Tras muchas idas y venidas, la compañía líder en modelos de lenguaje avanzados que ahora llamamos de frontera, Anthropic , se ha decidido a salir a Bolsa. No es el mejor momento de los últimos meses, pero si han dado el salto es porque los Amodei, los principales accionistas de la compañía, piensan que esos tiempos no volverán y que, todo lo contrario, las dudas sobre la valoración de estas compañías pueden a futuro crecer.Los problemas para la valoración de este tipo de compañías son muchos. El impresionante crecimiento de los últimos años no nos dice nada y hay muchos interrogantes sobre el futuro. En los últimos resultados publicaron un crecimiento de más del 1.000% año contra año. No es fácil proyectar qué pueda pasar a 5 o 10 años vista. Y para justificar las valoraciones de las que se están hablando el ritmo debería ser el de por lo menos doblar todos los años en el periodo más largo. Y eso es mucho asumir sin tener claro qué puede pasar con los hábitos de los usuarios, qué es lo que hace la competencia, cómo funcionan sus modelos de inteligencia artificial o cuánto van a invertir en centros de datos. A esto habría que sumar el nada desdeñable riesgo regulatorio. Una compañía cuyo creador contempla la posibilidad de que sus modelos puedan acabar destruyendo la humanidad -aunque sea con un nivel de probabilidad pequeño- está con mucha seguridad sujeta a que las autoridades acaben metiendo la zarpa en su desarrollo.Y lo último que tendría que valorar el potencial inversor es cómo de expuesto ya está porque tanto Amazon como Google ya son accionistas de la compañía y Microsoft, Nvidia y SpaceX son grandes proveedores por lo que el común de los inversores en Bolsa mundial ya tiene puesta su ficha en esta inversión. Así las cosas, la decisión no es algo a lo que se pueda llegar de forma racional. Se trata más de una creencia: va o no a ser la compañía de los Amodei una de las ganadoras de esta revolución extraordinaria a la que estamos asistiendo. Este ejercicio lo hemos tenido que hacer últimamente con SpaceX y lo tendremos que volver a hacer no tardando mucho con ChatGPT. De lo que no hay duda es del alcance de lo que estamos viviendo. Lo que no está tan claro es que sean precisamente estas compañías las que vayan a ser las ganadoras. La ventaja que tienen: que han sido las primeras y son las que lideran el camino.Ni aprietan, ni ahoganLa semana pasada los bancos centrales decidieron tomarse una pausa. Ni el BCE ni la Reserva Federal subieron los tipos. Entraba dentro de lo esperable, pero, en cualquier caso, los tipos de interés de los plazos más largos se tomaron un respiro. La inflación sigue alta y el precio de la energía no termina de embridarse pero los principales responsables de la política monetaria han decidido levantar el pie. Aciertan. Evidentemente su mandato es controlar los precios y para ello tienen que controlar fundamentalmente lo que en el argot se conoce como las expectativas de inflación, que están muy relacionadas con los efectos de segunda ronda. Pero también han aprendido la lección estos últimos años y saben que esto no pasa por parar la economía. Y mucho menos con un cuadro de deuda pública como el que tienen algunas de las grandes economías desarrolladas. Se trata de un difícil equilibrio en el que, a la fuerza ahorca, están ya muy bregados. Tienen que mantener atadas las expectativas de inflación sin ahogar el crecimiento. Todo pasa porque los precios del petróleo y sus derivados acaben volviendo a la casilla de salida. En el momento que esto se acabe resolviendo, los bancos centrales tendrán una vida mucho más fácil. Lo que pasa es que esto lógicamente no está en su mano. Por el camino, tienen que contener a los más apasionados de sus órganos de decisión que se calientan con los datos que son solo una anotación de lo que ya ha pasado. El repunte de los precios sigue tratándose de un ‘shock’ exógeno de manual. Y la solución del excesivo endeudamiento de algunas economías desarrolladas pasa por no ahogar el crecimiento. Por lo tanto, no pueden pasarse en la subida de los tipos de interés. Y lo saben. En el momento que la inflación corrija, que corregirá porque nadie tiene ningún incentivo en mantener la situación actual, tendrán que tener algo de manga ancha. La forma de salir de un excesivo endeudamiento público es deflactando la deuda. Esto es convivir con tasas de crecimiento nominal del PIB por encima del déficit público. Ese será el siguiente paso. De momento, toca hacer como que hacen y esperar que los precios de la energía vuelvan a su sitio sin ponerse nerviosos por el camino. Y tras lo vivido en los últimos años tienen horas de vuelo de sobra para que no les tiemble el pulso.Elecciones de mitad de mandatoEsta semana son las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. A juzgar por las encuestas, existe una posibilidad grande de un vuelco en ambas Cámaras. Aunque la doctrina discrepa, un mayor control por parte del legislativo del presidente Trump sería una buena