La Consejería de Sanidad no pudo poner el pasado año casi 2.000 vacunas a niños de Castilla y León por el rechazo de sus progenitores. Se trata de una cifra un 40 por ciento superior a lo registrado hace tres años en las dosis que están dirigidas a población menor de 14 años. Así figura en los últimos datos publicados por la Junta de Castilla y León relativos a 2025 -aún provisionales-, que, no obstante, recogen también que las coberturas en las inmunizaciones superan el 95 por ciento en la mayoría de ellas, el porcentaje que se considera necesario para que exista inmunización de rebaño y frena la posible transmisión de determinadas enfermedades. La protección mediante vacunas , aunque viene pautada en un calendario establecido por Sacyl y los profesionales sanitarios lo recomiendan, no es de carácter obligatorio en España ni para menores ni para adultos, por lo que si los padres no lo desean pueden no acudir al pediatra para que se les administre la inyección a sus hijos. Así, se han detectado negativas a los viales que vienen administrándose contra enfermedades como la meningitis, la polio, la difteria, el rotavirus y el neumococo o en aquellas que tratan de combatir dolencias como la varicela, el sarampión o la rubeola. Estas últimas han registrado los mayores incrementos en los últimos años. Desde la Dirección General de Salud Pública destacan, pese al aumento, que tanto en los años 2024 como en 2025, el porcentaje de rechazos sobre la población diana hasta los 14 años no supera el 1 por ciento para todas las pautas de vacunación. Sí subrayan el incremento de un 0,5 a un 0,8 por ciento en el caso de la segunda dosis -pautada para los tres años- de la vacuna triple vírica, la que combate el sarampión, la rubeola y la parotiditis. A comienzos de este año, la OMS retiraba a España el estatus de ‘país libre de sarampión’ una década después de que se le hubiera concedido por el incremento de los casos -el doble que en el año anterior- , una tendencia que hace crecer la trasmisión y que existe también en otros países del mundo. Ya entonces, el Ministerio de Sanidad advirtió que pondría el foco en mejorar la inmunización y mantenía en bajo el riesgo de infección por las altas coberturas que aún mantiene el país. En Castilla y León los casos detectados en 2025 fueron cinco, los mismos que en el año precedente. Bulos y sobreinformaciónEn Sacyl explican que la triple vírica ha estado «permanentemente en entredicho» por su supuesta vinculación con el autismo, algo que rechazan y consideran uno de los «bulos más extendidos y dañinos de la historia de las vacunas». Esa idea comenzó a circular hacia 1998 y ha sido rebatido por parte de diversos estudios de la comunidad científica, demostrando que «no existe ningún vínculo», argumentan.Por el momento no hay sensación de alarma, expresan desde el departamento sanitario, porque «no se observa un movimiento de rechazo masivo a las vacunas» y las tasas de cobertura se «mantienen muy altas». Lo que sí existe es un «pequeño repunte de la desconfianza a algunas » inyecciones que «preocupa por las consecuencias que pueda tener». Los motivos que explicarían este incremento estarían en la «aparición de un nuevo perfil de personas escépticas que, sin ninguna evidencia científica , rechazan la vacuna como una forma de oponerse a los gobierno o a las farmacéuticas», indican. Pero también a la «’infoxicación’ o sobreinformación en redes sociales que provoca miedo a las vacunas y a sus efectos secundarios a corto o largo plazo», añaden.Por último, desde Sanidad achacan el incremento de los rechazos, a una «baja percepción del riesgo». Es decir, que al estar «muchas enfermedades controladas, eliminadas o erradicadas, la población pierde el miedo a la infección y sobreestima el riesgo de los efectos secundarios» de las inmunizaciones. Las ‘repescas’ para varones contra el virus del papiloma llegan al 60 por ciento Castilla y León comenzó en 2023 a vacunar a los menores de 12 años varones contra el virus del papiloma humano (VPH). Hasta entonces, dicha inmunización solo se administraba a las mujeres. El