Las relaciones diplomáticas de España con Marruecos e Italia pasan por un momento delicado. El detonante ha sido la entrada masiva de inmigrantes marroquíes a Ceuta. Acto seguido, y derivado de esta situación, Italia ha empezado a realizar controles de pasajeros a ciudadanos provenientes de España por, precisamente, esa crisis ceutí. Y justo en mitad de esta situación se ha conocido que Argelia vuelve a ser el principal proveedor y socio para nuestro país en materia de gas natural. Un golpe para marroquíes e italianos por la herida que más les sangra, que es la relación de España con los argelinos.Actos, causas y consecuencias. En esta crisis diplomática a tres bandas –con la sombra de Argelia que lo eclipsa todo– cada vez es más complicado conocer dónde empiezan los hechos consumados, y si esa es la motivación para las respuestas posteriores.Esta semana se ha conocido, a través del boletín estadístico de Enagás, que España ha aumentado un 5% el consumo de gas argelino en los seis primeros meses del año con respecto al mismo periodo de 2025. En este contexto, hace unas semanas el presidente del Gobierno , Pedro Sánchez, viajó a Argelia para buscar un marco favorable para que las empresas negociasen la importación de gas argelino. Una situación en la que ya se venía trabajando desde hace tiempo. Por eso, los resultados parecen ser ya visibles.Esta situación provoca rechazo en Marruecos e Italia, y consigue todo menos calmar la actual situación diplomática con ambas regiones. En primer lugar, el regreso de Argelia como principal proveedor de gas natural de España está alterando el equilibrio estratégico de Madrid en el Magreb. No se trata únicamente de una cuestión energética: el aumento del peso argelino devuelve a España una capacidad de maniobra que había perdido durante los años de mayor tensión con Argel.Ahora el escenario es distinto. España pretende mantener simultáneamente relaciones estratégicas con ambos países, pese a la rivalidad entre Argel y Rabat. El Gobierno español insiste en que la mejora con Argelia no perjudica a Marruecos. Este último, en cambio, sí siente el recelo de estos compromisos comerciales. La reciente crisis migratoria de Ceuta refuerza esa dimensión. Marruecos conserva una enorme capacidad de presión sobre España a través de la gestión fronteriza, pero Argelia aporta ahora una palanca energética fundamental y diplomática de creciente importancia.El otro vérticePor si fuera poco mantener un conflicto diplomático abierto, la relación de España con Argelia también provoca recelos en Italia. Un país con el que, justamente, ahora hay una tensión que no se recordaba. La disputa entre españoles e italianos no nace únicamente de la crisis migratoria ni de los controles fronterizos extraordinarios que ambos países han terminado imponiéndose dentro del espacio Schengen. Bajo esa capa, existe una competencia más amplia por la influencia en el Mediterráneo occidental, en la que Argelia y, sobre todo, el gas natural ocupan un lugar central.España ha decidido estrechar relaciones con su principal proveedor de gas ante un invierno que puede ser muy complicado por el impacto todavía latente de la crisis en Oriente Próximo. Pero al otro lado del Mediterráneo hay un país que observa esta aproximación con especial atención.3.000 GWh de gas Este año España ha consumido más de 3.000 GWh de gas argelino hasta julio con respecto al año pasado, y vuelve a ser el principal socioRoma lleva años construyendo una relación privilegiada con Argel . El Gobierno de Giorgia Meloni considera al país magrebí un socio estratégico dentro de su política mediterránea y de su ‘Plan Mattei’ para África. La propia diplomacia italiana define Argelia como un país prioritario y recalca que se ha convertido en el principal proveedor de gas natural de Italia.El país transalpino percibe que España está ganando peso energético y diplomático en el Mediterráneo occidental y que, al mismo tiempo, mantiene una concepción diferente sobre cómo abordar la inmigración. España, por su parte, interpreta que Italia está intentando consolidar su propio eje mediterráneo, compitiendo por la influencia en Argelia y utilizando la cuestión migratoria para cuestionar la gestión española.Cuanto más importante se vuelve Argelia para España, más relevante debería ser la cooperación con Italia. Y cuanto más fuerte es la posición italiana en Argel, más lógico sería que Roma y Madrid buscaran una estrategia común en lugar de convertir el Mediterráneo en una competición por áreas de influencia. Por el momento, nada de eso está sucediendo.El verdadero problema en este contexto, por tanto, no es que España e Italia se conviertan de repente en adversarios. Es algo más sutil y, quizá, más peligroso a largo plazo: que dejen de verse como socios preferentes y empiecen a contemplarse como competidores dentro del mismo espacio estratégico. Las relaciones diplomáticas