Hay peleas por error. Hay guerras que comenzaron por un malentendido. Cuando una cultura se encuentra con otra no sabe interpretarla y tira de lo que conoce. Hernán Cortés llamaba mezquitas a los templos aztecas . El topónimo Yukatán procede de la palabra maya que significa «no entiendo lo que dices», que fue lo que los indígenas dijeron a los primeros navegantes que se acercaron a sus costas y les preguntaron: ¿cómo se llama esta tierra?Todas estas historias han quedado en anécdotas, pero uno de los grandes nombres de la historiografía cultural, el profesor emérito de Cambridge Peter Burke , trata de estudiar de manera sistemática su importancia en la historia occidental. Y resulta que el malentendido ha sido, por lo pronto, según sus palabras, «uno de los motores de nuestra historia».A sus 88 años, Burke visitó hace un par de semanas Madrid para participar en un seminario organizado por el CSIC y el Círculo de Bellas Artes y habló de estos asuntos. Autor de uno de los más llamativos tratados sobre este ámbito, ‘Ignorancia’, en el que cartografió el peso de lo que no sabemos en la historia, escribe en la actualidad un nuevo ensayo sobre el malentendido. Habló brevemente con ABC tras impartir su conferencia en el Círculo madrileño.El papel de la analogía¿Qué papel desempeña el malentendido en nuestra cultura? «La conciencia del malentendido o del fracaso para comprender es, sin duda, uno de los motores de la historia. También quisiera subrayar el papel de la analogía. Ante algo desconocido, solemos recurrir a analogías con algo más familiar. Con mayor experiencia, aprendemos -o deberíamos aprender- a descartar la analogía, que también tiene un lado oscuro: oscurece tanto como ilumina un objeto o situación dados». Suele decirse que los seres humanos aprendemos de nuestros errores, y tal vez no podemos evitarlos, por lo que ningún éxito es definitivo. ¿Hay forma de hacerlos más leves? Burke responde: «En la historia del arte, E. H. Gombrich escribió célebremente sobre el ‘esquema y la corrección’, aunque yo preferiría hablar de una serie de modificaciones, pues coincido con usted en que el éxito nunca es definitivo».«¡Lo más probable es que las mentiras sean tan antiguas como el habla humana!»Sobre los peligros de la analogía, Burke señala: «¡Su ejemplo de las mezquitas en el Nuevo Mundo ilustra vívidamente mi punto de vista sobre la analogía! Sin embargo, su pregunta es un recordatorio de que no comprendemos ni malinterpretamos solos. Yo uso el término ‘malentendido asistido’ para referirme a diversas formas de engaño, desde la retórica publicitaria hasta la propaganda política, los encubrimientos, las noticias falsas, etc.», aduce. Uno diría que las noticias falsas o los bulos de la actualidad son malentendidos inducidos también con una finalidad y se muestra de acuerdo: «La idea de las ‘noticias falsas’ es mucho más antigua que la expresión. En la Gran Bretaña del siglo XIX, por ejemplo, el término era ‘informes falsos’. En cualquier caso, ¡lo más probable es que las mentiras sean tan antiguas como el habla humana!», señala.¿Pero aprendemos de la historia en este tema? «Lo nuevo es el alcance y la velocidad de la difusión de los bulos, gracias a las redes sociales, cuyo peligro se multiplica por ser accesibles a muchos niños. A corto plazo, una solución parcial podría ser bloquear el acceso a los menores de dieciséis años. A largo plazo, lo que creo que se necesita es enseñar a los niños en la escuela a ser críticos con los mensajes que leen, ya sea en carteles, libros o televisión. Esta forma de alfabetización ha recibido un nombre pomposo, ‘Teoría Crítica de la Información’, pero los historiadores la llaman ‘crítica de fuentes’».