Solían pedírselas a los camareros o recogerlas directamente del suelo. Bastaba con un puñado. De pelota hacía un garbanzo y de portería alguna que otra abandonada caja de zapatos. Las mallas de las naranjas tejían la red. Se recuperaban de los cromos y las revistas deportivas los escudos, dorsales de camisetas y rostros de las estrellas del fútbol de la época. O se dibujaban. Tenían relieves y dobleces. Se notaba en la mayoría el esfuerzo por recomponerlas. Con tiza en mano, se delimitaba el improvisado terreno de juego. De los campos de arena de los patios de los colegios a las más solitarias aceras. El fútbolchapas se abría paso en cualquier rincón. «Tantas horas en el suelo nos dejaban las rodillas raspadas», recuerda Javier Hernández, vicepresidente de ACD Fútbolchapas Madrid, el club decano a nivel nacional de este deporte –federado desde 2002–, dedicado a profesionalizar el tradicional juego callejero.«Aquí cada uno tendrá su propia historia. La mía comienza en los interminables veranos de Plasencia. Años noventa. Había que buscarse el entretenimiento como fuera, que no era otro que jugar a las chapas. Nos pasábamos las horas enteras. Yo seguía haciéndolo incluso en casa, ya de regreso en Madrid. Una tarde, con quince años, mi padre me dio a conocer a través de una reseña publicada en el periódico que había personas que se reunían para jugar. Nos acercamos a la dirección mostrada, donde se fraguó toda esta locura», explica Hernández a ABC desde el centro cultural El Torito, en el barrio de Moratalaz, donde este fin de semana se celebra el XXII Open de Madrid de Fútbolchapas.Porque lo que comenzó con unas cuarenta personas reunidas en un local de Aluche sin luz, pasando luego por los bajos de pubs donde apenas cabían dos campos de fútbol, ha terminado convirtiéndose en la creación de la Federación Nacional de Fútbolchapas (LFC). Hoy, la entidad organiza una amplia variedad de competiciones –como la Superliga, la Liga Premier Madrid y la Copa Comunidad de Madrid–, reúne a una treintena de clubes en España, diez de ellos en nuestra región (Madrid, Alcalá de Henares, Móstoles, Fuenlabrada, Getafe, San Sebastián de los Reyes, Hortaleza, Valdemorillo, San Martín de Valdeiglesias y Coslada), y cuenta con alrededor de mil jugadores federados. «Cada cual jugaba con sus propias normas. Pero al reunirnos de repente tantos, surgió la necesidad de establecer una estructura y un reglamento común», indica Hernández. Noticia relacionada No No Una segunda vida para las naves de polígono gracias al ‘boom’ del pádel en Madrid Miguel Ángel Roca DuránEn un principio, apenas contaban con un par de campos de fútbol: «Nos tocaba jugar sólo una vez al mes. El salto llegó gracias a que uno de los miembros del grupo tenía un contacto en Las Lonjas de Moratalaz, lo que nos permitió dar un paso adelante y montar hasta ocho campos». Aquello fue el punto de partida de una nueva etapa. Ya no se jugaba en el suelo: el asfalto dio paso a un tablero de 1,70 por 1,50 metros, cubierto por una moqueta verde, situado a unos 90 centímetros del suelo, y el garbanzo fue sustituido por una pelota esférica de plástico de 15 milímetros de diámetro y un peso de entre 1,2 y 1,5 gramos. Actualmente, las chapas en su conjunto no pueden superar los 27 gramos. Y los partidos, que antaño tanto se eternizaban, ahora tienen una duración exacta de media hora.Con el tiempo, incluso han logrado fabricar un molde exacto y homologado del balón –que anteriormente se improvisaba con piezas de Lego– y encargar su producción a una empresa en China. Las porterías también quedaron reglamentadas, debiendo ser idénticas en todas las mesas: el grosor de los postes no puede superar el centímetro y no está permitido clavarlas ni fijarlas al terreno. «Algunas son auténticas maravillas de colección», señala Hernández. Y es que hay personas encargadas de personalizar estos elementos de forma artesanal: mallas pintadas a franjas verticales, réplicas de las de estadios como el Bernabéu o El Molinón de