Las obras de rehabilitación en el Hostal dos Reis Católicos, una de las emblemáticas construcciones que presiden la Praza do Obradoiro en la capital gallega, están despertando sensibilidades. La intervención en las gárgolas que decoran las alturas del histórico inmueble ha incorporado en ellas unos distinguibles tubos metálicos para que la evacuación de agua aterrice en la calle y no en la balconada, evitándole humedades y otros daños. El problema es que la introducción de estos canutos rompe por completo con el diseño original. Y, más allá de lo estético, tanto a instituciones como a voces expertas les preocupa que la lectura de estos elementos arquitectónicos se esté viendo empañada. Así se ha abierto un debate que se emplaza, más que en lo técnico, en lo patrimonial y social: cuando se trata de intervenir sobre el patrimonio histórico, ¿pesa más el valor práctico que el artístico?Para ofrecer contexto, el edificio está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) y forma parte de uno de los conjuntos más sensibles del patrimonio gallego. No es extraño, por tanto, que cualquier actuación se someta a un elevado nivel de exigencia; y aún así la solución elegida para resolver el drenaje de las gárgolas ha detonado la controversia. La instalación de tubos es, a la vez, funcional y discordante con la arquitectura del parador, y afecta directamente a la experiencia que se lleva el viandante —de hecho, estos días la polémica se ha vuelto una anécdota recurrente en los tours por la ciudad—. Entre las voces críticas está la de la Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal). «Otras soluciones»En una carta abierta dirigida al equipo redactor del proyecto, sostiene que la actuación «no está a la altura del lugar» y advierte de que el problema no es la necesidad de evacuar el agua, que no rebate, sino la forma en que se ha resuelto. Más que «simples» elementos técnicos, describe las gárgolas como piezas «integradas» en un discurso arquitectónico y simbólico, y critica que la intervención rompe con él al introducir elementos ajenos y «visualmente agresivos». «No se trata de una cuestión de gusto, sino de adecuación. Hay, además, un aspecto que hace falta decir con claridad: a los gallegos no nos incomoda la intervención contemporánea; los incomoda la intervención que no entiende el lugar», afirma en su misiva Carlos Henrique Fernández Coto, presidente de la asociación.Gárgolas dispuestas en la fachada del Hostal dos Reis Católicos con sus respectivos tubos de metal. Miguel MuñizEn ese sentido, incide en que el Obradoiro «no admite banalizaciones ni respuestas extravagantes» y defiende que en un espacio «de este nivel» el arquitecto debe aspirar a pasar desapercibido. Con ese argumento rechaza que la actuación se justifique «como única ni como inevitable», pese a que responda a criterios técnicos o administrativos, señalando que «hay otras soluciones» que resultarían menos invasivas, como sistemas de canalización ocultos o integrados en la construcción de forma más discreta.El debate ha llegado a oídos de referentes internacionales en el ámbito: el arquitecto británico David Chipperfield, premio Pritzker y con una reconocida trayectoria en intervenciones sobre patrimonio, además de persona al frente de la Fundación RIA en la capital gallega, reaccionó a la polémica en redes sociales, comentando en respuesta a una publicación de Apatrigal sobre el tema: «Totalmente impactante… me pregunto cómo será el resto del proyecto».¿A quién corresponde actuar?La atribución de competencias no se solventa señalando solo hacia un lado, porque el recorrido que han tenido las obras pasa por las administraciones estatal, autonómica y local. El edificio pertenece al Gobierno, a través de Paradores de Turismo de España, que es la concesionaria que presentó el proyecto. Este recibió, después, el visto bueno de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultura de la Xunta —con ciertos requerimientos—, órgano competente para autorizar y evaluar este tipo de intervenciones al tratarse de un BIC. Y también el de la Comisión Asesora da Cidade Histórica, en la que participan todos los grupos políticos de Santiago.En un informe de 2022, Patrimonio exigía al Estado la presentación de un informe, a través de Paradores, que incluyese más detalles sobre algunos elementos, entre ellos las gárgolas. En concreto, contemplaba la instalación de canutos pero requería que despejase ciertas dudas para asegurar que la intervención sería «compatible» con el conjunto arquitectónico y escultórico y que pesaría la «perspectiva estética y de interpretación» de sus elementos, protegiendo de alteraciones su lectura artística y simbólica.Textualmente, el informe, firmado por el subdirector xeral de Conservación e Restauración de Bens Culturais, Manuel María Chaín Pérez, con fecha del 13 de marzo de 2024, dice lo siguiente: «El proyecto