«Los extremistas o populistas a menudo se apropian del lenguaje del pueblo»¿Con la sobreinformación actual y el sesgo de confirmación que nos dan las redes, que nos limitan a quienes piensan como nosotros, actuamos igual que los que ignoraban todo en el siglo XVI? «¡Es una pregunta penetrante y difícil! Los discursos extremos suelen ofrecer soluciones a problemas reales y son entendidos como tales por los seguidores de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Pero estas soluciones plantean a su vez un viejo problema: ¿puede una sociedad permitirse tolerar a los intolerantes si la libertad de un grupo es una amenaza para la libertad de otro?». A este respecto, cabe pensar si la libertad se ha convertido en un malentendido y debemos estudiarla también como tal, o si la erosión de la convivencia en democracia está llevándola al desprestigio. «En lugar de hablar de un malentendido de la libertad, yo diría que diferentes grupos interpretan la idea de libertad de maneras distintas. Si la idea de malentendido es aquí relevante, sin duda ha de encontrarse en la propaganda tanto de izquierda como de derecha, junto con los intentos de engañar al público. En cuanto al prestigio de la democracia -añade-, eso depende de quién hable. Los extremistas o populistas a menudo se apropian del lenguaje del pueblo. Para los moderados o centristas, entre los que me cuento, la deriva hacia los extremos socava un sistema que depende de un grado de consenso, al menos aceptando los resultados de unas elecciones aparentemente genuinas en las que el propio partido ha perdido». Hay peleas por error. Hay guerras que comenzaron por un malentendido. Cuando una cultura se encuentra con otra no sabe interpretarla y tira de lo que conoce. Hernán Cortés llamaba mezquitas a los templos aztecas . El topónimo Yukatán procede de la palabra maya que significa «no entiendo lo que dices», que fue lo que los indígenas dijeron a los primeros navegantes que se acercaron a sus costas y les preguntaron: ¿cómo se llama esta tierra?Todas estas historias han quedado en anécdotas, pero uno de los grandes nombres de la historiografía cultural, el profesor emérito de Cambridge Peter Burke , trata de estudiar de manera sistemática su importancia en la historia occidental. Y resulta que el malentendido ha sido, por lo pronto, según sus palabras, «uno de los motores de nuestra historia».A sus 88 años, Burke visitó hace un par de semanas Madrid para participar en un seminario organizado por el CSIC y el Círculo de Bellas Artes y habló de estos asuntos. Autor de uno de los más llamativos tratados sobre este ámbito, ‘Ignorancia’, en el que cartografió el peso de lo que no sabemos en la historia, escribe en la actualidad un nuevo ensayo sobre el malentendido. Habló brevemente con ABC tras impartir su conferencia en el Círculo madrileño.El papel de la analogía¿Qué papel desempeña el malentendido en nuestra cultura? «La conciencia del malentendido o del fracaso para comprender es, sin duda, uno de los motores de la historia. También quisiera subrayar el papel de la analogía. Ante algo desconocido, solemos recurrir a analogías con algo más familiar. Con mayor experiencia, aprendemos -o deberíamos aprender- a descartar la analogía, que también tiene un lado oscuro: oscurece tanto como ilumina un objeto o situación dados». Suele decirse que los seres humanos aprendemos de nuestros errores, y tal vez no podemos evitarlos, por lo que ningún éxito es definitivo. ¿Hay forma de hacerlos más leves? Burke responde: «En la historia del arte, E. H. Gombrich escribió célebremente sobre el ‘esquema y la corrección’, aunque yo preferiría hablar de una serie de modificaciones, pues coincido con usted en que el éxito nunca es definitivo».«¡Lo más probable es que las mentiras sean tan antiguas como el habla humana!»Sobre los peligros de la analogía, Burke señala: «¡Su ejemplo de las mezquitas en el Nuevo Mundo ilustra vívidamente mi punto de vista sobre la analogía! Sin embargo, su pregunta es un recordatorio de que no comprendemos ni malinterpretamos solos. Yo uso el término ‘malentendido asistido’ para referirme a diversas formas de engaño, desde la retórica publicitaria hasta la propaganda política, los encubrimientos, las noticias falsas, etc.», aduce. Uno diría que las noticias falsas o los bulos de la actualidad son malentendidos inducidos también con una finalidad y se muestra de acuerdo: «La idea de las ‘noticias falsas’ es mucho más antigua que la expresión. En la Gran Bretaña del siglo XIX, por ejemplo, el término era ‘informes falsos’. En cualquier caso, ¡lo más probable es que las mentiras sean tan antiguas como el habla humana!», señala.