El diésel volverá a tener un mayor descuento a partir del mes de septiembre debido al aumento de la inflación en julio, tal y como se fijó en el real decreto para paliar los efectos de la crisis del estrecho de Ormuz . La gasolina, sin embargo, no ha llegado al umbral de precios en que se debían activar las ayudas. Es probable que los conductores que utilizan gasolina se pregunten por qué el carburante que utilizan no recibirá más ayudas el próximo mes. Al margen de lo que marca la norma de tener que llegar a un encarecimiento del 15% con respecto al mes de julio del año pasado, cuestión que sí pasa en el diésel, la duda es por qué ha subido más el gasóleo que la gasolina.El mercado –y otras cuestiones aledañas– tienen la respuesta. El diésel se encarece más que la gasolina por una combinación de factores que comienza en la demanda y termina en los mercados internacionales. España produce más gasolina de la que consume, pero no genera suficiente gasóleo para cubrir sus necesidades. A esta situación se suman la dependencia de las importaciones y una exposición especialmente elevada a las cotizaciones internacionales del diésel.Sobre su uso, el gasóleo desempeña un papel esencial en actividades que difícilmente pueden reducir su consumo cuando aumentan los precios. Es el combustible predominante en el transporte de mercancías por carretera -que copa el 95% del tráfico de mercancías doméstico- y también tiene un peso importante en el transporte marítimo, la agricultura, la construcción, la industria y la logística.La gasolina, en cambio, está más vinculada al consumo de particulares. Cuando su precio aumenta, algunos conductores pueden reducir el uso del automóvil, compartir desplazamientos o recurrir a otros medios de transporte. En sectores como el transporte de mercancías o la agricultura, esa capacidad de adaptación es menor. Existe, por tanto, una demanda de gasóleo más rígida.Cantidad refinadaUna refinería transforma el petróleo crudo en una amplia variedad de productos, entre ellos gasóleos, gasolinas, querosenos , fuelóleos y GLP. Sin embargo, la proporción obtenida de cada producto no puede modificarse libremente para adaptarse en todo momento a las necesidades del mercado. Influyen tanto las características del crudo utilizado como la tecnología.Los datos de 2025 de las refinerías españolas muestran, además, una realidad que puede resultar contraintuitiva. España no produce menos diésel que gasolina. Ocurre exactamente lo contrario. Las petroleras obtuvieron 61,3 millones de toneladas de productos de refino, según el boletín de Cores. De esa producción, 25,3 millones fueron gasóleos, frente a 9,6 millones de gasolinas.El problema aparece cuando se compara la producción con el consumo. En 2025, España consumió unos 30,6 millones de toneladas de gasóleo. El resultado fue un déficit aproximado de 5,3 millones de toneladas. Con la gasolina sucedió lo contrario: se produjo más y se consumió menos.En España se refina más diésel que gasolina, pero le supera en consumo, y por eso existe un déficitAquí entran en juego las importaciones. España no es una excepción dentro de Europa. El continente presenta un déficit estructural de diésel y necesita recurrir a los mercados internacionales para cubrirlo. Es decir, España compite por los cargamentos disponibles con otros grandes consumidores europeos como Francia, Italia, Alemania o Países Bajos.Esta dependencia adquiere especial importancia cuando surgen dificultades en las principales zonas proveedoras. Cuando la oferta disponible se reduce mientras la demanda continúa siendo elevada, el gasóleo queda especialmente expuesto.Y finalmente, y tras estos factores, llega la hora de fijar el precio. Este coste no se expresa solo con el petróleo. El crudo y el diésel son mercados diferentes. Las refinerías compran petróleo, pero el precio de venta de los carburantes está estrechamente relacionado con las cotizaciones internacionales de los productos ya refinados.La diferencia es fundamental. Si el mercado internacional del diésel se encarece por una combinación de demanda elevada, oferta limitada, dificultades de suministro o problemas geopolíticos, ese incremento termina trasladándose a los mercados europeos y, posteriormente, a las estaciones de servicio. Ese cúmulo de factores que se van superponiendo son los que provocan que el precio del diésel termine subiendo más. El diésel volverá a tener