noticia para todos y consecuentemente para los mercados.Aunque el presidente americano vaya a seguir contando con amplios poderes en algunas materias, la eventual mayoría demócrata supondría un importante contrapeso a las arbitrariedades marca de la casa. Los dos últimos años de su segunda presidencia podrían ser más llevaderos, sobre todo porque, con estas nuevas mayorías, la posibilidad de un’ impeachment’ vuelve a estar encima de la mesa. Un presidente con tanta iniciativa como este, cuanto más plomo tenga en las alas mejor. Todo lo que sea volver a una cierta normalidad en la política americana tiene que ser bien recibido y será un claro síntoma de que los contrapoderes americanos funcionan. Esto pasa en un primer momento porque al presidente le meta en vereda el poder legislativo. Y más adelante por un cambio de presidente. Lo de esta semana puede ser la primera alegría de este noviembre electoral. La del 29 de noviembre en España nos toca mucho más cerca. Pero la idea es la misma: pasar página a un periodo aciago de un gobernante indecente. Al igual que en Estados Unidos, solo la salida del personaje es una buena noticia en sí misma por la tremenda animadversión que provoca. Al menor cabreo del personal, hay que sumar que se hagan políticas sensatas y que se vuelva al respeto de las instituciones. Y la suma de todo es tremendamente positivo para la economía y consecuentemente para los mercados. Esta semana puede que se dé un primer pequeño paso. El del 29N será un paso mucho más grande y que por aquí nos afecta mucho más. Este segundo, en cualquier caso, tiene mucha mayor probabilidad de suceder. Que así sea. Tras muchas idas y venidas, la compañía líder en modelos de lenguaje avanzados que ahora llamamos de frontera, Anthropic , se ha decidido a salir a Bolsa. No es el mejor momento de los últimos meses, pero si han dado el salto es porque los Amodei, los principales accionistas de la compañía, piensan que esos tiempos no volverán y que, todo lo contrario, las dudas sobre la valoración de estas compañías pueden a futuro crecer.Los problemas para la valoración de este tipo de compañías son muchos. El impresionante crecimiento de los últimos años no nos dice nada y hay muchos interrogantes sobre el futuro. En los últimos resultados publicaron un crecimiento de más del 1.000% año contra año. No es fácil proyectar qué pueda pasar a 5 o 10 años vista. Y para justificar las valoraciones de las que se están hablando el ritmo debería ser el de por lo menos doblar todos los años en el periodo más largo. Y eso es mucho asumir sin tener claro qué puede pasar con los hábitos de los usuarios, qué es lo que hace la competencia, cómo funcionan sus modelos de inteligencia artificial o cuánto van a invertir en centros de datos. A esto habría que sumar el nada desdeñable riesgo regulatorio. Una compañía cuyo creador contempla la posibilidad de que sus modelos puedan acabar destruyendo la humanidad -aunque sea con un nivel de probabilidad pequeño- está con mucha seguridad sujeta a que las autoridades acaben metiendo la zarpa en su desarrollo.Y lo último que tendría que valorar el potencial inversor es cómo de expuesto ya está porque tanto Amazon como Google ya son accionistas de la compañía y Microsoft, Nvidia y SpaceX son grandes proveedores por lo que el común de los inversores en Bolsa mundial ya tiene puesta su ficha en esta inversión. Así las cosas, la decisión no es algo a lo que se pueda llegar de forma racional. Se trata más de una creencia: va o no a ser la compañía de los Amodei una de las ganadoras de esta revolución extraordinaria a la que estamos asistiendo. Este ejercicio lo hemos tenido que hacer últimamente con SpaceX y lo tendremos que volver a hacer no tardando mucho con ChatGPT. De lo que no hay duda es del alcance de lo que estamos viviendo. Lo que no está tan claro es que sean precisamente estas compañías las que vayan a ser las ganadoras. La ventaja que tienen: que han sido las primeras y son las que lideran el camino.Ni aprietan, ni ahoganLa semana pasada los bancos centrales decidieron tomarse una pausa. Ni el BCE ni la Reserva Federal subieron los tipos. Entraba dentro de lo esperable, pero, en cualquier caso, los tipos de interés de los plazos más largos se tomaron un respiro. La inflación sigue alta y el precio de la energía no termina de embridarse pero los principales responsables de la política monetaria han decidido levantar el pie. Aciertan. Evidentemente su mandato es controlar los precios y para ello tienen que controlar fundamentalmente lo que en el argot se conoce como las expectativas de inflación, que están muy relacionadas con los efectos de segunda ronda. Pero también han aprendido la lección estos últimos años y saben que esto no pasa por parar la economía. Y mucho menos con un cuadro de deuda pública como el que tienen algunas de las grandes economías desarrolladas. Se trata de un difícil equilibrio en el que, a la fuerza ahorca, están ya muy bregados. Tienen que mantener atadas las