«Judíos, árabes y catalanes, enemigos de la nación española». La afirmación resume una de las líneas principales de un coloquio apoyado por el Ayuntamiento de Gandía (Valencia) -gobernado por el PSPV-PSOE- en la que se analizó «el odio al catalán» desde lo que se denominó «nacionalismo español» remontándose a los orígenes, siglos atrás.El historiador Ferran Garcia-Oliver ha incluido estas apreciaciones en un libro y ha subrayado también en esta charla que «las naciones también se construyen contra enemigos; también son útiles a los Estados». De ahí -a su juicio- que «en la narrativa de la nación española hay tres enemigos destacados: árabes, judíos y catalanes».A partir de aquel momento, la evolución ha sido diferente para los tres. Mientras que «para los dos primeros se optó por la limpieza étnica» y fueron expulsados de la Península Ibérica si no se convertían al cristianismo, en cambio «el odio a los catalanes tiene que ver con las aspiraciones políticas y la pretensión de mantener el catalán, especialmente a partir de final del siglo XIX».Acompañado por la moderadora Marina Macià, miembro de la Ejecutiva de la independentista Plataforma per la Llengua, organizadora del encuentro hace unos días, este catedrático de la Universitat de València habla del «relato de la nación española» que según su exposición «comienza cerca del año 1.000» cuando «unos cronistas intentan dar legitimidad a los reyes asturianos y leoneses vinculándolos al reino visigótico».«Castilla se apropió del relato»Entonces, «Castilla se lo apropiará para declararse su heredera y reivindicar la hegemonía sobre el resto». Y este relato adquirirá una nueva dimensión en el siglo XIX, cuando «los liberales lo usan y lo difunden entre la población para construir el Estado-nación moderno».En este resumen publicado por Plataforma per la Llengua (autodenominada la ONG del catalán) no ha trascendido si en el debate en Gandía se habló de la unión de los reinos de Castilla y Aragón unos 400 años antes al casarse los Reyes Católicos, ni la conquista de Granada o la anexión de Navarra en 1512.En cualquier caso, para el autor del libro ‘Una y eterna. Sobre el nacionalismo español’ (en catalán, parafraseando el lema franquista ‘Una, grande y libre’), el «caballo de batalla del nacionalismo español» es lo que denomina como «hecho lingüístico», objeto de este foro para «reflexionar sobre las raíces de la valencianofobia y las estrategias para combatir el odio a la lengua».De hecho, parte del debate se ha centrado específicamente en el «blaverisme», ante la «incomodidad en llamar ‘catalanes’ a los elementos comunes» a ambos lados del río Ebro, si bien esta ideología «ha perdido buena parte de la fuerza que había tenido durante las últimas décadas del siglo XX».En la actualidad, ya no se trata de «disputas identitarias», sino que el Estado «continúa interpretando la pluralidad lingüística como un problema que hay que reducir». No ha aclarado, sin embargo, cómo encaja en esa lógica que se garantice la cooficialidad de varias lenguas, de aprendizaje obligatorio en sus respectivos territorios dentro de los sistemas educativos. «Judíos, árabes y catalanes, enemigos de la nación española». La afirmación resume una de las líneas principales de un coloquio apoyado por el Ayuntamiento de Gandía (Valencia) -gobernado por el PSPV-PSOE- en la que se analizó «el odio al catalán» desde lo que se denominó «nacionalismo español» remontándose a los orígenes, siglos atrás.El historiador Ferran Garcia-Oliver ha incluido estas apreciaciones en un libro y ha subrayado también en esta charla que «las naciones también se construyen contra enemigos; también son útiles a los Estados». De ahí -a su juicio- que «en la narrativa de la nación española hay tres enemigos destacados: árabes, judíos y catalanes».A partir de aquel momento, la evolución ha sido diferente para los tres. Mientras que «para los dos primeros se optó por la limpieza étnica» y fueron expulsados de la Península Ibérica si no se convertían al cristianismo, en cambio «el odio a los catalanes tiene que ver con las aspiraciones políticas y la pretensión de mantener el catalán, especialmente a partir de final del siglo XIX».Acompañado por la moderadora Marina Macià, miembro de la Ejecutiva de la independentista Plataforma per la Llengua, organizadora del encuentro hace unos días, este catedrático de la Universitat de València habla del «relato de la nación española» que según su exposición «comienza cerca del año 1.000» cuando «unos cronistas intentan dar legitimidad a los reyes asturianos y leoneses vinculándolos al reino visigótico».