¿Pero aprendemos de la historia en este tema? «Lo nuevo es el alcance y la velocidad de la difusión de los bulos, gracias a las redes sociales, cuyo peligro se multiplica por ser accesibles a muchos niños. A corto plazo, una solución parcial podría ser bloquear el acceso a los menores de dieciséis años. A largo plazo, lo que creo que se necesita es enseñar a los niños en la escuela a ser críticos con los mensajes que leen, ya sea en carteles, libros o televisión. Esta forma de alfabetización ha recibido un nombre pomposo, ‘Teoría Crítica de la Información’, pero los historiadores la llaman ‘crítica de fuentes’».«Los extremistas o populistas a menudo se apropian del lenguaje del pueblo»¿Con la sobreinformación actual y el sesgo de confirmación que nos dan las redes, que nos limitan a quienes piensan como nosotros, actuamos igual que los que ignoraban todo en el siglo XVI? «¡Es una pregunta penetrante y difícil! Los discursos extremos suelen ofrecer soluciones a problemas reales y son entendidos como tales por los seguidores de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Pero estas soluciones plantean a su vez un viejo problema: ¿puede una sociedad permitirse tolerar a los intolerantes si la libertad de un grupo es una amenaza para la libertad de otro?». A este respecto, cabe pensar si la libertad se ha convertido en un malentendido y debemos estudiarla también como tal, o si la erosión de la convivencia en democracia está llevándola al desprestigio. «En lugar de hablar de un malentendido de la libertad, yo diría que diferentes grupos interpretan la idea de libertad de maneras distintas. Si la idea de malentendido es aquí relevante, sin duda ha de encontrarse en la propaganda tanto de izquierda como de derecha, junto con los intentos de engañar al público. En cuanto al prestigio de la democracia -añade-, eso depende de quién hable. Los extremistas o populistas a menudo se apropian del lenguaje del pueblo. Para los moderados o centristas, entre los que me cuento, la deriva hacia los extremos socava un sistema que depende de un grado de consenso, al menos aceptando los resultados de unas elecciones aparentemente genuinas en las que el propio partido ha perdido». Hay peleas por error. Hay guerras que comenzaron por un malentendido. Cuando una cultura se encuentra con otra no sabe interpretarla y tira de lo que conoce. Hernán Cortés llamaba mezquitas a los templos aztecas . El topónimo Yukatán procede de la palabra maya que significa «no entiendo lo que dices», que fue lo que los indígenas dijeron a los primeros navegantes que se acercaron a sus costas y les preguntaron: ¿cómo se llama esta tierra?Todas estas historias han quedado en anécdotas, pero uno de los grandes nombres de la historiografía cultural, el profesor emérito de Cambridge Peter Burke , trata de estudiar de manera sistemática su importancia en la historia occidental. Y resulta que el malentendido ha sido, por lo pronto, según sus palabras, «uno de los motores de nuestra historia».A sus 88 años, Burke visitó hace un par de semanas Madrid para participar en un seminario organizado por el CSIC y el Círculo de Bellas Artes y habló de estos asuntos. Autor de uno de los más llamativos tratados sobre este ámbito, ‘Ignorancia’, en el que cartografió el peso de lo que no sabemos en la historia, escribe en la actualidad un nuevo ensayo sobre el malentendido. Habló brevemente con ABC tras impartir su conferencia en el Círculo madrileño.El papel de la analogía¿Qué papel desempeña el malentendido en nuestra cultura? «La conciencia del malentendido o del fracaso para