Ahora que vivimos una nueva apoteosis de la figura de Lorca, bien está fijarse en el Lorca más rebelde, más experimentador, más anticonvencional y más incómodo. ‘El público’, obra escrita alrededor de 1930, posee tal grado de rebeldía, experimentación y perturbación que llega convertirse, de ahí su título, en un verdadero desafío para el espectador. El espectador ya no enjuicia sino que es enjuiciado, no elogia o censura sino que participa de un proceso de liberación y de transformación. Para ello, Lorca destruye las convenciones, lo que él llama « el teatro al aire libre», se autodestruye a sí mismo, a sus dramas rurales y realistas, y opta por una vía revolucionaria: «el teatro bajo la arena», aquel en el que emergen las verdades ocultas y los deseos reprimidos, las cuestiones sexuales, la angustia y el deseo final de redención y de libertad .’El público’ Autor Federico García Lorca Dirección escénica y dramaturgia Alfonso Zurro Interpretación Juan Motilla, Lorena Ávila, Luis Alberto Domínguez, Santi Rivera Raquel de Sola, Iñigo Núñez, Piermario Salerno, Gonzalo Validiez, José María del Castillo, Silvia Beaterio Diseño escenografía y vestuario Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán Diseño de iluminación Florencio Ortiz Videoproyección y audiovisuales Fernando Brea Música y Espacio Sonoro Alejandro Cruz Benavides Coreografía Isabel Vázquez Maquillaje y Peluquería Manolo Cortés Teatro Fernán Gómez / Sala Guirau La propuesta de Alfonso Zurro , que llega ahora al Fernán Gómez después de años de representaciones por todo el país, ofrece sobre todo claridad, como queda de manifiesto en esa conversación inicial que actúa como prólogo, pero asume el carácter fragmentario, la ruptura con la lógica y las transformaciones de los personajes como los motores de toda la obra. Zurro asume la complejidad de comprensión y propone que el aliento surrealista no sea solo una estética que aleja al espectador, sino una estética que se convierta para el público en una vivencia teatral profunda. Las imágenes lorquianas, por ello, son transformadas en una experiencia escénica, y el movimiento, la utilización de lo corporal como elemento dramático, el juego iluminativo, la potencia visual en suma poseen tanta relevancia expresiva como argumental. Junto a la idea central de la obra de que nuestra identidad no es fija, de que somos el resultado de un conflicto entre apariencia y verdad, entre deseo y represión, especialmente cuando se habla de amor homosexual, Alfonso Zurro despliega una forma dramática capaz de transmitir toda esta violencia poética en un artefacto en el que Lorca está muy vivo, y su misterio sigue siendo un misterio, pero algo más claro. El gran derroche interpretativo, tanto en la plasmación de este universo onírico como en las mutaciones y desdoblamientos, hacen de este montaje un viaje hacia lo verdadero, hacia ese amor sin fronteras, hacia un teatro que apuesta por clarificar lo complejo, por reivindicar un Lorca sin complejidades añadidas. Ahora que vivimos una nueva apoteosis de la figura de Lorca, bien está fijarse en el Lorca más rebelde, más experimentador, más anticonvencional y más incómodo. ‘El público’, obra escrita alrededor de 1930, posee tal grado de rebeldía, experimentación y perturbación que llega convertirse, de ahí su título, en un verdadero desafío para el espectador. El espectador ya no enjuicia sino que es enjuiciado, no elogia o censura sino que participa de un proceso de liberación y de transformación. Para ello, Lorca destruye las convenciones, lo que él llama « el teatro al aire libre», se autodestruye a sí mismo, a sus dramas rurales y realistas, y opta por una vía revolucionaria: «el teatro bajo la arena», aquel en el que emergen las verdades ocultas y los deseos reprimidos, las cuestiones sexuales, la angustia y el deseo final de redención y de libertad .’El público’ Autor Federico García Lorca Dirección escénica y dramaturgia Alfonso Zurro Interpretación Juan Motilla, Lorena Ávila, Luis Alberto Domínguez, Santi Rivera Raquel de Sola, Iñigo Núñez, Piermario Salerno, Gonzalo Validiez, José María del Castillo, Silvia Beaterio Diseño escenografía y vestuario Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán Diseño de iluminación Florencio Ortiz Videoproyección y audiovisuales Fernando Brea Música y Espacio Sonoro Alejandro Cruz Benavides Coreografía Isabel Vázquez Maquillaje y Peluquería Manolo Cortés Teatro Fernán Gómez / Sala Guirau La propuesta de Alfonso Zurro , que llega ahora al Fernán Gómez después de años de representaciones