de España con Marruecos e Italia pasan por un momento delicado. El detonante ha sido la entrada masiva de inmigrantes marroquíes a Ceuta. Acto seguido, y derivado de esta situación, Italia ha empezado a realizar controles de pasajeros a ciudadanos provenientes de España por, precisamente, esa crisis ceutí. Y justo en mitad de esta situación se ha conocido que Argelia vuelve a ser el principal proveedor y socio para nuestro país en materia de gas natural. Un golpe para marroquíes e italianos por la herida que más les sangra, que es la relación de España con los argelinos.Actos, causas y consecuencias. En esta crisis diplomática a tres bandas –con la sombra de Argelia que lo eclipsa todo– cada vez es más complicado conocer dónde empiezan los hechos consumados, y si esa es la motivación para las respuestas posteriores.Esta semana se ha conocido, a través del boletín estadístico de Enagás, que España ha aumentado un 5% el consumo de gas argelino en los seis primeros meses del año con respecto al mismo periodo de 2025. En este contexto, hace unas semanas el presidente del Gobierno , Pedro Sánchez, viajó a Argelia para buscar un marco favorable para que las empresas negociasen la importación de gas argelino. Una situación en la que ya se venía trabajando desde hace tiempo. Por eso, los resultados parecen ser ya visibles.Esta situación provoca rechazo en Marruecos e Italia, y consigue todo menos calmar la actual situación diplomática con ambas regiones. En primer lugar, el regreso de Argelia como principal proveedor de gas natural de España está alterando el equilibrio estratégico de Madrid en el Magreb. No se trata únicamente de una cuestión energética: el aumento del peso argelino devuelve a España una capacidad de maniobra que había perdido durante los años de mayor tensión con Argel.Ahora el escenario es distinto. España pretende mantener simultáneamente relaciones estratégicas con ambos países, pese a la rivalidad entre Argel y Rabat. El Gobierno español insiste en que la mejora con Argelia no perjudica a Marruecos. Este último, en cambio, sí siente el recelo de estos compromisos comerciales. La reciente crisis migratoria de Ceuta refuerza esa dimensión. Marruecos conserva una enorme capacidad de presión sobre España a través de la gestión fronteriza, pero Argelia aporta ahora una palanca energética fundamental y diplomática de creciente importancia.El otro vérticePor si fuera poco mantener un conflicto diplomático abierto, la relación de España con Argelia también provoca recelos en Italia. Un país con el que, justamente, ahora hay una tensión que no se recordaba. La disputa entre españoles e italianos no nace únicamente de la crisis migratoria ni de los controles fronterizos extraordinarios que ambos países han terminado imponiéndose dentro del espacio Schengen. Bajo esa capa, existe una competencia más amplia por la influencia en el Mediterráneo occidental, en la que Argelia y, sobre todo, el gas natural ocupan un lugar central.España ha decidido estrechar relaciones con su principal proveedor de gas ante un invierno que puede ser muy complicado por el impacto todavía latente de la crisis en Oriente Próximo. Pero al otro lado del Mediterráneo hay un país que observa esta aproximación con especial atención.3.000 GWh de gas Este año España ha consumido más de 3.000 GWh de gas argelino hasta julio con respecto al año pasado, y vuelve a ser el principal socioRoma lleva años construyendo una relación privilegiada con Argel . El Gobierno de Giorgia Meloni considera al país magrebí un socio estratégico dentro de su política mediterránea y de su ‘Plan Mattei’ para África. La propia diplomacia italiana define Argelia como un país prioritario y recalca que se ha convertido en el principal proveedor de gas natural de Italia.El país transalpino percibe que España está ganando peso energético y diplomático en el Mediterráneo occidental y que, al mismo tiempo, mantiene una concepción diferente sobre cómo abordar la inmigración. España, por su parte, interpreta que Italia está intentando consolidar su propio eje mediterráneo, compitiendo por la influencia en Argelia y utilizando la cuestión migratoria para cuestionar la gestión española.Cuanto más importante se vuelve Argelia para España, más relevante debería ser la cooperación con Italia. Y cuanto más fuerte es la posición italiana en Argel, más lógico sería que Roma y Madrid buscaran una estrategia común en lugar de convertir el Mediterráneo en una competición por áreas de influencia. Por el momento, nada de eso está sucediendo.El verdadero problema en este contexto, por tanto, no es que España e Italia se conviertan de repente en adversarios. Es algo más sutil y, quizá, más peligroso a largo plazo: que dejen de verse como socios preferentes y empiecen a contemplarse como competidores dentro del mismo espacio estratégico. Las relaciones diplomáticas de España con Marruecos e