expectativas de inflación sin ahogar el crecimiento. Todo pasa porque los precios del petróleo y sus derivados acaben volviendo a la casilla de salida. En el momento que esto se acabe resolviendo, los bancos centrales tendrán una vida mucho más fácil. Lo que pasa es que esto lógicamente no está en su mano. Por el camino, tienen que contener a los más apasionados de sus órganos de decisión que se calientan con los datos que son solo una anotación de lo que ya ha pasado. El repunte de los precios sigue tratándose de un ‘shock’ exógeno de manual. Y la solución del excesivo endeudamiento de algunas economías desarrolladas pasa por no ahogar el crecimiento. Por lo tanto, no pueden pasarse en la subida de los tipos de interés. Y lo saben. En el momento que la inflación corrija, que corregirá porque nadie tiene ningún incentivo en mantener la situación actual, tendrán que tener algo de manga ancha. La forma de salir de un excesivo endeudamiento público es deflactando la deuda. Esto es convivir con tasas de crecimiento nominal del PIB por encima del déficit público. Ese será el siguiente paso. De momento, toca hacer como que hacen y esperar que los precios de la energía vuelvan a su sitio sin ponerse nerviosos por el camino. Y tras lo vivido en los últimos años tienen horas de vuelo de sobra para que no les tiemble el pulso.Elecciones de mitad de mandatoEsta semana son las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. A juzgar por las encuestas, existe una posibilidad grande de un vuelco en ambas Cámaras. Aunque la doctrina discrepa, un mayor control por parte del legislativo del presidente Trump sería una buena noticia para todos y consecuentemente para los mercados.Aunque el presidente americano vaya a seguir contando con amplios poderes en algunas materias, la eventual mayoría demócrata supondría un importante contrapeso a las arbitrariedades marca de la casa. Los dos últimos años de su segunda presidencia podrían ser más llevaderos, sobre todo porque, con estas nuevas mayorías, la posibilidad de un’ impeachment’ vuelve a estar encima de la mesa. Un presidente con tanta iniciativa como este, cuanto más plomo tenga en las alas mejor. Todo lo que sea volver a una cierta normalidad en la política americana tiene que ser bien recibido y será un claro síntoma de que los contrapoderes americanos funcionan. Esto pasa en un primer momento porque al presidente le meta en vereda el poder legislativo. Y más adelante por un cambio de presidente. Lo de esta semana puede ser la primera alegría de este noviembre electoral. La del 29 de noviembre en España nos toca mucho más cerca. Pero la idea es la misma: pasar página a un periodo aciago de un gobernante indecente. Al igual que en Estados Unidos, solo la salida del personaje es una buena noticia en sí misma por la tremenda animadversión que provoca. Al menor cabreo del personal, hay que sumar que se hagan políticas sensatas y que se vuelva al respeto de las instituciones. Y la suma de todo es tremendamente positivo para la economía y consecuentemente para los mercados. Esta semana puede que se dé un primer pequeño paso. El del 29N será un paso mucho más grande y que por aquí nos afecta mucho más. Este segundo, en cualquier caso, tiene mucha mayor probabilidad de suceder. Que así sea. Tras muchas idas y venidas, la compañía líder en modelos de lenguaje avanzados que ahora llamamos de frontera, Anthropic , se ha decidido a salir a Bolsa. No es el mejor momento de los últimos meses, pero si han dado el salto es porque los Amodei, los principales accionistas de la compañía, piensan que esos tiempos no volverán y que, todo lo contrario, las dudas sobre la valoración de estas compañías pueden a futuro crecer.Los problemas para la valoración de este tipo de compañías son muchos. El impresionante crecimiento de los últimos años no nos dice nada y hay muchos interrogantes sobre el futuro. En los últimos resultados publicaron un crecimiento de más del 1.000% año contra año. No es fácil proyectar qué pueda pasar a 5 o 10 años vista. Y para justificar las valoraciones de las que se están hablando el ritmo debería ser el de por lo menos doblar todos los años en el periodo más largo. Y eso es mucho asumir sin tener claro qué puede pasar con los hábitos de los usuarios, qué es lo que hace la competencia, cómo funcionan sus modelos de inteligencia artificial o cuánto van a invertir en centros de datos. A esto habría que sumar el nada desdeñable riesgo regulatorio. Una compañía cuyo creador contempla la posibilidad de que sus modelos puedan acabar destruyendo la humanidad -aunque sea con un nivel de probabilidad pequeño- está con mucha seguridad sujeta a que las autoridades acaben metiendo la zarpa en su desarrollo.Y lo último que tendría que valorar el potencial inversor es cómo de expuesto ya está porque tanto Amazon como Google ya son accionistas de la compañía y Microsoft, Nvidia y SpaceX son grandes proveedores por lo que el común de los inversores en Bolsa mundial ya tiene puesta su