«Me documento tanto como puedo. Pero una vez me he documentado, intento olvidarme de todo lo que he aprendido para escribir mi historia. Porque mi objetivo no es instruir, sino divertir a la gente». El autor y guionista francés René Goscinny resumía con estas palabras su método de trabajo para crear las historias de Astérix y Obélix . Era 1966 y en una entrevista para la televisión francesa de la época le preguntaban por el secreto de su poción mágica. Y este no disimulaba que consistía en una mezcla de trabajo, erudición, imaginación y, sobre todo, un enorme ingenio para hacer reír a niños y adultos.Este viernes se cumplen cien años del nacimiento de Goscinny , fallecido en 1977 por un infarto forzado de manera accidental por un cardiólogo imprudente. El centenario del nacimiento del padre de Astérix, Lucky Luke y el Pequeño Nicolás tiene lugar en un momento en que su obra sigue plenamente vigente. Con más de 500 millones de unidades vendidas , «es el guionista de cómics más vendido en el mundo», destaca el historiador francés Pascal Ory, autor de la biografía de referencia ‘Goscinny (1926-1977). La liberté d’en rire’, en declaraciones a este medio. El éxito comercial de sus personajes no sufre el paso de los años.Así lo demuestra el lanzamiento mundial el pasado otoño de ‘Astérix en Lusitania’, con cinco millones de unidades . Curiosamente, el autor más importante del cómic francófono en el siglo XX -junto con el belga Hergé, creador de Tintín- no brilló por sus dibujos. Aunque intentó en su juventud hacer reír con sus caricaturas, «tenían un nivel muy desigual (…), pero supo rodearse de dibujantes geniales como Morris (Lucky Luke), Albert Uderzo (Astérix) y Jean-Jacques Sempé (Pequeño Nicolás)», recuerda el historietista Olivier Andrieu. Según el autor del ‘Dictionnaire Goscinny’, el principal legado del padre de Astérix fue «ennoblecer y conseguir que se reconociera el oficio de los guionistas de historietas».Marcado por su infancia y adolescencia en Argentina, Goscinny nació el 14 de agosto de 1926 en París en el seno de una familia de judíos askenazíes oriundos de Polonia y Ucrania. Por motivos laborales, sus padres y el pequeño René fueron a vivir a Argentina cuando este último apenas tenía dos años. «Desde su adolescencia, intentó demostrar su talento humorístico con sus dibujos y chistes cuando estaba en el Liceo francés de Buenos Aires», recuerda el biógrafo Ory. Los 17 años que vivió en América Latina le dejaron una profunda huella. Y en la capital argentina conmemoran el centenario de su nacimiento por todo lo alto. Está prevista la proyección de sus personajes más emblemáticos en el Obelisco de la Avenida 9 de julio y rebautizar una plaza porteña con su nombre.Con 19 años, el futuro creador de Astérix inmigró con su madre a Nueva York , donde soñaba con conocer a Walt Disney y que lo contratara para hacer películas de animación. En la Gran Manzana, sin embargo, trabajó en una modesta editorial de libros para niños. Entonces, trabó amistad con el dibujante belga Morris, y empezó a escribir para él las historias de Lucky Luke desde 1955 cuando ya había regresado a Francia. Cuatro años más tarde, surgió el prolífico binomio Goscinny-Uderzo y así nacieron las primeras viñetas de la famosísima saga de los galos irredentos.Un humor atemporalVista del Instituto René Goscinny en París, antiguo despacho del célebre guionista. Efe«Uno de los grandes méritos de sus cómics es que disponen de varios niveles de lectura. Un niño se divierte leyéndolos, pero también un adulto. Tuvo el talento de imaginar historias para todos los públicos», asegura Andrieu. Desde las peripecias en la Edad Antigua de Astérix y Obélix hasta el Lejano Oeste de Lucky Luke, pasando por la vida de un alumno de escuela francés como el Pequeño Nicolás, Goscinny imaginó universos variopintos, cuyo nexo en común era el humor.