Hubo un tiempo en que no salir citado en la columna de Francisco Umbral , aunque fuera para bien, era casi una ofensa. Ya lo escribió Sabina: «Cómo te odiaba, viéndome excluido / de la efímera fama del ‘spleen’ / Soñaba que mi nombre, con negritas, / brillaba, en tu columna de ‘El País’». «Había un auténtico afán por figurar en sus artículos. Umbral fue un auténtico ‘influencer’. Ejerció una influencia enorme en la crónica social política y cultural que escribía a diario», dice Miguel González Somovilla . Desde que murió, en 2007, no ha habido otro escritor en periódicos como él. «Hoy el debate público se produce en otros espacios». Publicó tantas columnas –probablemente unas cincuenta mil– en tantos periódicos –por lo menos 140– que ha dado para una treintena de antologías. La última es ‘Francisco Umbral. Escribir lo vivido’ (Biblioteca Castro), editada por González Somovilla. Si bien no aspira a ser la definitiva, sí pretende cubrir toda su producción periodística, desde sus primeros textos de 1955 hasta los que publicó apenas un mes antes de su muerte. «He intentado representar los distintos momentos de su trayectoria. Eso permite observar también su evolución estilística, ideológica y personal». Son, en total, 350 artículos de un personaje fascinante, un perdedor que conquistó Madrid. «Lo fue por su biografía: su condición de hijo de madre soltera en Valladolid, la ausencia del padre, las dificultades económicas, el sentirse señalado como alguien distinto, la muerte del hijo. También tuvo claro que había que ir a Madrid y conquistar». A fe que lo hizo. Escribió en ‘El País’, en ABC y en ‘El Mundo’. Y aunque siempre le quedó la espina de no haber podido ingresar en la Real Academia Española –«Es una institución muerta, gris, triste, oscura y aburrida»–, a cambio obtuvo la consagración del premio Cervantes. «Les hemos ganado».Umbral fue un precursor en eso de construirse un personaje. Más allá del meme del «he venido a hablar de mi libro», cultivó cierta imagen de maldito, con abrigo largo, bufanda y Olivetti. «Umbral terminó transformándose en una de sus propias ‘negritas’: en un personaje reconocible más allá de la literatura», dice González Somovilla. Las negritas. Esa fue su primera gran innovación en la columna diaria. Fue una propuesta de Juan Luis Cebrián , el primer director de ‘El País’. Lo había leído en Colpisa y supo que nadie como él podría contar la vida social y cultural de la Transición. Las negritas eran para destacar los nombres propios que mencionaba. «Tuvo la influencia social y literaria de Larra, desde luego», opina Cebrián. Inventó un género. Aquella influencia tuvo un precio. Algunos artículos provocaron choques dentro del periódico y Umbral se marchó con Pedro J. Ramírez a ‘Diario 16’ y ‘El Mundo’, con un breve paso de mes y medio por ABC. Y eso que se presentaba como un «hombre de izquierdas». «Era el mejor de todos nosotros y solo los sectarios discutían la maestría de sus artículos», recuerda Luis María Anson . Umbral quería estar en ABC porque «el ABC Cultural es hoy [por el año 1993] el mayor escaparate literario de España. […] Supone un salto definitivo en mi carrera de escritor. Más que la triste Academia». Pero no encajó y volvió a ‘El Mundo’. «Hoy, no tendría la importancia que alcanzó en la vida española», dice Pedro J.Fichado por el RégimenPolémico siempre, antes de conquistar Madrid estuvo bajo la lupa de la censura. «Es una de las aportaciones del libro –señala González Somovilla–. He localizado un informe del Ministerio de Información y Turismo lo calificaba como ‘desafecto al régimen’, ‘pornógrafo’ o ‘pluma venenosa’». Al parecer –no está claro que ocurriera así–, le rompieron ocho costillas en una paliza que ordenó Paco Rabal, molesto por haber salido en la novela ‘El Giocondo’. El franquismo lo tenía por una «persona de izquierdas» que en todos sus escritos hacía «una crítica parcial y sistemática del Gobierno y del Régimen». ¿Era Umbral tan de izquierdas? «Él siempre se declaró de izquierdas, pero tuvo una evolución. Se aprecia en la selección de textos políticos. Los primeros textos están dedicados a figuras del exilio, como Sender o Aub, y los últimos son elogios a Rajoy o Esperanza Aguirre. Entre medias aparecen la simpatía por el eurocomunismo, el entusiasmo por la Transición y las posteriores rupturas con el felipismo». Había