un mayor descuento a partir del mes de septiembre debido al aumento de la inflación en julio, tal y como se fijó en el real decreto para paliar los efectos de la crisis del estrecho de Ormuz . La gasolina, sin embargo, no ha llegado al umbral de precios en que se debían activar las ayudas. Es probable que los conductores que utilizan gasolina se pregunten por qué el carburante que utilizan no recibirá más ayudas el próximo mes. Al margen de lo que marca la norma de tener que llegar a un encarecimiento del 15% con respecto al mes de julio del año pasado, cuestión que sí pasa en el diésel, la duda es por qué ha subido más el gasóleo que la gasolina.El mercado –y otras cuestiones aledañas– tienen la respuesta. El diésel se encarece más que la gasolina por una combinación de factores que comienza en la demanda y termina en los mercados internacionales. España produce más gasolina de la que consume, pero no genera suficiente gasóleo para cubrir sus necesidades. A esta situación se suman la dependencia de las importaciones y una exposición especialmente elevada a las cotizaciones internacionales del diésel.Sobre su uso, el gasóleo desempeña un papel esencial en actividades que difícilmente pueden reducir su consumo cuando aumentan los precios. Es el combustible predominante en el transporte de mercancías por carretera -que copa el 95% del tráfico de mercancías doméstico- y también tiene un peso importante en el transporte marítimo, la agricultura, la construcción, la industria y la logística.La gasolina, en cambio, está más vinculada al consumo de particulares. Cuando su precio aumenta, algunos conductores pueden reducir el uso del automóvil, compartir desplazamientos o recurrir a otros medios de transporte. En sectores como el transporte de mercancías o la agricultura, esa capacidad de adaptación es menor. Existe, por tanto, una demanda de gasóleo más rígida.Cantidad refinadaUna refinería transforma el petróleo crudo en una amplia variedad de productos, entre ellos gasóleos, gasolinas, querosenos , fuelóleos y GLP. Sin embargo, la proporción obtenida de cada producto no puede modificarse libremente para adaptarse en todo momento a las necesidades del mercado. Influyen tanto las características del crudo utilizado como la tecnología.Los datos de 2025 de las refinerías españolas muestran, además, una realidad que puede resultar contraintuitiva. España no produce menos diésel que gasolina. Ocurre exactamente lo contrario. Las petroleras obtuvieron 61,3 millones de toneladas de productos de refino, según el boletín de Cores. De esa producción, 25,3 millones fueron gasóleos, frente a 9,6 millones de gasolinas.El problema aparece cuando se compara la producción con el consumo. En 2025, España consumió unos 30,6 millones de toneladas de gasóleo. El resultado fue un déficit aproximado de 5,3 millones de toneladas. Con la gasolina sucedió lo contrario: se produjo más y se consumió menos.En España se refina más diésel que gasolina, pero le supera en consumo, y por eso existe un déficitAquí entran en juego las importaciones. España no es una excepción dentro de Europa. El continente presenta un déficit estructural de diésel y necesita recurrir a los mercados internacionales para cubrirlo. Es decir, España compite por los cargamentos disponibles con otros grandes consumidores europeos como Francia, Italia, Alemania o Países Bajos.Esta dependencia adquiere especial importancia cuando surgen dificultades en las principales zonas proveedoras. Cuando la oferta disponible se reduce mientras la demanda continúa siendo elevada, el gasóleo queda especialmente expuesto.Y finalmente, y tras estos factores, llega la hora de fijar el precio. Este coste no se expresa solo con el petróleo. El crudo y el diésel son mercados diferentes. Las refinerías compran petróleo, pero el precio de venta de los carburantes está estrechamente relacionado con las cotizaciones internacionales de los productos ya refinados.La diferencia es fundamental. Si el mercado internacional del diésel se encarece por una combinación de demanda elevada, oferta limitada, dificultades de suministro o problemas geopolíticos, ese incremento termina trasladándose a los mercados europeos y, posteriormente, a las estaciones de servicio. Ese cúmulo de factores que se van superponiendo son los que provocan que el precio del diésel termine subiendo más. El diésel volverá a tener un mayor descuento a partir