propone la colocación de lanzas metálicas prolongando las gárgolas existentes. Esta solución es necesaria en la fachada sur, la del Obradoiro, para alejar el agua evacuado de la cubierta del balcón que se añadió a la fachada original del parador. No aparece un detalle concreto de la forma de colocación de este elemento, aspecto que deberá ser estudiado de forma específica en el proyecto de restauración. Se debe analizar, por una parte, que la solución constructiva es compatible con la conservación íntegra del elemento pétreo original. Por otra parte, se debe analizar desde una perspectiva estética y de interpretación del elemento escultórico, como se adapta e incorpora la lanza metálica a la figura esculpida, con especial atención a aquellas que presentan diseños antropomórficos o zoomorfia. Se debe buscar que estos elementos no alteren de forma crítica la correcta lectura e interpretación de las formas esculpidas». Pero las obras de dicho proyecto, que al margen de estas dudas cumplía con todo lo establecido, acabaron acometiéndose sin que Paradores arrojase luz sobre esta cuestión. Así lo ha confirmado el conselleiro de Cultura, José López Campos, que ha reivindicado el «prestigio» de los equipos a cargo de su elaboración, pero también ha considerado «más que justificado» el «rechazo» frente a la solución aplicada. En cuanto al gobierno local compostelano, la concejala Míriam Louzao admitía esta semana que la solución adoptada no es «satisfactoria» desde el punto de vista estético, pero insistía en que cualquier posible modificación o corrección correspondería a la Xunta. Evitar «un impacto mucho mayor»Desde el equipo redactor del proyecto, sin embargo, defienden que la solución adoptada —la incorporación de prolongaciones metálicas— cuenta con precedentes históricos documentados en distintas épocas y también en el propio inmueble. Y sostienen que se analizaron alternativas como bajantes, canalizaciones ocultas o tratamientos impermeabilizantes, pero que todas ellas implicaban «un impacto mucho mayor» en la fachada o resultaban menos eficaces. Defienden que la opción actual permite mantener la función original de la gárgola y minimizar el daño sobre la piedra, y atribuyen parte de la polémica a una percepción visual focalizada en algunos elementos concretos —la gárgola antropomórfica y «más escatológica»— más que al conjunto de la intervención.La polémica queda ahora a la espera de una resolución técnica por parte de Patrimonio, que este viernes ha mantenido una reunión con el equipo a cargo del proyecto para estudiar «una solución técnica adecuada, idónea e funcional» para este caso. Finalmente, en el encuentro no se ha decidido la fórmula definitiva, pero sí se pusieron sobre la mesa opciones. En declaraciones a ABC, el director xeral de Patrimonio, Ángel Miramontes, ha explicado que entre ellas contemplan distintos tamaños para las lanzas y un estudio tipológico individualizado de cada gárgola, con idea de adaptar a cada una la solución que se aplique, de resultar procedente. Las conversaciones están abiertas. Mientras, sobre la mesa, el debate de cómo actuar sobre el patrimonio sin alterar el equilibrio arquitectónico en una de las plazas con más renombre de Europa. Las obras de rehabilitación en el Hostal dos Reis Católicos, una de las emblemáticas construcciones que presiden la Praza do Obradoiro en la capital gallega, están despertando sensibilidades. La intervención en las gárgolas que decoran las alturas del histórico inmueble ha incorporado en ellas unos distinguibles tubos metálicos para que la evacuación de agua aterrice en la calle y no en la balconada, evitándole humedades y otros daños. El problema es que la introducción de estos canutos rompe por completo con el diseño original. Y, más allá de lo estético, tanto a instituciones como a voces expertas les preocupa que la lectura de estos elementos arquitectónicos se esté viendo empañada. Así se ha abierto un debate que se emplaza, más que en lo técnico, en lo patrimonial y social: cuando se trata de intervenir sobre el patrimonio histórico, ¿pesa más el valor práctico que el artístico?Para ofrecer contexto, el edificio está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) y forma parte de uno de los conjuntos más sensibles del patrimonio gallego. No es extraño, por tanto, que cualquier actuación se someta a un elevado nivel de exigencia; y aún así la solución elegida para resolver el drenaje de las gárgolas ha detonado la controversia. La instalación de tubos es, a la vez, funcional y discordante con la arquitectura del parador, y afecta directamente a la experiencia que se lleva el viandante —de hecho, estos días la polémica se ha vuelto una anécdota recurrente en los tours por la ciudad—. Entre las voces críticas está la de la Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal). «Otras soluciones»En una carta abierta