1. Lo peor de la final del Mundial de fútbol se produjo fuera del campo. En concreto, en distintas localidades del País Vasco y Navarra, donde varios aficionados de la selección fueron agredidos por nacionalistas radicales vascos. Unas agresiones que no respondían a otra «provocación» que la de vestir la camiseta de España o estar viendo el partido. Este tipo de escuadrismo siempre retrata, en primer lugar, la enfermedad moral de los individuos que participan en él. Pero, en este caso, también expone un rasgo lamentablemente arraigado en los sectores más radicales del nacionalismo vasco: no es que ellos no se sientan españoles, es que no toleran que otros sí se identifiquen con España. Y están dispuestos a imponer su intolerancia mediante la violencia. No solo la violencia simbólica, discursiva y posmoderna de la que tanto se habla en el análisis contemporáneo. No, aquí hablamos de la violencia-violencia. La de su puño contra tu cara.
No es que los nacionalistas radicales vascos no se sientan españoles, es que no toleran que otros sí se identifiquen con España
1. Lo peor de la final del Mundial de fútbol se produjo fuera del campo. En concreto, en distintas localidades del País Vasco y Navarra, donde varios aficionados de la selección fueron agredidos por nacionalistas radicales vascos. Unas agresiones que no respondían a otra «provocación» que la de vestir la camiseta de España o estar viendo el partido. Este tipo de escuadrismo siempre retrata, en primer lugar, la enfermedad moral de los individuos que participan en él. Pero, en este caso, también expone un rasgo lamentablemente arraigado en los sectores más radicales del nacionalismo vasco: no es que ellos no se sientan españoles, es que no toleran que otros sí se identifiquen con España. Y están dispuestos a imponer su intolerancia mediante la violencia. No solo la violencia simbólica, discursiva y posmoderna de la que tanto se habla en el análisis contemporáneo. No, aquí hablamos de la violencia-violencia. La de su puño contra tu cara.
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