Gijón, postes de sujeción decorados con la bandera de Extremadura, el escudo del Real Madrid sobre la red o incluso expositores con césped artificial. «También los discos interiores de las chapas, algunos incluso personalizados con ayuda de IA». En el centro cultural El Torito se dan cita 128 jugadores llegados de distintos puntos de España. Se reparten en 32 mesas. El ambiente es cercano, casi familiar. Sorprende la ausencia de árbitro: «Los propios jugadores asumen esa responsabilidad cuando surge alguna duda». Faltas, saques de banda, córneres, penaltis. Todo sucede conforme a un reglamento minucioso –de 35 páginas– que reproduce con fidelidad las normas del fútbol real. Reconocido por el Consejo Superior de Deportes, este juego se presenta como «un deporte accesible, divertido y apasionante que fomenta la convivencia, la estrategia y la habilidad»: «Lo comparamos con el ajedrez y el billar».Deambulan por una de las salas principales Marcos, de 17 años, y Numa, de 61. Recuerda este último cuando jugaba con su padre –«una afición transmitida de generación en generación»–, mientras admite entre risas que entonces se permitían ciertas mañas que hoy ya no tienen cabida. Las porterías, cuenta, las improvisaba con piezas del Exin Castillos, aquel clásico de los setenta con el que se levantaban fortalezas medievales y que, en su caso, acababan convertidas en improvisadas porterías. Bastaban un garbanzo, un tapón y un mantel pintado con tiza sobre la mesa de casa.Fue en 2001, a través de una noticia en televisión, cuando descubrió que había gente reuniéndose para jugar de forma organizada. Desde entonces, encadena recuerdos de sótanos de bares, gimnasios de colegios, polideportivos municipales y frontones cubiertos, como el de La Elipa, cedido en 2003 por la Junta Municipal del Distrito de Moratalaz. Numa fue de los primeros en sumarse al club: «Llegamos a ser hasta 70 sólo en el de Madrid», recuerda.Han logrado fabricar un molde exacto y homologado del balón y encargar su producción a una empresa en ChinaMarcos, campeón del XVIII Campeonato de España individual sénior de fútbolchapas, lleva jugando desde los seis años. Empezó casi por casualidad, acompañando los fines de semana a su padre y a su hermano para no quedarse solo en casa, hasta que terminó completamente entregado. El año en que se alzó con el título llegó a dedicar hasta dos horas diarias a entrenar en su habitación. Los viernes, además, visitaba el club de Getafe, donde se organizaban partidos amistosos.Durante mucho tiempo, su entorno más cercano desconoció por completo aquella afición. No fue hasta los quince años cuando hizo mención de ella en clase, casi como quien suelta una confesión inesperada: «El viernes no vengo, me voy a Sevilla». El silencio inicial dio paso a la sorpresa. Las miradas de incredulidad no tardaron en aparecer, y Marcos tuvo que explicarse: viajaba para disputar el Campeonato de España de fútbolchapas. «¿Chapas?« El joven indicó con naturalidad que no se trataba sólo del tradicional juego callejero, sino de una disciplina con reglamento, competición oficial y jugadores federados.A nivel mundialDe hecho, este año se celebrará la primera competición a nivel mundial, con Budapest como sede. Hernández explica que España mantiene una estrecha relación con Portugal, donde también existen varios clubes que compiten bajo las mismas reglas españolas. Según relata el madrileño, el interés por este deporte crece también en Sudamérica y en parte de Europa central, especialmente en Polonia. «La idea, más que competir, es reunirnos y ver si conseguimos asentar unas bases», apunta.A Numa lo que más le llama la atención es hasta qué punto el juego se ha profesionalizado. A Marcos, en cambio, lo que más le sorprende es que no estuviera desde el principio asentado sobre unas reglas claras. «Estoy tan acostumbrado a jugar en moqueta que, ahora mismo, no sabría jugar con un garbanzo. ¡Se iría en todas direcciones!», reconoce el joven. Numa ríe. Solían pedírselas a los