dirigida al equipo redactor del proyecto, sostiene que la actuación «no está a la altura del lugar» y advierte de que el problema no es la necesidad de evacuar el agua, que no rebate, sino la forma en que se ha resuelto. Más que «simples» elementos técnicos, describe las gárgolas como piezas «integradas» en un discurso arquitectónico y simbólico, y critica que la intervención rompe con él al introducir elementos ajenos y «visualmente agresivos». «No se trata de una cuestión de gusto, sino de adecuación. Hay, además, un aspecto que hace falta decir con claridad: a los gallegos no nos incomoda la intervención contemporánea; los incomoda la intervención que no entiende el lugar», afirma en su misiva Carlos Henrique Fernández Coto, presidente de la asociación.Gárgolas dispuestas en la fachada del Hostal dos Reis Católicos con sus respectivos tubos de metal. Miguel MuñizEn ese sentido, incide en que el Obradoiro «no admite banalizaciones ni respuestas extravagantes» y defiende que en un espacio «de este nivel» el arquitecto debe aspirar a pasar desapercibido. Con ese argumento rechaza que la actuación se justifique «como única ni como inevitable», pese a que responda a criterios técnicos o administrativos, señalando que «hay otras soluciones» que resultarían menos invasivas, como sistemas de canalización ocultos o integrados en la construcción de forma más discreta.El debate ha llegado a oídos de referentes internacionales en el ámbito: el arquitecto británico David Chipperfield, premio Pritzker y con una reconocida trayectoria en intervenciones sobre patrimonio, además de persona al frente de la Fundación RIA en la capital gallega, reaccionó a la polémica en redes sociales, comentando en respuesta a una publicación de Apatrigal sobre el tema: «Totalmente impactante… me pregunto cómo será el resto del proyecto».¿A quién corresponde actuar?La atribución de competencias no se solventa señalando solo hacia un lado, porque el recorrido que han tenido las obras pasa por las administraciones estatal, autonómica y local. El edificio pertenece al Gobierno, a través de Paradores de Turismo de España, que es la concesionaria que presentó el proyecto. Este recibió, después, el visto bueno de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultura de la Xunta —con ciertos requerimientos—, órgano competente para autorizar y evaluar este tipo de intervenciones al tratarse de un BIC. Y también el de la Comisión Asesora da Cidade Histórica, en la que participan todos los grupos políticos de Santiago.En un informe de 2022, Patrimonio exigía al Estado la presentación de un informe, a través de Paradores, que incluyese más detalles sobre algunos elementos, entre ellos las gárgolas. En concreto, contemplaba la instalación de canutos pero requería que despejase ciertas dudas para asegurar que la intervención sería «compatible» con el conjunto arquitectónico y escultórico y que pesaría la «perspectiva estética y de interpretación» de sus elementos, protegiendo de alteraciones su lectura artística y simbólica.Textualmente, el informe, firmado por el subdirector xeral de Conservación e Restauración de Bens Culturais, Manuel María Chaín Pérez, con fecha del 13 de marzo de 2024, dice lo siguiente: «El proyecto propone la colocación de lanzas metálicas prolongando las gárgolas existentes. Esta solución es necesaria en la fachada sur, la del Obradoiro, para alejar el agua evacuado de la cubierta del balcón que se añadió a la fachada original del parador. No aparece un detalle concreto de la forma de colocación de este elemento, aspecto que deberá ser estudiado de forma específica en el proyecto de restauración. Se debe analizar, por una parte, que la solución constructiva es compatible con la conservación íntegra del elemento pétreo original. Por otra parte, se debe analizar desde una perspectiva estética y de interpretación del elemento escultórico, como se adapta e incorpora la lanza metálica a la figura esculpida, con especial atención a aquellas que presentan diseños antropomórficos o zoomorfia. Se debe buscar que estos elementos no alteren de forma crítica la correcta lectura e interpretación de las formas esculpidas». Pero las obras de dicho proyecto, que al margen de estas dudas cumplía con todo lo establecido, acabaron acometiéndose sin que Paradores arrojase luz sobre esta cuestión. Así lo ha confirmado el conselleiro de Cultura, José López Campos, que ha reivindicado el «prestigio» de los equipos a cargo de su elaboración, pero también ha considerado «más que justificado» el «rechazo» frente a la solución aplicada. En cuanto al gobierno local compostelano, la concejala Míriam Louzao admitía esta semana que la solución adoptada no es «satisfactoria» desde el punto de vista estético, pero insistía en que cualquier posible modificación o corrección correspondería a la Xunta. Evitar «un impacto mucho mayor»Desde el equipo redactor