porcentaje de cobertura en estos años ha llegado al 88 por ciento en esa franja de edad. Además, la Consejería de Sanidad lanzó el pasado año una ‘repesca’ para inocular estas dosis, que ayudan a prevenir canceres relacionados con hombres y mujeres y mejora «la protección comunitaria», a varones de 18 años a través de campañas de captación. El resultado fue que las inyecciones superaron el 60 por ciento de de la población diana, resultado calificado de «favorable» porque se trata de un colectivo difícil de captar. En este 2026, se ha ampliado la captación a los varones no vacunados hasta los 25 años. El objetivo es poder ir ampliando la cobertura y llegar, al menos, hasta el 75 por ciento. Ante este escenario, la estrategia para convencer a los escépticos pasa por hacer frente a esa «desinformación digital» mediante «información veraz» difundida a través de las consultas y las páginas oficiales. También facilitando el acceso a los grupos «vulnerables» y formando a los profesionales, que son, en definitiva, en quienes los ciudadanos «más confían» a la hora de tomar decisiones sobre vacunación.Salud Pública subraya, además, que «históricamente» España ha sido uno de los países «con mayor aceptación» de este tipo de protección frente a enfermedades «en todo el mundo». Pero se detecta un «contraste» importante entre el sector infantil y el de los adultos . En el primero, las coberturas frente a polio, difteria o sarampión siguen superando el 95 por ciento, aunque haya un «goteo pequeño y constante que hace que los niños con pauta completa hayan bajado ligeramente», lo que genera «casos aislados» o «pequeños brotes». En los mayores, recalcan, es «mucho más evidente el rechazo» por ejemplo en la del herpes zóster, donde se alcanzan porcentajes del 13 por ciento. Una «fatiga vacunal» entre la población adulta que se ve sobre todo en las campañas estacionales de gripe y Covid, de forma que la cobertura a la población diana y a los profesionales no llegó al 75 por ciento «marcado» por el Ministerio de Sanidad. Los profesionales defienden las vacunas porque «salvan vidas» y advierten de que cuando «decae la cobertura» vuelven enfermedades «no erradicadas»Por su parte, los profesionales hablan también de una «tendencia creciente» entre los padres de «no administrar» vacunas a sus hijos. La presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria de Castilla y León, María Teresa Martínez, explica que en algunos casos, «se da la circunstancia que sí han vacunado a sus hijos mayores, pero no a los recién nacidos, lo que pone de manifiesto una cierta ‘moda en salud’ muy preocupante, porque las consecuencias de esta decisión que toman sobre la salud de sus niños podrían tener consecuencias fatales ».En ocasiones los progenitores rechazan la administración «íntegra» de las inmunizaciones y en otras se niegan solo a algunas, como una especie de «vacunación a la carta», cuenta. Al respecto, la doctora explica que los profesionales intentan «siempre», desde el «respeto», conocer los motivos de las negativas y en ocasiones se encuentran con un «hermetismo» que les «preocupa» al no expresar las razones de la decisión. En otros casos, alegan la supuesta vinculación de algunas dosis con el autismo, «miedo a efectos secundarios» y hay familias que piensan que «no es necesaria administrar tanta vacuna, ya que la inmensa mayoría de la población está inmunizada y por tanto sus hijos no estarán expuestos a la enfermedad por la inmunidad de grupo». «Sin embargo, esto no es así y lo comprobamos cuando aparecen brotes de sarampión cada vez más frecuentes en toda Europa o varios casos de meningitis bacteriana en jóvenes como este invierno en Inglaterra, porque estos enfermos no estaban vacunados», apunta.En esa misma línea, Martínez muestra la «preocupación» de los profesionales sobre esa posición de algunos progenitores de «no comunicar» a su pediatra o su enfermera «cuáles son sus razones, que las tienen, para no vacunar a sus hijos». «Eso nos impide conocer sus motivos y preocupaciones y por tanto sacar conclusiones de este aumento progresivo de familias