camareros o recogerlas directamente del suelo. Bastaba con un puñado. De pelota hacía un garbanzo y de portería alguna que otra abandonada caja de zapatos. Las mallas de las naranjas tejían la red. Se recuperaban de los cromos y las revistas deportivas los escudos, dorsales de camisetas y rostros de las estrellas del fútbol de la época. O se dibujaban. Tenían relieves y dobleces. Se notaba en la mayoría el esfuerzo por recomponerlas. Con tiza en mano, se delimitaba el improvisado terreno de juego. De los campos de arena de los patios de los colegios a las más solitarias aceras. El fútbolchapas se abría paso en cualquier rincón. «Tantas horas en el suelo nos dejaban las rodillas raspadas», recuerda Javier Hernández, vicepresidente de ACD Fútbolchapas Madrid, el club decano a nivel nacional de este deporte –federado desde 2002–, dedicado a profesionalizar el tradicional juego callejero.«Aquí cada uno tendrá su propia historia. La mía comienza en los interminables veranos de Plasencia. Años noventa. Había que buscarse el entretenimiento como fuera, que no era otro que jugar a las chapas. Nos pasábamos las horas enteras. Yo seguía haciéndolo incluso en casa, ya de regreso en Madrid. Una tarde, con quince años, mi padre me dio a conocer a través de una reseña publicada en el periódico que había personas que se reunían para jugar. Nos acercamos a la dirección mostrada, donde se fraguó toda esta locura», explica Hernández a ABC desde el centro cultural El Torito, en el barrio de Moratalaz, donde este fin de semana se celebra el XXII Open de Madrid de Fútbolchapas.Porque lo que comenzó con unas cuarenta personas reunidas en un local de Aluche sin luz, pasando luego por los bajos de pubs donde apenas cabían dos campos de fútbol, ha terminado convirtiéndose en la creación de la Federación Nacional de Fútbolchapas (LFC). Hoy, la entidad organiza una amplia variedad de competiciones –como la Superliga, la Liga Premier Madrid y la Copa Comunidad de Madrid–, reúne a una treintena de clubes en España, diez de ellos en nuestra región (Madrid, Alcalá de Henares, Móstoles, Fuenlabrada, Getafe, San Sebastián de los Reyes, Hortaleza, Valdemorillo, San Martín de Valdeiglesias y Coslada), y cuenta con alrededor de mil jugadores federados. «Cada cual jugaba con sus propias normas. Pero al reunirnos de repente tantos, surgió la necesidad de establecer una estructura y un reglamento común», indica Hernández. Noticia relacionada No No Una segunda vida para las naves de polígono gracias al ‘boom’ del pádel en Madrid Miguel Ángel Roca DuránEn un principio, apenas contaban con un par de campos de fútbol: «Nos tocaba jugar sólo una vez al mes. El salto llegó gracias a que uno de los miembros del grupo tenía un contacto en Las Lonjas de Moratalaz, lo que nos permitió dar un paso adelante y montar hasta ocho campos». Aquello fue el punto de partida de una nueva etapa. Ya no se jugaba en el suelo: el asfalto dio paso a un tablero de 1,70 por 1,50 metros, cubierto por una moqueta verde, situado a unos 90 centímetros del suelo, y el garbanzo fue sustituido por una pelota esférica de plástico de 15 milímetros de diámetro y un peso de entre 1,2 y 1,5 gramos. Actualmente, las chapas en su conjunto no pueden superar los 27 gramos. Y los partidos, que antaño tanto se eternizaban, ahora tienen una duración exacta de media hora.Con el tiempo, incluso han logrado fabricar un molde exacto y homologado del balón –que anteriormente se improvisaba con piezas de Lego– y encargar su producción a una empresa en China. Las porterías también quedaron reglamentadas, debiendo ser idénticas en todas las mesas: el grosor de los postes no puede superar el centímetro y no está permitido clavarlas ni fijarlas al terreno. «Algunas son auténticas maravillas de colección», señala Hernández. Y es que hay personas encargadas de personalizar estos elementos de forma artesanal: mallas pintadas a franjas verticales, réplicas de las de estadios como el Bernabéu o El Molinón de Gijón, postes de sujeción