del proyecto, sin embargo, defienden que la solución adoptada —la incorporación de prolongaciones metálicas— cuenta con precedentes históricos documentados en distintas épocas y también en el propio inmueble. Y sostienen que se analizaron alternativas como bajantes, canalizaciones ocultas o tratamientos impermeabilizantes, pero que todas ellas implicaban «un impacto mucho mayor» en la fachada o resultaban menos eficaces. Defienden que la opción actual permite mantener la función original de la gárgola y minimizar el daño sobre la piedra, y atribuyen parte de la polémica a una percepción visual focalizada en algunos elementos concretos —la gárgola antropomórfica y «más escatológica»— más que al conjunto de la intervención.La polémica queda ahora a la espera de una resolución técnica por parte de Patrimonio, que este viernes ha mantenido una reunión con el equipo a cargo del proyecto para estudiar «una solución técnica adecuada, idónea e funcional» para este caso. Finalmente, en el encuentro no se ha decidido la fórmula definitiva, pero sí se pusieron sobre la mesa opciones. En declaraciones a ABC, el director xeral de Patrimonio, Ángel Miramontes, ha explicado que entre ellas contemplan distintos tamaños para las lanzas y un estudio tipológico individualizado de cada gárgola, con idea de adaptar a cada una la solución que se aplique, de resultar procedente. Las conversaciones están abiertas. Mientras, sobre la mesa, el debate de cómo actuar sobre el patrimonio sin alterar el equilibrio arquitectónico en una de las plazas con más renombre de Europa. Las obras de rehabilitación en el Hostal dos Reis Católicos, una de las emblemáticas construcciones que presiden la Praza do Obradoiro en la capital gallega, están despertando sensibilidades. La intervención en las gárgolas que decoran las alturas del histórico inmueble ha incorporado en ellas unos distinguibles tubos metálicos para que la evacuación de agua aterrice en la calle y no en la balconada, evitándole humedades y otros daños. El problema es que la introducción de estos canutos rompe por completo con el diseño original. Y, más allá de lo estético, tanto a instituciones como a voces expertas les preocupa que la lectura de estos elementos arquitectónicos se esté viendo empañada. Así se ha abierto un debate que se emplaza, más que en lo técnico, en lo patrimonial y social: cuando se trata de intervenir sobre el patrimonio histórico, ¿pesa más el valor práctico que el artístico?Para ofrecer contexto, el edificio está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) y forma parte de uno de los conjuntos más sensibles del patrimonio gallego. No es extraño, por tanto, que cualquier actuación se someta a un elevado nivel de exigencia; y aún así la solución elegida para resolver el drenaje de las gárgolas ha detonado la controversia. La instalación de tubos es, a la vez, funcional y discordante con la arquitectura del parador, y afecta directamente a la experiencia que se lleva el viandante —de hecho, estos días la polémica se ha vuelto una anécdota recurrente en los tours por la ciudad—. Entre las voces críticas está la de la Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal). «Otras soluciones»En una carta abierta dirigida al equipo redactor del proyecto, sostiene que la actuación «no está a la altura del lugar» y advierte de que el problema no es la necesidad de evacuar el agua, que no rebate, sino la forma en que se ha resuelto. Más que «simples» elementos técnicos, describe las gárgolas como piezas «integradas» en un discurso arquitectónico y simbólico, y critica que la intervención rompe con él al introducir elementos ajenos y «visualmente agresivos». «No se trata de una cuestión de gusto, sino de adecuación. Hay, además, un aspecto que hace falta decir con claridad: a los gallegos no nos incomoda la intervención contemporánea; los incomoda la intervención que no entiende el lugar», afirma en su misiva Carlos Henrique Fernández Coto, presidente de la asociación.Gárgolas dispuestas en la fachada del Hostal dos Reis Católicos con sus respectivos tubos de metal. Miguel MuñizEn ese sentido, incide en que el Obradoiro «no admite banalizaciones ni respuestas extravagantes» y defiende que en un espacio «de este nivel» el arquitecto debe aspirar a pasar desapercibido. Con ese argumento rechaza que la actuación se justifique «como única ni como inevitable», pese a que responda a criterios técnicos o administrativos, señalando que «hay otras soluciones» que resultarían menos invasivas, como sistemas de canalización ocultos o integrados en la construcción de forma más discreta.El debate ha llegado a oídos de referentes internacionales en el ámbito: el arquitecto británico David Chipperfield, premio Pritzker y con una reconocida trayectoria en intervenciones sobre patrimonio, además de persona al frente de la Fundación RIA en la capital gallega, reaccionó a la polémica en redes sociales, comentando en respuesta a una publicación de Apatrigal sobre el tema: «Totalmente impactante… me pregunto cómo será el resto del proyecto».