La Comisión Europea ha decidido enviar una segunda carta a los 27 gobiernos en la que aconseja que tomen medidas para reducir en todo lo posible la demanda de gas, ante la crisis de precios y de suministro que ha causado principalmente la guerra entre el presidente norteamericano Donald Trump y la dictadura de Irán.La legislación europea exige a los Estados miembros mantener niveles mínimos de gas almacenado en infraestructuras subterráneas equivalente al 35% del consumo medio anual de los últimos cinco años. La norma fue aprobada en 2022 al inicio de la guerra de Ucrania y aunque se planteó como una medida temporal, se ha tenido que prorrogar para mantener la seguridad del suministro. En general, los países deben tener un porcentaje orientativo de alrededor del 83% de esa capacidad y procurar hacer los llenados en periodos de baja demanda, en verano. Actualmente, se calcula que los depósitos están alrededor del 73%.En la carta, el comisario Dan Jorgensen recuerda que «tal como debatimos en el grupo de trabajo de la Unión de la Energía, nos enfrentamos a una crisis de precios vinculada a una crisis de suministro», lo que no sucedía cuando se planteó la obligación de consolidar las reservas de gas para garantizar la estabilidad de la economía en invierno.El comisario reconoce que la situación no ha mejorado desde el mes de marzo cuando envió la primera carta en este sentido sino que, al revés, la formación de estas reservas ha contribuido en gran medida a crear sin más tensiones en el mercado. Pese a ello y «aunque el almacenamiento de gas de la UE es aún excepcionalmente bajo y la situación sigue siendo complicada, actualmente no existen riesgos inmediatos para la seguridad del suministro», lo que no excluye que cuando aumente el consumo con la llegada del mal tiempo pueda cambiar la situación. Por ello, la carta del ejecutivo comunitario sugiere a los gobiernos que traten de cumplir con la obligación de llenar las reservas sin contribuir a tensar aún más la demanda. El comisario «invita» a los gobiernos «a que valoren adoptar o seguir adoptando medidas que permitan mantener las inyecciones o reducir la demanda de gas y electricidad durante todo el tiempo que sea necesario».Aunque no señala ninguna disposición concreta, Jorgensen les recuerda «las medidas voluntarias y bien planificadas de reducción de la demanda que resultaron útiles durante la crisis energética de 2022». A su juicio «podemos aprovechar las lecciones de aquella experiencia en la situación actual».Entonces el principal problema era sustituir el gas procedente de Rusia en unas coordenadas mucho más favorables que ahora, porque los productores del Golfo podían incrementar la producción sin grandes dificultades. Sin embargo, actualmente el suministro de gas procedente de esa parte del mundo está seriamente comprometido debido al cierre del estrecho de Ormuz y al aumento exponencial de la demanda de China y otros mercados de Asia.En este contexto, hay un factor de preocupación sobre la disponibilidad de gas licuado (GNL) que habrá para el próximo invierno si la tensión en Oriente Próximo se mantiene. De hecho, esa falta de suministro es lo que más preocupa puesto que las gasistas tendrán mayores complicaciones para acceder a los metaneros. La Comisión Europea ha decidido enviar una segunda carta a los 27 gobiernos en la que aconseja que tomen medidas para reducir en todo lo posible la demanda de gas, ante la crisis de precios y de suministro que ha causado principalmente la guerra entre el presidente norteamericano Donald Trump y la dictadura de Irán.La legislación europea exige a los Estados miembros mantener niveles mínimos de gas almacenado en infraestructuras subterráneas equivalente al 35% del consumo medio anual de los últimos cinco años. La norma fue aprobada en 2022 al inicio de la guerra de Ucrania y aunque se planteó como una medida temporal, se ha tenido que prorrogar para mantener la seguridad del suministro. En general, los países deben tener un porcentaje orientativo de alrededor del 83% de esa capacidad y procurar hacer los llenados en periodos de baja demanda, en verano. Actualmente, se calcula que los depósitos están alrededor del 73%.En la carta, el comisario Dan Jorgensen recuerda que «tal como debatimos en el grupo de trabajo de la Unión de la Energía, nos enfrentamos a una crisis de precios vinculada a una crisis de suministro», lo que no sucedía cuando se planteó la obligación de consolidar las reservas de gas para garantizar la estabilidad de la economía en invierno.El comisario reconoce que la situación no ha mejorado desde el mes de marzo cuando envió la primera carta en este sentido sino que, al revés, la formación de estas reservas ha contribuido en gran medida a crear sin más tensiones en el mercado. Pese a ello y «aunque el almacenamiento de gas de la UE es aún excepcionalmente bajo y la situación sigue siendo complicada, actualmente no existen riesgos