El fenómeno del verano en Italia no ha sido el eclipse sino la erupción del volcán Etna , el más alto de Europa. Desde el pasado 6 de agosto, cuando llega el ‘tramonto’ y se pone el sol, los habitantes de Catania salen a sus balcones o suben a sus terrazas para contemplar el maravilloso espectáculo de las lenguas de magma de color fuego que calan despacio por la ladera del volcán. Pero no es oro todo lo que reluce. La erupción ha puesto en jaque el turismo en Sicilia, pues ha provocado la anulación de al menos 700 vuelos al aeropuerto de Catania-Fontanarossa, ha afectado a unos 100.000 viajeros y causado daños al turismo de entre 12 y 24 millones de euros. Como todo volcán, el Etna es un misterio que sólo puede contemplarse, pero que es imposible domar. Solo ‘la muntagna’, como la llaman los cataneses, decidirá cuándo terminará esta erupción. «Por el momento, no es posible predecir cuándo cesará», confirma a ABC Marco Viccaro, presidente de la Asociación Italiana de Vulcanología. «De hecho, el parpadeo del brillo de la lava está aumentando ligeramente, lo que indica que también aumenta su actividad explosiva», avisa el experto.La buena noticia es que «la situación de emergencia para los vuelos no depende de la lava sino de la dirección del viento que lleva la ceniza. Lamentablemente, durante la última semana, ha soplado constantemente hacia el sur, en dirección al aeropuerto, y por eso el aeropuerto no podía funcionar». La nube de cenizas, que dañan severamente los motores y los sistemas eléctricos de los aviones, ha llegado hasta Malta y Libia y ha provocado cierres de aeropuertos también en esos países.Los vuelos dirigidos a Catania han aterrizado en aeropuertos de otras ciudades de Sicilia, y quienes tenían reservadas sus vacaciones allí o en Ragusa, Messina o Siracusa han tenido que encontrar el modo de llegar por su cuenta. La región ha dado gratis billetes de tren a quienes tenían que aterrizar en Catania, pero la línea ferroviaria de Sicilia está anticuada. También las infraestructuras por carretera obligan a dar largos rodeos y a prolongar mucho los desplazamientos. Por eso, la anulación de vuelos supone la anulación de reservas de hotel y de otros servicios de hostelería en una de las regiones más atractivas para los veraneantes.Los precios de los coches para ir desde Palermo hasta Catania suben hasta alcanzar entre los 300 y 600 euros por díaDesde España, quienes volaban estos días hacia Catania han recibido horas antes de partir una notificación por correo electrónico de cambios en su reserva. «Primero nos dijeron que el horario se adelantaba y luego que se cancelaba», explica José, que tenía un billete para viajar a Catania desde Madrid este jueves. «Cuando aterrizamos en Roma nos dijeron que ya no despegaría pero que podríamos volar a Palermo y aceptamos a pesar de que está al otro lado de la isla», añade. En Palermo la situación era muy tranquila, aunque en la zona de alquiler de coches se respiraba cierta tensión. «Como tenemos la reserva cerca de Catania, hacía falta un coche para llegar. El precio está por las nubes, si tienes la suerte de que haya disponibilidad, como a entre 300 y 600 euros el día», asegura. La prensa italiana denuncia que algunos taxistas solicitaban hasta 800 euros por el viaje desde Palermo a Catania.Hace más de 20 añosLa última situación parecida se produjo entre 2002 y 2003, cuando la ceniza obligó a limitar el tráfico a este aeropuerto durante tres meses. En 2023 y 2024 tuvo que cerrar varias veces, pero en general nunca más de 24 horas. Ahora está batiendo un nuevo récord. La lluvia de ceniza que impide que aterricen los aviones se ha hecho notar también en Catania. Ya el miércoles, diminutas partículas entraban en los ojos y en la boca si estabas por la calle. «No es nociva, pero hay que tener cuidado en los ojos porque es una sustancia vítrea y además puede afectar a las vías respiratorias superiores», explican