Vino Victorino Martín a salvar la feria de Santander, que hacía agua por la vía del toro, con una importante corrida. «Veni, vidi, vici» podría decir Victorino como Julio César. Hubo en su ejército una seriedad -salvo una excepción menor- por fuera y por dentro, soldados de todo tipo y condición en su bravura, variadas calidades y exigencias, pero con un fondo de nobleza. El Cid sacó su buena mano a pasear y Manuel Escribano, su autoridad. Una oreja se embolsaron por cabeza. Tomás Rufo se marchó de vacío, por hache o por be, con el lote de la tarde, que fue de gran triunfo.
El Cid, por su buena mano, y Manuel Escribano, con autoridad, se embolsan una oreja por cabeza; Tomás Rufo se va de vacío con un lote de gran triunfo.
Vino Victorino Martín a salvar la feria de Santander, que hacía agua por la vía del toro, con una importante corrida. «Veni, vidi, vici» podría decir Victorino como Julio César. Hubo en su ejército una seriedad -salvo una excepción menor- por fuera y por dentro, soldados de todo tipo y condición en su bravura, variadas calidades y exigencias, pero con un fondo de nobleza. El Cid sacó su buena mano a pasear y Manuel Escribano, su autoridad. Una oreja se embolsaron por cabeza. Tomás Rufo se marchó de vacío, por hache o por be, con el lote de la tarde, que fue de gran triunfo.
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