español ‘Sants’, de Mikel Gurrea , que tuvo cierto impacto con su anterior y primer filme, ‘Suro’. En este, como en aquel, su protagonista es Victoria Luengo , una ladronzuela que tiene que cuidar a su madre terminal y que se enreda con una banda de ladrones de figuras de iglesias liderada por una mujer con intriga. Esos dos personajes los interpretan Ariadna Gil, muy apalancada en su papel de moribunda, y Eulalia Ramon, que le pone su propio carisma a ese personaje no bien exprimido en el guion. Tampoco la trama, planes, robos, negocios sucios, alcanza la tensión y la chispa que le darían un mayor empuje a ‘Sants’. Gurrea filma muchas secuencias oscuras, ‘penumbrosas’, y la mezcla de suspense y drama no acaba de revolverse bien.La noruega ‘Grown of the soil’, de Hans Petter Moland , tenía mucho interés, aunque también una duración desproporcionada, y trata sobre la aventura y romance de un hombre y una mujer en una zona fría, inhóspita y montañosa a la que van a llevar ‘la vida’; en forma de hijos y en forma de creación de un mundo. Tiene muchas cualidades visuales y humanas, y el guion y la puesta en escena procuran que el exceso de tiempo no se le haga bola al espectador, y para ello llenan la historia de tramas, subtramas, calamidades e hijos.La coreana ‘Border’, de Ah Biao , era justo lo contrario: su exigua duración (78 m.) no impedía que se te cayera encima como un yunque. Es la primera película que este director y solo puede ser o muy moderna o muy limitada. Ocurre Dios sabrá dónde y en una zona minera, con unos personajes que no tienen nada que decir (y no lo dicen, afortunadamente) y que protagonizan unas situaciones absurdas, incomprensibles y con apariencia de querer ser inquietantes. Por resumir, no hay nada atractivo en ella ni en sus personajes.Afortunadamente, la francesa ‘7h40 ce matin-là/Milo’, título rarillo de la directora Nicole García, tiene más elementos para conectar con ella, aunque el principal es la actriz Marion Cotillard. Una mujer de pasado oculto llega a un pueblo y se instala allí porque cree, o sabe, que su hijo al que dio en adopción quince años atrás vive en ese pueblo. Drama contenido, intriga que se va desvelando con cierto esmero, algo de acción y sentimientos que se abren paso con dificultad. No es que te pegue a la butaca, pero resulta entretenida, da algunas claves bien cínicas sobre los viejos revolucionarios y tiene casi siempre en pantalla a Cotillard. Qué más se puede pedir. La competición pedalea rápido hacia la meta y hay que hablar, mucho o poco, de las películas que luchan por la Concha de Oro antes de que el jurado dé los premios, que después ya no tiene tanta gracia. En las últimas horas han caído en la pantalla como lluvia fina (bueno, no tan fina) y hay hasta cuatro títulos en la lista de la competición. El primero, el español ‘Sants’, de Mikel Gurrea , que tuvo cierto impacto con su anterior y primer filme, ‘Suro’. En este, como en aquel, su protagonista es Victoria Luengo , una ladronzuela que tiene que cuidar a su madre terminal y que se enreda con una banda de ladrones de figuras de iglesias liderada por una mujer con intriga. Esos dos personajes los interpretan Ariadna Gil, muy apalancada en su papel de moribunda, y Eulalia Ramon, que le pone su propio carisma a ese personaje no bien exprimido en el guion. Tampoco la trama, planes, robos, negocios sucios, alcanza la tensión y la chispa que le darían un mayor empuje a ‘Sants’. Gurrea filma muchas secuencias oscuras, ‘penumbrosas’, y la mezcla de suspense y drama no acaba de revolverse bien.La noruega ‘Grown of the soil’, de Hans Petter Moland , tenía mucho interés, aunque también una duración desproporcionada, y trata sobre la aventura y romance de un hombre y una mujer en una zona fría, inhóspita y montañosa a la que van a llevar ‘la vida’; en forma de hijos y en forma de creación de un mundo. Tiene muchas cualidades visuales y humanas, y el guion y la puesta en escena procuran que el exceso de tiempo no se le haga bola al espectador, y para ello llenan la historia de tramas, subtramas, calamidades e hijos.La coreana ‘Border’, de Ah Biao , era justo lo contrario: su exigua duración (78 m.) no impedía que se te cayera encima como un yunque. Es la primera película que este director y solo puede ser o muy moderna o muy limitada. Ocurre Dios sabrá dónde y en una zona minera, con unos personajes que no tienen nada que decir (y no lo dicen, afortunadamente) y que protagonizan unas situaciones absurdas, incomprensibles y con apariencia de querer ser inquietantes. Por resumir, no hay nada atractivo en ella ni en sus personajes.Afortunadamente, la francesa ‘7h40 ce matin-là/Milo’, título rarillo de la directora Nicole García, tiene más elementos para conectar con ella, aunque el principal es la actriz Marion Cotillard. Una mujer de pasado oculto llega a un pueblo y se instala allí porque cree, o sabe, que su hijo al que dio en adopción quince años atrás vive en ese pueblo. Drama contenido, intriga que se va desvelando con cierto esmero, algo de acción y sentimientos que se abren paso con dificultad. No es que te pegue a la butaca, pero resulta entretenida, da algunas claves bien cínicas sobre los viejos revolucionarios y tiene casi siempre en pantalla a Cotillard. Qué más se puede pedir. RSS de noticias de cultura
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