Imaginen la escena. Estamos en 1610 y llegan a Barcelona en el mes junio para entrevistarse con el próximo virrey de Nápoles, el conde de Lemos. A pesar de sus intentos, no consiguen formalizar el encuentro y no saben lo que hacer a continuación, porque el conde ya ha partido con su séquito a la ciudad del sur de Italia. Un poco perdidos, salen a pasear un 23 de junio por las playas de la capital catalana y de pronto se encuentran con una serie de hombres armados sobre la fortificación de la montaña de Montjuic. Sacan sus mosquetes y empiezan a disparar, mientras los cañones también sacan el hocico. Desde el mar, ven a un grupo de galeras con otro grupo de personas también armados que devuelven los disparos. ¿Es un ataque de los turcos? ¿Ha comenzado una guerra, una invasión, un saqueo? Eso sería lo primero que les pasaría por la cabeza. Sin embargo, la gente que se encuentra en la playa no parece preocupada, sino que celebra las explosiones con júbilo. ¿Los catalanes están locos o algo hay que no saben? En el caso que nos ocupa, Cervantes tampoco entendía gran cosa.El escritor de ‘El Quijote’ vivió en Barcelona en el caluroso verano de 1610 y allí sufrió en primera persona muchas de las experiencias que luego trasladaría a la segunda parte de ‘El Quijote’, como el triste duelo entre el protagonista cervantino y el caballero de la media luna en las playas de Barcelona, que acabaría con la obligación del Quijote de renunciar a sus ‘locuras’ y volver a la Mancha. Aquel 23 de junio, Cervantes presenció sorprendido una antigua tradición catalana para celebrar con fuego la víspera de San Juan. Lo que hoy es la noche más larga del año, con fuegos artificiales y millones de hogueras y petardos, por aquel entonces se resumía en disparos al aire.En ‘El Quijote’, en el capítulo LXI, Cervantes bifurca su sorpresa en Sancho y el caballero de la triste figura. Mientras el primero mira atónito el espectáculo, sin entender la fiebre de aquellas personas, el Quijote interpreta que es una forma de celebrar su llegada a la ciudad, señal de lo que se llama delirio de referencia y denota una fuerte paranoia y trastorno psíquico, aspectos evidentes en el Quijote. A los disparos de las galeras, escribe Cervantes, «respondían los que estaban en las murallas y fuertes de la ciudad» con un «estruendo espantoso», pero la fiesta en las playas era absoluta con: «el mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro»Lo cierto es que Barcelona es la única ciudad real donde la acción toma relevancia en ‘El Quijote’. Como documenta Martín de Riquer en su imprescindible ‘Para leer a Cervantes’ (Acantilado) y en ‘Cervantes en Barcelona’, (Acantilado), ensayo extraído del primero, Barcelona ya había aparecido en novelas ejemplares como ‘Las dos doncellas’ o en ‘Persiles y Segismundo’. Sin embargo, será en la segunda parte del Quijote donde volcará todo lo vivido aquel verano en la Ciudad Condal. «En la biografía de Cervantes se hace patente una laguna documental del 27 de marzo de 1610, día en que firma una escritura a la casa de la red de San Lui, hasta el día 11 de octubre de ese mismo año, cuando otorga, ante notario, una donación a su sobrina Costanza», escribe Martín de Riquer.Así que la hipótesis es que Cervantes abandonó Madrid y llegó Barcelona el día de San Juan de 1610, como hará llegar a Quijote y Sancho. Hasta entonces, las visitas a Barcelona se limitaban a una rápida estancia en 1569, cuando cuenta con 22 años, como parada para huir a Nápoles y escapar de una sentencia de amputación de una mano acusado de haber iniciado un duelo con espada. Pero suceden demasiados aspectos basados en la vida real en la segunda parte de ‘El Quijote’ que sucedieron a partir de 1609 como para abandonar la idea de que Cervantes no estuvo en Barcelona con 62 años, ya convertido en autor reverenciado por la publicación de la primera parte de ‘El Quijote’ en 1605.Cervantes conoció las festividades de San Juan, las actividades del bandolero Perot Rocaguinarda y las escaramuzas de las galeras turcas¿Qué le ocurrió a Cervantes que luego escribiría en su obra maestra? Por ejemplo, conocer al