El uso del teléfono móvil en nuestra sociedad es un tema muy recurrente, sobre todo, si nos referimos a su empleo en los centros educativos de los niveles no universitarios. Es decir, estamos hablando de la Educación Primaria, la Secundaria en los dos ciclos y el Bachillerato. Estamos todos de acuerdo, en que la mentalidad, las ‘necesidades’, los intereses en personas desde los 6 a los 18 años, son tan dispares que no hay más remedio que ordenarlo y regularlo. Desde que la educación se dejó en manos de las comunidades autónomas, son estas las que regulan prácticamente todos los asuntos, pero de manera especial el uso del teléfono móvil en las aulas, en definitiva, en el recinto educativo. Y aquí, cada uno, para mojarse lo mínimo por si no tienen toalla con la que secarse, cada región legisla lo que Dios les da a entender . Podemos ver 17 normativas distintas, casi iguales, parecidas, con sus matices… Recordemos que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla en materia educativa y sanitaria no tienen las competencias transferidas y es el Ministerio correspondiente quien asume esa responsabilidad. En Castilla-la Mancha, aunque ya estaba digamos regulado el asunto, dado que continúan sucediéndose problemas de muchos tipos, de nuevo, la Consejería de Educación ha publicado una normativa por la que regula a partir del próximo curso el uso de los aparatos digitales con la finalidad de limitar su utilización durante la jornada escolar. En Primaria lo tiene claro. El uso en este nivel educativo está totalmente descartado y prohibido, aunque seguramente si se procediese a una revisión, en más de una mochila ya aparecería algún móvil y en cursos tan inverosímiles con cuarto, quinto o sexto. En Secundaria la norma dice que en los dos ciclos se permitirá el uso del móvil de forma regulada, aunque solo con fines pedagógicos y bajo la supervisión del profesor de turno. Es decir, les deja la patata bien calentita a los docentes. Y claro, a partir de aquí, cada persona, cada cargo educativo, bien en un centro o bien en puestos de gobierno, cada uno tiene su criterio y opinión. Permítanme que les dé la mía, un docente con experiencia en primaria y primer ciclo de secundaria, lo que antes se llamó séptimo y octavo. Y con una doble experiencia, puesto que de las cuatro décadas que ejercí la docencia me ha pillado la etapa de la transición. Es decir, sin conocer los móviles y también con su irrupción en la vida desde hace unos años.No cabe duda de que, en Primaria, hay que prohibirlo y dejarlo en casa quien lo tenga, que serán la mayoría, pues hoy es una costumbre muy generalizada el que al niño se le regale ya el móvil cuando toma su primera comunión. Si algún alumno, en un momento especial y justificado necesita llamar por teléfono a su familia o tutor, para eso está el del centro, para usarlo y dejarlo utilizar. Antaño, cuando no existía el móvil, era lo que se hacía en los colegios. Así se resolvía el problema y en paz. En la normativa aprobada ya se permitía el uso, aunque con fines pedagógicos… Personalmente discrepo. Creo innecesario que un alumno del primer ciclo de la ESO, utilice el móvil ; quizá otro dispositivo digital, pero, desde luego, el móvil no. Ahora bien, en el segundo ciclo -tercero y cuarto de la ESO-, es otra cosa. Otra edad, otra mentalidad y otra responsabilidad. Y por supuesto con la supervisión del profesor según la materia que estén recibiendo en ese momento. Y en Bachillerato no objeto nada, pues se supone que el alumnado es lo suficientemente responsable y maduro como para que esta problemática no se proyecte ni en lo personal ni en lo global y grupal. No hace falta que nos diga el experto de turno, que el teléfono móvil actúa como una droga; pero una droga tan potente que incluso muchos adultos no nos damos cuenta y podemos ver a personas muy mayores encendiendo el móvil en el cine, teatro, en la iglesia… Y no digamos nada en las mesas a la hora de comer. Antes en no pocas casas se comía acompañado de la tele o la radio, del telediario o el parte de turno. Ahora se prescinde de ello, pero se está con el aparatito encima dando lugar a escenas dignas de contemplar y al mismo tiempo de aborrecer.