aprendido de Ruano que en un artículo cabía todo: «En el artículo/columna, sí, debes sostener una opinión. Pero solo hasta el punto y aparte. Luego puedes sostener todo lo contrario con la misma convicción y parecidos argumentos».’Francisco Umbral. Escribir lo vivido’ Edición Miguel González Somovilla Editorial Biblioteca Castro Precio 58 euros Número de páginas 830Antes que nada, fue columnista, y a la vez fue poeta, narrador, ensayista, biógrafo, radiofonista, dramaturgo, guionista y hasta publicista. «Trabajó en muchos registros antes de convertirse en el gran columnista que conocemos», recuerda González Somovilla. Para ‘El Norte de Castilla’ de Delibes entrevistó a figuras como Marisol o Lola Flores; para ‘Blanco y Negro’ fue a Murcia a entrevistar a Piedad, una niña de 12 años que había envenenado a sus cuatro hermanos. De aquella visita salió una crónica acompañada por una fotografía en la que aparecía entrevistándola. «No mires a esa luz –le digo–. Hace daño en los ojos. Y tienes unos ojos muy bonitos…», escribió. Umbral, concluye González Somovilla, merece una recopilación integral de su obra. «Y no solo por razones literarias, sino también por su interés histórico y periodístico, aunque no necesariamente tenga que materializarse en una colección de tomos impresos. Sus textos son una fuente extraordinaria para estudiar la historia social, política y cultural de España durante medio siglo». Hubo un tiempo en que no salir citado en la columna de Francisco Umbral , aunque fuera para bien, era casi una ofensa. Ya lo escribió Sabina: «Cómo te odiaba, viéndome excluido / de la efímera fama del ‘spleen’ / Soñaba que mi nombre, con negritas, / brillaba, en tu columna de ‘El País’». «Había un auténtico afán por figurar en sus artículos. Umbral fue un auténtico ‘influencer’. Ejerció una influencia enorme en la crónica social política y cultural que escribía a diario», dice Miguel González Somovilla . Desde que murió, en 2007, no ha habido otro escritor en periódicos como él. «Hoy el debate público se produce en otros espacios». Publicó tantas columnas –probablemente unas cincuenta mil– en tantos periódicos –por lo menos 140– que ha dado para una treintena de antologías. La última es ‘Francisco Umbral. Escribir lo vivido’ (Biblioteca Castro), editada por González Somovilla. Si bien no aspira a ser la definitiva, sí pretende cubrir toda su producción periodística, desde sus primeros textos de 1955 hasta los que publicó apenas un mes antes de su muerte. «He intentado representar los distintos momentos de su trayectoria. Eso permite observar también su evolución estilística, ideológica y personal». Son, en total, 350 artículos de un personaje fascinante, un perdedor que conquistó Madrid. «Lo fue por su biografía: su condición de hijo de madre soltera en Valladolid, la ausencia del padre, las dificultades económicas, el sentirse señalado como alguien distinto, la muerte del hijo. También tuvo claro que había que ir a Madrid y conquistar». A fe que lo hizo. Escribió en ‘El País’, en ABC y en ‘El Mundo’. Y aunque siempre le quedó la espina de no haber podido ingresar en la Real Academia Española –«Es una institución muerta, gris, triste, oscura y aburrida»–, a cambio obtuvo la consagración del premio Cervantes. «Les hemos ganado».Umbral fue un precursor en eso de construirse un personaje. Más allá del meme del «he venido a hablar de mi libro», cultivó cierta imagen de maldito, con abrigo largo, bufanda y Olivetti. «Umbral terminó transformándose en una de sus propias ‘negritas’: en un personaje reconocible más allá de la literatura», dice González Somovilla. Las negritas. Esa fue su primera gran innovación en la columna diaria. Fue una propuesta de Juan Luis Cebrián , el primer director de ‘El País’. Lo había leído en Colpisa y supo que nadie como él podría contar la vida social y cultural de la Transición. Las negritas eran para destacar los nombres propios que mencionaba. «Tuvo la influencia social y literaria de Larra, desde luego», opina Cebrián. Inventó un género. Aquella influencia tuvo un precio. Algunos artículos provocaron choques dentro del periódico y Umbral se marchó con Pedro J. Ramírez a ‘Diario 16’ y ‘El Mundo’, con un breve paso de mes y medio por ABC. Y eso que se presentaba como un «hombre de izquierdas». «Era el mejor de todos nosotros y solo los sectarios