Donald Trump negó este miércoles haber ordenado o pedido a María Corina Machado que no regresara a Venezuela. Preguntado a bordo del Air Force One por las informaciones publicadas en los últimos días sobre el bloqueo a la entrada de la líder opositora en su país, el presidente respondió con elogios hacia ella y trató de desvincularse de cualquier veto directo.«No, no, para nada», dijo Trump. «Ella es fantástica, es una persona maravillosa». Después añadió: «No le dije a nadie que no regresara». El presidente aseguró incluso no saber si Machado había vuelto finalmente a Venezuela: «¿Regresó ella a Venezuela?». Y, como suele hacer cuando se menciona a la dirigente venezolana, llevó la respuesta hacia el Nobel de la Paz: «Creo que ella es una buena persona. Ella me dio el Nobel, ¿verdad? ¿Cómo puede caerme mal?». La declaración introduce una nueva contradicción en la política de Washington hacia Venezuela. En público, Trump elogia a Machado y niega haberla frenado. En privado, según varias informaciones y fuentes conocedoras de las conversaciones, sectores relevantes de su Administración trabajaron para impedir o al menos desaconsejar su regreso en plena emergencia humanitaria tras los terremotos del 24 de junio.Ese choque es el centro del pulso que se ha abierto en Washington. Machado había decidido volver a Venezuela después de meses en el extranjero, tras su salida clandestina en diciembre y después de sus reuniones con Trump en la Casa Blanca. Su equipo trasladó a funcionarios estadounidenses que su intención no era encabezar una operación política, sino acompañar a los venezolanos, apoyar a voluntarios y ayudar en la emergencia. Pero en la Casa Blanca se impuso el argumento contrario: su entrada podía transformar la tragedia humanitaria en una crisis de poder y poner en riesgo la interlocución con Delcy Rodríguez, convertida en pieza central de la estrategia de estabilidad de Washington tras la captura de Nicolás Maduro. El intento de regreso se frustró dos veces. Primero, Machado despegó desde Virginia con destino a Curazao, desde donde debía estudiar una entrada posterior en Venezuela. El avión dio la vuelta antes de llegar. Después viajó a Panamá y trató de embarcar en un vuelo comercial hacia Caracas, pero tampoco pudo hacerlo. En paralelo, fuentes estadounidenses dijeron que no contaría con protección de EE.UU. y que su presencia podía provocar un incidente de seguridad o una movilización difícil de controlar. El entorno de Machado niega haber pedido protección estadounidense y sostiene que sólo se discutió la conveniencia del viaje. Las filtraciones fueron más lejos. Axios publicó primero que altos cargos de la Administración consideraban el intento de Machado como «oportunismo político grotesco» y que, a ojos de esos funcionarios, la opositora pretendía utilizar la ayuda humanitaria para proyectar liderazgo sobre el terreno. Una fuente citada por ese medio resumió así la inquietud interna: si Machado aparecía junto a marines estadounidenses, no le pasaría nada y parecería que ella estaba al mando. «¿Y ahora qué, la instalamos?», dijo esa fuente.La última información de Axios añade otro elemento: la crisis no sólo enfrentó a Machado con una parte de la Administración, sino que abrió una disputa interna en el Departamento de Estado. Según ese medio, altos funcionarios creen que el subsecretario de Estado Chris Landau actuó por libre o, al menos, transmitió a Países Bajos y Panamá señales contradictorias sobre la posición estadounidense. Axios afirma que Landau habría dado a entender a la embajadora neerlandesa que el viaje de Machado a Curazao contaba con respaldo de Washington, lo que después fue corregido por otros responsables. Esa confusión habría provocado la marcha atrás neerlandesa cuando el avión ya estaba en ruta. El mismo artículo sostiene que Landau volvió a generar confusión con Panamá y que el episodio irritó a otros responsables del Departamento de Estado, incluido Marco Rubio. Un portavoz del Departamento negó cualquier ruptura interna y aseguró que la diplomacia estadounidense está alineada con Trump y Rubio. Pero la filtración confirma algo que ya era visible: no hay una sola línea clara en Washington sobre Machado, Delcy Rodríguez y el calendario real de la transición venezolana.La respuesta de Trump busca rebajar esa tensión, pero no la resuelve. Sus palabras permiten a la Casa Blanca negar un veto presidencial directo a Machado. Al mismo tiempo, no desmienten que funcionarios estadounidenses hayan tratado de bloquear, desaconsejar o dificultar su regreso. La diferencia es importante: Trump puede decir que él no dio la orden; sus propios subordinados, según Axios y otras informaciones, sí actuaron para impedir que el viaje se materializara.La paradoja es que Machado sigue siendo el rostro más reconocible de la oposición venezolana y, al mismo tiempo, se ha convertido en un problema para la estrategia de estabilidad que una parte de Washington quiere preservar con Delcy Rodríguez. Trump la elogia cuando le preguntan por ella, sobre todo por su gesto con el Nobel. Pero la política práctica de su Administración, al menos hasta ahora, ha sido evitar que su regreso precipite una ruptura del equilibrio venezolano en plena catástrofe nacional. Donald Trump negó este miércoles haber ordenado o pedido a María Corina Machado que no regresara a Venezuela. Preguntado a bordo del Air Force One por las informaciones publicadas en los últimos días sobre el bloqueo a la entrada de la líder opositora en su país, el presidente respondió con elogios hacia ella y trató de desvincularse de cualquier veto directo.