por todo el país, ofrece sobre todo claridad, como queda de manifiesto en esa conversación inicial que actúa como prólogo, pero asume el carácter fragmentario, la ruptura con la lógica y las transformaciones de los personajes como los motores de toda la obra. Zurro asume la complejidad de comprensión y propone que el aliento surrealista no sea solo una estética que aleja al espectador, sino una estética que se convierta para el público en una vivencia teatral profunda. Las imágenes lorquianas, por ello, son transformadas en una experiencia escénica, y el movimiento, la utilización de lo corporal como elemento dramático, el juego iluminativo, la potencia visual en suma poseen tanta relevancia expresiva como argumental. Junto a la idea central de la obra de que nuestra identidad no es fija, de que somos el resultado de un conflicto entre apariencia y verdad, entre deseo y represión, especialmente cuando se habla de amor homosexual, Alfonso Zurro despliega una forma dramática capaz de transmitir toda esta violencia poética en un artefacto en el que Lorca está muy vivo, y su misterio sigue siendo un misterio, pero algo más claro. El gran derroche interpretativo, tanto en la plasmación de este universo onírico como en las mutaciones y desdoblamientos, hacen de este montaje un viaje hacia lo verdadero, hacia ese amor sin fronteras, hacia un teatro que apuesta por clarificar lo complejo, por reivindicar un Lorca sin complejidades añadidas. Ahora que vivimos una nueva apoteosis de la figura de Lorca, bien está fijarse en el Lorca más rebelde, más experimentador, más anticonvencional y más incómodo. ‘El público’, obra escrita alrededor de 1930, posee tal grado de rebeldía, experimentación y perturbación que llega convertirse, de ahí su título, en un verdadero desafío para el espectador. El espectador ya no enjuicia sino que es enjuiciado, no elogia o censura sino que participa de un proceso de liberación y de transformación. Para ello, Lorca destruye las convenciones, lo que él llama « el teatro al aire libre», se autodestruye a sí mismo, a sus dramas rurales y realistas, y opta por una vía revolucionaria: «el teatro bajo la arena», aquel en el que emergen las verdades ocultas y los deseos reprimidos, las cuestiones sexuales, la angustia y el deseo final de redención y de libertad .’El público’ Autor Federico García Lorca Dirección escénica y dramaturgia Alfonso Zurro Interpretación Juan Motilla, Lorena Ávila, Luis Alberto Domínguez, Santi Rivera Raquel de Sola, Iñigo Núñez, Piermario Salerno, Gonzalo Validiez, José María del Castillo, Silvia Beaterio Diseño escenografía y vestuario Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán Diseño de iluminación Florencio Ortiz Videoproyección y audiovisuales Fernando Brea Música y Espacio Sonoro Alejandro Cruz Benavides Coreografía Isabel Vázquez Maquillaje y Peluquería Manolo Cortés Teatro Fernán Gómez / Sala Guirau La propuesta de Alfonso Zurro , que llega ahora al Fernán Gómez después de años de representaciones por todo el país, ofrece sobre todo claridad, como queda de manifiesto en esa conversación inicial que actúa como prólogo, pero asume el carácter fragmentario, la ruptura con la lógica y las transformaciones de los personajes como los motores de toda la obra. Zurro asume la complejidad de comprensión y propone que el aliento surrealista no sea solo una estética que aleja al espectador, sino una estética que se convierta para el público en una vivencia teatral profunda. Las imágenes lorquianas, por ello, son transformadas en una experiencia escénica, y el movimiento, la utilización de lo corporal como elemento dramático, el juego iluminativo, la potencia visual en suma poseen tanta relevancia expresiva como argumental. Junto a la idea central de la obra de que nuestra identidad no es fija, de que somos el resultado de un conflicto entre apariencia y verdad, entre deseo y represión, especialmente cuando se habla de amor homosexual, Alfonso Zurro despliega una forma dramática capaz de transmitir toda esta violencia poética en un artefacto en el que Lorca está muy vivo, y su misterio sigue siendo un misterio, pero algo más claro. El gran derroche interpretativo, tanto en la plasmación de este universo onírico como en las mutaciones y desdoblamientos, hacen de este montaje un viaje hacia lo verdadero, hacia ese amor sin fronteras, hacia un teatro que apuesta por clarificar lo complejo, por reivindicar un Lorca sin complejidades añadidas. RSS de noticias de cultura
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