a ABC. Aunque esa misma ceniza cubre el coche de un manto gris e impide tomar el helado mientras se camina o dejar la ropa colgada al sol, en ningún caso en Catania se puede criticar al volcán.Salvo Domina, violinista experto en la obra de otro catanés, Vincenzo Bellini, reconoce esta relación especial con el Etna. «Sentimos un fuerte vínculo con el volcán pues nos da agua, tiene pistas de esquí, en verano trae fresco… Es parte de nuestra vida». Asegura que la actual erupción no es de las más peligrosas que ha vivido. «En los años noventa la lava llegó hasta la Val Calanna, un pequeño valle cerca de Zafferana, e iba a destrozar un pueblo, pero al final se detuvo. En los ochenta, tuvieron que detonar explosivos para cambiar el curso de la lava porque iba hacia Mascalucia y Nicolosi. Funcionó solo en parte». «La actual, no amenaza a ningún pueblo», defiende al Etna. «El único problema real es para los aeropuertos», reconoce.Expediciones nocturnas a 75 eurosLa erupción ha traído también un boom de expediciones nocturnas para ver la lava, que cae a 1.200 grados de temperatura. Las oficiales cuestan desde 75 euros en adelante, pero otras no oficiales llevan hasta el volcán por 50. «Hay que fiarse de guías expertos que conozcan los senderos, y utilizar siempre el equipo adecuado», subraya el vulcanólogo Viccaro.Ofrecen paseos de entre 4 y 5 horas para ver las lenguas de lava «desde un mirador con total seguridad», y avisan a los turistas que deberán respetar «los límites de seguridad» y que la visita será cancelada si no se dan las condiciones adecuadas.Para la catanesa Ludovica Maricchiolo subir al volcán ha sido «una sensación muy especial». El miércoles por la noche estuvo en el Etna y vio que «el rojo de la lava iluminaba el cielo y, aunque camináramos entre los árboles, se veían perfectamente los chorros de lava». «Cuando se alzaban y luego volvían a caer podíamos distinguir pequeños puntitos, los lapilli. Y casi ni tenían tiempo de llegar al suelo que la erupción volvía a empezar», describe.El Etna, de 3.300 metros de altura, es uno de los lugares reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Tiene cuatro cráteres activos que alternan flujos de lava con explosiones. De día lo único que se ve es una nube de ceniza saliendo de su cima, la responsable de que el aeropuerto de Catania siga cerrado, al menos hasta las 8 de la mañana de este viernes. Aquí mandan el volcán y el viento del sur, y hasta que uno de los dos no ceda, la crisis continuará. Los cataneses, acostumbrados a convivir con ‘la muntagna’, esperan ahora que amaine el viento. El fenómeno del verano en Italia no ha sido el eclipse sino la erupción del volcán Etna , el más alto de Europa. Desde el pasado 6 de agosto, cuando llega el ‘tramonto’ y se pone el sol, los habitantes de Catania salen a sus balcones o suben a sus terrazas para contemplar el maravilloso espectáculo de las lenguas de magma de color fuego que calan despacio por la ladera del volcán. Pero no es oro todo lo que reluce. La erupción ha puesto en jaque el turismo en Sicilia, pues ha provocado la anulación de al menos 700 vuelos al aeropuerto de Catania-Fontanarossa, ha afectado a unos 100.000 viajeros y causado daños al turismo de entre 12 y 24 millones de euros. Como todo volcán, el Etna es un misterio que sólo puede contemplarse, pero que es imposible domar. Solo ‘la muntagna’, como la llaman los cataneses, decidirá cuándo terminará esta erupción. «Por el momento, no es posible predecir cuándo cesará», confirma a ABC Marco Viccaro, presidente de la Asociación Italiana de Vulcanología. «De hecho, el parpadeo del brillo de la lava está aumentando ligeramente, lo que indica que también aumenta su actividad explosiva», avisa el experto.La buena noticia es que «la situación de emergencia para los vuelos no depende de la lava sino de la dirección del viento que lleva la ceniza. Lamentablemente, durante la última semana, ha