antivacunas , que en una gran parte de los casos se produce en personas con un buen nivel socioeconómico y educativo», argumenta. «No conocemos sus fuentes de información, pero seguro que no son los canales científicos oficiales», insiste.La presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria es muy contundente a la hora de defender la protección de la población infantil. Es importante, dice, «porque salva vidas, en un nivel muy superior, por ejemplo, al uso de los antibióticos». Así, esgrime también que el descubrimiento de las vacunas «es uno de los grandes hitos de la medicina que ha disminuido las enfermedades infectocontagiosas así como su mortalidad, especialmente la infantil«.Advierte, además, de que está demostrado que «cuando decaen las coberturas aparecen de nuevo enfermedades que no están erradicadas ». Algo que, asegura, se ha comprobado este 2026 cuando España ha perdido el status de país libre de sarampión que se consiguió en 2016 y que tiene «una relación directa con la bajada en las coberturas vacunales».Por último, explica que los sanitarios están a disposición de las familias para resolver dudas y aportar información. Añade que, si en las negativas hay un cambio de actitud, «siempre se está a tiempo de adaptar el calendario vacunal a la edad del niño si deciden vacunarlo a una edad más tardía». La Consejería de Sanidad no pudo poner el pasado año casi 2.000 vacunas a niños de Castilla y León por el rechazo de sus progenitores. Se trata de una cifra un 40 por ciento superior a lo registrado hace tres años en las dosis que están dirigidas a población menor de 14 años. Así figura en los últimos datos publicados por la Junta de Castilla y León relativos a 2025 -aún provisionales-, que, no obstante, recogen también que las coberturas en las inmunizaciones superan el 95 por ciento en la mayoría de ellas, el porcentaje que se considera necesario para que exista inmunización de rebaño y frena la posible transmisión de determinadas enfermedades. La protección mediante vacunas , aunque viene pautada en un calendario establecido por Sacyl y los profesionales sanitarios lo recomiendan, no es de carácter obligatorio en España ni para menores ni para adultos, por lo que si los padres no lo desean pueden no acudir al pediatra para que se les administre la inyección a sus hijos. Así, se han detectado negativas a los viales que vienen administrándose contra enfermedades como la meningitis, la polio, la difteria, el rotavirus y el neumococo o en aquellas que tratan de combatir dolencias como la varicela, el sarampión o la rubeola. Estas últimas han registrado los mayores incrementos en los últimos años. Desde la Dirección General de Salud Pública destacan, pese al aumento, que tanto en los años 2024 como en 2025, el porcentaje de rechazos sobre la población diana hasta los 14 años no supera el 1 por ciento para todas las pautas de vacunación. Sí subrayan el incremento de un 0,5 a un 0,8 por ciento en el caso de la segunda dosis -pautada para los tres años- de la vacuna triple vírica, la que combate el sarampión, la rubeola y la parotiditis. A comienzos de este año, la OMS retiraba a España el estatus de ‘país libre de sarampión’ una década después de que se le hubiera concedido por el incremento de los casos -el doble que en el año anterior- , una tendencia que hace crecer la trasmisión y que existe también en otros países del mundo. Ya entonces, el Ministerio de Sanidad advirtió que pondría el foco en mejorar la inmunización y mantenía en bajo el riesgo de infección por las altas coberturas que aún mantiene el país. En Castilla y León los casos detectados en 2025 fueron cinco, los mismos que en el año precedente. Bulos y sobreinformaciónEn Sacyl explican que la triple vírica ha estado «permanentemente en entredicho» por su supuesta vinculación con el autismo, algo que rechazan y consideran uno de los «bulos más extendidos y dañinos de la historia de las vacunas». Esa idea comenzó a circular hacia 1998 y ha sido rebatido por parte de diversos estudios de la comunidad científica, demostrando que «no existe ningún