<p>A la París-Roubaix, la prueba más única y espectacular del ciclismo mundial, el verdadero Monumento de la emoción, se le podría aplicar aquello que dijo Churchill de Rusia: «Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma». En la pregonanda batalla entre <strong>Tadej Pogacar y Mathieu Van der Poel</strong> se coló <strong>Wout Van Aert</strong>, heroico, premio a un tiempo de infortunios que hicieron dudar a todos menos a él. Sorteó desventuras y aguantó en la agonía épica del mano a mano la pujanza, la obsesión de Pogacar. Y en el golpe de velocidad del velódromo impuso su potencia de sprinter para la victoria de una vida. </p>
El belga se estrena en el Infierno del Norte y suma el segundo Monumento de su carrera. Se impuso en el sprint del velódromo tras llegar en solitario con el esloveno, tras una carrera plagada de pinchazos e incidentes en la que el más afectado fue Van der Poel.
<p>A la París-Roubaix, la prueba más única y espectacular del ciclismo mundial, el verdadero Monumento de la emoción, se le podría aplicar aquello que dijo Churchill de Rusia: «Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma». En la pregonanda batalla entre <strong>Tadej Pogacar y Mathieu Van der Poel</strong> se coló <strong>Wout Van Aert</strong>, heroico, premio a un tiempo de infortunios que hicieron dudar a todos menos a él. Sorteó desventuras y aguantó en la agonía épica del mano a mano la pujanza, la obsesión de Pogacar. Y en el golpe de velocidad del velódromo impuso su potencia de sprinter para la victoria de una vida. </p>
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