«No, no, para nada», dijo Trump. «Ella es fantástica, es una persona maravillosa». Después añadió: «No le dije a nadie que no regresara». El presidente aseguró incluso no saber si Machado había vuelto finalmente a Venezuela: «¿Regresó ella a Venezuela?». Y, como suele hacer cuando se menciona a la dirigente venezolana, llevó la respuesta hacia el Nobel de la Paz: «Creo que ella es una buena persona. Ella me dio el Nobel, ¿verdad? ¿Cómo puede caerme mal?». La declaración introduce una nueva contradicción en la política de Washington hacia Venezuela. En público, Trump elogia a Machado y niega haberla frenado. En privado, según varias informaciones y fuentes conocedoras de las conversaciones, sectores relevantes de su Administración trabajaron para impedir o al menos desaconsejar su regreso en plena emergencia humanitaria tras los terremotos del 24 de junio.Ese choque es el centro del pulso que se ha abierto en Washington. Machado había decidido volver a Venezuela después de meses en el extranjero, tras su salida clandestina en diciembre y después de sus reuniones con Trump en la Casa Blanca. Su equipo trasladó a funcionarios estadounidenses que su intención no era encabezar una operación política, sino acompañar a los venezolanos, apoyar a voluntarios y ayudar en la emergencia. Pero en la Casa Blanca se impuso el argumento contrario: su entrada podía transformar la tragedia humanitaria en una crisis de poder y poner en riesgo la interlocución con Delcy Rodríguez, convertida en pieza central de la estrategia de estabilidad de Washington tras la captura de Nicolás Maduro. El intento de regreso se frustró dos veces. Primero, Machado despegó desde Virginia con destino a Curazao, desde donde debía estudiar una entrada posterior en Venezuela. El avión dio la vuelta antes de llegar. Después viajó a Panamá y trató de embarcar en un vuelo comercial hacia Caracas, pero tampoco pudo hacerlo. En paralelo, fuentes estadounidenses dijeron que no contaría con protección de EE.UU. y que su presencia podía provocar un incidente de seguridad o una movilización difícil de controlar. El entorno de Machado niega haber pedido protección estadounidense y sostiene que sólo se discutió la conveniencia del viaje. Las filtraciones fueron más lejos. Axios publicó primero que altos cargos de la Administración consideraban el intento de Machado como «oportunismo político grotesco» y que, a ojos de esos funcionarios, la opositora pretendía utilizar la ayuda humanitaria para proyectar liderazgo sobre el terreno. Una fuente citada por ese medio resumió así la inquietud interna: si Machado aparecía junto a marines estadounidenses, no le pasaría nada y parecería que ella estaba al mando. «¿Y ahora qué, la instalamos?», dijo esa fuente.La última información de Axios añade otro elemento: la crisis no sólo enfrentó a Machado con una parte de la Administración, sino que abrió una disputa interna en el Departamento de Estado. Según ese medio, altos funcionarios creen que el subsecretario de Estado Chris Landau actuó por libre o, al menos, transmitió a Países Bajos y Panamá señales contradictorias sobre la posición estadounidense. Axios afirma que Landau habría dado a entender a la embajadora neerlandesa que el viaje de Machado a Curazao contaba con respaldo de Washington, lo que después fue corregido por otros responsables. Esa confusión habría provocado la marcha atrás neerlandesa cuando el avión ya estaba en ruta. El mismo artículo sostiene que Landau volvió a generar confusión con Panamá y que el episodio irritó a otros responsables del Departamento de Estado, incluido Marco Rubio. Un portavoz del Departamento negó cualquier ruptura interna y aseguró que la diplomacia estadounidense está alineada con Trump y Rubio. Pero la filtración confirma algo que ya era visible: no hay una sola línea clara en Washington sobre Machado, Delcy Rodríguez y el calendario real de la transición venezolana.La respuesta de Trump busca rebajar esa tensión, pero no la resuelve. Sus palabras permiten a la Casa Blanca negar un veto presidencial directo a Machado. Al mismo tiempo, no desmienten que funcionarios estadounidenses hayan tratado de bloquear, desaconsejar o dificultar su regreso. La diferencia es importante: Trump puede decir que él no dio la orden; sus propios subordinados, según Axios y otras informaciones, sí actuaron para impedir que el viaje se materializara.La paradoja es que Machado sigue siendo el rostro más reconocible de la oposición venezolana y, al mismo tiempo, se ha convertido en un problema para la estrategia de estabilidad que una parte de Washington quiere preservar con Delcy Rodríguez. Trump la elogia cuando le preguntan por ella, sobre todo por su gesto con el Nobel. Pero la política práctica de su Administración, al menos hasta ahora, ha sido evitar que su regreso precipite una ruptura del equilibrio venezolano en plena catástrofe nacional. Donald Trump negó este miércoles haber ordenado o pedido a María Corina Machado que no regresara a Venezuela. Preguntado a bordo del Air Force One por las informaciones publicadas en los últimos días sobre el bloqueo a la entrada de la líder opositora en su país, el presidente respondió con elogios hacia ella y trató de desvincularse de cualquier veto directo.