vínculo», argumentan.Por el momento no hay sensación de alarma, expresan desde el departamento sanitario, porque «no se observa un movimiento de rechazo masivo a las vacunas» y las tasas de cobertura se «mantienen muy altas». Lo que sí existe es un «pequeño repunte de la desconfianza a algunas » inyecciones que «preocupa por las consecuencias que pueda tener». Los motivos que explicarían este incremento estarían en la «aparición de un nuevo perfil de personas escépticas que, sin ninguna evidencia científica , rechazan la vacuna como una forma de oponerse a los gobierno o a las farmacéuticas», indican. Pero también a la «’infoxicación’ o sobreinformación en redes sociales que provoca miedo a las vacunas y a sus efectos secundarios a corto o largo plazo», añaden.Por último, desde Sanidad achacan el incremento de los rechazos, a una «baja percepción del riesgo». Es decir, que al estar «muchas enfermedades controladas, eliminadas o erradicadas, la población pierde el miedo a la infección y sobreestima el riesgo de los efectos secundarios» de las inmunizaciones. Las ‘repescas’ para varones contra el virus del papiloma llegan al 60 por ciento Castilla y León comenzó en 2023 a vacunar a los menores de 12 años varones contra el virus del papiloma humano (VPH). Hasta entonces, dicha inmunización solo se administraba a las mujeres. El porcentaje de cobertura en estos años ha llegado al 88 por ciento en esa franja de edad. Además, la Consejería de Sanidad lanzó el pasado año una ‘repesca’ para inocular estas dosis, que ayudan a prevenir canceres relacionados con hombres y mujeres y mejora «la protección comunitaria», a varones de 18 años a través de campañas de captación. El resultado fue que las inyecciones superaron el 60 por ciento de de la población diana, resultado calificado de «favorable» porque se trata de un colectivo difícil de captar. En este 2026, se ha ampliado la captación a los varones no vacunados hasta los 25 años. El objetivo es poder ir ampliando la cobertura y llegar, al menos, hasta el 75 por ciento. Ante este escenario, la estrategia para convencer a los escépticos pasa por hacer frente a esa «desinformación digital» mediante «información veraz» difundida a través de las consultas y las páginas oficiales. También facilitando el acceso a los grupos «vulnerables» y formando a los profesionales, que son, en definitiva, en quienes los ciudadanos «más confían» a la hora de tomar decisiones sobre vacunación.Salud Pública subraya, además, que «históricamente» España ha sido uno de los países «con mayor aceptación» de este tipo de protección frente a enfermedades «en todo el mundo». Pero se detecta un «contraste» importante entre el sector infantil y el de los adultos . En el primero, las coberturas frente a polio, difteria o sarampión siguen superando el 95 por ciento, aunque haya un «goteo pequeño y constante que hace que los niños con pauta completa hayan bajado ligeramente», lo que genera «casos aislados» o «pequeños brotes». En los mayores, recalcan, es «mucho más evidente el rechazo» por ejemplo en la del herpes zóster, donde se alcanzan porcentajes del 13 por ciento. Una «fatiga vacunal» entre la población adulta que se ve sobre todo en las campañas estacionales de gripe y Covid, de forma que la cobertura a la población diana y a los profesionales no llegó al 75 por ciento «marcado» por el Ministerio de Sanidad. Los profesionales defienden las vacunas porque «salvan vidas» y advierten de que cuando «decae la cobertura» vuelven enfermedades «no erradicadas»Por su parte, los profesionales hablan también de una «tendencia creciente» entre los padres de «no administrar» vacunas a sus hijos. La presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria de Castilla y León, María Teresa Martínez, explica que en algunos casos, «se da la circunstancia que sí han vacunado a sus hijos mayores, pero no a los recién nacidos, lo que pone de manifiesto una cierta ‘moda en salud’ muy preocupante, porque las consecuencias de esta decisión que toman sobre la salud de sus niños podrían tener consecuencias fatales ».En ocasiones los progenitores