decorados con la bandera de Extremadura, el escudo del Real Madrid sobre la red o incluso expositores con césped artificial. «También los discos interiores de las chapas, algunos incluso personalizados con ayuda de IA». En el centro cultural El Torito se dan cita 128 jugadores llegados de distintos puntos de España. Se reparten en 32 mesas. El ambiente es cercano, casi familiar. Sorprende la ausencia de árbitro: «Los propios jugadores asumen esa responsabilidad cuando surge alguna duda». Faltas, saques de banda, córneres, penaltis. Todo sucede conforme a un reglamento minucioso –de 35 páginas– que reproduce con fidelidad las normas del fútbol real. Reconocido por el Consejo Superior de Deportes, este juego se presenta como «un deporte accesible, divertido y apasionante que fomenta la convivencia, la estrategia y la habilidad»: «Lo comparamos con el ajedrez y el billar».Deambulan por una de las salas principales Marcos, de 17 años, y Numa, de 61. Recuerda este último cuando jugaba con su padre –«una afición transmitida de generación en generación»–, mientras admite entre risas que entonces se permitían ciertas mañas que hoy ya no tienen cabida. Las porterías, cuenta, las improvisaba con piezas del Exin Castillos, aquel clásico de los setenta con el que se levantaban fortalezas medievales y que, en su caso, acababan convertidas en improvisadas porterías. Bastaban un garbanzo, un tapón y un mantel pintado con tiza sobre la mesa de casa.Fue en 2001, a través de una noticia en televisión, cuando descubrió que había gente reuniéndose para jugar de forma organizada. Desde entonces, encadena recuerdos de sótanos de bares, gimnasios de colegios, polideportivos municipales y frontones cubiertos, como el de La Elipa, cedido en 2003 por la Junta Municipal del Distrito de Moratalaz. Numa fue de los primeros en sumarse al club: «Llegamos a ser hasta 70 sólo en el de Madrid», recuerda.Han logrado fabricar un molde exacto y homologado del balón y encargar su producción a una empresa en ChinaMarcos, campeón del XVIII Campeonato de España individual sénior de fútbolchapas, lleva jugando desde los seis años. Empezó casi por casualidad, acompañando los fines de semana a su padre y a su hermano para no quedarse solo en casa, hasta que terminó completamente entregado. El año en que se alzó con el título llegó a dedicar hasta dos horas diarias a entrenar en su habitación. Los viernes, además, visitaba el club de Getafe, donde se organizaban partidos amistosos.Durante mucho tiempo, su entorno más cercano desconoció por completo aquella afición. No fue hasta los quince años cuando hizo mención de ella en clase, casi como quien suelta una confesión inesperada: «El viernes no vengo, me voy a Sevilla». El silencio inicial dio paso a la sorpresa. Las miradas de incredulidad no tardaron en aparecer, y Marcos tuvo que explicarse: viajaba para disputar el Campeonato de España de fútbolchapas. «¿Chapas?« El joven indicó con naturalidad que no se trataba sólo del tradicional juego callejero, sino de una disciplina con reglamento, competición oficial y jugadores federados.A nivel mundialDe hecho, este año se celebrará la primera competición a nivel mundial, con Budapest como sede. Hernández explica que España mantiene una estrecha relación con Portugal, donde también existen varios clubes que compiten bajo las mismas reglas españolas. Según relata el madrileño, el interés por este deporte crece también en Sudamérica y en parte de Europa central, especialmente en Polonia. «La idea, más que competir, es reunirnos y ver si conseguimos asentar unas bases», apunta.A Numa lo que más le llama la atención es hasta qué punto el juego se ha profesionalizado. A Marcos, en cambio, lo que más le sorprende es que no estuviera desde el principio asentado sobre unas reglas claras. «Estoy tan acostumbrado a jugar en moqueta que, ahora mismo, no sabría jugar con un garbanzo. ¡Se iría en todas direcciones!», reconoce el joven. Numa ríe. Solían pedírselas a los camareros o recogerlas