«No, no, para nada», dijo Trump. «Ella es fantástica, es una persona maravillosa». Después añadió: «No le dije a nadie que no regresara». El presidente aseguró incluso no saber si Machado había vuelto finalmente a Venezuela: «¿Regresó ella a Venezuela?». Y, como suele hacer cuando se menciona a la dirigente venezolana, llevó la respuesta hacia el Nobel de la Paz: «Creo que ella es una buena persona. Ella me dio el Nobel, ¿verdad? ¿Cómo puede caerme mal?». La declaración introduce una nueva contradicción en la política de Washington hacia Venezuela. En público, Trump elogia a Machado y niega haberla frenado. En privado, según varias informaciones y fuentes conocedoras de las conversaciones, sectores relevantes de su Administración trabajaron para impedir o al menos desaconsejar su regreso en plena emergencia humanitaria tras los terremotos del 24 de junio.Ese choque es el centro del pulso que se ha abierto en Washington. Machado había decidido volver a Venezuela después de meses en el extranjero, tras su salida clandestina en diciembre y después de sus reuniones con Trump en la Casa Blanca. Su equipo trasladó a funcionarios estadounidenses que su intención no era encabezar una operación política, sino acompañar a los venezolanos, apoyar a voluntarios y ayudar en la emergencia. Pero en la Casa Blanca se impuso el argumento contrario: su entrada podía transformar la tragedia humanitaria en una crisis de poder y poner en riesgo la interlocución con Delcy Rodríguez, convertida en pieza central de la estrategia de estabilidad de Washington tras la captura de Nicolás Maduro. El intento de regreso se frustró dos veces. Primero, Machado despegó desde Virginia con destino a Curazao, desde donde debía estudiar una entrada posterior en Venezuela. El avión dio la vuelta antes de llegar. Después viajó a Panamá y trató de embarcar en un vuelo comercial hacia Caracas, pero tampoco pudo hacerlo. En paralelo, fuentes estadounidenses dijeron que no contaría con protección de EE.UU. y que su presencia podía provocar un incidente de seguridad o una movilización difícil de controlar. El entorno de Machado niega haber pedido protección estadounidense y sostiene que sólo se discutió la conveniencia del viaje. Las filtraciones fueron más lejos. Axios publicó primero que altos cargos de la Administración consideraban el intento de Machado como «oportunismo político grotesco» y que, a ojos de esos funcionarios, la opositora pretendía utilizar la ayuda humanitaria para proyectar liderazgo sobre el terreno. Una fuente citada por ese medio resumió así la inquietud interna: si Machado aparecía junto a marines estadounidenses, no le pasaría nada y parecería que ella estaba al mando. «¿Y ahora qué, la instalamos?», dijo esa fuente.La última información de Axios añade otro elemento: la crisis no sólo enfrentó a Machado con una parte de la Administración, sino que abrió una disputa interna en el Departamento de Estado. Según ese medio, altos funcionarios creen que el subsecretario de Estado Chris Landau actuó por libre o, al menos, transmitió a Países Bajos y Panamá señales contradictorias sobre la posición estadounidense. Axios afirma que Landau habría dado a entender a la embajadora neerlandesa que el viaje de Machado a Curazao contaba con respaldo de Washington, lo que después fue corregido por otros responsables. Esa confusión habría provocado la marcha atrás neerlandesa cuando el avión ya estaba en ruta. El mismo artículo sostiene que Landau volvió a generar confusión con Panamá y que el episodio irritó a otros responsables del Departamento de Estado, incluido Marco Rubio. Un portavoz del Departamento negó cualquier ruptura interna y aseguró que la diplomacia estadounidense está alineada con Trump y Rubio. Pero la filtración confirma algo que ya era visible: no hay una sola línea clara en Washington sobre Machado, Delcy Rodríguez y el calendario real de la transición venezolana.La respuesta de Trump busca rebajar esa tensión, pero no la resuelve. Sus palabras permiten a la Casa Blanca negar un veto presidencial directo a Machado. Al mismo tiempo, no desmienten que funcionarios estadounidenses hayan tratado de bloquear, desaconsejar o dificultar su regreso. La diferencia es importante: Trump puede decir que él no dio la orden; sus propios subordinados, según Axios y otras informaciones, sí actuaron para impedir que el viaje se materializara.La paradoja es que Machado sigue siendo el rostro más reconocible de la oposición venezolana y, al mismo tiempo, se ha convertido en un problema para la estrategia de estabilidad que una parte de Washington quiere preservar con Delcy Rodríguez. Trump la elogia cuando le preguntan por ella, sobre todo por su gesto con el Nobel. Pero la política práctica de su Administración, al menos hasta ahora, ha sido evitar que su regreso precipite una ruptura del equilibrio venezolano en plena catástrofe nacional. RSS de noticias de internacional
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