rechazan la administración «íntegra» de las inmunizaciones y en otras se niegan solo a algunas, como una especie de «vacunación a la carta», cuenta. Al respecto, la doctora explica que los profesionales intentan «siempre», desde el «respeto», conocer los motivos de las negativas y en ocasiones se encuentran con un «hermetismo» que les «preocupa» al no expresar las razones de la decisión. En otros casos, alegan la supuesta vinculación de algunas dosis con el autismo, «miedo a efectos secundarios» y hay familias que piensan que «no es necesaria administrar tanta vacuna, ya que la inmensa mayoría de la población está inmunizada y por tanto sus hijos no estarán expuestos a la enfermedad por la inmunidad de grupo». «Sin embargo, esto no es así y lo comprobamos cuando aparecen brotes de sarampión cada vez más frecuentes en toda Europa o varios casos de meningitis bacteriana en jóvenes como este invierno en Inglaterra, porque estos enfermos no estaban vacunados», apunta.En esa misma línea, Martínez muestra la «preocupación» de los profesionales sobre esa posición de algunos progenitores de «no comunicar» a su pediatra o su enfermera «cuáles son sus razones, que las tienen, para no vacunar a sus hijos». «Eso nos impide conocer sus motivos y preocupaciones y por tanto sacar conclusiones de este aumento progresivo de familias antivacunas , que en una gran parte de los casos se produce en personas con un buen nivel socioeconómico y educativo», argumenta. «No conocemos sus fuentes de información, pero seguro que no son los canales científicos oficiales», insiste.La presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria es muy contundente a la hora de defender la protección de la población infantil. Es importante, dice, «porque salva vidas, en un nivel muy superior, por ejemplo, al uso de los antibióticos». Así, esgrime también que el descubrimiento de las vacunas «es uno de los grandes hitos de la medicina que ha disminuido las enfermedades infectocontagiosas así como su mortalidad, especialmente la infantil«.Advierte, además, de que está demostrado que «cuando decaen las coberturas aparecen de nuevo enfermedades que no están erradicadas ». Algo que, asegura, se ha comprobado este 2026 cuando España ha perdido el status de país libre de sarampión que se consiguió en 2016 y que tiene «una relación directa con la bajada en las coberturas vacunales».Por último, explica que los sanitarios están a disposición de las familias para resolver dudas y aportar información. Añade que, si en las negativas hay un cambio de actitud, «siempre se está a tiempo de adaptar el calendario vacunal a la edad del niño si deciden vacunarlo a una edad más tardía». La Consejería de Sanidad no pudo poner el pasado año casi 2.000 vacunas a niños de Castilla y León por el rechazo de sus progenitores. Se trata de una cifra un 40 por ciento superior a lo registrado hace tres años en las dosis que están dirigidas a población menor de 14 años. Así figura en los últimos datos publicados por la Junta de Castilla y León relativos a 2025 -aún provisionales-, que, no obstante, recogen también que las coberturas en las inmunizaciones superan el 95 por ciento en la mayoría de ellas, el porcentaje que se considera necesario para que exista inmunización de rebaño y frena la posible transmisión de determinadas enfermedades. La protección mediante vacunas , aunque viene pautada en un calendario establecido por Sacyl y los profesionales sanitarios lo recomiendan, no es de carácter obligatorio en España ni para menores ni para adultos, por lo que si los padres no lo desean pueden no acudir al pediatra para que se les administre la inyección a sus hijos. Así, se han detectado negativas a los viales que vienen administrándose contra enfermedades como la meningitis, la polio, la difteria, el rotavirus y el neumococo o en aquellas que tratan de combatir dolencias como la varicela, el sarampión o la rubeola. Estas últimas han registrado los mayores incrementos en los últimos años. Desde la Dirección General de Salud Pública destacan, pese al aumento, que tanto en los años 2024 como