bandolero Perot Rocaguinarda, el criminal más buscado de la época, que en la novela castellanizará como Roque Guinart. La hipótesis dicta que podría haber Convivido con él o entrevistado con él y conocerá de primera mano sus actos. Hasta el paso del Quijote en Cataluña, la violencia de la novela se limita a ser caricaturesca, con pedradas, golpes y trompetazos que aturden sin verdaderas consecuencias. En la segunda parte, aparecerá ya como fenómeno real, con decapitaciones y muertes. No en vano, describe a los catalanes como la «venganza de los ofendidos».Barcelona, única ciudad real de la novelaEn realidad, la segunda parte de las aventuras de este Quijote debían llegar hasta Zaragoza y ocurrir acto seguido de las que ocurren en la primera. Sin embargo, la aparición en 1614 del apócrifo ‘Quijote’ de Avellaneda, que ocurre en Zaragoza, le obligará a replantear todo su plan. Primero, hará que el apócrifo aparezca en su segunda parte para desacreditarlo. Esto le obligará a datar la segunda parte en 1615 y situar el final en Barcelona y en ella volcará todos sus conocimientos de lo ocurrido en aquel extraño verano. ¿Residió entonces en el número 2 del actual paseo Colón junto al puerto? Hay una placa que así lo indica, pero son suposiciones. Lo que no parece que haya duda es que el verano de 1610 le tocó de manera muy profunda. Imaginen la escena. Estamos en 1610 y llegan a Barcelona en el mes junio para entrevistarse con el próximo virrey de Nápoles, el conde de Lemos. A pesar de sus intentos, no consiguen formalizar el encuentro y no saben lo que hacer a continuación, porque el conde ya ha partido con su séquito a la ciudad del sur de Italia. Un poco perdidos, salen a pasear un 23 de junio por las playas de la capital catalana y de pronto se encuentran con una serie de hombres armados sobre la fortificación de la montaña de Montjuic. Sacan sus mosquetes y empiezan a disparar, mientras los cañones también sacan el hocico. Desde el mar, ven a un grupo de galeras con otro grupo de personas también armados que devuelven los disparos. ¿Es un ataque de los turcos? ¿Ha comenzado una guerra, una invasión, un saqueo? Eso sería lo primero que les pasaría por la cabeza. Sin embargo, la gente que se encuentra en la playa no parece preocupada, sino que celebra las explosiones con júbilo. ¿Los catalanes están locos o algo hay que no saben? En el caso que nos ocupa, Cervantes tampoco entendía gran cosa.El escritor de ‘El Quijote’ vivió en Barcelona en el caluroso verano de 1610 y allí sufrió en primera persona muchas de las experiencias que luego trasladaría a la segunda parte de ‘El Quijote’, como el triste duelo entre el protagonista cervantino y el caballero de la media luna en las playas de Barcelona, que acabaría con la obligación del Quijote de renunciar a sus ‘locuras’ y volver a la Mancha. Aquel 23 de junio, Cervantes presenció sorprendido una antigua tradición catalana para celebrar con fuego la víspera de San Juan. Lo que hoy es la noche más larga del año, con fuegos artificiales y millones de hogueras y petardos, por aquel entonces se resumía en disparos al aire.En ‘El Quijote’, en el capítulo LXI, Cervantes bifurca su sorpresa en Sancho y el caballero de la triste figura. Mientras el primero mira atónito el espectáculo, sin entender la fiebre de aquellas personas, el Quijote interpreta que es una forma de celebrar su llegada a la ciudad, señal de lo que se llama delirio de referencia y denota una fuerte paranoia y trastorno psíquico, aspectos evidentes en el Quijote. A los disparos de las galeras, escribe Cervantes, «respondían los que estaban en las murallas y fuertes de la ciudad» con un «estruendo espantoso», pero la fiesta en las playas era absoluta con: «el mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro»Lo cierto es que Barcelona es la única ciudad real donde la acción toma relevancia en ‘El Quijote’. Como documenta Martín de Riquer en su imprescindible ‘Para leer a Cervantes’ (Acantilado) y en ‘Cervantes en Barcelona’, (Acantilado), ensayo extraído del primero, Barcelona ya había aparecido en novelas ejemplares como ‘Las dos doncellas’ o en ‘Persiles y Segismundo’. Sin embargo, será en la segunda parte del Quijote donde volcará todo lo vivido aquel verano en la Ciudad Condal. «En la biografía de Cervantes se hace patente una laguna documental del 27 de marzo de 1610, día en que firma una escritura a la casa de la red de San Lui, hasta el día 11 de octubre de ese mismo año, cuando otorga, ante notario, una donación a su sobrina Costanza», escribe Martín de Riquer.Así que la hipótesis es que Cervantes abandonó Madrid y llegó Barcelona el día de San Juan de 1610, como hará llegar a Quijote y Sancho. Hasta entonces, las visitas a Barcelona se limitaban a una rápida estancia en 1569, cuando cuenta con 22 años, como parada para huir a Nápoles y escapar de una sentencia de amputación de una mano acusado de haber iniciado un duelo con espada. Pero suceden demasiados aspectos basados en la vida real en la segunda parte de ‘El Quijote’ que sucedieron a partir de 1609 como para abandonar la idea de que Cervantes no estuvo en Barcelona con 62 años, ya convertido en autor reverenciado por la publicación de la primera parte de ‘El Quijote’ en 1605.Cervantes conoció las festividades de San Juan, las actividades del bandolero Perot Rocaguinarda y las escaramuzas de las galeras turcas¿Qué le ocurrió a Cervantes que luego escribiría en su obra maestra? Por ejemplo, conocer al bandolero Perot Rocaguinarda, el criminal más buscado de la época, que en la novela castellanizará como Roque Guinart. La hipótesis dicta que podría haber Convivido con él o entrevistado con él y conocerá de primera mano sus actos. Hasta el paso del Quijote en Cataluña, la violencia de la novela se limita a ser caricaturesca, con pedradas, golpes y trompetazos que aturden sin verdaderas consecuencias. En la segunda parte, aparecerá ya como fenómeno real, con decapitaciones y muertes. No en vano, describe a los catalanes como la «venganza de los ofendidos».Barcelona, única ciudad real de la novelaEn realidad, la segunda parte de las aventuras de este Quijote debían llegar hasta Zaragoza y ocurrir acto seguido de las que ocurren en la primera. Sin embargo, la aparición en 1614 del apócrifo ‘Quijote’ de Avellaneda, que ocurre en Zaragoza, le obligará a replantear todo su plan. Primero, hará que el apócrifo aparezca en su segunda parte para desacreditarlo. Esto le obligará a datar la segunda parte en 1615 y situar el final en Barcelona y en ella volcará todos sus conocimientos de lo ocurrido en aquel extraño verano. ¿Residió entonces en el número 2 del actual paseo Colón junto al puerto? Hay una placa que así lo indica, pero son suposiciones. Lo que no parece que haya duda es que el verano de 1610 le tocó de manera muy profunda. Imaginen la escena. Estamos en 1610 y llegan a Barcelona en el mes junio para entrevistarse con el próximo virrey de Nápoles, el conde de Lemos. A pesar de sus intentos, no consiguen formalizar el encuentro y no saben lo que hacer a continuación, porque el conde ya ha partido con su séquito a la ciudad del sur de Italia. Un poco perdidos, salen a pasear un 23 de junio por las playas de la capital catalana y de pronto se encuentran con una serie de hombres armados sobre la fortificación de la montaña de Montjuic. Sacan sus mosquetes y empiezan a disparar, mientras los cañones también sacan el hocico. Desde el mar, ven a un grupo de galeras con otro grupo de personas también armados que devuelven los disparos. ¿Es un ataque de los turcos? ¿Ha comenzado una guerra, una invasión, un saqueo? Eso sería lo primero que les pasaría por la cabeza. Sin embargo, la gente que se encuentra en la playa no parece preocupada, sino que celebra las explosiones con júbilo. ¿Los catalanes están locos o algo hay que no saben? En el caso que nos ocupa, Cervantes tampoco entendía gran cosa.El escritor de ‘El Quijote’ vivió en Barcelona en el caluroso verano de 1610 y allí sufrió en primera persona muchas de las experiencias que luego trasladaría a la segunda parte de ‘El Quijote’, como el triste duelo entre el protagonista cervantino y el caballero de la media luna en las playas de Barcelona, que acabaría con la obligación del