Si este texto se titulara «Zahara ya no canta, Zahara ahora baila» no estaríamos faltando del todo a la verdad, pero sería demasiado simple. Lo interesante a la hora de acercarse a lo que está preparando la ubetense es que es tremendamente complejo de describir. Probemos: el pum-pum potente de un bajo casi sepulta un hilo melódico que ni siquiera va exactamente al compás; Zahara cubre su cabeza con una capucha amarilla y se contonea; sube el ritmo, la canción gana volumen; Zahara despeja su cráneo pelado y sacude brazos, piernas, cabeza, se sacude entre el público eufórico y avanza entre espasmos; Zahara toma el micrófono [vale, sí que canta un poquito]: «No contaré que un día fui la mujer más famosa de España, ni que tenía miedo a que me apalearan»; pum-pum-pum.
La cantautora lleva una nueva metamorfosis de su universo electrónico a salas de toda España: «Es un show más íntimo, más sudoroso, más cercano»
Si este texto se titulara «Zahara ya no canta, Zahara ahora baila» no estaríamos faltando del todo a la verdad, pero sería demasiado simple. Lo interesante a la hora de acercarse a lo que está preparando la ubetense es que es tremendamente complejo de describir. Probemos: el pum-pum potente de un bajo casi sepulta un hilo melódico que ni siquiera va exactamente al compás; Zahara cubre su cabeza con una capucha amarilla y se contonea; sube el ritmo, la canción gana volumen; Zahara despeja su cráneo pelado y sacude brazos, piernas, cabeza, se sacude entre el público eufórico y avanza entre espasmos; Zahara toma el micrófono [vale, sí que canta un poquito]: «No contaré que un día fui la mujer más famosa de España, ni que tenía miedo a que me apalearan»; pum-pum-pum.
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