soplado constantemente hacia el sur, en dirección al aeropuerto, y por eso el aeropuerto no podía funcionar». La nube de cenizas, que dañan severamente los motores y los sistemas eléctricos de los aviones, ha llegado hasta Malta y Libia y ha provocado cierres de aeropuertos también en esos países.Los vuelos dirigidos a Catania han aterrizado en aeropuertos de otras ciudades de Sicilia, y quienes tenían reservadas sus vacaciones allí o en Ragusa, Messina o Siracusa han tenido que encontrar el modo de llegar por su cuenta. La región ha dado gratis billetes de tren a quienes tenían que aterrizar en Catania, pero la línea ferroviaria de Sicilia está anticuada. También las infraestructuras por carretera obligan a dar largos rodeos y a prolongar mucho los desplazamientos. Por eso, la anulación de vuelos supone la anulación de reservas de hotel y de otros servicios de hostelería en una de las regiones más atractivas para los veraneantes.Los precios de los coches para ir desde Palermo hasta Catania suben hasta alcanzar entre los 300 y 600 euros por díaDesde España, quienes volaban estos días hacia Catania han recibido horas antes de partir una notificación por correo electrónico de cambios en su reserva. «Primero nos dijeron que el horario se adelantaba y luego que se cancelaba», explica José, que tenía un billete para viajar a Catania desde Madrid este jueves. «Cuando aterrizamos en Roma nos dijeron que ya no despegaría pero que podríamos volar a Palermo y aceptamos a pesar de que está al otro lado de la isla», añade. En Palermo la situación era muy tranquila, aunque en la zona de alquiler de coches se respiraba cierta tensión. «Como tenemos la reserva cerca de Catania, hacía falta un coche para llegar. El precio está por las nubes, si tienes la suerte de que haya disponibilidad, como a entre 300 y 600 euros el día», asegura. La prensa italiana denuncia que algunos taxistas solicitaban hasta 800 euros por el viaje desde Palermo a Catania.Hace más de 20 añosLa última situación parecida se produjo entre 2002 y 2003, cuando la ceniza obligó a limitar el tráfico a este aeropuerto durante tres meses. En 2023 y 2024 tuvo que cerrar varias veces, pero en general nunca más de 24 horas. Ahora está batiendo un nuevo récord. La lluvia de ceniza que impide que aterricen los aviones se ha hecho notar también en Catania. Ya el miércoles, diminutas partículas entraban en los ojos y en la boca si estabas por la calle. «No es nociva, pero hay que tener cuidado en los ojos porque es una sustancia vítrea y además puede afectar a las vías respiratorias superiores», explican a ABC. Aunque esa misma ceniza cubre el coche de un manto gris e impide tomar el helado mientras se camina o dejar la ropa colgada al sol, en ningún caso en Catania se puede criticar al volcán.Salvo Domina, violinista experto en la obra de otro catanés, Vincenzo Bellini, reconoce esta relación especial con el Etna. «Sentimos un fuerte vínculo con el volcán pues nos da agua, tiene pistas de esquí, en verano trae fresco… Es parte de nuestra vida». Asegura que la actual erupción no es de las más peligrosas que ha vivido. «En los años noventa la lava llegó hasta la Val Calanna, un pequeño valle cerca de Zafferana, e iba a destrozar un pueblo, pero al final se detuvo. En los ochenta, tuvieron que detonar explosivos para cambiar el curso de la lava porque iba hacia Mascalucia y Nicolosi. Funcionó solo en parte». «La actual, no amenaza a ningún pueblo», defiende al Etna. «El único problema real es para los aeropuertos», reconoce.Expediciones nocturnas a 75 eurosLa erupción ha traído también un boom de expediciones nocturnas para ver la lava, que cae a 1.200 grados de temperatura. Las oficiales cuestan desde 75 euros en adelante, pero otras no oficiales llevan hasta el volcán por 50. «Hay que fiarse de guías expertos que conozcan los senderos, y utilizar siempre el equipo adecuado», subraya el vulcanólogo Viccaro.Ofrecen