Italia pasan por un momento delicado. El detonante ha sido la entrada masiva de inmigrantes marroquíes a Ceuta. Acto seguido, y derivado de esta situación, Italia ha empezado a realizar controles de pasajeros a ciudadanos provenientes de España por, precisamente, esa crisis ceutí. Y justo en mitad de esta situación se ha conocido que Argelia vuelve a ser el principal proveedor y socio para nuestro país en materia de gas natural. Un golpe para marroquíes e italianos por la herida que más les sangra, que es la relación de España con los argelinos.Actos, causas y consecuencias. En esta crisis diplomática a tres bandas –con la sombra de Argelia que lo eclipsa todo– cada vez es más complicado conocer dónde empiezan los hechos consumados, y si esa es la motivación para las respuestas posteriores.Esta semana se ha conocido, a través del boletín estadístico de Enagás, que España ha aumentado un 5% el consumo de gas argelino en los seis primeros meses del año con respecto al mismo periodo de 2025. En este contexto, hace unas semanas el presidente del Gobierno , Pedro Sánchez, viajó a Argelia para buscar un marco favorable para que las empresas negociasen la importación de gas argelino. Una situación en la que ya se venía trabajando desde hace tiempo. Por eso, los resultados parecen ser ya visibles.Esta situación provoca rechazo en Marruecos e Italia, y consigue todo menos calmar la actual situación diplomática con ambas regiones. En primer lugar, el regreso de Argelia como principal proveedor de gas natural de España está alterando el equilibrio estratégico de Madrid en el Magreb. No se trata únicamente de una cuestión energética: el aumento del peso argelino devuelve a España una capacidad de maniobra que había perdido durante los años de mayor tensión con Argel.Ahora el escenario es distinto. España pretende mantener simultáneamente relaciones estratégicas con ambos países, pese a la rivalidad entre Argel y Rabat. El Gobierno español insiste en que la mejora con Argelia no perjudica a Marruecos. Este último, en cambio, sí siente el recelo de estos compromisos comerciales. La reciente crisis migratoria de Ceuta refuerza esa dimensión. Marruecos conserva una enorme capacidad de presión sobre España a través de la gestión fronteriza, pero Argelia aporta ahora una palanca energética fundamental y diplomática de creciente importancia.El otro vérticePor si fuera poco mantener un conflicto diplomático abierto, la relación de España con Argelia también provoca recelos en Italia. Un país con el que, justamente, ahora hay una tensión que no se recordaba. La disputa entre españoles e italianos no nace únicamente de la crisis migratoria ni de los controles fronterizos extraordinarios que ambos países han terminado imponiéndose dentro del espacio Schengen. Bajo esa capa, existe una competencia más amplia por la influencia en el Mediterráneo occidental, en la que Argelia y, sobre todo, el gas natural ocupan un lugar central.España ha decidido estrechar relaciones con su principal proveedor de gas ante un invierno que puede ser muy complicado por el impacto todavía latente de la crisis en Oriente Próximo. Pero al otro lado del Mediterráneo hay un país que observa esta aproximación con especial atención.3.000 GWh de gas Este año España ha consumido más de 3.000 GWh de gas argelino hasta julio con respecto al año pasado, y vuelve a ser el principal socioRoma lleva años construyendo una relación privilegiada con Argel . El Gobierno de Giorgia Meloni considera al país magrebí un socio estratégico dentro de su política mediterránea y de su ‘Plan Mattei’ para África. La propia diplomacia italiana define Argelia como un país prioritario y recalca que se ha convertido en el principal proveedor de gas natural de Italia.El país transalpino percibe que España está ganando peso energético y diplomático en el Mediterráneo occidental y que, al mismo tiempo, mantiene una concepción diferente sobre cómo abordar la inmigración. España, por su parte, interpreta que Italia está intentando consolidar su propio eje mediterráneo, compitiendo por la influencia en Argelia y utilizando la cuestión migratoria para cuestionar la gestión española.Cuanto más importante se vuelve Argelia para España, más relevante debería ser la cooperación con Italia. Y cuanto más fuerte es la posición italiana en Argel, más lógico sería que Roma y Madrid buscaran una estrategia común en lugar de convertir el Mediterráneo en una competición por áreas de influencia. Por el momento, nada de eso está sucediendo.El verdadero problema en este contexto, por tanto, no es que España e Italia se conviertan de repente en adversarios. Es algo más sutil y, quizá, más peligroso a largo plazo: que dejen de verse como socios preferentes y empiecen a contemplarse como competidores dentro del mismo espacio estratégico. RSS de noticias de economia
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