¿A quién corresponde actuar?La atribución de competencias no se solventa señalando solo hacia un lado, porque el recorrido que han tenido las obras pasa por las administraciones estatal, autonómica y local. El edificio pertenece al Gobierno, a través de Paradores de Turismo de España, que es la concesionaria que presentó el proyecto. Este recibió, después, el visto bueno de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultura de la Xunta —con ciertos requerimientos—, órgano competente para autorizar y evaluar este tipo de intervenciones al tratarse de un BIC. Y también el de la Comisión Asesora da Cidade Histórica, en la que participan todos los grupos políticos de Santiago.En un informe de 2022, Patrimonio exigía al Estado la presentación de un informe, a través de Paradores, que incluyese más detalles sobre algunos elementos, entre ellos las gárgolas. En concreto, contemplaba la instalación de canutos pero requería que despejase ciertas dudas para asegurar que la intervención sería «compatible» con el conjunto arquitectónico y escultórico y que pesaría la «perspectiva estética y de interpretación» de sus elementos, protegiendo de alteraciones su lectura artística y simbólica.Textualmente, el informe, firmado por el subdirector xeral de Conservación e Restauración de Bens Culturais, Manuel María Chaín Pérez, con fecha del 13 de marzo de 2024, dice lo siguiente: «El proyecto propone la colocación de lanzas metálicas prolongando las gárgolas existentes. Esta solución es necesaria en la fachada sur, la del Obradoiro, para alejar el agua evacuado de la cubierta del balcón que se añadió a la fachada original del parador. No aparece un detalle concreto de la forma de colocación de este elemento, aspecto que deberá ser estudiado de forma específica en el proyecto de restauración. Se debe analizar, por una parte, que la solución constructiva es compatible con la conservación íntegra del elemento pétreo original. Por otra parte, se debe analizar desde una perspectiva estética y de interpretación del elemento escultórico, como se adapta e incorpora la lanza metálica a la figura esculpida, con especial atención a aquellas que presentan diseños antropomórficos o zoomorfia. Se debe buscar que estos elementos no alteren de forma crítica la correcta lectura e interpretación de las formas esculpidas». Pero las obras de dicho proyecto, que al margen de estas dudas cumplía con todo lo establecido, acabaron acometiéndose sin que Paradores arrojase luz sobre esta cuestión. Así lo ha confirmado el conselleiro de Cultura, José López Campos, que ha reivindicado el «prestigio» de los equipos a cargo de su elaboración, pero también ha considerado «más que justificado» el «rechazo» frente a la solución aplicada. En cuanto al gobierno local compostelano, la concejala Míriam Louzao admitía esta semana que la solución adoptada no es «satisfactoria» desde el punto de vista estético, pero insistía en que cualquier posible modificación o corrección correspondería a la Xunta. Evitar «un impacto mucho mayor»Desde el equipo redactor del proyecto, sin embargo, defienden que la solución adoptada —la incorporación de prolongaciones metálicas— cuenta con precedentes históricos documentados en distintas épocas y también en el propio inmueble. Y sostienen que se analizaron alternativas como bajantes, canalizaciones ocultas o tratamientos impermeabilizantes, pero que todas ellas implicaban «un impacto mucho mayor» en la fachada o resultaban menos eficaces. Defienden que la opción actual permite mantener la función original de la gárgola y minimizar el daño sobre la piedra, y atribuyen parte de la polémica a una percepción visual focalizada en algunos elementos concretos —la gárgola antropomórfica y «más escatológica»— más que al conjunto de la intervención.La polémica queda ahora a la espera de una resolución técnica por parte de Patrimonio, que este viernes ha mantenido una reunión con el equipo a cargo del proyecto para estudiar «una solución técnica adecuada, idónea e funcional» para este caso. Finalmente, en el encuentro no se ha decidido la fórmula definitiva, pero sí se pusieron sobre la mesa opciones. En declaraciones a ABC, el director xeral de Patrimonio, Ángel Miramontes, ha explicado que entre ellas contemplan distintos tamaños para las lanzas y un estudio tipológico individualizado de cada gárgola, con idea de adaptar a cada una la solución que se aplique, de resultar procedente. Las conversaciones están abiertas. Mientras, sobre la mesa, el debate de cómo actuar sobre el patrimonio sin alterar el equilibrio arquitectónico en una de las plazas con más renombre de Europa. RSS de noticias de espana
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