«Castilla se apropió del relato»Entonces, «Castilla se lo apropiará para declararse su heredera y reivindicar la hegemonía sobre el resto». Y este relato adquirirá una nueva dimensión en el siglo XIX, cuando «los liberales lo usan y lo difunden entre la población para construir el Estado-nación moderno».En este resumen publicado por Plataforma per la Llengua (autodenominada la ONG del catalán) no ha trascendido si en el debate en Gandía se habló de la unión de los reinos de Castilla y Aragón unos 400 años antes al casarse los Reyes Católicos, ni la conquista de Granada o la anexión de Navarra en 1512.En cualquier caso, para el autor del libro ‘Una y eterna. Sobre el nacionalismo español’ (en catalán, parafraseando el lema franquista ‘Una, grande y libre’), el «caballo de batalla del nacionalismo español» es lo que denomina como «hecho lingüístico», objeto de este foro para «reflexionar sobre las raíces de la valencianofobia y las estrategias para combatir el odio a la lengua».De hecho, parte del debate se ha centrado específicamente en el «blaverisme», ante la «incomodidad en llamar ‘catalanes’ a los elementos comunes» a ambos lados del río Ebro, si bien esta ideología «ha perdido buena parte de la fuerza que había tenido durante las últimas décadas del siglo XX».En la actualidad, ya no se trata de «disputas identitarias», sino que el Estado «continúa interpretando la pluralidad lingüística como un problema que hay que reducir». No ha aclarado, sin embargo, cómo encaja en esa lógica que se garantice la cooficialidad de varias lenguas, de aprendizaje obligatorio en sus respectivos territorios dentro de los sistemas educativos. «Judíos, árabes y catalanes, enemigos de la nación española». La afirmación resume una de las líneas principales de un coloquio apoyado por el Ayuntamiento de Gandía (Valencia) -gobernado por el PSPV-PSOE- en la que se analizó «el odio al catalán» desde lo que se denominó «nacionalismo español» remontándose a los orígenes, siglos atrás.El historiador Ferran Garcia-Oliver ha incluido estas apreciaciones en un libro y ha subrayado también en esta charla que «las naciones también se construyen contra enemigos; también son útiles a los Estados». De ahí -a su juicio- que «en la narrativa de la nación española hay tres enemigos destacados: árabes, judíos y catalanes».A partir de aquel momento, la evolución ha sido diferente para los tres. Mientras que «para los dos primeros se optó por la limpieza étnica» y fueron expulsados de la Península Ibérica si no se convertían al cristianismo, en cambio «el odio a los catalanes tiene que ver con las aspiraciones políticas y la pretensión de mantener el catalán, especialmente a partir de final del siglo XIX».Acompañado por la moderadora Marina Macià, miembro de la Ejecutiva de la independentista Plataforma per la Llengua, organizadora del encuentro hace unos días, este catedrático de la Universitat de València habla del «relato de la nación española» que según su exposición «comienza cerca del año 1.000» cuando «unos cronistas intentan dar legitimidad a los reyes asturianos y leoneses vinculándolos al reino visigótico».«Castilla se apropió del relato»Entonces, «Castilla se lo apropiará para declararse su heredera y reivindicar la hegemonía sobre el resto». Y este relato adquirirá una nueva dimensión en el siglo XIX, cuando «los liberales lo usan y lo difunden entre la población para construir el Estado-nación moderno».En este resumen publicado por Plataforma per la Llengua (autodenominada la ONG del catalán) no ha trascendido si en el debate en Gandía se habló de la unión de los reinos de Castilla y Aragón unos 400 años antes al casarse los Reyes Católicos, ni la conquista de Granada o la anexión de Navarra en 1512.En cualquier caso, para el autor del libro ‘Una y eterna. Sobre el nacionalismo español’ (en catalán, parafraseando el lema franquista ‘Una, grande y libre’), el «caballo de batalla del nacionalismo español» es lo que denomina como «hecho lingüístico», objeto de este foro para «reflexionar sobre las raíces de la valencianofobia y las estrategias para combatir el odio a la lengua».De hecho, parte del debate se ha centrado específicamente en el «blaverisme», ante la «incomodidad en llamar ‘catalanes’ a los elementos comunes» a ambos lados del río Ebro, si bien esta ideología «ha perdido buena parte de la fuerza que había tenido durante las últimas décadas del siglo XX».En la actualidad, ya no se trata de «disputas identitarias», sino que el Estado «continúa interpretando la pluralidad lingüística como un problema que hay que reducir». No ha aclarado, sin embargo, cómo encaja en esa lógica que se garantice la cooficialidad de varias lenguas, de aprendizaje obligatorio en sus respectivos territorios dentro de los sistemas educativos. RSS de noticias de espana
Noticias Similares