«El 95% de sus bromas no estaban relacionadas con el presente y eran atemporales», subraya Andrieu sobre una de las razones de lo bien que han envejecido sus obras. Además, este genio del noveno arte dominaba distintos tipos de humor, como la ironía, lo absurdo, los juegos de palabras o saber reírse de uno mismo. «Fue un autor muy ecléctico y que no utilizaba el mismo tipo de chistes en Astérix, Lucky Luke o Iznogud», destaca este experto, quien reconoce su admiración por el hecho de que «era capaz de trabajar una hora en una historia de Astérix y luego escribía sobre el Pequeño Nicolás».Además de sus sagas emblemáticas -y que impregnaron profundamente la cultura francesa-, Goscinny marcó la historia de este arte «al haber sido el jefe durante más de una década de la revista ‘Pilote’, que reunió las firmas de Gotlib, Bretecher, Moebius o Tardi. Lo mejor» de esa época dorada del cómic en Francia, explica Ory, miembro de la prestigiosa Academia Francesa.Pese a su legado, la conmemoración del centenario resulta más bien austera en Francia . «Pensaba que habría más exposiciones y actos públicos, pero no ha sido el caso», lamenta Andrieu. Además de la publicación en septiembre de varios libros autobiográficos, saldrá en octubre un nuevo cómic de Lucky Luke para celebrar el 80 aniversario de esta saga, y este otoño también publicarán en Francia una serie de historias ilustradas sobre el Pequeño Nicolás, coescritas por la hija única de Goscinny. Sin embargo, la mejor manera para recordarlo consiste en releer sus obras originales. Como decía recientemente Anne Goscinny en una entrevista para la agencia France-Presse, su padre «vivió para hacer reír. Y lo consiguió tanto cuando estaba vivo como después de su muerte». «Me documento tanto como puedo. Pero una vez me he documentado, intento olvidarme de todo lo que he aprendido para escribir mi historia. Porque mi objetivo no es instruir, sino divertir a la gente». El autor y guionista francés René Goscinny resumía con estas palabras su método de trabajo para crear las historias de Astérix y Obélix . Era 1966 y en una entrevista para la televisión francesa de la época le preguntaban por el secreto de su poción mágica. Y este no disimulaba que consistía en una mezcla de trabajo, erudición, imaginación y, sobre todo, un enorme ingenio para hacer reír a niños y adultos.Este viernes se cumplen cien años del nacimiento de Goscinny , fallecido en 1977 por un infarto forzado de manera accidental por un cardiólogo imprudente. El centenario del nacimiento del padre de Astérix, Lucky Luke y el Pequeño Nicolás tiene lugar en un momento en que su obra sigue plenamente vigente. Con más de 500 millones de unidades vendidas , «es el guionista de cómics más vendido en el mundo», destaca el historiador francés Pascal Ory, autor de la biografía de referencia ‘Goscinny (1926-1977). La liberté d’en rire’, en declaraciones a este medio. El éxito comercial de sus personajes no sufre el paso de los años.Así lo demuestra el lanzamiento mundial el pasado otoño de ‘Astérix en Lusitania’, con cinco millones de unidades . Curiosamente, el autor más importante del cómic francófono en el siglo XX -junto con el belga Hergé, creador de Tintín- no brilló por sus dibujos. Aunque intentó en su juventud hacer reír con sus caricaturas, «tenían un nivel muy desigual (…), pero supo rodearse de dibujantes geniales como Morris (Lucky Luke), Albert Uderzo (Astérix) y Jean-Jacques Sempé (Pequeño Nicolás)», recuerda el historietista Olivier Andrieu. Según el autor del ‘Dictionnaire Goscinny’, el principal legado del padre de Astérix fue «ennoblecer y conseguir que se reconociera el oficio de los guionistas de historietas».Marcado por su infancia y adolescencia en Argentina, Goscinny nació el 14 de agosto de 1926 en París en el seno de una familia de judíos askenazíes oriundos de Polonia y Ucrania. Por motivos laborales, sus padres y el pequeño René fueron a vivir a Argentina cuando este último apenas tenía dos años. «Desde su adolescencia, intentó demostrar su talento humorístico con sus dibujos y chistes cuando estaba en el Liceo francés de Buenos Aires», recuerda el biógrafo Ory. Los 17 años que vivió en América Latina le dejaron una profunda huella. Y en la capital argentina conmemoran el centenario de su nacimiento por todo lo alto. Está prevista la proyección de sus personajes más emblemáticos en el Obelisco de la Avenida 9 de julio y rebautizar una plaza porteña con su nombre.Con 19 años, el futuro creador de Astérix inmigró con su madre a Nueva York , donde soñaba con conocer a Walt Disney y