del mes de septiembre debido al aumento de la inflación en julio, tal y como se fijó en el real decreto para paliar los efectos de la crisis del estrecho de Ormuz . La gasolina, sin embargo, no ha llegado al umbral de precios en que se debían activar las ayudas. Es probable que los conductores que utilizan gasolina se pregunten por qué el carburante que utilizan no recibirá más ayudas el próximo mes. Al margen de lo que marca la norma de tener que llegar a un encarecimiento del 15% con respecto al mes de julio del año pasado, cuestión que sí pasa en el diésel, la duda es por qué ha subido más el gasóleo que la gasolina.El mercado –y otras cuestiones aledañas– tienen la respuesta. El diésel se encarece más que la gasolina por una combinación de factores que comienza en la demanda y termina en los mercados internacionales. España produce más gasolina de la que consume, pero no genera suficiente gasóleo para cubrir sus necesidades. A esta situación se suman la dependencia de las importaciones y una exposición especialmente elevada a las cotizaciones internacionales del diésel.Sobre su uso, el gasóleo desempeña un papel esencial en actividades que difícilmente pueden reducir su consumo cuando aumentan los precios. Es el combustible predominante en el transporte de mercancías por carretera -que copa el 95% del tráfico de mercancías doméstico- y también tiene un peso importante en el transporte marítimo, la agricultura, la construcción, la industria y la logística.La gasolina, en cambio, está más vinculada al consumo de particulares. Cuando su precio aumenta, algunos conductores pueden reducir el uso del automóvil, compartir desplazamientos o recurrir a otros medios de transporte. En sectores como el transporte de mercancías o la agricultura, esa capacidad de adaptación es menor. Existe, por tanto, una demanda de gasóleo más rígida.Cantidad refinadaUna refinería transforma el petróleo crudo en una amplia variedad de productos, entre ellos gasóleos, gasolinas, querosenos , fuelóleos y GLP. Sin embargo, la proporción obtenida de cada producto no puede modificarse libremente para adaptarse en todo momento a las necesidades del mercado. Influyen tanto las características del crudo utilizado como la tecnología.Los datos de 2025 de las refinerías españolas muestran, además, una realidad que puede resultar contraintuitiva. España no produce menos diésel que gasolina. Ocurre exactamente lo contrario. Las petroleras obtuvieron 61,3 millones de toneladas de productos de refino, según el boletín de Cores. De esa producción, 25,3 millones fueron gasóleos, frente a 9,6 millones de gasolinas.El problema aparece cuando se compara la producción con el consumo. En 2025, España consumió unos 30,6 millones de toneladas de gasóleo. El resultado fue un déficit aproximado de 5,3 millones de toneladas. Con la gasolina sucedió lo contrario: se produjo más y se consumió menos.En España se refina más diésel que gasolina, pero le supera en consumo, y por eso existe un déficitAquí entran en juego las importaciones. España no es una excepción dentro de Europa. El continente presenta un déficit estructural de diésel y necesita recurrir a los mercados internacionales para cubrirlo. Es decir, España compite por los cargamentos disponibles con otros grandes consumidores europeos como Francia, Italia, Alemania o Países Bajos.Esta dependencia adquiere especial importancia cuando surgen dificultades en las principales zonas proveedoras. Cuando la oferta disponible se reduce mientras la demanda continúa siendo elevada, el gasóleo queda especialmente expuesto.Y finalmente, y tras estos factores, llega la hora de fijar el precio. Este coste no se expresa solo con el petróleo. El crudo y el diésel son mercados diferentes. Las refinerías compran petróleo, pero el precio de venta de los carburantes está estrechamente relacionado con las cotizaciones internacionales de los productos ya refinados.La diferencia es fundamental. Si el mercado internacional del diésel se encarece por una combinación de demanda elevada, oferta limitada, dificultades de suministro o problemas geopolíticos, ese incremento termina trasladándose a los mercados europeos y, posteriormente, a las estaciones de servicio. Ese cúmulo de factores que se van superponiendo son los que provocan que el precio del diésel termine subiendo más. RSS de noticias de economia
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