ficha en esta inversión. Así las cosas, la decisión no es algo a lo que se pueda llegar de forma racional. Se trata más de una creencia: va o no a ser la compañía de los Amodei una de las ganadoras de esta revolución extraordinaria a la que estamos asistiendo. Este ejercicio lo hemos tenido que hacer últimamente con SpaceX y lo tendremos que volver a hacer no tardando mucho con ChatGPT. De lo que no hay duda es del alcance de lo que estamos viviendo. Lo que no está tan claro es que sean precisamente estas compañías las que vayan a ser las ganadoras. La ventaja que tienen: que han sido las primeras y son las que lideran el camino.Ni aprietan, ni ahoganLa semana pasada los bancos centrales decidieron tomarse una pausa. Ni el BCE ni la Reserva Federal subieron los tipos. Entraba dentro de lo esperable, pero, en cualquier caso, los tipos de interés de los plazos más largos se tomaron un respiro. La inflación sigue alta y el precio de la energía no termina de embridarse pero los principales responsables de la política monetaria han decidido levantar el pie. Aciertan. Evidentemente su mandato es controlar los precios y para ello tienen que controlar fundamentalmente lo que en el argot se conoce como las expectativas de inflación, que están muy relacionadas con los efectos de segunda ronda. Pero también han aprendido la lección estos últimos años y saben que esto no pasa por parar la economía. Y mucho menos con un cuadro de deuda pública como el que tienen algunas de las grandes economías desarrolladas. Se trata de un difícil equilibrio en el que, a la fuerza ahorca, están ya muy bregados. Tienen que mantener atadas las expectativas de inflación sin ahogar el crecimiento. Todo pasa porque los precios del petróleo y sus derivados acaben volviendo a la casilla de salida. En el momento que esto se acabe resolviendo, los bancos centrales tendrán una vida mucho más fácil. Lo que pasa es que esto lógicamente no está en su mano. Por el camino, tienen que contener a los más apasionados de sus órganos de decisión que se calientan con los datos que son solo una anotación de lo que ya ha pasado. El repunte de los precios sigue tratándose de un ‘shock’ exógeno de manual. Y la solución del excesivo endeudamiento de algunas economías desarrolladas pasa por no ahogar el crecimiento. Por lo tanto, no pueden pasarse en la subida de los tipos de interés. Y lo saben. En el momento que la inflación corrija, que corregirá porque nadie tiene ningún incentivo en mantener la situación actual, tendrán que tener algo de manga ancha. La forma de salir de un excesivo endeudamiento público es deflactando la deuda. Esto es convivir con tasas de crecimiento nominal del PIB por encima del déficit público. Ese será el siguiente paso. De momento, toca hacer como que hacen y esperar que los precios de la energía vuelvan a su sitio sin ponerse nerviosos por el camino. Y tras lo vivido en los últimos años tienen horas de vuelo de sobra para que no les tiemble el pulso.Elecciones de mitad de mandatoEsta semana son las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. A juzgar por las encuestas, existe una posibilidad grande de un vuelco en ambas Cámaras. Aunque la doctrina discrepa, un mayor control por parte del legislativo del presidente Trump sería una buena noticia para todos y consecuentemente para los mercados.Aunque el presidente americano vaya a seguir contando con amplios poderes en algunas materias, la eventual mayoría demócrata supondría un importante contrapeso a las arbitrariedades marca de la casa. Los dos últimos años de su segunda presidencia podrían ser más llevaderos, sobre todo porque, con estas nuevas mayorías, la posibilidad de un’ impeachment’ vuelve a estar encima de la mesa. Un presidente con tanta iniciativa como este, cuanto más plomo tenga en las alas mejor. Todo lo que sea volver a una cierta normalidad en la política americana tiene que ser bien recibido y será un claro síntoma de que los contrapoderes americanos funcionan. Esto pasa en un primer momento porque al presidente le meta en vereda el poder legislativo. Y más adelante por un cambio de presidente. Lo de esta semana puede ser la primera alegría de este noviembre electoral. La del 29 de noviembre en España nos toca mucho más cerca. Pero la idea es la misma: pasar página a un periodo aciago de un gobernante indecente. Al igual que en Estados Unidos, solo la salida del personaje es una buena noticia en sí misma por la tremenda animadversión que provoca. Al menor cabreo del personal, hay que sumar que se hagan políticas sensatas y que se vuelva al respeto de las instituciones. Y la suma de todo es tremendamente positivo para la economía y consecuentemente para los mercados. Esta semana puede que se dé un primer pequeño paso. El del 29N será un paso mucho más grande y que por aquí nos afecta mucho más. Este segundo, en cualquier caso, tiene mucha mayor probabilidad de suceder. Que así sea. RSS de noticias de economia
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