Aquel día de principios de julio en Oporto, al calor de una terraza en Vinum y protegidos con un Porto Tonic, mi socio argumentaba incansable sobre la era dorada que nos viene con las herramientas de imagen, voz y hacking que la IA trae a los estafadores. No le falta razón, pero, aunque clonar la voz de tu madre tiene mérito, dista mucho del talento, la temeridad o la desvergüenza de Gregor MacGregor, Jamie Lawhorne, Ron Gollobin y Roger Reaves. Cada uno en su categoría, pero con el campo en común. La estafa nunca ha esperado a la tecnología. La tecnología solo reduce el coste de adquisición de ingenuos.
Aunque la IA sofistica las herramientas del engaño, el motor de la estafa sigue siendo la voluntad de creer en promesas irreales.
Aquel día de principios de julio en Oporto, al calor de una terraza en Vinum y protegidos con un Porto Tonic, mi socio argumentaba incansable sobre la era dorada que nos viene con las herramientas de imagen, voz y hacking que la IA trae a los estafadores. No le falta razón, pero, aunque clonar la voz de tu madre tiene mérito, dista mucho del talento, la temeridad o la desvergüenza de Gregor MacGregor, Jamie Lawhorne, Ron Gollobin y Roger Reaves. Cada uno en su categoría, pero con el campo en común. La estafa nunca ha esperado a la tecnología. La tecnología solo reduce el coste de adquisición de ingenuos.
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