que lo contratara para hacer películas de animación. En la Gran Manzana, sin embargo, trabajó en una modesta editorial de libros para niños. Entonces, trabó amistad con el dibujante belga Morris, y empezó a escribir para él las historias de Lucky Luke desde 1955 cuando ya había regresado a Francia. Cuatro años más tarde, surgió el prolífico binomio Goscinny-Uderzo y así nacieron las primeras viñetas de la famosísima saga de los galos irredentos.Un humor atemporalVista del Instituto René Goscinny en París, antiguo despacho del célebre guionista. Efe«Uno de los grandes méritos de sus cómics es que disponen de varios niveles de lectura. Un niño se divierte leyéndolos, pero también un adulto. Tuvo el talento de imaginar historias para todos los públicos», asegura Andrieu. Desde las peripecias en la Edad Antigua de Astérix y Obélix hasta el Lejano Oeste de Lucky Luke, pasando por la vida de un alumno de escuela francés como el Pequeño Nicolás, Goscinny imaginó universos variopintos, cuyo nexo en común era el humor.«El 95% de sus bromas no estaban relacionadas con el presente y eran atemporales», subraya Andrieu sobre una de las razones de lo bien que han envejecido sus obras. Además, este genio del noveno arte dominaba distintos tipos de humor, como la ironía, lo absurdo, los juegos de palabras o saber reírse de uno mismo. «Fue un autor muy ecléctico y que no utilizaba el mismo tipo de chistes en Astérix, Lucky Luke o Iznogud», destaca este experto, quien reconoce su admiración por el hecho de que «era capaz de trabajar una hora en una historia de Astérix y luego escribía sobre el Pequeño Nicolás».Además de sus sagas emblemáticas -y que impregnaron profundamente la cultura francesa-, Goscinny marcó la historia de este arte «al haber sido el jefe durante más de una década de la revista ‘Pilote’, que reunió las firmas de Gotlib, Bretecher, Moebius o Tardi. Lo mejor» de esa época dorada del cómic en Francia, explica Ory, miembro de la prestigiosa Academia Francesa.Pese a su legado, la conmemoración del centenario resulta más bien austera en Francia . «Pensaba que habría más exposiciones y actos públicos, pero no ha sido el caso», lamenta Andrieu. Además de la publicación en septiembre de varios libros autobiográficos, saldrá en octubre un nuevo cómic de Lucky Luke para celebrar el 80 aniversario de esta saga, y este otoño también publicarán en Francia una serie de historias ilustradas sobre el Pequeño Nicolás, coescritas por la hija única de Goscinny. Sin embargo, la mejor manera para recordarlo consiste en releer sus obras originales. Como decía recientemente Anne Goscinny en una entrevista para la agencia France-Presse, su padre «vivió para hacer reír. Y lo consiguió tanto cuando estaba vivo como después de su muerte». «Me documento tanto como puedo. Pero una vez me he documentado, intento olvidarme de todo lo que he aprendido para escribir mi historia. Porque mi objetivo no es instruir, sino divertir a la gente». El autor y guionista francés René Goscinny resumía con estas palabras su método de trabajo para crear las historias de Astérix y Obélix . Era 1966 y en una entrevista para la televisión francesa de la época le preguntaban por el secreto de su poción mágica. Y este no disimulaba que consistía en una mezcla de trabajo, erudición, imaginación y, sobre todo, un enorme ingenio para hacer reír a niños y adultos.Este viernes se cumplen cien años del nacimiento de Goscinny , fallecido en 1977 por un infarto forzado de manera accidental por un cardiólogo imprudente. El centenario del nacimiento del padre de Astérix, Lucky Luke y el Pequeño Nicolás tiene lugar en un momento en que su obra sigue plenamente vigente. Con más de 500 millones de unidades vendidas , «es el guionista de cómics más vendido en el mundo», destaca el historiador francés Pascal Ory, autor de la biografía de referencia ‘Goscinny (1926-1977). La liberté d’en rire’, en declaraciones a este medio. El éxito comercial de sus personajes no sufre el paso de los años.Así lo demuestra el lanzamiento mundial el pasado otoño de ‘Astérix en Lusitania’, con cinco millones de unidades . Curiosamente, el autor más importante del cómic francófono en el siglo XX -junto con el belga Hergé, creador