paseos de entre 4 y 5 horas para ver las lenguas de lava «desde un mirador con total seguridad», y avisan a los turistas que deberán respetar «los límites de seguridad» y que la visita será cancelada si no se dan las condiciones adecuadas.Para la catanesa Ludovica Maricchiolo subir al volcán ha sido «una sensación muy especial». El miércoles por la noche estuvo en el Etna y vio que «el rojo de la lava iluminaba el cielo y, aunque camináramos entre los árboles, se veían perfectamente los chorros de lava». «Cuando se alzaban y luego volvían a caer podíamos distinguir pequeños puntitos, los lapilli. Y casi ni tenían tiempo de llegar al suelo que la erupción volvía a empezar», describe.El Etna, de 3.300 metros de altura, es uno de los lugares reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Tiene cuatro cráteres activos que alternan flujos de lava con explosiones. De día lo único que se ve es una nube de ceniza saliendo de su cima, la responsable de que el aeropuerto de Catania siga cerrado, al menos hasta las 8 de la mañana de este viernes. Aquí mandan el volcán y el viento del sur, y hasta que uno de los dos no ceda, la crisis continuará. Los cataneses, acostumbrados a convivir con ‘la muntagna’, esperan ahora que amaine el viento. El fenómeno del verano en Italia no ha sido el eclipse sino la erupción del volcán Etna , el más alto de Europa. Desde el pasado 6 de agosto, cuando llega el ‘tramonto’ y se pone el sol, los habitantes de Catania salen a sus balcones o suben a sus terrazas para contemplar el maravilloso espectáculo de las lenguas de magma de color fuego que calan despacio por la ladera del volcán. Pero no es oro todo lo que reluce. La erupción ha puesto en jaque el turismo en Sicilia, pues ha provocado la anulación de al menos 700 vuelos al aeropuerto de Catania-Fontanarossa, ha afectado a unos 100.000 viajeros y causado daños al turismo de entre 12 y 24 millones de euros. Como todo volcán, el Etna es un misterio que sólo puede contemplarse, pero que es imposible domar. Solo ‘la muntagna’, como la llaman los cataneses, decidirá cuándo terminará esta erupción. «Por el momento, no es posible predecir cuándo cesará», confirma a ABC Marco Viccaro, presidente de la Asociación Italiana de Vulcanología. «De hecho, el parpadeo del brillo de la lava está aumentando ligeramente, lo que indica que también aumenta su actividad explosiva», avisa el experto.La buena noticia es que «la situación de emergencia para los vuelos no depende de la lava sino de la dirección del viento que lleva la ceniza. Lamentablemente, durante la última semana, ha soplado constantemente hacia el sur, en dirección al aeropuerto, y por eso el aeropuerto no podía funcionar». La nube de cenizas, que dañan severamente los motores y los sistemas eléctricos de los aviones, ha llegado hasta Malta y Libia y ha provocado cierres de aeropuertos también en esos países.Los vuelos dirigidos a Catania han aterrizado en aeropuertos de otras ciudades de Sicilia, y quienes tenían reservadas sus vacaciones allí o en Ragusa, Messina o Siracusa han tenido que encontrar el modo de llegar por su cuenta. La región ha dado gratis billetes de tren a quienes tenían que aterrizar en Catania, pero la línea ferroviaria de Sicilia está anticuada. También las infraestructuras por carretera obligan a dar largos rodeos y a prolongar mucho los desplazamientos. Por eso, la anulación de vuelos supone la anulación de reservas de hotel y de otros servicios de hostelería en una de las regiones más atractivas para los veraneantes.Los precios de los coches para ir desde Palermo hasta Catania suben hasta alcanzar entre los 300 y 600 euros por díaDesde España, quienes volaban estos días hacia Catania han recibido horas antes de partir una notificación por correo electrónico de cambios en su reserva. «Primero nos dijeron que el horario se adelantaba y luego que se cancelaba», explica José, que tenía un billete para viajar