directamente del suelo. Bastaba con un puñado. De pelota hacía un garbanzo y de portería alguna que otra abandonada caja de zapatos. Las mallas de las naranjas tejían la red. Se recuperaban de los cromos y las revistas deportivas los escudos, dorsales de camisetas y rostros de las estrellas del fútbol de la época. O se dibujaban. Tenían relieves y dobleces. Se notaba en la mayoría el esfuerzo por recomponerlas. Con tiza en mano, se delimitaba el improvisado terreno de juego. De los campos de arena de los patios de los colegios a las más solitarias aceras. El fútbolchapas se abría paso en cualquier rincón. «Tantas horas en el suelo nos dejaban las rodillas raspadas», recuerda Javier Hernández, vicepresidente de ACD Fútbolchapas Madrid, el club decano a nivel nacional de este deporte –federado desde 2002–, dedicado a profesionalizar el tradicional juego callejero.«Aquí cada uno tendrá su propia historia. La mía comienza en los interminables veranos de Plasencia. Años noventa. Había que buscarse el entretenimiento como fuera, que no era otro que jugar a las chapas. Nos pasábamos las horas enteras. Yo seguía haciéndolo incluso en casa, ya de regreso en Madrid. Una tarde, con quince años, mi padre me dio a conocer a través de una reseña publicada en el periódico que había personas que se reunían para jugar. Nos acercamos a la dirección mostrada, donde se fraguó toda esta locura», explica Hernández a ABC desde el centro cultural El Torito, en el barrio de Moratalaz, donde este fin de semana se celebra el XXII Open de Madrid de Fútbolchapas.Porque lo que comenzó con unas cuarenta personas reunidas en un local de Aluche sin luz, pasando luego por los bajos de pubs donde apenas cabían dos campos de fútbol, ha terminado convirtiéndose en la creación de la Federación Nacional de Fútbolchapas (LFC). Hoy, la entidad organiza una amplia variedad de competiciones –como la Superliga, la Liga Premier Madrid y la Copa Comunidad de Madrid–, reúne a una treintena de clubes en España, diez de ellos en nuestra región (Madrid, Alcalá de Henares, Móstoles, Fuenlabrada, Getafe, San Sebastián de los Reyes, Hortaleza, Valdemorillo, San Martín de Valdeiglesias y Coslada), y cuenta con alrededor de mil jugadores federados. «Cada cual jugaba con sus propias normas. Pero al reunirnos de repente tantos, surgió la necesidad de establecer una estructura y un reglamento común», indica Hernández. Noticia relacionada No No Una segunda vida para las naves de polígono gracias al ‘boom’ del pádel en Madrid Miguel Ángel Roca DuránEn un principio, apenas contaban con un par de campos de fútbol: «Nos tocaba jugar sólo una vez al mes. El salto llegó gracias a que uno de los miembros del grupo tenía un contacto en Las Lonjas de Moratalaz, lo que nos permitió dar un paso adelante y montar hasta ocho campos». Aquello fue el punto de partida de una nueva etapa. Ya no se jugaba en el suelo: el asfalto dio paso a un tablero de 1,70 por 1,50 metros, cubierto por una moqueta verde, situado a unos 90 centímetros del suelo, y el garbanzo fue sustituido por una pelota esférica de plástico de 15 milímetros de diámetro y un peso de entre 1,2 y 1,5 gramos. Actualmente, las chapas en su conjunto no pueden superar los 27 gramos. Y los partidos, que antaño tanto se eternizaban, ahora tienen una duración exacta de media hora.Con el tiempo, incluso han logrado fabricar un molde exacto y homologado del balón –que anteriormente se improvisaba con piezas de Lego– y encargar su producción a una empresa en China. Las porterías también quedaron reglamentadas, debiendo ser idénticas en todas las mesas: el grosor de los postes no puede superar el centímetro y no está permitido clavarlas ni fijarlas al terreno. «Algunas son auténticas maravillas de colección», señala Hernández. Y es que hay personas encargadas de personalizar estos elementos de forma artesanal: mallas pintadas a franjas verticales, réplicas de las de estadios como el Bernabéu o El Molinón de Gijón, postes de sujeción decorados con la bandera de