de Tintín- no brilló por sus dibujos. Aunque intentó en su juventud hacer reír con sus caricaturas, «tenían un nivel muy desigual (…), pero supo rodearse de dibujantes geniales como Morris (Lucky Luke), Albert Uderzo (Astérix) y Jean-Jacques Sempé (Pequeño Nicolás)», recuerda el historietista Olivier Andrieu. Según el autor del ‘Dictionnaire Goscinny’, el principal legado del padre de Astérix fue «ennoblecer y conseguir que se reconociera el oficio de los guionistas de historietas».Marcado por su infancia y adolescencia en Argentina, Goscinny nació el 14 de agosto de 1926 en París en el seno de una familia de judíos askenazíes oriundos de Polonia y Ucrania. Por motivos laborales, sus padres y el pequeño René fueron a vivir a Argentina cuando este último apenas tenía dos años. «Desde su adolescencia, intentó demostrar su talento humorístico con sus dibujos y chistes cuando estaba en el Liceo francés de Buenos Aires», recuerda el biógrafo Ory. Los 17 años que vivió en América Latina le dejaron una profunda huella. Y en la capital argentina conmemoran el centenario de su nacimiento por todo lo alto. Está prevista la proyección de sus personajes más emblemáticos en el Obelisco de la Avenida 9 de julio y rebautizar una plaza porteña con su nombre.Con 19 años, el futuro creador de Astérix inmigró con su madre a Nueva York , donde soñaba con conocer a Walt Disney y que lo contratara para hacer películas de animación. En la Gran Manzana, sin embargo, trabajó en una modesta editorial de libros para niños. Entonces, trabó amistad con el dibujante belga Morris, y empezó a escribir para él las historias de Lucky Luke desde 1955 cuando ya había regresado a Francia. Cuatro años más tarde, surgió el prolífico binomio Goscinny-Uderzo y así nacieron las primeras viñetas de la famosísima saga de los galos irredentos.Un humor atemporalVista del Instituto René Goscinny en París, antiguo despacho del célebre guionista. Efe«Uno de los grandes méritos de sus cómics es que disponen de varios niveles de lectura. Un niño se divierte leyéndolos, pero también un adulto. Tuvo el talento de imaginar historias para todos los públicos», asegura Andrieu. Desde las peripecias en la Edad Antigua de Astérix y Obélix hasta el Lejano Oeste de Lucky Luke, pasando por la vida de un alumno de escuela francés como el Pequeño Nicolás, Goscinny imaginó universos variopintos, cuyo nexo en común era el humor.«El 95% de sus bromas no estaban relacionadas con el presente y eran atemporales», subraya Andrieu sobre una de las razones de lo bien que han envejecido sus obras. Además, este genio del noveno arte dominaba distintos tipos de humor, como la ironía, lo absurdo, los juegos de palabras o saber reírse de uno mismo. «Fue un autor muy ecléctico y que no utilizaba el mismo tipo de chistes en Astérix, Lucky Luke o Iznogud», destaca este experto, quien reconoce su admiración por el hecho de que «era capaz de trabajar una hora en una historia de Astérix y luego escribía sobre el Pequeño Nicolás».Además de sus sagas emblemáticas -y que impregnaron profundamente la cultura francesa-, Goscinny marcó la historia de este arte «al haber sido el jefe durante más de una década de la revista ‘Pilote’, que reunió las firmas de Gotlib, Bretecher, Moebius o Tardi. Lo mejor» de esa época dorada del cómic en Francia, explica Ory, miembro de la prestigiosa Academia Francesa.Pese a su legado, la conmemoración del centenario resulta más bien austera en Francia . «Pensaba que habría más exposiciones y actos públicos, pero no ha sido el caso», lamenta Andrieu. Además de la publicación en septiembre de varios libros autobiográficos, saldrá en octubre un nuevo cómic de Lucky Luke para celebrar el 80 aniversario de esta saga, y este otoño también publicarán en Francia una serie de historias ilustradas sobre el Pequeño Nicolás, coescritas por la hija única de Goscinny. Sin embargo, la mejor manera para recordarlo consiste en releer sus obras originales. Como decía recientemente Anne Goscinny en una entrevista para la agencia France-Presse, su padre «vivió para hacer reír. Y lo consiguió tanto cuando estaba vivo como después de su muerte». RSS de noticias de cultura
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