Quijote de renunciar a sus ‘locuras’ y volver a la Mancha. Aquel 23 de junio, Cervantes presenció sorprendido una antigua tradición catalana para celebrar con fuego la víspera de San Juan. Lo que hoy es la noche más larga del año, con fuegos artificiales y millones de hogueras y petardos, por aquel entonces se resumía en disparos al aire.En ‘El Quijote’, en el capítulo LXI, Cervantes bifurca su sorpresa en Sancho y el caballero de la triste figura. Mientras el primero mira atónito el espectáculo, sin entender la fiebre de aquellas personas, el Quijote interpreta que es una forma de celebrar su llegada a la ciudad, señal de lo que se llama delirio de referencia y denota una fuerte paranoia y trastorno psíquico, aspectos evidentes en el Quijote. A los disparos de las galeras, escribe Cervantes, «respondían los que estaban en las murallas y fuertes de la ciudad» con un «estruendo espantoso», pero la fiesta en las playas era absoluta con: «el mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro»Lo cierto es que Barcelona es la única ciudad real donde la acción toma relevancia en ‘El Quijote’. Como documenta Martín de Riquer en su imprescindible ‘Para leer a Cervantes’ (Acantilado) y en ‘Cervantes en Barcelona’, (Acantilado), ensayo extraído del primero, Barcelona ya había aparecido en novelas ejemplares como ‘Las dos doncellas’ o en ‘Persiles y Segismundo’. Sin embargo, será en la segunda parte del Quijote donde volcará todo lo vivido aquel verano en la Ciudad Condal. «En la biografía de Cervantes se hace patente una laguna documental del 27 de marzo de 1610, día en que firma una escritura a la casa de la red de San Lui, hasta el día 11 de octubre de ese mismo año, cuando otorga, ante notario, una donación a su sobrina Costanza», escribe Martín de Riquer.Así que la hipótesis es que Cervantes abandonó Madrid y llegó Barcelona el día de San Juan de 1610, como hará llegar a Quijote y Sancho. Hasta entonces, las visitas a Barcelona se limitaban a una rápida estancia en 1569, cuando cuenta con 22 años, como parada para huir a Nápoles y escapar de una sentencia de amputación de una mano acusado de haber iniciado un duelo con espada. Pero suceden demasiados aspectos basados en la vida real en la segunda parte de ‘El Quijote’ que sucedieron a partir de 1609 como para abandonar la idea de que Cervantes no estuvo en Barcelona con 62 años, ya convertido en autor reverenciado por la publicación de la primera parte de ‘El Quijote’ en 1605.Cervantes conoció las festividades de San Juan, las actividades del bandolero Perot Rocaguinarda y las escaramuzas de las galeras turcas¿Qué le ocurrió a Cervantes que luego escribiría en su obra maestra? Por ejemplo, conocer al bandolero Perot Rocaguinarda, el criminal más buscado de la época, que en la novela castellanizará como Roque Guinart. La hipótesis dicta que podría haber Convivido con él o entrevistado con él y conocerá de primera mano sus actos. Hasta el paso del Quijote en Cataluña, la violencia de la novela se limita a ser caricaturesca, con pedradas, golpes y trompetazos que aturden sin verdaderas consecuencias. En la segunda parte, aparecerá ya como fenómeno real, con decapitaciones y muertes. No en vano, describe a los catalanes como la «venganza de los ofendidos».Barcelona, única ciudad real de la novelaEn realidad, la segunda parte de las aventuras de este Quijote debían llegar hasta Zaragoza y ocurrir acto seguido de las que ocurren en la primera. Sin embargo, la aparición en 1614 del apócrifo ‘Quijote’ de Avellaneda, que ocurre en Zaragoza, le obligará a replantear todo su plan. Primero, hará que el apócrifo aparezca en su segunda parte para desacreditarlo. Esto le obligará a datar la segunda parte en 1615 y situar el final en Barcelona y en ella volcará todos sus conocimientos de lo ocurrido en aquel extraño verano. ¿Residió entonces en el número 2 del actual paseo Colón junto al puerto? Hay una placa que así lo indica, pero son suposiciones. Lo que no parece que haya duda es que el verano de 1610 le tocó de manera muy profunda. RSS de noticias de cultura
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