a Catania desde Madrid este jueves. «Cuando aterrizamos en Roma nos dijeron que ya no despegaría pero que podríamos volar a Palermo y aceptamos a pesar de que está al otro lado de la isla», añade. En Palermo la situación era muy tranquila, aunque en la zona de alquiler de coches se respiraba cierta tensión. «Como tenemos la reserva cerca de Catania, hacía falta un coche para llegar. El precio está por las nubes, si tienes la suerte de que haya disponibilidad, como a entre 300 y 600 euros el día», asegura. La prensa italiana denuncia que algunos taxistas solicitaban hasta 800 euros por el viaje desde Palermo a Catania.Hace más de 20 añosLa última situación parecida se produjo entre 2002 y 2003, cuando la ceniza obligó a limitar el tráfico a este aeropuerto durante tres meses. En 2023 y 2024 tuvo que cerrar varias veces, pero en general nunca más de 24 horas. Ahora está batiendo un nuevo récord. La lluvia de ceniza que impide que aterricen los aviones se ha hecho notar también en Catania. Ya el miércoles, diminutas partículas entraban en los ojos y en la boca si estabas por la calle. «No es nociva, pero hay que tener cuidado en los ojos porque es una sustancia vítrea y además puede afectar a las vías respiratorias superiores», explican a ABC. Aunque esa misma ceniza cubre el coche de un manto gris e impide tomar el helado mientras se camina o dejar la ropa colgada al sol, en ningún caso en Catania se puede criticar al volcán.Salvo Domina, violinista experto en la obra de otro catanés, Vincenzo Bellini, reconoce esta relación especial con el Etna. «Sentimos un fuerte vínculo con el volcán pues nos da agua, tiene pistas de esquí, en verano trae fresco… Es parte de nuestra vida». Asegura que la actual erupción no es de las más peligrosas que ha vivido. «En los años noventa la lava llegó hasta la Val Calanna, un pequeño valle cerca de Zafferana, e iba a destrozar un pueblo, pero al final se detuvo. En los ochenta, tuvieron que detonar explosivos para cambiar el curso de la lava porque iba hacia Mascalucia y Nicolosi. Funcionó solo en parte». «La actual, no amenaza a ningún pueblo», defiende al Etna. «El único problema real es para los aeropuertos», reconoce.Expediciones nocturnas a 75 eurosLa erupción ha traído también un boom de expediciones nocturnas para ver la lava, que cae a 1.200 grados de temperatura. Las oficiales cuestan desde 75 euros en adelante, pero otras no oficiales llevan hasta el volcán por 50. «Hay que fiarse de guías expertos que conozcan los senderos, y utilizar siempre el equipo adecuado», subraya el vulcanólogo Viccaro.Ofrecen paseos de entre 4 y 5 horas para ver las lenguas de lava «desde un mirador con total seguridad», y avisan a los turistas que deberán respetar «los límites de seguridad» y que la visita será cancelada si no se dan las condiciones adecuadas.Para la catanesa Ludovica Maricchiolo subir al volcán ha sido «una sensación muy especial». El miércoles por la noche estuvo en el Etna y vio que «el rojo de la lava iluminaba el cielo y, aunque camináramos entre los árboles, se veían perfectamente los chorros de lava». «Cuando se alzaban y luego volvían a caer podíamos distinguir pequeños puntitos, los lapilli. Y casi ni tenían tiempo de llegar al suelo que la erupción volvía a empezar», describe.El Etna, de 3.300 metros de altura, es uno de los lugares reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Tiene cuatro cráteres activos que alternan flujos de lava con explosiones. De día lo único que se ve es una nube de ceniza saliendo de su cima, la responsable de que el aeropuerto de Catania siga cerrado, al menos hasta las 8 de la mañana de este viernes. Aquí mandan el volcán y el viento del sur, y hasta que uno de los dos no ceda, la crisis continuará. Los cataneses, acostumbrados a convivir con ‘la muntagna’, esperan ahora que amaine el viento. RSS de noticias de sociedad
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