«Nunca un aparato puede sustituir al hombre, a la conversación, al trato, a lo relacional y la comunicación» Hace unos meses, a escala local y creo que nacional, muchos padres se posicionaron y constituyeron asociaciones educativas, en otros foros, recogieron firmas e hicieron un manifiesto. Básicamente todos estaban de acuerdo en que el uso del móvil había que regularlo y debería comenzar a partir de los 16 años. Recuerdo haber dado yo mismo esa noticia en algunos colegios de la ciudad. Después y como sucede con casi todo, las cosas se dejan, se enfrían u olvidan y pasan al baúl de los recuerdos. Y eso que los padres, las familias, nunca tuvieron tanto poder de actuación ante la administración . Aún prevalece en muchas ocasiones la opinión de los padres a lo que diga la autoridad educativa a través del Servicio de Inspección. Pero este es otro tema. Entiendo que lo mismo que hay personas ludópatas adictas al juego y a otros vicios, lo mismo que sucede con tratamientos para dejar de fumar, ya hay niños, demasiados, en nuestras aulas que precisan un tratamiento para usar el móvil con prudencia y moderación. Nunca un aparato puede sustituir al hombre, a la conversación, al trato, a lo relacional y la comunicación. Veo muy difícil la erradicación de ese vicio y me inclino a decir que son los padres, las propias familias, las que al margen de las normas educativas que promueva la administración, cada instituto o centro educativo, promulguen, eduquen su uso al respecto. Y mi reconocimiento a los padres- que hay muchos, más de lo que parece- que aún se preocupan de la educación de sus hijos y todo lo que concierne a su crecimiento y desarrollo integral. El uso del teléfono móvil en nuestra sociedad es un tema muy recurrente, sobre todo, si nos referimos a su empleo en los centros educativos de los niveles no universitarios. Es decir, estamos hablando de la Educación Primaria, la Secundaria en los dos ciclos y el Bachillerato. Estamos todos de acuerdo, en que la mentalidad, las ‘necesidades’, los intereses en personas desde los 6 a los 18 años, son tan dispares que no hay más remedio que ordenarlo y regularlo. Desde que la educación se dejó en manos de las comunidades autónomas, son estas las que regulan prácticamente todos los asuntos, pero de manera especial el uso del teléfono móvil en las aulas, en definitiva, en el recinto educativo. Y aquí, cada uno, para mojarse lo mínimo por si no tienen toalla con la que secarse, cada región legisla lo que Dios les da a entender . Podemos ver 17 normativas distintas, casi iguales, parecidas, con sus matices… Recordemos que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla en materia educativa y sanitaria no tienen las competencias transferidas y es el Ministerio correspondiente quien asume esa responsabilidad. En Castilla-la Mancha, aunque ya estaba digamos regulado el asunto, dado que continúan sucediéndose problemas de muchos tipos, de nuevo, la Consejería de Educación ha publicado una normativa por la que regula a partir del próximo curso el uso de los aparatos digitales con la finalidad de limitar su utilización durante la jornada escolar. En Primaria lo tiene claro. El uso en este nivel educativo está totalmente descartado y prohibido, aunque seguramente si se procediese a una revisión, en más de una mochila ya aparecería algún móvil y en cursos tan inverosímiles con cuarto, quinto o sexto. En Secundaria la norma dice que en los dos ciclos se permitirá el uso del móvil de forma regulada, aunque solo con fines pedagógicos y bajo la supervisión del profesor de turno. Es decir, les deja la patata bien calentita a los docentes. Y claro, a partir de aquí, cada persona, cada cargo educativo, bien en un centro o bien en puestos de gobierno, cada uno tiene su criterio y opinión. Permítanme que les dé la mía, un docente con experiencia en primaria y primer ciclo de secundaria, lo que antes se llamó séptimo y octavo. Y con una doble experiencia, puesto que de las cuatro décadas que ejercí la docencia me ha pillado la etapa de la transición. Es decir, sin conocer los móviles y también con su irrupción en la vida desde hace unos años.No cabe duda de que, en Primaria, hay que prohibirlo y dejarlo en casa quien lo tenga, que serán la mayoría, pues hoy es una costumbre muy generalizada el que al niño se le regale ya el móvil cuando toma su primera comunión. Si algún alumno, en un momento especial y justificado necesita llamar por teléfono a su familia o tutor, para eso está el del centro, para usarlo y dejarlo utilizar. Antaño, cuando no existía el móvil, era lo que se hacía en los colegios. Así se resolvía el problema y en paz. En la normativa aprobada ya se permitía