comprender es, sin duda, uno de los motores de la historia. También quisiera subrayar el papel de la analogía. Ante algo desconocido, solemos recurrir a analogías con algo más familiar. Con mayor experiencia, aprendemos -o deberíamos aprender- a descartar la analogía, que también tiene un lado oscuro: oscurece tanto como ilumina un objeto o situación dados». Suele decirse que los seres humanos aprendemos de nuestros errores, y tal vez no podemos evitarlos, por lo que ningún éxito es definitivo. ¿Hay forma de hacerlos más leves? Burke responde: «En la historia del arte, E. H. Gombrich escribió célebremente sobre el ‘esquema y la corrección’, aunque yo preferiría hablar de una serie de modificaciones, pues coincido con usted en que el éxito nunca es definitivo».«¡Lo más probable es que las mentiras sean tan antiguas como el habla humana!»Sobre los peligros de la analogía, Burke señala: «¡Su ejemplo de las mezquitas en el Nuevo Mundo ilustra vívidamente mi punto de vista sobre la analogía! Sin embargo, su pregunta es un recordatorio de que no comprendemos ni malinterpretamos solos. Yo uso el término ‘malentendido asistido’ para referirme a diversas formas de engaño, desde la retórica publicitaria hasta la propaganda política, los encubrimientos, las noticias falsas, etc.», aduce. Uno diría que las noticias falsas o los bulos de la actualidad son malentendidos inducidos también con una finalidad y se muestra de acuerdo: «La idea de las ‘noticias falsas’ es mucho más antigua que la expresión. En la Gran Bretaña del siglo XIX, por ejemplo, el término era ‘informes falsos’. En cualquier caso, ¡lo más probable es que las mentiras sean tan antiguas como el habla humana!», señala.¿Pero aprendemos de la historia en este tema? «Lo nuevo es el alcance y la velocidad de la difusión de los bulos, gracias a las redes sociales, cuyo peligro se multiplica por ser accesibles a muchos niños. A corto plazo, una solución parcial podría ser bloquear el acceso a los menores de dieciséis años. A largo plazo, lo que creo que se necesita es enseñar a los niños en la escuela a ser críticos con los mensajes que leen, ya sea en carteles, libros o televisión. Esta forma de alfabetización ha recibido un nombre pomposo, ‘Teoría Crítica de la Información’, pero los historiadores la llaman ‘crítica de fuentes’».«Los extremistas o populistas a menudo se apropian del lenguaje del pueblo»¿Con la sobreinformación actual y el sesgo de confirmación que nos dan las redes, que nos limitan a quienes piensan como nosotros, actuamos igual que los que ignoraban todo en el siglo XVI? «¡Es una pregunta penetrante y difícil! Los discursos extremos suelen ofrecer soluciones a problemas reales y son entendidos como tales por los seguidores de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Pero estas soluciones plantean a su vez un viejo problema: ¿puede una sociedad permitirse tolerar a los intolerantes si la libertad de un grupo es una amenaza para la libertad de otro?». A este respecto, cabe pensar si la libertad se ha convertido en un malentendido y debemos estudiarla también como tal, o si la erosión de la convivencia en democracia está llevándola al desprestigio. «En lugar de hablar de un malentendido de la libertad, yo diría que diferentes grupos interpretan la idea de libertad de maneras distintas. Si la idea de malentendido es aquí relevante, sin duda ha de encontrarse en la propaganda tanto de izquierda como de derecha, junto con los intentos de engañar al público. En cuanto al prestigio de la democracia -añade-, eso depende de quién hable. Los extremistas o populistas a menudo se apropian del lenguaje del pueblo. Para los moderados o centristas, entre los que me cuento, la deriva hacia los extremos socava un sistema que depende de un grado de consenso, al menos aceptando los resultados de unas elecciones aparentemente genuinas en las que el propio partido ha perdido». RSS de noticias de cultura
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