discutían la maestría de sus artículos», recuerda Luis María Anson . Umbral quería estar en ABC porque «el ABC Cultural es hoy [por el año 1993] el mayor escaparate literario de España. […] Supone un salto definitivo en mi carrera de escritor. Más que la triste Academia». Pero no encajó y volvió a ‘El Mundo’. «Hoy, no tendría la importancia que alcanzó en la vida española», dice Pedro J.Fichado por el RégimenPolémico siempre, antes de conquistar Madrid estuvo bajo la lupa de la censura. «Es una de las aportaciones del libro –señala González Somovilla–. He localizado un informe del Ministerio de Información y Turismo lo calificaba como ‘desafecto al régimen’, ‘pornógrafo’ o ‘pluma venenosa’». Al parecer –no está claro que ocurriera así–, le rompieron ocho costillas en una paliza que ordenó Paco Rabal, molesto por haber salido en la novela ‘El Giocondo’. El franquismo lo tenía por una «persona de izquierdas» que en todos sus escritos hacía «una crítica parcial y sistemática del Gobierno y del Régimen». ¿Era Umbral tan de izquierdas? «Él siempre se declaró de izquierdas, pero tuvo una evolución. Se aprecia en la selección de textos políticos. Los primeros textos están dedicados a figuras del exilio, como Sender o Aub, y los últimos son elogios a Rajoy o Esperanza Aguirre. Entre medias aparecen la simpatía por el eurocomunismo, el entusiasmo por la Transición y las posteriores rupturas con el felipismo». Había aprendido de Ruano que en un artículo cabía todo: «En el artículo/columna, sí, debes sostener una opinión. Pero solo hasta el punto y aparte. Luego puedes sostener todo lo contrario con la misma convicción y parecidos argumentos».’Francisco Umbral. Escribir lo vivido’ Edición Miguel González Somovilla Editorial Biblioteca Castro Precio 58 euros Número de páginas 830Antes que nada, fue columnista, y a la vez fue poeta, narrador, ensayista, biógrafo, radiofonista, dramaturgo, guionista y hasta publicista. «Trabajó en muchos registros antes de convertirse en el gran columnista que conocemos», recuerda González Somovilla. Para ‘El Norte de Castilla’ de Delibes entrevistó a figuras como Marisol o Lola Flores; para ‘Blanco y Negro’ fue a Murcia a entrevistar a Piedad, una niña de 12 años que había envenenado a sus cuatro hermanos. De aquella visita salió una crónica acompañada por una fotografía en la que aparecía entrevistándola. «No mires a esa luz –le digo–. Hace daño en los ojos. Y tienes unos ojos muy bonitos…», escribió. Umbral, concluye González Somovilla, merece una recopilación integral de su obra. «Y no solo por razones literarias, sino también por su interés histórico y periodístico, aunque no necesariamente tenga que materializarse en una colección de tomos impresos. Sus textos son una fuente extraordinaria para estudiar la historia social, política y cultural de España durante medio siglo». Hubo un tiempo en que no salir citado en la columna de Francisco Umbral , aunque fuera para bien, era casi una ofensa. Ya lo escribió Sabina: «Cómo te odiaba, viéndome excluido / de la efímera fama del ‘spleen’ / Soñaba que mi nombre, con negritas, / brillaba, en tu columna de ‘El País’». «Había un auténtico afán por figurar en sus artículos. Umbral fue un auténtico ‘influencer’. Ejerció una influencia enorme en la crónica social política y cultural que escribía a diario», dice Miguel González Somovilla . Desde que murió, en 2007, no ha habido otro escritor en periódicos como él. «Hoy el debate público se produce en otros espacios». Publicó tantas columnas –probablemente unas cincuenta mil– en tantos periódicos –por lo menos 140– que ha dado para una treintena de antologías. La última es ‘Francisco Umbral. Escribir lo vivido’ (Biblioteca Castro), editada por González Somovilla. Si bien no aspira a ser la definitiva, sí pretende cubrir toda su producción periodística, desde sus primeros textos de 1955 hasta los que publicó apenas un mes antes de su muerte. «He intentado representar los distintos momentos de su trayectoria. Eso permite observar también su evolución estilística, ideológica y personal». Son, en total, 350 artículos de un personaje fascinante, un perdedor que conquistó Madrid. «Lo fue por su biografía: su condición de hijo de madre soltera en Valladolid, la ausencia del padre, las dificultades económicas, el sentirse señalado como alguien distinto, la muerte del