en 2025, el porcentaje de rechazos sobre la población diana hasta los 14 años no supera el 1 por ciento para todas las pautas de vacunación. Sí subrayan el incremento de un 0,5 a un 0,8 por ciento en el caso de la segunda dosis -pautada para los tres años- de la vacuna triple vírica, la que combate el sarampión, la rubeola y la parotiditis. A comienzos de este año, la OMS retiraba a España el estatus de ‘país libre de sarampión’ una década después de que se le hubiera concedido por el incremento de los casos -el doble que en el año anterior- , una tendencia que hace crecer la trasmisión y que existe también en otros países del mundo. Ya entonces, el Ministerio de Sanidad advirtió que pondría el foco en mejorar la inmunización y mantenía en bajo el riesgo de infección por las altas coberturas que aún mantiene el país. En Castilla y León los casos detectados en 2025 fueron cinco, los mismos que en el año precedente. Bulos y sobreinformaciónEn Sacyl explican que la triple vírica ha estado «permanentemente en entredicho» por su supuesta vinculación con el autismo, algo que rechazan y consideran uno de los «bulos más extendidos y dañinos de la historia de las vacunas». Esa idea comenzó a circular hacia 1998 y ha sido rebatido por parte de diversos estudios de la comunidad científica, demostrando que «no existe ningún vínculo», argumentan.Por el momento no hay sensación de alarma, expresan desde el departamento sanitario, porque «no se observa un movimiento de rechazo masivo a las vacunas» y las tasas de cobertura se «mantienen muy altas». Lo que sí existe es un «pequeño repunte de la desconfianza a algunas » inyecciones que «preocupa por las consecuencias que pueda tener». Los motivos que explicarían este incremento estarían en la «aparición de un nuevo perfil de personas escépticas que, sin ninguna evidencia científica , rechazan la vacuna como una forma de oponerse a los gobierno o a las farmacéuticas», indican. Pero también a la «’infoxicación’ o sobreinformación en redes sociales que provoca miedo a las vacunas y a sus efectos secundarios a corto o largo plazo», añaden.Por último, desde Sanidad achacan el incremento de los rechazos, a una «baja percepción del riesgo». Es decir, que al estar «muchas enfermedades controladas, eliminadas o erradicadas, la población pierde el miedo a la infección y sobreestima el riesgo de los efectos secundarios» de las inmunizaciones. Las ‘repescas’ para varones contra el virus del papiloma llegan al 60 por ciento Castilla y León comenzó en 2023 a vacunar a los menores de 12 años varones contra el virus del papiloma humano (VPH). Hasta entonces, dicha inmunización solo se administraba a las mujeres. El porcentaje de cobertura en estos años ha llegado al 88 por ciento en esa franja de edad. Además, la Consejería de Sanidad lanzó el pasado año una ‘repesca’ para inocular estas dosis, que ayudan a prevenir canceres relacionados con hombres y mujeres y mejora «la protección comunitaria», a varones de 18 años a través de campañas de captación. El resultado fue que las inyecciones superaron el 60 por ciento de de la población diana, resultado calificado de «favorable» porque se trata de un colectivo difícil de captar. En este 2026, se ha ampliado la captación a los varones no vacunados hasta los 25 años. El objetivo es poder ir ampliando la cobertura y llegar, al menos, hasta el 75 por ciento. Ante este escenario, la estrategia para convencer a los escépticos pasa por hacer frente a esa «desinformación digital» mediante «información veraz» difundida a través de las consultas y las páginas oficiales. También facilitando el acceso a los grupos «vulnerables» y formando a los profesionales, que son, en definitiva, en quienes los ciudadanos «más confían» a la hora de tomar decisiones sobre vacunación.Salud Pública subraya, además, que «históricamente» España ha sido uno de los países «con mayor aceptación» de este tipo de protección frente a enfermedades «en todo el mundo». Pero se detecta un «contraste» importante entre el sector infantil y el de los adultos . En el primero, las coberturas frente a polio, difteria