Extremadura, el escudo del Real Madrid sobre la red o incluso expositores con césped artificial. «También los discos interiores de las chapas, algunos incluso personalizados con ayuda de IA». En el centro cultural El Torito se dan cita 128 jugadores llegados de distintos puntos de España. Se reparten en 32 mesas. El ambiente es cercano, casi familiar. Sorprende la ausencia de árbitro: «Los propios jugadores asumen esa responsabilidad cuando surge alguna duda». Faltas, saques de banda, córneres, penaltis. Todo sucede conforme a un reglamento minucioso –de 35 páginas– que reproduce con fidelidad las normas del fútbol real. Reconocido por el Consejo Superior de Deportes, este juego se presenta como «un deporte accesible, divertido y apasionante que fomenta la convivencia, la estrategia y la habilidad»: «Lo comparamos con el ajedrez y el billar».Deambulan por una de las salas principales Marcos, de 17 años, y Numa, de 61. Recuerda este último cuando jugaba con su padre –«una afición transmitida de generación en generación»–, mientras admite entre risas que entonces se permitían ciertas mañas que hoy ya no tienen cabida. Las porterías, cuenta, las improvisaba con piezas del Exin Castillos, aquel clásico de los setenta con el que se levantaban fortalezas medievales y que, en su caso, acababan convertidas en improvisadas porterías. Bastaban un garbanzo, un tapón y un mantel pintado con tiza sobre la mesa de casa.Fue en 2001, a través de una noticia en televisión, cuando descubrió que había gente reuniéndose para jugar de forma organizada. Desde entonces, encadena recuerdos de sótanos de bares, gimnasios de colegios, polideportivos municipales y frontones cubiertos, como el de La Elipa, cedido en 2003 por la Junta Municipal del Distrito de Moratalaz. Numa fue de los primeros en sumarse al club: «Llegamos a ser hasta 70 sólo en el de Madrid», recuerda.Han logrado fabricar un molde exacto y homologado del balón y encargar su producción a una empresa en ChinaMarcos, campeón del XVIII Campeonato de España individual sénior de fútbolchapas, lleva jugando desde los seis años. Empezó casi por casualidad, acompañando los fines de semana a su padre y a su hermano para no quedarse solo en casa, hasta que terminó completamente entregado. El año en que se alzó con el título llegó a dedicar hasta dos horas diarias a entrenar en su habitación. Los viernes, además, visitaba el club de Getafe, donde se organizaban partidos amistosos.Durante mucho tiempo, su entorno más cercano desconoció por completo aquella afición. No fue hasta los quince años cuando hizo mención de ella en clase, casi como quien suelta una confesión inesperada: «El viernes no vengo, me voy a Sevilla». El silencio inicial dio paso a la sorpresa. Las miradas de incredulidad no tardaron en aparecer, y Marcos tuvo que explicarse: viajaba para disputar el Campeonato de España de fútbolchapas. «¿Chapas?« El joven indicó con naturalidad que no se trataba sólo del tradicional juego callejero, sino de una disciplina con reglamento, competición oficial y jugadores federados.A nivel mundialDe hecho, este año se celebrará la primera competición a nivel mundial, con Budapest como sede. Hernández explica que España mantiene una estrecha relación con Portugal, donde también existen varios clubes que compiten bajo las mismas reglas españolas. Según relata el madrileño, el interés por este deporte crece también en Sudamérica y en parte de Europa central, especialmente en Polonia. «La idea, más que competir, es reunirnos y ver si conseguimos asentar unas bases», apunta.A Numa lo que más le llama la atención es hasta qué punto el juego se ha profesionalizado. A Marcos, en cambio, lo que más le sorprende es que no estuviera desde el principio asentado sobre unas reglas claras. «Estoy tan acostumbrado a jugar en moqueta que, ahora mismo, no sabría jugar con un garbanzo. ¡Se iría en todas direcciones!», reconoce el joven. Numa ríe. RSS de noticias de espana
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