hijo. También tuvo claro que había que ir a Madrid y conquistar». A fe que lo hizo. Escribió en ‘El País’, en ABC y en ‘El Mundo’. Y aunque siempre le quedó la espina de no haber podido ingresar en la Real Academia Española –«Es una institución muerta, gris, triste, oscura y aburrida»–, a cambio obtuvo la consagración del premio Cervantes. «Les hemos ganado».Umbral fue un precursor en eso de construirse un personaje. Más allá del meme del «he venido a hablar de mi libro», cultivó cierta imagen de maldito, con abrigo largo, bufanda y Olivetti. «Umbral terminó transformándose en una de sus propias ‘negritas’: en un personaje reconocible más allá de la literatura», dice González Somovilla. Las negritas. Esa fue su primera gran innovación en la columna diaria. Fue una propuesta de Juan Luis Cebrián , el primer director de ‘El País’. Lo había leído en Colpisa y supo que nadie como él podría contar la vida social y cultural de la Transición. Las negritas eran para destacar los nombres propios que mencionaba. «Tuvo la influencia social y literaria de Larra, desde luego», opina Cebrián. Inventó un género. Aquella influencia tuvo un precio. Algunos artículos provocaron choques dentro del periódico y Umbral se marchó con Pedro J. Ramírez a ‘Diario 16’ y ‘El Mundo’, con un breve paso de mes y medio por ABC. Y eso que se presentaba como un «hombre de izquierdas». «Era el mejor de todos nosotros y solo los sectarios discutían la maestría de sus artículos», recuerda Luis María Anson . Umbral quería estar en ABC porque «el ABC Cultural es hoy [por el año 1993] el mayor escaparate literario de España. […] Supone un salto definitivo en mi carrera de escritor. Más que la triste Academia». Pero no encajó y volvió a ‘El Mundo’. «Hoy, no tendría la importancia que alcanzó en la vida española», dice Pedro J.Fichado por el RégimenPolémico siempre, antes de conquistar Madrid estuvo bajo la lupa de la censura. «Es una de las aportaciones del libro –señala González Somovilla–. He localizado un informe del Ministerio de Información y Turismo lo calificaba como ‘desafecto al régimen’, ‘pornógrafo’ o ‘pluma venenosa’». Al parecer –no está claro que ocurriera así–, le rompieron ocho costillas en una paliza que ordenó Paco Rabal, molesto por haber salido en la novela ‘El Giocondo’. El franquismo lo tenía por una «persona de izquierdas» que en todos sus escritos hacía «una crítica parcial y sistemática del Gobierno y del Régimen». ¿Era Umbral tan de izquierdas? «Él siempre se declaró de izquierdas, pero tuvo una evolución. Se aprecia en la selección de textos políticos. Los primeros textos están dedicados a figuras del exilio, como Sender o Aub, y los últimos son elogios a Rajoy o Esperanza Aguirre. Entre medias aparecen la simpatía por el eurocomunismo, el entusiasmo por la Transición y las posteriores rupturas con el felipismo». Había aprendido de Ruano que en un artículo cabía todo: «En el artículo/columna, sí, debes sostener una opinión. Pero solo hasta el punto y aparte. Luego puedes sostener todo lo contrario con la misma convicción y parecidos argumentos».’Francisco Umbral. Escribir lo vivido’ Edición Miguel González Somovilla Editorial Biblioteca Castro Precio 58 euros Número de páginas 830Antes que nada, fue columnista, y a la vez fue poeta, narrador, ensayista, biógrafo, radiofonista, dramaturgo, guionista y hasta publicista. «Trabajó en muchos registros antes de convertirse en el gran columnista que conocemos», recuerda González Somovilla. Para ‘El Norte de Castilla’ de Delibes entrevistó a figuras como Marisol o Lola Flores; para ‘Blanco y Negro’ fue a Murcia a entrevistar a Piedad, una niña de 12 años que había envenenado a sus cuatro hermanos. De aquella visita salió una crónica acompañada por una fotografía en la que aparecía entrevistándola. «No mires a esa luz –le digo–. Hace daño en los ojos. Y tienes unos ojos muy bonitos…», escribió. Umbral, concluye González Somovilla, merece una recopilación integral de su obra. «Y no solo por razones literarias, sino también por su interés histórico y periodístico, aunque no necesariamente tenga que materializarse en una colección de tomos impresos. Sus textos son una fuente extraordinaria para estudiar la historia social, política y cultural de España durante medio siglo». RSS de noticias de cultura
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