el uso, aunque con fines pedagógicos… Personalmente discrepo. Creo innecesario que un alumno del primer ciclo de la ESO, utilice el móvil ; quizá otro dispositivo digital, pero, desde luego, el móvil no. Ahora bien, en el segundo ciclo -tercero y cuarto de la ESO-, es otra cosa. Otra edad, otra mentalidad y otra responsabilidad. Y por supuesto con la supervisión del profesor según la materia que estén recibiendo en ese momento. Y en Bachillerato no objeto nada, pues se supone que el alumnado es lo suficientemente responsable y maduro como para que esta problemática no se proyecte ni en lo personal ni en lo global y grupal. No hace falta que nos diga el experto de turno, que el teléfono móvil actúa como una droga; pero una droga tan potente que incluso muchos adultos no nos damos cuenta y podemos ver a personas muy mayores encendiendo el móvil en el cine, teatro, en la iglesia… Y no digamos nada en las mesas a la hora de comer. Antes en no pocas casas se comía acompañado de la tele o la radio, del telediario o el parte de turno. Ahora se prescinde de ello, pero se está con el aparatito encima dando lugar a escenas dignas de contemplar y al mismo tiempo de aborrecer.«Nunca un aparato puede sustituir al hombre, a la conversación, al trato, a lo relacional y la comunicación» Hace unos meses, a escala local y creo que nacional, muchos padres se posicionaron y constituyeron asociaciones educativas, en otros foros, recogieron firmas e hicieron un manifiesto. Básicamente todos estaban de acuerdo en que el uso del móvil había que regularlo y debería comenzar a partir de los 16 años. Recuerdo haber dado yo mismo esa noticia en algunos colegios de la ciudad. Después y como sucede con casi todo, las cosas se dejan, se enfrían u olvidan y pasan al baúl de los recuerdos. Y eso que los padres, las familias, nunca tuvieron tanto poder de actuación ante la administración . Aún prevalece en muchas ocasiones la opinión de los padres a lo que diga la autoridad educativa a través del Servicio de Inspección. Pero este es otro tema. Entiendo que lo mismo que hay personas ludópatas adictas al juego y a otros vicios, lo mismo que sucede con tratamientos para dejar de fumar, ya hay niños, demasiados, en nuestras aulas que precisan un tratamiento para usar el móvil con prudencia y moderación. Nunca un aparato puede sustituir al hombre, a la conversación, al trato, a lo relacional y la comunicación. Veo muy difícil la erradicación de ese vicio y me inclino a decir que son los padres, las propias familias, las que al margen de las normas educativas que promueva la administración, cada instituto o centro educativo, promulguen, eduquen su uso al respecto. Y mi reconocimiento a los padres- que hay muchos, más de lo que parece- que aún se preocupan de la educación de sus hijos y todo lo que concierne a su crecimiento y desarrollo integral. El uso del teléfono móvil en nuestra sociedad es un tema muy recurrente, sobre todo, si nos referimos a su empleo en los centros educativos de los niveles no universitarios. Es decir, estamos hablando de la Educación Primaria, la Secundaria en los dos ciclos y el Bachillerato. Estamos todos de acuerdo, en que la mentalidad, las ‘necesidades’, los intereses en personas desde los 6 a los 18 años, son tan dispares que no hay más remedio que ordenarlo y regularlo. Desde que la educación se dejó en manos de las comunidades autónomas, son estas las que regulan prácticamente todos los asuntos, pero de manera especial el uso del teléfono móvil en las aulas, en definitiva, en el recinto educativo. Y aquí, cada uno, para mojarse lo mínimo por si no tienen toalla con la que secarse, cada región legisla lo que Dios les da a entender . Podemos ver 17 normativas distintas, casi iguales, parecidas, con sus matices… Recordemos que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla en materia educativa y sanitaria no tienen las competencias transferidas y es el Ministerio correspondiente quien asume esa responsabilidad. En Castilla-la Mancha, aunque ya estaba digamos regulado el asunto, dado que continúan sucediéndose problemas de muchos tipos, de nuevo, la Consejería de Educación ha publicado una normativa por la que regula a partir del próximo curso el uso de los aparatos digitales con la finalidad de limitar su utilización durante la jornada escolar. En Primaria lo tiene claro. El uso en este nivel educativo está totalmente descartado y prohibido, aunque seguramente