inmediatos para la seguridad del suministro», lo que no excluye que cuando aumente el consumo con la llegada del mal tiempo pueda cambiar la situación. Por ello, la carta del ejecutivo comunitario sugiere a los gobiernos que traten de cumplir con la obligación de llenar las reservas sin contribuir a tensar aún más la demanda. El comisario «invita» a los gobiernos «a que valoren adoptar o seguir adoptando medidas que permitan mantener las inyecciones o reducir la demanda de gas y electricidad durante todo el tiempo que sea necesario».Aunque no señala ninguna disposición concreta, Jorgensen les recuerda «las medidas voluntarias y bien planificadas de reducción de la demanda que resultaron útiles durante la crisis energética de 2022». A su juicio «podemos aprovechar las lecciones de aquella experiencia en la situación actual».Entonces el principal problema era sustituir el gas procedente de Rusia en unas coordenadas mucho más favorables que ahora, porque los productores del Golfo podían incrementar la producción sin grandes dificultades. Sin embargo, actualmente el suministro de gas procedente de esa parte del mundo está seriamente comprometido debido al cierre del estrecho de Ormuz y al aumento exponencial de la demanda de China y otros mercados de Asia.En este contexto, hay un factor de preocupación sobre la disponibilidad de gas licuado (GNL) que habrá para el próximo invierno si la tensión en Oriente Próximo se mantiene. De hecho, esa falta de suministro es lo que más preocupa puesto que las gasistas tendrán mayores complicaciones para acceder a los metaneros. La Comisión Europea ha decidido enviar una segunda carta a los 27 gobiernos en la que aconseja que tomen medidas para reducir en todo lo posible la demanda de gas, ante la crisis de precios y de suministro que ha causado principalmente la guerra entre el presidente norteamericano Donald Trump y la dictadura de Irán.La legislación europea exige a los Estados miembros mantener niveles mínimos de gas almacenado en infraestructuras subterráneas equivalente al 35% del consumo medio anual de los últimos cinco años. La norma fue aprobada en 2022 al inicio de la guerra de Ucrania y aunque se planteó como una medida temporal, se ha tenido que prorrogar para mantener la seguridad del suministro. En general, los países deben tener un porcentaje orientativo de alrededor del 83% de esa capacidad y procurar hacer los llenados en periodos de baja demanda, en verano. Actualmente, se calcula que los depósitos están alrededor del 73%.En la carta, el comisario Dan Jorgensen recuerda que «tal como debatimos en el grupo de trabajo de la Unión de la Energía, nos enfrentamos a una crisis de precios vinculada a una crisis de suministro», lo que no sucedía cuando se planteó la obligación de consolidar las reservas de gas para garantizar la estabilidad de la economía en invierno.El comisario reconoce que la situación no ha mejorado desde el mes de marzo cuando envió la primera carta en este sentido sino que, al revés, la formación de estas reservas ha contribuido en gran medida a crear sin más tensiones en el mercado. Pese a ello y «aunque el almacenamiento de gas de la UE es aún excepcionalmente bajo y la situación sigue siendo complicada, actualmente no existen riesgos inmediatos para la seguridad del suministro», lo que no excluye que cuando aumente el consumo con la llegada del mal tiempo pueda cambiar la situación. Por ello, la carta del ejecutivo comunitario sugiere a los gobiernos que traten de cumplir con la obligación de llenar las reservas sin contribuir a tensar aún más la demanda. El comisario «invita» a los gobiernos «a que valoren adoptar o seguir adoptando medidas que permitan mantener las inyecciones o reducir la demanda de gas y electricidad durante todo el tiempo que sea necesario».Aunque no señala ninguna disposición concreta, Jorgensen les recuerda «las medidas voluntarias y bien planificadas de reducción de la demanda que resultaron útiles durante la crisis energética de 2022». A su juicio «podemos aprovechar las lecciones de aquella experiencia en la situación actual».Entonces el principal problema era sustituir el gas procedente de Rusia en unas coordenadas mucho más favorables que ahora, porque los productores del Golfo podían incrementar la producción sin grandes dificultades. Sin embargo, actualmente el suministro de gas procedente de esa parte del mundo está seriamente comprometido debido al cierre del estrecho de Ormuz y al aumento exponencial de la demanda de China y otros mercados de Asia.En este contexto, hay un factor de preocupación sobre la disponibilidad de gas licuado (GNL) que habrá para el próximo invierno si la tensión en Oriente Próximo se mantiene. De hecho, esa falta de suministro es lo que más preocupa puesto que las gasistas tendrán mayores complicaciones para acceder a los metaneros. RSS de noticias de economia
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