o sarampión siguen superando el 95 por ciento, aunque haya un «goteo pequeño y constante que hace que los niños con pauta completa hayan bajado ligeramente», lo que genera «casos aislados» o «pequeños brotes». En los mayores, recalcan, es «mucho más evidente el rechazo» por ejemplo en la del herpes zóster, donde se alcanzan porcentajes del 13 por ciento. Una «fatiga vacunal» entre la población adulta que se ve sobre todo en las campañas estacionales de gripe y Covid, de forma que la cobertura a la población diana y a los profesionales no llegó al 75 por ciento «marcado» por el Ministerio de Sanidad. Los profesionales defienden las vacunas porque «salvan vidas» y advierten de que cuando «decae la cobertura» vuelven enfermedades «no erradicadas»Por su parte, los profesionales hablan también de una «tendencia creciente» entre los padres de «no administrar» vacunas a sus hijos. La presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria de Castilla y León, María Teresa Martínez, explica que en algunos casos, «se da la circunstancia que sí han vacunado a sus hijos mayores, pero no a los recién nacidos, lo que pone de manifiesto una cierta ‘moda en salud’ muy preocupante, porque las consecuencias de esta decisión que toman sobre la salud de sus niños podrían tener consecuencias fatales ».En ocasiones los progenitores rechazan la administración «íntegra» de las inmunizaciones y en otras se niegan solo a algunas, como una especie de «vacunación a la carta», cuenta. Al respecto, la doctora explica que los profesionales intentan «siempre», desde el «respeto», conocer los motivos de las negativas y en ocasiones se encuentran con un «hermetismo» que les «preocupa» al no expresar las razones de la decisión. En otros casos, alegan la supuesta vinculación de algunas dosis con el autismo, «miedo a efectos secundarios» y hay familias que piensan que «no es necesaria administrar tanta vacuna, ya que la inmensa mayoría de la población está inmunizada y por tanto sus hijos no estarán expuestos a la enfermedad por la inmunidad de grupo». «Sin embargo, esto no es así y lo comprobamos cuando aparecen brotes de sarampión cada vez más frecuentes en toda Europa o varios casos de meningitis bacteriana en jóvenes como este invierno en Inglaterra, porque estos enfermos no estaban vacunados», apunta.En esa misma línea, Martínez muestra la «preocupación» de los profesionales sobre esa posición de algunos progenitores de «no comunicar» a su pediatra o su enfermera «cuáles son sus razones, que las tienen, para no vacunar a sus hijos». «Eso nos impide conocer sus motivos y preocupaciones y por tanto sacar conclusiones de este aumento progresivo de familias antivacunas , que en una gran parte de los casos se produce en personas con un buen nivel socioeconómico y educativo», argumenta. «No conocemos sus fuentes de información, pero seguro que no son los canales científicos oficiales», insiste.La presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria es muy contundente a la hora de defender la protección de la población infantil. Es importante, dice, «porque salva vidas, en un nivel muy superior, por ejemplo, al uso de los antibióticos». Así, esgrime también que el descubrimiento de las vacunas «es uno de los grandes hitos de la medicina que ha disminuido las enfermedades infectocontagiosas así como su mortalidad, especialmente la infantil«.Advierte, además, de que está demostrado que «cuando decaen las coberturas aparecen de nuevo enfermedades que no están erradicadas ». Algo que, asegura, se ha comprobado este 2026 cuando España ha perdido el status de país libre de sarampión que se consiguió en 2016 y que tiene «una relación directa con la bajada en las coberturas vacunales».Por último, explica que los sanitarios están a disposición de las familias para resolver dudas y aportar información. Añade que, si en las negativas hay un cambio de actitud, «siempre se está a tiempo de adaptar el calendario vacunal a la edad del niño si deciden vacunarlo a una edad más tardía». RSS de noticias de espana
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