si se procediese a una revisión, en más de una mochila ya aparecería algún móvil y en cursos tan inverosímiles con cuarto, quinto o sexto. En Secundaria la norma dice que en los dos ciclos se permitirá el uso del móvil de forma regulada, aunque solo con fines pedagógicos y bajo la supervisión del profesor de turno. Es decir, les deja la patata bien calentita a los docentes. Y claro, a partir de aquí, cada persona, cada cargo educativo, bien en un centro o bien en puestos de gobierno, cada uno tiene su criterio y opinión. Permítanme que les dé la mía, un docente con experiencia en primaria y primer ciclo de secundaria, lo que antes se llamó séptimo y octavo. Y con una doble experiencia, puesto que de las cuatro décadas que ejercí la docencia me ha pillado la etapa de la transición. Es decir, sin conocer los móviles y también con su irrupción en la vida desde hace unos años.No cabe duda de que, en Primaria, hay que prohibirlo y dejarlo en casa quien lo tenga, que serán la mayoría, pues hoy es una costumbre muy generalizada el que al niño se le regale ya el móvil cuando toma su primera comunión. Si algún alumno, en un momento especial y justificado necesita llamar por teléfono a su familia o tutor, para eso está el del centro, para usarlo y dejarlo utilizar. Antaño, cuando no existía el móvil, era lo que se hacía en los colegios. Así se resolvía el problema y en paz. En la normativa aprobada ya se permitía el uso, aunque con fines pedagógicos… Personalmente discrepo. Creo innecesario que un alumno del primer ciclo de la ESO, utilice el móvil ; quizá otro dispositivo digital, pero, desde luego, el móvil no. Ahora bien, en el segundo ciclo -tercero y cuarto de la ESO-, es otra cosa. Otra edad, otra mentalidad y otra responsabilidad. Y por supuesto con la supervisión del profesor según la materia que estén recibiendo en ese momento. Y en Bachillerato no objeto nada, pues se supone que el alumnado es lo suficientemente responsable y maduro como para que esta problemática no se proyecte ni en lo personal ni en lo global y grupal. No hace falta que nos diga el experto de turno, que el teléfono móvil actúa como una droga; pero una droga tan potente que incluso muchos adultos no nos damos cuenta y podemos ver a personas muy mayores encendiendo el móvil en el cine, teatro, en la iglesia… Y no digamos nada en las mesas a la hora de comer. Antes en no pocas casas se comía acompañado de la tele o la radio, del telediario o el parte de turno. Ahora se prescinde de ello, pero se está con el aparatito encima dando lugar a escenas dignas de contemplar y al mismo tiempo de aborrecer.«Nunca un aparato puede sustituir al hombre, a la conversación, al trato, a lo relacional y la comunicación» Hace unos meses, a escala local y creo que nacional, muchos padres se posicionaron y constituyeron asociaciones educativas, en otros foros, recogieron firmas e hicieron un manifiesto. Básicamente todos estaban de acuerdo en que el uso del móvil había que regularlo y debería comenzar a partir de los 16 años. Recuerdo haber dado yo mismo esa noticia en algunos colegios de la ciudad. Después y como sucede con casi todo, las cosas se dejan, se enfrían u olvidan y pasan al baúl de los recuerdos. Y eso que los padres, las familias, nunca tuvieron tanto poder de actuación ante la administración . Aún prevalece en muchas ocasiones la opinión de los padres a lo que diga la autoridad educativa a través del Servicio de Inspección. Pero este es otro tema. Entiendo que lo mismo que hay personas ludópatas adictas al juego y a otros vicios, lo mismo que sucede con tratamientos para dejar de fumar, ya hay niños, demasiados, en nuestras aulas que precisan un tratamiento para usar el móvil con prudencia y moderación. Nunca un aparato puede sustituir al hombre, a la conversación, al trato, a lo relacional y la comunicación. Veo muy difícil la erradicación de ese vicio y me inclino a decir que son los padres, las propias familias, las que al margen de las normas educativas que promueva la administración, cada instituto o centro educativo, promulguen, eduquen su uso al respecto. Y mi reconocimiento a los padres- que hay muchos, más de lo que parece- que aún se preocupan de la educación de sus hijos y todo lo que concierne a su crecimiento y desarrollo integral. RSS de noticias de espana
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agosto 21, 2026
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